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Lunes, 21 Julio 2014
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Amparo Noguera: “Nunca he sido tan famosa"

Mientras termina sus últimos compromisos laborales, la destacada actriz nacional se prepara para vivir un período de desconexión laboral. Han sido meses intensos donde toda su energía ha estado volcada en el teatro y la televisión. Hoy, reflexiona acerca de lo logrado y se prepara para bajar las revoluciones. Llegó su minuto de disfrutar.

Por: Valentina Espinoza / Fotos: Pepo Fernández / Producción: Claudia illanes y Rosario Bascuñán / Maquillaje: y pelo Raúl Flores para Ma c

 Es la número uno de la actuación chilena y éste ha sido su año, pero ella no se siente una triunfadora. Con una humildad que asombra y una perseverancia aún más notable, Amparo Noguera conversó con “Cosas” acerca de sus extenuantes recientes meses de trabajo y de cómo evalúa su vida, a punto de cumplir 50 años. Hace poco concluyeron las funciones de “Un tranvía llamado deseo”, obra cumbre de Tennessee Williams, dirigida localmente por Alfredo Castro. Ahí, interpretó a Blanche DuBois, una mujer madura venida a menos que lucha por negar su realidad, mientras se refugia con su hermana y su marido, un tipo que le resulta tan desagradable como atractivo y fatal. Según la actriz, la experiencia fue fantástica y agotadora. La sala del GAM tenía sus funciones agotadas hasta con tres semanas de anticipación. “Estaba súper asustada porque uno tiene la idea de que hacer Blanche DuBois es hacer a uno de los personajes más importantes del teatro universal para una mujer. Pero traté de zafar de ese escenario porque no estábamos interpretando a Marlon Brando ni a la Vivien Leigh, sino que ésta era una versión 2014, con la mirada de un director que tenía otra visión sobre el texto”, señala. 

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Por otra parte, está terminando las grabaciones de la exitosa teleserie nocturna “Vuelve temprano”, de TVN, donde interpreta a Clara Arancibia, una destacada lectora de noticias que ve cómo se derrumba su familia después de la muerte de su hijo mayor, papel que sólo la ha llenado de elogios. Amparo fácilmente podría ser una diva de la pantalla, pues tiene más horas de exposición que muchas de sus colegas, pero ella mantiene un bajo perfil en todo momento, incluso si se trata de reconocer su éxito laboral. “Creo por sobre todo en el trabajo, en la investigación, en los procesos creativos y en los grupos humanos”, asegura. Hoy, inmersa en una vorágine que nunca antes había experimentado, pero que la tiene contenta y satisfecha, se prepara para vivir un período de desconexión. Quiere parar dos o tres meses para descansar y darse un tiempo de puro placer, “del común y corriente”. Por mientras, reflexiona sobre sus logros y se toma la vida con humor. 

–¿Qué significa el teatro en tu vida?

–Uyyy, me marca enormemente. Desde el momento en que entré a estudiar teatro esto nunca más paró, entonces es algo de lo que ni siquiera tengo una opinión muy armada. Sólo sé que es parte de mi vida, algo demasiado incorporado en mí. Es mi manera de vivir, no sabría hacerlo de otra manera. Es prácticamente mi piel.

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–¿Te pasa lo mismo con la televisión, o es una sensación sólo de las tablas?

–Para mí, la televisión también es actuar y yo me he pasado la vida actuando, entonces me cuesta un poco separarlo. Sí, el teatro me pone en un lugar que a mí me importa mucho, en el que puedo elegir dónde estar y profundizar algunas cosas en libertad, sin estar sometida a cifras ni a los números propios del negocio de la televisión. El teatro está claro que no es un negocio, por eso me da esa libertad y esa posibilidad de moverme en otros tiempos y formatos, y eso me arma mucho como actriz. 

–¿En qué fase sientes que está hoy el teatro chileno?

