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Viernes, 19 Mayo 2017
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Aciertos y desaciertos de la serie de Netflix "Por trece razones"

Patricia Lecaros

Ha sido tanto el éxito de la serie de Netflix “13 Reasons why” (que en español vendría siendo “Por trece razones”) que hoy su equipo trabaja en su segunda temporada. Convertida en uno de los fenómenos del año, la controvertida ficción, que aborda temas como el acoso escolar, la violación y el suicidio adolescente, no ha dejado indiferente a ningún espectador.

En esta oportunidad, quisiera hablar de las repercusiones de su popularidad. De los aprendizajes que pueden considerarse en su análisis pero también de las faltas en su trama por las que me atrevería a suponer que tiene atemorizados a un buen número de adultos.

Habría que saber que “Por trece razones” es protagonizada por Clay Jensen, un estudiante que al volver a casa desde la escuela recibe un paquete anónimo que trae, en su interior, siete cintas de cassette, en las que su compañera de clase, la fallecida Hannah Baker, revela el dolor, la angustia y el sufrimiento, que la hicieron caer en depresión y decidir el suicidio como escape. 

De la serie habría que rescatar la alerta que da sobre los riesgos que existen del carrete desenfrenado. Me parece necesario que haya series como esta, que den cuenta de comportamientos repudiables que pueden suceder cuando se está bajo los efectos nocivos del alcohol. Uno de los capítulos de “Por trece razones” precisamente muestra que un muchacho, de apariencia confiable, puede abusar sexualmente de su compañera, de quien se considera amigo. Esto ocurre en cuestión de minutos, en los que las dos chicas protagonistas de la serie (una estando bajo los efectos del alcohol y la otra no), no oponen mayor resistencia sino que más bien se paralizan frente a la acción de su compañero. 

La serie además muestra los distintos umbrales que se tienen del dolor emocional. Esto cobra sentido cuando uno entiende que hay personas que tienen mayor tendencia a “derrumbarse”, estresarse o deprimirse frente a un cambio en la vida o ante una dificultad en las relaciones interpersonales. En la serie, la fallecida Hannah Baker revela haber sufrido múltiples decepciones con sus compañeros antes de decidirse por el suicidio. Sin embargo, otros jóvenes también vivieron situaciones muy dolorosas y pese a esto reaccionaron de forma resiliente. “Por trece razones” muestra que la vivencia ante el dolor no es uniforme.

La serie, sin embargo, me parece injusta con los padres de los protagonistas, ambos presentes y preocupados de lo que ocurre con sus hijos. Tanto como madre de adolescentes, como psicóloga y terapeuta, me consta que no es fácil que los adolescentes hablen de sus frustraciones. Por eso creo que los padres de la fallecida Hanna Baker no han cometido ninguna negligencia en su rol, tampoco los de Clay (el segundo protagonista).

Ante la ansiedad que, de todos modos, genera el tema de la depresión adolescente les dejo algunas sugerencias para detectar la posibilidad de cualquier conducta autodestructiva en los jóvenes. Es importante estar atentos a posibles cambios en su comportamiento. Esto no significa estar comparándolos con los demás ni con el ideal. Significa compararlos con ellos mismos. Una persona cursando un cuadro ansioso o depresivo cambia sus patrones de sueño, de alimentación, de ánimo y su vida social. La sugerencia es a estar alerta en caso de que estos cambios ocurran en nuestros hijos. Más que Hanna Baker, hay otro personaje que a mi parecer reúne todos los antecedentes para desarrollar una conducta suicida. Hablo de Justin, hijo de una madre drogadicta, sin padre, rechazado por su polola, y “heavy user” de alcohol y drogas. Con todo, un adolescente sin una debida contención emocional.

“Por trece razones” me parece además, injusta con el colegio. La ficción se desenvuelve en un establecimiento, a mi gusto, normal, al que asisten todo tipo de alumnos. Se castigan las conductas negativas, y los profesores buscan la manera de lograr un clima escolar que permita adecuadamente el aprendizaje. La planta de docentes, administrativos y directivos de este colegio no tiene cómo enterarse de las dinámicas interpersonales que ocurren entre sus estudiantes fuera de la sala de clases. Tampoco de las relaciones al interior de las familias. La “última posibilidad a la vida”, como señala la protagonista, al atribuirle responsabilidad a su lugar de estudio en su posterior suicidio, se la confiere al consejero del colegio. No obstante, a mi parecer, este consejero sí realiza una buena entrevista con ella, logrando llegar, rápidamente, a su punto de conflicto (una violación de la que ella es víctima). Ella, sin embargo, al no querer revelar el nombre del agresor, siente que pierde el apoyo de quien, en ese momento, podría haberla ayudado.

A pesar de sus contradicciones, creo que esta serie permite que se abra debate, que se desarrollen distintas hipótesis y se amplíen los puntos de vista respecto a las dificultades propias de la vida adolescente.

Me parece una ficción recomendable para generar una buena conversación en la familia y entre amigos. Las personas estamos lejos de ser uniformes en nuestras vivencias. Detenerse a analizar cada situación en particular es un buen ejercicio para practicar la empatía.

 

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