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viernes, 9 marzo 2018
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Alfredo Jocelyn-Holt: “Bachelet es una femme fatale”

Convencido de que Sebastián Piñera “no puede vivir sin Bachelet”, este destacado historiador ahonda en lo que significa el ciclo de gobiernos de uno y otro. A su juicio, “Bachelet dejó condicionado al gobierno de Piñera”.

Por: Claudia Alamo / Fotos: Bárbara San Martín

Hace varios años que Alfredo Jocelyn-Holt alertó sobre este curioso ciclo histórico que terminará dándose entre Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. Una suerte de posta, de retorno sobre retorno, “un reflujo”, como lo llama él.

A pocos días de que la ceremonia de traspaso de mando vuelva a mostrar la ya conocida foto de la entrega de la banda presidencial, este historiador cree que, a pesar de todas sus diferencias, ambos ex presidentes son “mortalmente parecidos” y que están más ligados que lo que todos vemos. A su juicio, la sociedad chilena tiene un grado de “esquizofrenia” porque, dice, ha terminado siendo el reflejo de lo que ambos representan.
Ni optimista ni pesimista. Este agudo analista se toma la realidad política con fría distancia. Aquí, Jocelyn-Holt le recomienda al Presidente entrante actuar con cautela y no apostar tan inicialmente a que la derecha podrá gobernar por dos períodos.

Sostiene que tendrá que gobernar en una cancha condicionada por las reformas de Bachelet y, además, con movimientos sociales que funcionan con la “ira” como motor.

Todo esta por verse, porque esto recién comienza.

–Vienes diciendo que entre Piñera y Bachelet ha habido “un reflujo”. Pero además has dicho que son mortalmente parecidos. ¿En qué? Más bien parecen ser figuras disímiles.

 –Yo los miro como historiador y veo que, desde que compitieron en 2005, están absolutamente ligados. Es una secuencia en que se suceden el uno al otro, y esa secuencia va a terminar durando nada menos que 16 años. En el fondo, el sistema está empatado. No hay renovación al tener a Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera. Tiene que haber mucho más en común que lo que se ve a primera vista. Al final, no son tan diferentes. Los dos son populistas, personalistas y muy presidencialistas. Es un esquema muy raro.

–¿Qué es lo raro?

–Que en el fondo tienen un comportamiento similar. Los dos operan sobre la base de un presidencialismo muy fuerte. En el caso de la señora Bachelet, llama la atención que, incluso, llegando a tener un 18 por ciento del apoyo, dio lo mismo. Ella siguió haciendo sus reformas y lo hizo porque tenía un aparato estatal muy poderoso. Lo mismo podría ocurrir con Piñera.

–En ese esquema que planteas, ¿para Bachelet ha sido útil tener al frente a Piñera y viceversa?

–Absolutamente. Se necesitan el uno al otro. Se alimentan. En el caso de Piñera mucho más, porque como él es muy competitivo, tiene al frente un referente muy claro en función de cómo actuar. Hace lo contrario que lo que haría Bachelet, pero en el fondo Piñera no puede vivir sin ella.

–Pero ahora el ciclo se rompe. Bachelet ha anunciado que no quiere a volver a la Presidencia. ¿Lo crees o te queda la duda?

–Si ella vuelve al ruedo, Piñera vuelve al ruedo también. Ese comportamiento ya lo conocemos. Pero, por otro lado, ella no necesitaría volver. Bachelet ya metió muchos goles y por lo tanto formateó las posibilidades que puede tener Piñera en su gobierno. Eso no es menor.

–¿Crees que Bachelet dejó condicionado a Piñera?

–Sí, claro, por supuesto. El condicionamiento más evidente es la gratuidad. Piñera tuvo que recular en plena campaña y hacer una concesión al señor Cote Ossandón, pero fue una concesión en relación a Bachelet. Pero tendrá otros condicionamientos. Ella deja instalada esta idea del empoderamiento de ciertos sectores. Eso es muy difícil de manejar. Lo puedes institucionalizar o tratar de que sea una reivindicación menos fundada en la ira, que es lo que yo creo que a veces ocurre con Bachelet, que era una especie de demanda, de cuita, con toda la historia para atrás.

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