–Creo que está en pie derecho, absolutamente. Por supuesto que falta lo típico: el apoyo, la confianza, los espacios estatales, no depender de fondos concursables para poder montar obras y que las salas independientes tengan una subvención estatal. Falta todavía que el teatro en Chile se vea como un producto, como un bien de consumo de los buenos, porque lo es. La gente va al teatro, se entretiene, es un panorama, y eso se tiene que entender. 

–¿Cómo fue trabajar con tu pareja, Marcelo Alonso, en “Un tranvía llamado deseo”? 

–Llevamos harto rato compartiendo escenario. Venimos desde “La señorita Julia”, que dirigió Cristián Plana; “El jardín de los cerezos”, que dirigió mi padre (Héctor Noguera), y ahora esta obra. Creo que de las cinco últimas obras que Marcelo ha hecho, en una sola no hemos estado juntos. Ya es parte de mi vida cotidiana y no sé si es bueno o malo. Supuestamente hace daño, porque uno debiera llegar en la noche a su casa lleno de novedades para el otro. Tantas novedades para nosotros no tenemos la verdad, pero no nos falta tema (ríe). 

–Quizás es la clave para una relación exitosa…

–Me sale mucho más fácil que él esté a mi lado. Creo que a esta altura, con el ritmo que estamos trabajando, es mucho mejor llegar a la casa y poder vernos; si no trabajáramos juntos, sería casi imposible. Sabemos súper bien el nivel de cansancio que maneja el otro y estamos pasando los dos por momentos parecidos. Afortunadamente nos va súper bien. No sé cómo sería si estuviéramos todo el día sacándonos la mugre trabajando para una obra que no funcione o una teleserie a la que no le vaya bien. Probablemente ahí sería súper ingrato. 

VIDA PUERTAS ADENTRO

–¿Cuáles son tus vías de escape, sobre todo cuando tu pareja también forma parte de tu trabajo?

–Mi familia. ¡Me muero si no los veo! Necesito harto estar con ellos, los echo mucho de menos, y es cierto que en este período también ha sido más duro. Pero no tengo muchas vías de escape. A veces voy a pilates, porque me ayuda a tener más energía en el escenario, a hablar mejor, pero mi gran cable a tierra es mi familia. 

–¿Cómo es tu día a día?

–Ahora mi vida está bien fome, porque tengo hartas horas de trabajo diarias, entonces no hay mucha energía como para la vida social. Hace tiempo que no veo a mis amigos… Pero el domingo, que es un día que tengo completamente libre, es súper dedicado a mi familia: a mi hermana, a mi sobrina, a ‘Alonso’ (como se refiere a su pareja, Marcelo Alonso). 

–¿Te ha costado manejar este rush de trabajo?

–Al principio. Cuando tenía los ensayos del teatro era bien complicado, pero ahora tengo algunos días en que llego más temprano a mi casa, igual la tarde se me pasa volando. Entre estudiar las escenas y sacar a pasear al perro, digo, “qué rico, me voy a acostar a las 10 y voy a ver una película”, pero la verdad es que prendo la tele y a los tres minutos ¡estoy muerta! Lo paso bien con lo que estoy haciendo, estoy muy cansada, aunque también contenta y satisfecha. 

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–¿Le has puesto fecha de término a esta intensidad laboral?

–Pronto terminamos todo, si no me voy a tirar de un parapente y me voy a suicidar, o me voy a ir directo al siquiátrico (ríe a carcajadas). No, de verdad no sé qué voy a hacer. Yo creo que me voy a aburrir. Ahora también, debo reconocer, que antes de todo esto pasé harto rato sin trabajar. Fue casi un semestre entero sin grabar teleseries, solamente haciendo teatro, quizás por eso el contraste ha sido tan duro. Además, se dio una combinación compleja: nunca me había tocado un protagónico en teleserie y en teatro, fueron dos cosas potentísimas que se me juntaron. 

–¿No te da miedo que el cuerpo te pase la cuenta?

