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jueves, 17 mayo 2007
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Carlos Balart: Un chileno que triiunfa en México.

En Chile estaba cansado del modelaje y no encontraba una profesión. Tomó sus maletas y partió a las tierras aztecas para convertirse en actor. Hoy, Carlos Balart es rostro de telenovelas en México y un nombre reconocido en ese país

Los cuatro años que lleva radicado en México se le notan al chileno Carlos Balart (26). El color tostado de su piel, los visos en su pelo y una forma de hablar más pronunciada y cuidada de lo que estamos acostumbrados en Chile, inmediatamente lo asocian a la imagen del típico galán de las teleseries mexicanas que transmiten pasado el mediodía los canales nacionales. Bueno, de hecho Balart es parte de la máquina mexicana de hacer telenovelas de exportación con sabor a traiciones, sensualidad y llanto, mucho llanto. Carlos logró notoriedad en el país del tequila gracias a su último personaje: Rodas, un villano bien villano que se roba la película, o telenovela en este caso, en “Contra Viento y Marea”, uno de los últimos éxitos del género. Pero como suele suceder en este tipo de historias, tuvo que pasar mucha agua bajo el puente para que Carlos Balart se convirtiera en Carlos Balart.

“Salí del colegio bien chico, con 17 años, y a esa edad no tenía claro lo que quería hacer. Entré a estudiar ingeniería comercial, que creo que es la carrera donde van a parar todos los que no saben qué hacer. Mi idea era, a la larga, trabajar con mi papá, que tiene una empresa de zapatos: Calzados Osito”, cuenta Carlos a “Cosas” sobre sus inicios. Pero como cualquier mozuelo que no sabe qué hacer con su vida, el chileno no le fue bien en sus estudios, y al tercer semestre se cambió de la Universidad de Los Andes a la Gabriela Mistral, donde duró el mismo tiempo. Ahí se dio cuenta de que no había caso, sus compañeros ya le habían sacado varios semestres de ventaja y había ramos que definitivamente no iba a aprobar.

 

“La verdad es que la fama es adictiva y cada vez quieres más”, dice Carlos Balart, quien ha tenido una exitosa carrera como actor de teleseries en México.

“Ahí viajé a México, a Cancún, y me encantó. Y decidí que quería trabajar en un hotel, en el Caribe. Al volver me inscribí en administración hotelera en el Inacap. Pero al mismo tiempo empecé a trabajar como modelo, y me gustó. Me empezó a ir mejor en el modelaje e, inevitablemente, empecé a faltar a clases y a atrasarme”. Para ese tiempo, ya había participado en el programa “Venga Conmigo” y le había tomado el gusto a la TV. Pero no era suficiente para él. “Quería una carrera rápida, trabajar en televisión, tener más protagonismo, resaltar, ya no me conformaba con salir desfilando en la tele”, añade. En ese momento se enteró que había una escuela de actuación en Televisa que era súper intensiva, justo lo que andaba buscando. “No me importaba matarme un año, pero quería un título rápido, ver resultados inmediatos. Ahí partí a México sin avisarle a mi familia”.

–¿Por qué no estudiaste en Chile?
–Siempre creí que acá me iba a ser difícil trabajar en algo más que como modelo. Sentía que tenía esa etiqueta, la que cuesta sacarse. Las relaciones con mi papá no estaban muy buenas, ya que yo llevaba dos carreras y tres universidades. No era serio pedirle una cuarta y más encima actuación. No iba a contar con su apoyo, me tenía que ir por mi cuenta. Pensé que la mejor manera era desvincularme de mi familia y de Chile. Era un acto de escapismo. Estaba aburrido de la misma gente, estaba chato. En cambio, a México llegaba en blanco, sin ese pasado de modelo que para entrar al mundo de la actuación te cierra puertas.

–¿Por qué México?
–Creo que si hubiera hablado bien inglés, me hubiera ido a Estados Unidos. Pero no era así, entonces lo más fuerte en tema televisión era México, que es el principal productor de telenovelas del mundo. Siempre he sido bien ambicioso y aspiraba a lo más alto, pero llegué golpeando puertas y viendo cómo entrar a la academia.

–¿Y qué pasó?
–Postulé a Televisa con 12 mil personas y me llamaron para decirme que había quedado entre los 500 preseleccionados para hacer una audición. Pensé que iba a hacer el loco, ya que nunca había actuado y habían actores que ya tenían carrera en sus países. Me vine a Chile pensando que no había quedado. Al tiempo me llamaron para decirme que había sido aceptado. Tuve un mes para preparar el viaje, vender el auto, irme con mi plata, ya que un comienzo no tuve ningún apoyo de mi papá. Finalmente entraron 27, de los que nos graduamos 10.

