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Viernes, 21 Abril 2017
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Alfredo Moreno:"La gente va a votar por quien asegure un mejor bienestar económico"

Está convencido de que lo que está afectando el crecimiento “depende más de la reglas internas que del clima político”. A juicio del nuevo mandamás de la CPC, hay que cambiar las reglas que hacen difícil la inversión.

Por: Claudia Álamo / Fotos: Matías Bonizzoni

Alfredo Moreno tiene una convicción: que el mundo empresarial debe enfocar sus esfuerzos en recuperar la confianza ciudadana.“Es una tarea difícil, pero necesaria. Chile ha tenido un desarrollo muy importante en las últimas décadas. Detrás de eso hay emprendedores, muchas empresas que, para poder seguir trabajando bien, requieren tener una comprensión de la clase política y de la sociedad en general. Eso está difícil”, señala Alfredo Moreno desde el salón de reuniones de la Confederación de la Producción y del Comercio.

Recién instalado como presidente de la CPC, Moreno arranca de un diagnóstico: que no se ha leído bien a la sociedad chilena y que el gran nudo por resolver es cómo atraer la inversión y retomar el galope del crecimiento.
Evita hablar de política. Le incomoda que se le pregunte por Sebastián Piñera,de quien fue canciller.“Fue un trabajo fantástico, pero se terminó. Yo estoy aquí haciendo mi trabajo, y él ha vuelto a ser candidato a la Presidencia. Ojalá le vaya bien. Punto”, dice para separar aguas.

Moreno, que también fue presidente de Penta, asume su nuevo rol convencido de que hay cosas que los empresarios ya no pueden hacer, que el mundo va a un ritmo que requiere una reinvención de las empresas y que esta ciudadanía exige relacionarse sin intermediarios.

Este es su análisis:
–¿Cómo recuperar las confianzas de una ciudadanía que mira a los empresarios con franca sospecha, por las colusiones, los abusos...?
–Lo primero es tener el diagnóstico correcto. Las confianzas están bajas en todas las instituciones, y no solo en Chile. Es un fenómeno mundial. Tenemos una sociedad distinta y en el caso del empresariado, efectivamente, ha habido situaciones que han empeorado
su percepción.

–¿Y cómo cambia una percepción instalada?
–Hay que volver a ganarse la confianza, pero hablando con la verdad. Conversar, no quedarnos callados. Debemos explicar nuestro rol en la sociedad; mostrar el aporte de las empresas y no que sean vistas como entidades que se aprovechan de los consumidores.

–Andrónico Luksic, por ejemplo, decidió relacionarse con la gente sin intermediarios. Lo hace por Twitter. ¿Hay un cambio de chip que todos los empresarios deberían hacer?
–Él ha hecho un esfuerzo genuino por con- versar con la gente y lo hace comunicándose como cualquier chileno; de forma horizontal. Eso versus la imagen que había de los grandes empresarios: que eran distantes, encerrados. El mundo ya no es así. Y lo de Andrónico es un buen ejemplo de personas que intentan adecuarse a esa nueva realidad.

Impulsar la inversión

–¿Existe, o no, una tensión entre los poderosos y la gente?
–Creo que es una tensión con las instituciones en general. También hay un facilismo en la manera de hacer política, donde las encuestas ocupan un rol fundamental. Uno espera de un político que pueda conducir, replantear los problemas. Muchos de nuestros problemas nacen de ese facilismo.

–¿Y qué se espera de los empresarios?
–Todo está cambiando a una velocidad tan acelerada que las empresas deben hacer cambios de magnitud también. Muchas de las empresas que hoy existen no van a existir. Por eso –y se los he dicho a los empresarios– hay que ponerse a trabajar para construir las empresas de 20 años más.

–En términos más globales, la economía entró en declive. ¿Qué debieran hacer los empresarios para aportar en este complejo momento?
–Ser optimista es un sinónimo de empresario. Nadie puede invertir, arriesgar, si no cree que va a tener éxito, y desde ahí aportar al crecimiento. En estos últimos 30 o 40 años, hemos aprendido que cada vez que las reglas son malas, el país se hunde. Lo vivimos en los ’70, lo vivimos en los inicios de los ’80...

–¿Y ahora las reglas son malas?
–Evidente. Este país podría hacerlo mucho mejor, claro que sí. Podemos volver a tener buenas reglas que nos permitan crecer, progresar.