–Todo el mundo me dice “para qué te metes en tanta cosa” o “para qué aceptas tantos trabajos”. La verdad es que en esta oportunidad se empezaron a correr las fechas de las cosas y se me terminaron juntando. Ahora bien, tengo que encargarme de buscar un término medio. Todos mis personajes son muy importantes, pero ahora siento que estoy muy expuesta. Repito, no es lo que yo busqué y voy a tratar de concentrarme para que no me vuelva a pasar, pero éste es mi trabajo. 

El impacto de “Vuelve Temprano” en la clase alta

–¿Cómo has tomado el éxito de “Vuelve temprano”?

–Súper bien. Nunca había hecho un protagónico tan grande en el sentido de la cantidad de escenas grabadas y cómo tienes que saber sostenerte ahí. Es súper difícil en cuanto a minutos de pantalla, a la energía invertida...

–En el primer capítulo se te alabó mucho por la manera en que encaraste la pérdida de un hijo sin haber experimentado la maternidad. ¿Qué significó para ti?

–Lo hice igual que a “la Rojas” en Prófugos, sin ser una asesina en serie ni haber matado ni haber tenido un revólver de manera seria en mis manos. Fue exactamente lo mismo. Yo no soy mamá, pero amo a mucha gente y hay muchas personas que no quisiera ver muertas alrededor mío.

–¿Sientes que destaparon un tema contingente en la sociedad?

–Me he dado cuenta de que la teleserie ha tenido un impacto súper grande en la gente, sobre todo en la clase alta. Ellos se sintieron súper tocados, y me lo han comentado bastante. Están entre aterrados, sorprendidos y curiosos de todo, porque la temática es bien jodida. 

–¿Mantienes cargas de tu personaje, Clara Arancibia?

–No sé, no creo. Antes, cuando no iba al teatro, llegaba a mi casa tremendamente cansada, como si me hubieran pegado. No creo que haya sido porque sintiera el peso del personaje adentro, pero sí me imagino que ese cansancio tiene que ver de alguna manera con eso. Igual creo que en algún punto algo a uno le debe quedar. Pero lo que más me preocupa de Clara en la teleserie es que el personaje se mantenga bien hecho, como al principio, porque estoy muy cansada y cada vez me cuesta más. 

FAMILIA DE DOS

–¿Cómo es tu vida con Marcelo?

–Tenemos una vida muy sencilla, sin grandes aspavientos, con amigos cercanos que queremos mucho. Salimos, comemos, paseamos al perro… Tenemos una familia maravillosa que es muy cercana a nosotros y que espera nuestros días libres para que nos juntemos. 

–¿Te aburre que te pregunten siempre por tu maternidad aplazada?

–En este país hay un tema muy importante con respecto a la familia. Existe un solo concepto o una sola estructura. Hay súper pocas otras posibilidades de vivir para la gente. Yo tengo una familia súper grande, que la integran desde mi perro hasta el pololo de mi sobrina, que es el papá de mi sobrino nieto. Para mí, son personas fundamentales; tenemos una estructura de lealtad enorme. Hay varias maneras de vivir la vida y Chile ofrece pocas. Siento que somos muy bien convencionales en eso. 

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–¿Te has sentido discriminada por eso?

–Es súper difícil ver a una mujer sin hijos. La gente me ve y debe pensar “qué loca la vida que lleva”, pero yo no llevo ninguna vida loca. Trabajo más que nadie, me cuido de lo que como, de lo que tomo, de los cigarros que me fumo, de las horas que duermo. Soy más convencional y más cuidada –te lo aseguro– que varios que están llevando una vida súper estructurada. No me considero ni rara ni loca, pero a la gente le llama la atención. 

–¿Es un tema ya cerrado?

–Son temas tan privados... A veces pienso qué sabe la gente de lo que yo puedo haber sentido de haber sido o no haber sido madre. Es algo que ni yo tengo resuelto. Es imposible. Son temas para el siquiatra y para analizarlo en varias sesiones. 

