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martes, 9 mayo 2017
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Carta a la primera sonrisa de mi día

Mirella Granucci

Mimosa es un trago de espumante con jugo de naranja. Dicen que era el predilecto de Marilyn Monroe para el desayuno... Dicen muchas cosas. Me gusta creer en las historias divertidas, me da lo mismo que parezcan mentira.

La alarma suena. (Uf, perdón por empezar así). Me da vergüenza admitirlo, pero creo que aprieto cuatro veces los siete minutos del Snooze. (Y tengo la sensación de que si despertara la primera vez, sería todo más fácil). Abro un ojo para ver la pantalla de mi celular. (Sé que esto será la causa de un problema ocular en el futuro, y no hago absolutamente nada al respecto). Y de ahí para adelante, hago lo que todos hacen: Meditación, mientras preparo una Mimosa* (...Ok, es mentira, pero pensando ahora me parece una idea factible... No para los días de trabajo, obviamente...). Entonces, chequeo por última vez que tengo las llaves de mi casa y cierro la puerta. Saludo al conserje y veo que su ropa es más abrigada que la mía y pienso que tal vez sea por eso que estoy resfriada hace tres semanas. Cruzo la calle y me enojo con el auto que parece desear atropellarme (esta violencia contenida de la gente no deja de impresionarme). Sigo mi camino. Pienso en mi trabajo. Pienso en un amor que se fue por entre mis dedos. Pienso que pasaré todo el día con frío. Pienso que estoy atrasada con los Gastos Comunes. Pienso que me siento a la deriva en mi vida. Pienso. Pienso. Pienso. (Por favor, no desista de mí ahora; soy, a veces, insoportablemente dramática, pero estoy llegando a la parte “feliz”: ) Entonces alguien me sonríe. No nos conocemos. No sé su historia.

Ella tampoco sabe la mía y, aun así, me entrega una sonrisa increíble. Y en medio del caos –tanto mío como el de la ciudad–, su sonrisa, que dura no más que 3 segundos, tiene el poder de secar mi alma llorosa. Me emociona cuán simple puede ser el acto ajeno que espanta todo lo malo por un instante. Me emociona cómo la vida encontró una manera tan hermosa para decirme: “¡Mirella, deja de ahogarte en tus pequeños problemas y solo sé feliz!”. Ella es la señora que barre la vereda del Museo de Bellas Artes.

Ella es la primera sonrisa de mi día. (Y, a veces, la única). Yo deseo ser una de tus sonrisas. Por favor, cuéntame cómo: [email protected]

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