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martes, 12 junio 2007
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Carlos Cáceres : “Hay preocupación en el ambiente empresarial”

 

Convencido de que la derecha debe enarbolar las banderas de la moral para diferenciarse del “relativismo” de la izquierda, el ex ministro de Pinochet entra a la arena política y económica. A su juicio, el gobierno de Michelle Bachelet es más de izquierda que el de Lagos y cree que el “íntimo” deseo de la Presidenta es agrandar el tamaño del Estado.

Por: Claudia Alamo / Fotos: Ronny Belmar

 C arlos Cáceres no está en la primera línea de fuego de la política, pero mantiene su mirada atenta y reflexiva desde el Instituto Libertad y Desarrollo, que él preside y que entrega permanentes análisis sobre políticas públicas en el país.


Liberal en lo económico y más bien conservador en lo valórico, Cáceres fue uno de los hombres más cercanos a Pinochet, no sólo como ministro de Hacienda, sino también de Interior en momentos en que se negociaba la transición a la democracia y posteriormente como presidente de la Fundación Pinochet. Hoy da clases en la Universidad del Desarrollo y mantiene un pie en el mundo empresarial. De ahí su preocupación por lo que él llama “una estatización” del modelo económico impuesto por el gobierno militar. Aquí explica por qué.
–Todos los analistas proyectan un buen ciclo económico. Sin embargo, hay como un pesimismo en el ambiente. ¿Por qué?
–Porque existe la sensación que algo está faltando, un sentido, una motivación. Yo creo que eso obedece a que la Presidenta Bachelet –cuando asumió– colocó como pilares estratégicos de su gobierno dos aspectos que, en general, no han merecido la compresión de la opinión pública. Por un lado, habló del gobierno ciudadano y, por otro, de la protección social. Sin embargo, hasta ahora, nunca nadie ha definido bien lo que se entendía por gobierno ciudadano. Y lo de la protección social tampoco ha sido un concepto claramente definido.
–¿No? Pero la misma Presidenta lo ha explicado varias veces.
–Quienes intentaron alguna definición lo asimilaron a que este gobierno iba a estar más cerca de la gente. Con eso se hizo una especie de by pass a los partidos políticos. Finalmente, la Presidenta tuvo que entender que los partidos políticos juegan un rol preponderante en la vida política del país.
–Y respecto del sello de protección social de este gobierno, ¿en qué no ha sido bien definido?
–Se dijo que la protección iba a ir desde la cuna casi hasta la muerte de las personas. Lo que la Presidenta dio a entender con eso es que este sistema de protección social obliga al Estado a tener un mayor rol dentro de la sociedad. Y esa frontera, que había sido definida con claridad durante el gobierno militar y que había prevalecido durante los anteriores gobiernos de la Concertación, por primera vez ha sido sometida a un cambio para redimensionar el papel del Estado.
–A su juicio, ¿este gobierno es más de izquierda que el de Lagos?
–Yo pienso que sí. El año pasado, la Presidenta hizo un alcance muy especial. Dijo que su deseo era establecer este Estado de protección social, pero diferente a como se hizo en Europa. Aquí lo quiere hacer teniendo como base un pensamiento neoliberal, que es la herencia del gobierno militar. Allí hay un fundamento de este íntimo deseo de la Presidenta de hacer más grande el tamaño del Estado.
–En una sociedad con grandes desigualdades, ¿no es necesario un sistema que dé más protección a la gente?