–¿Cómo eres fuera de los focos?

–¡Horrenda! (Se ríe). Con el pelo horrible, peinado para cualquier lado, con los ojos hinchados –sobre todo en las tardes–, sin maquillaje y vestida muy relajada. Hay una señora en el OK Market, cerca de mi casa, que siempre que me ve me dice: “Y usted, ¿por qué no anda como en la tele o en las revistas?”, y yo no sé si pegarle o si encontrarle razón. 

–¿Cómo enfrentas la vida a tus casi 50 años?

–Estoy contenta porque me parece que detrás hay todo un camino recorrido que ha sido bastante orgánico, no ha sido de un día para otro. Eso me hace súper feliz. En un punto siento que todo esto me lo merezco. 

–¿Cuál es tu gran poder de seducción?

–¡No tengo idea! 

–Pero algún secreto tendrás para mantenerte siempre vigente…

–He tenido la suerte de estar en lugares donde quedan contentos con mi trabajo y me vuelven a llamar. Ese es el secreto para estar vigente, y está solamente fundado en lo que hago. Soy súper floja para las cosas sociales, los eventos, las fotos… Prefiero estar en mi casa porque siento que todo lo que puedo dar ya está puesto en otro lugar, que es la televisión y el teatro. Y en el cine también cuando puedo hacerlo. 

–Mirando hacia atrás, ¿qué es lo que más destacas de tu carrera?

–He tenido la suerte de que los papeles protagónicos me han llegado súper tarde. Eso, como actriz, me ha dado una base. Debe ser súper duro ser el rostro de un canal siendo tan joven, porque sientes que tienes que sostener eso hasta que se empieza a caer, y ya no depende de ti. Se cae porque envejeciste, porque apareció alguien más guapo o por cualquier cosa. Y esto de que los personajes me hayan llegado tarde me ha hecho entender lo que es trabajar. Yo voy, hago lo mío lo mejor y más dignamente posible y me voy. Y eso me ha hecho estar en una especie de training y de comprender que más que por la fama, uno está acá por su trabajo. Nunca he sido tan famosa y, como la popularidad del protagónico me llegó tarde, he podido tomarle el gusto al sentido del trabajo. 

–¿Te imaginas sin trabajar?

–No. Me daría terror. 

–¿Te haces cargo de tu fama de trabajólica?

–De repente me incomoda, porque siento que genera una especie de molestia. Hay personas que a veces me dicen: “¡Hasta cuándo, eso no es vida!”, y me hacen preguntarme si quizás se verá un poco feo para fuera. Algo pasa que la gente no mira con admiración el trabajar intensamente. Pero hay mucha gente que trabaja tanto como yo. Y estoy rodeada de personas trabajólicas. Mi padre es un trabajólico enorme. Y “Alonso” también tiene una gran capacidad de trabajo, entonces es difícil que cambie el switch. 

–¿Te cuesta decir que no?

–Al principio me costaba negarme a un trabajo, pero ahora estoy cansada y creo cada vez menos en las cosas. 

–Tal vez al principio ésa fue tu gran apuesta para llegar donde estás...

–Mi papá me enseñó que, aparte de hacer bien los personajes que te toquen, tienes que saber ser actriz y tratar de que tus “lucas” sean generadas desde ahí. Cuando estaba empezando, me decía, “trata de no tener que irte a trabajar a un restaurante y que tu trabajo sea éste para que aprendas a vivir de él y a mantenerte en él”. Yo decidí dedicarme al teatro y vivir de la manera en que esta profesión me lo permita. Tengo la suerte de estar en televisión y vivir en una situación muy diferente al 80 por ciento de los actores de este país que no es tan reconocido porque no tiene tanta pantalla. Muchas veces me he dicho “yo no puedo parar”, hay períodos en la vida de los actores en que uno no puede darse esos lujos, hay que saber estar. No hay otro secreto.

@revistacosas

 

 

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