–También hay un contexto internacional que influye, ¿o no tanto?
–Por supuesto. Es un contexto negativo, pero ahí no podemos hacer nada. No lo podemos cambiar. Entonces, ¿qué podemos hacer en Chile para que el país ande mejor? Esa es la pregunta. Durante décadas, Chile fue un país promedio en una América Latina muy pobre. Hoy, es el país más desarrollado de la región.
¿Sabe por qué? Porque este país aprendió, a diferencia de las generaciones anteriores, que no da lo mismo lo que hagamos.

–¿Y cuáles son esas reglas que obstruyen el crecimiento?
–Bueno, todas las reglas que obstruyen el emprendimiento de las personas. Por ejemplo, la reforma tributaria que –más allá de la recaudación– ha reducido sustantiva- mente los incentivos para invertir y ahorrar. El resultado de eso es que Chile tiene hoy la tasa de inversión más baja que ha tenido en décadas. El IPoM que acaba de salir dice que esa inversión no va a crecer este año.

–Entonces, tal como plantea Sebastián Piñera, ¿se deben reformar las reformas?
–No quiero entrar en política. Usted me pregunta cuáles son las reglas que hay que cambiar, y yo le digo que todas las reglas que hacen más difícil la inversión. Entonces, ¿por qué no trabajamos en conjunto para que los grandes proyectos, cumpliendo con todos los requisitos, se puedan aprobar en forma más rápida y previsible? Hoy, sacar una inversión importante en Chile cada día demora más y cada día es más impredecible. No se sabe si va a resultar o no. Esos son cambios muy importantes por hacer, porque son inversiones realmente sustantivas para el país.

–¿Cuánto puede enturbiar o afectar al crecimiento el clima de la campaña presidencial?
–Me parece que lo que está afectando el crecimiento depende más de la reglas internas que del clima político. Si las reglas son malas hay que modificarlas, en vez de poner trabas al emprendimiento. Ahí podemos hacer un cambio grande. Dicho esto, los candidatos están recién apareciendo. Los programas están poco claros todavía. Veamos qué proponen.

–Pero ya se huele un clima político irritado...
–Creo que, a pesar de todas las expresiones que uno lee, la mayoría de la gente quiere un país que progrese. Claro, se escucha más lo que dicen pequeños grupos, que son más gritones, pero la mayoría de la gente no está en una cosa agresiva.

–¿Diría que hay consenso en Chile en poner el acento más en el crecimiento?
–Cada vez más. Hemos tenido un cuarto año de bajo crecimiento. El último IPoM dice que vamos a crecer entre 1% y 2%, supongamos que sea 1 y medio. La gente ya se está dando cuenta de que el bajo crecimiento no es un guarismo que aparece en el diario. Ven que hay más personas quedando sin trabajo. Hay temor de perder el empleo. Por eso, muchos rechazan las reformas que antes tenían gran apoyo. Han visto lo que eso significa. Por eso digo: una cosa que antes parecía tan clara, cuando se la mira bien ahora, todos constatan que se leyó mal.

–Pero es ambivalente esa mala lectura...
–Claro que es ambivalente, pero al final la gente sí le da importancia al crecimiento. Quieren volver a tener buenas posibilidades. Es cierto que hubo un momento en que pareció que a la gente no le importaba el crecimiento. Creían que eso estaba dado, como la ley de gravedad. Algunos pensaron que el único problema era cómo repartíamos lo que había. Eso ya no es así.

–La disyuntiva, según plantea Tironi en esta misma revista, es si la gente va a votar por quien encarne la autoridad y el crecimiento, o por quien refleje el hastío con el establishment...
–Es evidente que en Chile nada está decidido. Veo difícil que tenga éxito un candidato que no tenga un planteamiento claro, concreto, de cómo el país va a salir de la situación de estancamiento en que se encuentra. Han sido años duros; se ha roto una racha de crecimiento como no se había conocido en la historia de Chile. Esta generación estaba acostumbrada a progresar... Saben que se puede más.

–Pero esta nueva generación también tiene a Gabriel Boric o Giorgio Jackson, que no van en la línea del puro crecimiento.
–No lo sé, ya lo veremos. Esa generación tiene una enorme confianza en el país y en sí mismos. Son jóvenes que, en general, tienen una situación de bienestar y educación muy superior a la de sus padres. Ese cambio se va a notar.

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