–El tema es cuál va a ser el efecto que tenga esta reforma sobre la protección social en la que ella ha insistido. Tengo serias dudas de que eso vaya a ser exitoso.
–¿Por qué?
–Porque creo que, al final, lo que mueve a la Presidenta Bachelet es la lógica de la llamada Tercera Vía. Cree que el mercado es muy bueno para poder producir camisas, corbatas, etcétera, pero sólo el Estado puede resolver bien la parte social. Asumir esa concepción, sin analizar simultáneamente los grados de eficiencia que debe tener la administración del Estado en materias de salud, de vivienda y de educación, es un error. Creo que si ella mantiene sólo esa posición estatista, no va a lograr éxito.
–¿Y qué provoca este tema en el mundo de la elite empresarial?
–Produce dos tipos de actitudes. Por un lado, existe un real deseo de los empresarios por colaborar para que Chile progrese. Pero, simultáneamente, en el ambiente hay una manifiesta preocupación. Esta falta de definición sobre cuál es el rol del Estado en la sociedad, coloca una incertidumbre al sector empresarial. Y esa incertidumbre se manifestó en forma muy clara el año pasado, cuando se dio una caída importante en la tasa de inversión. Realmente, no había un grado de seguridad de hacia dónde se encaminaban los propósitos del gobierno.
–Pero el ministro de Hacienda Andrés Velasco es una persona que, por su formación, debiera dar garantías a los empresarios. Es liberal, incluso es visto como un tecnócrata…
–Me pasa una cosa muy curiosa con Andrés Velasco. En la campaña presidencial, lo escuché en muchas conferencias y yo salía impresionado por el énfasis que él daba a la competitividad de la economía chilena. Escucharlo era como situarse en la Escuela de Negocios de Harvard. Sin embargo, cuando uno analiza el primer año de gestión de Velasco, observa que ese discurso prácticamente ha desaparecido. No ha habido una clara correspondencia entre el discurso y lo que ha pasado en la realidad. Y eso es lo que hoy siente ausente el sector empresarial: ¿qué estamos haciendo para ganar eficiencia, competitividad?
–Cuando Lagos asumió la Presidencia, también el sector empresarial expresaba incertidumbre. Finalmente, los empresarios lo aplaudieron…
–Sí, pero recordemos que Lagos asumió en medio de las consecuencias que había dejado la crisis asiática. Luego, cuando comienza un período más positivo de la economía internacional, él adecuó las herramientas económicas, como el superávit estructural, con lo cual dio certidumbre al sector empresarial de que no iba a haber un desborde del gasto público. Con Bachelet ha sido muy distinto. Ella recibió al país en buenos términos económicos y, sin embargo, el desempeño de la economía chilena es extremadamente pobre. Durante su primer año, crecimos sólo a un 4 por ciento.
–Y esta baja de medio punto del PIB, ¿es una buena o una mala señal para usted?
–Espero que este relajamiento de la regla fiscal no vaya en coherencia con lo que señaló el ex Presidente Frei, de no dejarle ningún recurso a la derecha... Realmente, fue insólita esa frase, especialmente viniendo de una persona que uno supone que es un hombre de Estado. Volviendo a su pregunta, aquí vamos a tener un incremento en el gasto público, con una economía que va a crecer al 5,5 por ciento. O sea, nuevamente el incremento del tamaño del sector público va a ser sustancialmente superior al crecimiento de la economía. A eso me refiero cuando digo que el pensamiento íntimo de la Presidenta Bachelet es incrementar el tamaño del Estado.

