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viernes, 29 junio 2018
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Cate Blanchett: “Cada vez que mi marido me hace reír, vuelvo a enamorarme”

Nos reunimos con la famosa actriz en Los Angeles poco antes del estreno de su nueva película, “Ocean’s 8”. Hablamos de cine, teatro, activismo social, el movimiento “Time’s Up” y nos reveló los secretos de su envidiable y feliz matrimonio.

Por: Yenny Nun / Fotos: Getty Images

Considerada como la actriz más talentosa de su generación, ganadora de dos Oscar por su interpretación de Katherine Hepburn en “El aviador” y su memorable rol como una socialité venida a menos en “Blue Jasmine”, el filme de Woody Allen de 2013, Cate Blanchett no deja nunca de sorprender. Puede aparecer como la reina Isabel I en una película y transformarse en Bob Dylan en otra, desapareciendo en su personaje con una maestría que solo Meryl Streep o Daniel Day-Lewis han mostrado en el pasado.

Su energía es enorme, y aparte de tener una espectacular carrera cinematográfica es una muy admirada actriz de teatro. “El teatro es mi primer amor, nunca pensé en convertirme en actriz de cine”, nos ha dicho en varias ocasiones anteriores. Eso la llevó a que, a partir de 2006 y por cinco años, se hiciera cargo junto a su marido, el guionista Andrew Upton, de la Compañía de Teatro de Sídney. Y como si eso fuera poco, aparte de un feliz matrimonio, es también madre de tres hijos y una hija adoptada en 2015, el mismo año que estrenó dos de sus películas más conocidas, “Carol” y “Truth”.

Este año, además de haber presidido el jurado del reciente Festival de Cannes, aparecerá en un rol muy distinto a sus habituales en “Ocean’s 8”, formando parte de un elenco femenino donde también participan Sandra Bullock, Anne Hathaway, Rihanna, Sarah Paulson, Helena Bonham Carter y Mindy Kaling. Cate asume el papel interpretado por Brad Pitt en otras “Ocean’s” de la saga, organizando una banda de mujeres que pretende robar una joya de diamantes avaluada en 150 millones de dólares durante la famosa gala del MET en Nueva York.

Conversamos con la actriz poco antes del estreno del filme.

–¿Crees que serías una buena ladrona, como tu personaje? ¿Qué robarías?

–Sería una pésima ladrona. Tengo demasiado sentimiento de culpa y vergüenza. A veces, cuando voy al supermercado, siento la tentación de llevarme alguna fruta o chocolate, pero nunca lo he hecho. Soy profundamente honesta.

–Una de las mejores cosas de la película es tu relación con el personaje de Sandra Bullock. ¿Se conocían con anterioridad?

–No. Solo conocía a Anne Hathaway y había trabajado con Sarah Paulson. Conocí a Sandra en el camión de maquillaje. Nos levantamos a las 6 de la mañana la mayor parte del rodaje y apenas tuvimos tiempo para ensayar, pero igual que nuestros personajes, Lou y Debbie, nuestra relación se dio muy naturalmente.

–¿Cuál fue tu primera joya?

–Una muy antigua que me dio mi abuela y que aún uso. Casi todas mis joyas son sentimentales y no caras. Si tuviera joyas de Cartier, las guardaría en una caja de fondos. Me daría demasiado miedo usarlas.

–¿Cuál crees que es la ventaja de las mujeres cuando se trata de realizar un robo como el de la película?

–Las mujeres muchas veces somos invisibles, nadie nos mira. Y otra ventaja es que desde el comienzo las mujeres han sido manipuladoras, es un arma para sobrevivir.

–¿Crees que eso está cambiando?

–Sí, porque ahora nos apoyamos unas a las otras. A veces, cuando estás en el set solo con hombres, te inhibe un poco hacer preguntas. Pero eso ya casi no ocurre. Generalmente ya no pienso en el tema de mi género. Si una puerta se me cierra, quiero cruzarla. Me gusta ser como Alicia en el País de las Maravillas y abrir puertas. Cuando me gradué de la Escuela de Drama, la gente no sabía qué hacer conmigo. Decidí aceptar pequeños roles y continuar con mi carrera en el teatro.

–¿Fue así como comenzaste?

