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Jueves, 19 enero 2017
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Amor renovable

Nicole Cafatti

Hace poco leí un artículo que fue compartido más de 200 millones de veces en Facebook, titulado “Beneficios del amor, el sexo y las relaciones.” Me llamó la atención el interés que generó el encabezado del artículo en redes sociales, pero para mi sorpresa, se centraba en la búsqueda de la disminución del estrés y mejorar la salud en general, pero no en la pareja. Me pregunté ¿qué será lo que los Millennials buscamos conseguir del amor?

El derecho a amar se vuelve relevante para nosotros cuando el romanticismo invade nuestros sentimientos y proclama que las nupcias debían estar basadas en el amor y compañerismo. En la década de los 60, sobre el 70% de las personas estaban dispuestas a casarse con alguien que no amaban. Esto cambió radicalmente en 1980, donde más del 80% no se casarían sin estar enamorados, dejando atrás la noción de tener que encontrar a alguien que cumpla con lo “necesario” para casarnos, sino más bien que fuese perfecto para nosotros.

No obstante, en esta transición caímos en otro extremo, el de idealizar al romanticismo creando requisitos que lo alejaron de lo humano y dejó de funcionar. El romanticismo se volvió una meta casi inalcanzable, cayendo en lo absurdo y dejamos de buscarlo, dándose así su “muerte” y la perdida de nuestra motivación, que vemos reflejada en las nuevas generaciones. Como consecuencia, los medios han recurrido a estos infinitos cuestionarios, investigaciones y artículos que buscan encontrar cualquier beneficio capaz de motivarnos para ir en búsqueda del amor.

Los Millennials, generación nacida entre 1984 y 1999, han modificado la manera de entender el mundo y claramente el amor no se quedó atrás. Al parecer, somos la generación que se ha propuesto empoderarse y luchar por lo que deseamos, haciéndonos independientes para conseguir nuestra libertad y concentrándonos en metas personales que nos motiven y apasionen. No obstante, hemos creado un mundo donde el deseo es percibido como algo momentáneo y que debe satisfacerse lo más rápido posible, ya que de lo contrario perdemos el interés. Y ¡cómo no! Si tenemos un acceso a información infinita, que nos genera la idea de estar ante tantas opciones, que no necesitamos escoger una, dejando así al “reemplazo” como la nueva forma de satisfacción.

Lamentablemente, de aquello que no nos percatamos es que probablemente esta nueva “cultura de renovación”, propia de la generación, hace evidente la poca tolerancia al fracaso que la ha llegado a caracterizar. Todo lo que no responde a la satisfacción inmediata puede ser tan intimidante que es mejor dejarlo ir antes de crear un vínculo que genere una necesidad. Cabe preguntarnos entonces, ¿qué tiene que ver esto con el amor?

Todo. Somos la generación que puede obtenerlo “todo,” pero no sabemos qué queremos realmente y, lo que es peor, no conseguimos decidir por qué vale la pena luchar, generándose así una incertidumbre que se apodera de nuestras emociones, llevándonos a tomar decisiones por el temor a no tener las herramientas necesarias para superar las frustraciones y ante la duda de fallar, suena más lógico abstenerse.

No es de extrañar que sin un real motivador, como el romanticismo, trabajar para conseguir o mantener a tu enamorado, como se hacía antes, no sea tan tentador para esta nueva generación. Pero me niego a aceptar que nuestra motivación se centre en la cantidad de calorías que podamos perder en el acto sexual, o en como el amor disminuye el estrés.

Para responder a la pregunta del millón ¿qué nos motiva hoy?, me pregunto ¿quizás tenemos otra forma de entender el amor?

Supongo que el amor no es lo que era antes pero eso no significa que sea mejor o peor. Simplemente, es diferente. Hoy hemos creado una especie de “amor renovable”, donde su valor no se mide en el tiempo de duración, ni en ser la solución total al problema de la falta de sentido, sino que en la cantidad de veces que pueda sorprenderme con algo nuevo. Esta nueva característica con la que vestimos al amor, nos permite hacerlo real, más cercano a lo humano y, por ende, alcanzable. Al mismo tiempo estamos dándole un lugar tan a la par con lo material que no logramos mantenerlo por el tiempo necesario para hacerlo relevante, y nos aburrimos de innovar.

Sin embargo, mantengo una visión positiva sobre todo esto: el hecho de que hoy el amor no requiera ser eterno, lo puede hacer eterno. No sentir que está por sentado, nos hace tener que buscarlo constantemente y esa podría ser la nueva motivación. Quizás esta nueva forma de buscar a nuestro enamorado, encantándolo constantemente, simplemente porque lo queremos, puede ser lo que finalmente nos una para toda la vida.

Tal vez el simple hecho de dejar de tener la presión por mantenerlo una eternidad, nos libera del peso del “deber ser” y nos permite el espacio para que el amor sea nuestra decisión. Quien logre superar el temor a asumir la necesidad de otro, en esta era individualista, logrará su propia fórmula de “amor renovable” con la misma pareja.

 

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