La hora de la derecha

–El ex Presidente Lagos ha dicho que la derecha quiere “demoler su gobierno” porque tienen temor de que pueda volver a la política...
–La derecha no tiene el propósito de demoler el gobierno de Lagos. Aun así, los hechos están demostrando que una gestión que podría haber sido estimada como exitosa, adoleció de fallas importantes como la corrupción, el prurito de las inauguraciones sin las obras consolidadas y la manifiesta intervención electoral, que de alguna manera afectó los resultados de las elecciones de 2005.
–¿Y eso lo inhabilitaría a ir a la reelección?
–Creo que si él quiere volver a la vida política debe dar una respuesta muy concreta a estos aspectos. Evidentemente, Lagos tiene el legítimo derecho a presentarse a una nueva contienda. Es el país el que deberá señalar sus preferencias.
–En ese sentido, se habla de desalojar a la Concertación del poder. A su juicio, ¿llegó la hora de la derecha?
–Más que sentirlo, creo que es absolutamente indispensable la alternancia en el poder. Ya van 20 años de Concertación y eso ha generado un desgaste, una pérdida de entusiasmo, de motivación. Chile, en esta etapa de desarrollo, requiere una mirada nueva.
–La muerte de Pinochet, ¿genera un nuevo espacio político para la derecha?
–No le asigno ninguna importancia a ese tema. Diría que desde su detención en Londres, Pinochet terminó de ejercer una influencia en el panorama político chileno. Así que, francamente, su lamentable fallecimiento no tiene una relevancia mayor en el juego político del futuro.
–Pero hay gente en la UDI que considera necesario que aquellos que fueron parte del gobierno de Pinochet se hagan a un lado. ¿No hay un costo de imagen frente a la ciudadanía que aún pesa?
–Independientemente de mi persona, que me siento muy orgulloso de haber ejercido responsabilidades en ese gobierno, considero que hoy la derecha requiere aunar voluntades. No restaría a nadie en este proceso. La elección se va a ganar por una diferencia muy, muy marginal. Por lo tanto, decir: “Olvidémonos de la gente que trabajó en el gobierno militar”, sería un gran error.
–¿Y desde qué identidad política debiera pararse la centroderecha para ganar el gobierno?
–Es verdad que hoy es más difícil para la gente apreciar las diferencias entre lo que es el pensamiento de la centroderecha y el de la centroizquierda. Probablemente, allí hay una confusión. Pero la identidad que debe enarbolar la derecha es la del éxito de nuestras ideas. Son ellas las que han triunfado y las que han permitido avanzar en el desarrollo del país. El otro día leía el discurso de Sarkozy. El rescata en Francia los valores de la moral en la vida política. Hay valores muy importantes que la derecha puede rescatar y hacerlos suyos.
–¿Cómo cuáles? Porque el discurso de Longueira es sobre el mundo popular y Lavín, en su momento, hizo el mea culpa por lo que sucedió en el régimen militar. Pareciera que la derecha quiere ser más como la Concertación que retomar su propia identidad…
–Claro, ésas son actitudes que uno tiene que reconocer. Lo que ha dicho Longueira o el mea culpa de Lavín son cosas que llaman la atención. Lavín dejó de lado la figura del Presidente Pinochet, aun cuando él colaboró activamente cuando fue miembro de su gobierno... Pero lo que hoy es claro y todos tenemos que entender es que la batalla electoral ya partió. Por lo tanto, aquí hay que fijar una estrategia para ganar el gobierno en el 2009. Lo primero es establecer un programa de gobierno que muestre qué es lo distinto que la derecha puede ofrecerle al país.
–¿Y qué cree usted que es lo distinto?
–Mire, las sociedades que logran progresar son las que tienen la capacidad para establecer una clara coherencia entre el orden de la moral, el orden de la política y el orden de la economía. Los principios morales son absolutos. No deben estar sujetos a un relativismo.
–¿De qué cosas habla concretamente?
–La familia es un principio moral importante. O el principio de la subsidiaridad. ¿Hasta dónde llega el rol del Estado y hasta dónde la responsabilidad individual en la administración de la sociedad? Esas son ideas morales muy fuertes. La derecha tiene que hacerse cargo y presentarlo como uno de sus grandes emblemas. Si la derecha quiere generar una posición que la diferencie de la izquierda, debe mostrar el relativismo moral que es parte del pensamiento de la izquierda. Allí hay un camino a seguir.
–¿Cómo un candidato como Sebastián Piñera, que se ha diferenciado de la derecha tradicional, puede hacerlo?
–Uno tiene que actuar con realismo político. Y así como la izquierda logró captar que para ganar votación de centro debió aceptar ciertos planteamientos de la centroderecha, creo que Piñera o quien sea el candidato que represente a la derecha, tiene que acoger iniciativas que le permitan captar los 3 o 5 puntos que le faltan para ser elegido Presidente.
–Hay un punto que Piñera aún no despeja: estar en la política y los negocios. ¿Puede ser ése su talón de Aquiles?
–Espero que no lo sea. Sebastián tiene herramientas para que ese tema no lo afecte. Sería un paso muy importante que él independice el manejo de la cosa económica con su futuro político.
–¿Cuándo debiera hacerlo?
–Más pronto que tarde, porque Piñera ya es candidato presidencial. La opinión pública ya lo tiene con la primera posición en las encuestas. Entonces, una actitud de responsabilidad política de su parte es establecer cuanto antes esta diferenciación entre la política y los negocios. ?

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