–Sí. Amo el teatro. Hace muchos años, justo después de mi graduación, me ofrecieron un papel en “Oleanna”, la obra de David Mamet, en una producción de la Compañía de Teatro de Sídney. Mi coprotagonista fue Geoffrey Rush. Y recuerdo haber pensado que esa era la cima, que no podía pedir algo mejor, y que de ahí en adelante todo iría cuesta abajo. Por suerte, el panorama ha cambiado mucho para las actrices de cine. Hubo muchas mujeres antes que yo que pavimentaron el camino para darle más longevidad a nuestras carreras. Cuando comencé, me aconsejaron que hiciera el mayor número de proyectos y lo más rápido posible, porque, con suerte, mi carrera duraría cinco años. Generalmente en Hollywood las actrices desaparecían después de los 40. Eso cambió. Estoy tratando de ser optimista y positiva, aunque sigo tratando cada uno de mis proyectos como si fuera el último.

–Te has convertido en una gran activista del movimiento “Time’s Up”. ¿Qué cambio esperas ver en Hollywood al respecto?

–Antes que todo, este es un movimiento que no tiene líderes ni jerarquías. Es más grande que cualquier individuo. Es muy importante tener una plataforma en esta industria. Los artistas están siempre en la avanzada. Son los primeros, por ejemplo, en mudarse a barrios alternativos donde nadie quiere vivir, y esa mentalidad se traslada a lo intelectual, lo político y lo social. Siento que los cambios dependen de nosotros, cambios sísmicos en nuestra industria. Me parece que la igualdad de género –y la igualdad en general– no es un tema político, sino humano.

–En Cannes mencionaste que rechazaste un proyecto porque no te ofrecieron equidad de pago...

–Es verdad. Un cambio no ocurre de la noche a la mañana, pero lo importante es que estamos progresando. En cualquier industria donde una mujer realice el mismo trabajo que un hombre, el salario debería ser igual. Y no se trata de codicia. He hecho películas donde me han pagado 10 mil dólares y he puesto esa misma suma para que el filme no se desmoronara. No entré a esta industria para ganar dinero, pero si mis colegas están haciendo el mismo trabajo que yo, no veo por qué debería ganar menos que ellos.

Almas gemelas

–¿Cómo ha cambiado para ti el amor con el paso de los años?

–Es una pregunta profunda. Siento que tengo la gran suerte de haber conocido a mi alma gemela y de que nos conocimos cuando nos conocimos. Se que mi marido siente lo mismo. Cuando nos conocimos literalmente saltamos de felicidad, estábamos en la mejor etapa de nuestras vidas para continuar juntos. Y creo que lo que ha mantenido tan bien nuestra relación es que ambos tenemos el interés del otro como prioridad; nos complementamos en vez de competir. Nuestra relación está cambiando constantemente, pero algo continúa igual: un sentimiento de respeto, ternura y nuestro sentido del humor. Cada vez que mi marido me hacer reír, siento que me estoy enamorando nuevamente.

–¿Qué otras cosas los unen?

–Ambos hemos colaborado para convertirnos en mejores personas. Apoyamos nuestras pasiones e intereses. Amamos lo que hacemos, pero eso no es lo más importante; lo más importante es el respeto mutuo.

–¿Llevar una pareja es más fácil en Australia que en Hollywood?

–Estoy segura que hay tantos divorcios en mi país como en Estados Unidos, aunque recuerdo que una de las primeras veces que viajamos a Estados Unidos, nos sorprendió ver en la carretera esos afiches que dicen “1-800-divorce”. ¡Por suerte nunca hemos tenido que marcar ese número!

–¿Siguen viviendo en Australia?

–No. Actualmente estamos en Inglaterra, porque dos de nuestros hijos nacieron ahí y mi marido tiene raíces en ese país. Pero en realidad una nunca deja Australia totalmente, es un país muy magnético.

–Con tres hijos, ¿por qué decidieron adoptar una niña?

–Tuvimos un hijo detrás de otro y pensamos que debía ser el turno de una niña. Siempre tuvimos en mente una adopción. Hay varios años de diferencia entre mi hijo mayor y Edith, y es emocionante ver cómo la han aceptado. Son hermanos extraordinarios y yo una mamá muy orgullosa.

–¿Cómo has logrado el equilibrio entre tu carrera y la maternidad?

–No lo he logrado. Es un descalabro, pero un descalabro maravilloso. //@revistacosas

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