“Sería un retroceso venir a trabajar a Chile, porque en México estoy trabajando para 100 millones de habitantes, en una telenovela que se vende por lo menos a 100 países y que se dobla a 30 idiomas. Venir a hacer una teleserie a Chile es para 15 millones de habitantes”.

–En el intertanto, participaste en el reality “Temptation Island”, de la Fox...
–Cuando me enteré del casting, supe que si iba, quedaba. Pero por mis clases no tuve tiempo de ir. Al mes me enteré que estaba abierto de nuevo. Fui el último en llegar y les rogué que me dejaran hacerlo y de México fui el único que quedé seleccionado. Me fue súper bien en ese programa, de hecho, estuve entre los cuatro finalistas, me quedé con la mina más rica, una argentina que fue Miss Playmate, y ella terminó con su pololo.

–¿No te daba susto quedarte con el estigma de chico reality, como pasa en Chile?
–Yo me metí para hacerme un nombre, no tenía nada que perder. Siempre he sido bien jugado y de la idea que no tengo que dejar pasar las oportunidades. Además, era un reality súper top, se grababa en Tailandia, de la Fox, no era cualquier cosa. Aparte, yo tenía el respaldo que estaba estudiando actuación. La gente que entra en Chile no tiene un pasado como conductor, actor, periodista o algo.

–Una vez declaraste que venir a trabajar a Chile sería un retroceso...–Mirándolo fríamente, sí, sería un retroceso, porque allá estoy trabajando para 100 millones de habitantes, en una telenovela que se vende por lo menos a 100 países y que se dobla a 30 idiomas. Entonces, venir a hacer una teleserie a Chile es para 15 millones de habitantes. Sí haría cine. También vendría a un programa o como invitado al Festival de Viña. Además, venir a hacer teleseries en Chile implica entre seis y ocho meses fácil, lo que significa no estar allá, que la gente se olvide de ti y perder todo lo que construiste en cuatro años. Volver a México después de ese tiempo sería casi como empezar de cero.

La teleserie de la teleserie
–¿Es muy competitivo el mundo de las telenovelas?
–Es muy competitivo, sobre todo en Televisa, que se podría decir entre comillas que es el Hollywood de las telenovelas. Hay muchos argentinos, españoles, colombianos, venezolanos y puertorriqueños. Es un círculo muy cerrado en el que cuesta entrar y que te den personajes que valgan la pena y tener continuidad. De hecho, de los 10 que nos graduamos de la escuela, el único que está con vida dentro de Televisa soy yo.

–Me imagino que el mundo detrás de las teleseries también debe ser una teleserie...
–Claro, es un show aparte. Tus mismos amigos te envidian, es un medio complicado. Yo por eso salgo de las grabaciones y trato de aislarme del tema y desconectarme. De hecho, antes iba al gimnasio de Televisa y ya no.

–¿Es difícil confiar?
–Aprendes a no confiar. Ese es el principal problema, se está muy solo. Cuesta encontrar amigos de verdad, cuesta encontrar polola, una mujer. Dentro del medio es complicado, es bien frívolo.

–Pero mujeres no te deben faltar.
–No te faltan. De hecho es chistoso, porque te sobran las mujeres, pero te falta la mujer que tú quieres. Alguien puede andar contigo, pero después se va con otro que es más top que tú.

–Tampoco te falta la fama.
–La fama es bien ingrata, cuando estás al aire casi no puedes salir a la calle, pero cuando ya no lo estás, de a poco la gente te empieza a olvidar.

–¿Te gusta ser famoso?
–La verdad es que la fama es adictiva y cada vez quieres más, no sé si es por un tema de autoestima o de reconocimiento por tu trabajo, pero sí la necesitas. Hay momentos en que te gusta y se siente súper bien, sobre todo por el cariño que te entrega la gente, que es muy grande. Es bonito, pero hay veces que quieres estar solo y no que todo el mundo se dé vuelta a mirarte.

–Ahora que has triunfado, ¿qué dice tu padre?
–Está súper orgulloso. Además, ve que soy una llave para entrar al mercado mexicano por mis contactos. Ese es un tema que no quiero dejar de lado, me gustan los negocios. La televisión te abre todas las puertas.

Matías Marambio
Fotos: Gonzalo Romero

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