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martes, 12 junio 2007
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Celine Reymond, la “Camila” de “Alguien te mira”: Fiera nocturna

 

Dueña de uno de los papeles con más pantalla –y más alocados– del momento, que eleva noche a noche el rating de TVN, reconoce que le encanta ese personaje porque le exige superar su timidez. Pronto debutará en el cine, junto a Felipe Braun.

Por: Raimundo Encina / Fotos: Iván Marinovic y Ronny Belmar / Pelo: Valentín Leiva / Maquillaje: Bernardita Zamorano / Zapatos: Lisa

 C eline Reymond jura que nadie la reconoce en la calle. Que en pantalla sale nada que ver con lo que es en realidad y que no es bonita, aun cuando su papel de desatada Camila, causa estragos en la nueva y exitosa teleserie nocturna de TVN, “Alguien te mira”. Esta es su segunda incursión en la pantalla chica. Anteriormente apareció en “Descarado”, en donde a pesar del bajo rating, tuvo la posibilidad de debutar televisivamente con bombos y platillos.


Bautizada como María José Celine Reymond Villegas, hace algunos años decidió omitir sus dos primeros nombres y quedar simplemente como Celine. Tan absolutista opción tuvo que ver con su búsqueda de identidad: “Mi tatarabuela francesa se llamaba así. Le dijo a mi papá antes de morirse que le pusiera ese nombre a su primera hija. Todo iba bien hasta que mi mamá fue a un almuerzo y una amiga le dijo: ‘¡Cómo le vas a poner ese nombre, le van a decir: ‘Se lim… pia’. Mi mamá se traumó y no encontró nada mejor que ponerme su nombre y Celine después”.
Cuando tuvo la personalidad suficiente. decretó que María José pasaba a la historia y comenzó a autonombrarse Celine. “Hay gente que me dice yo sé que te llamas María José, así como socarronamente, como tratando de decirme que yo inventé ese nombre y que soy una siútica”, comenta con su dulce y sarcástica voz.
A sus 25 años ha vivido bastante más de lo normal: matrimonio, separación, una hija, y varías estadías en el extranjero que la tuvieron viviendo en París, Londres y Berlín. Gracias a eso habla francés e inglés perfecto, aunque todo indica que su futuro está aquí, en Chile.

Apenas egresó del Colegio Apoquindo viajó a París. “Quería ser libre, recorrer el mundo, lo que queremos todos a esa edad”, comenta. Sin embargo, echó mucho de menos a su pololo chileno y se volvió a los pocos meses. Acá estudió en la exigente Escuela La Mancha, en donde se tituló de actriz. Apenas terminó esa carrera, nuevamente se largó al Viejo Continente. Cuatro años estuvo viviendo ahí. Un largo período en el que hizo de todo, incluso trabajar como barwoman en un festival de tango en Berlín. “No hablaba alemán y era patético”, sentencia.
Una de sus pasiones es la danza del vientre, la cual practica desde hace varios años y de vez en cuando hace presentaciones al público. Aun así, lo que más le fascina son los pueblos originarios de América. Junto a su gran amiga, la también actriz Isabel Ruiz, hacen lo que pueden por conocer las tradiciones, averiguar e investigar temas al respecto. Juntas, tienen el proyecto de rescatar la vida de Santos Rubio, un cantor ciego de Pirque. En el corto plazo esperan montar una obra de teatro sobre él. “Con la Isa queremos ser panteístas, encontrar a Dios en todas partes”, señala.
Reacia a hablar de su vida privada, puso como condición para dar esta entrevista el no dar nombres ni fechas ni nacionalidades de las personas más importantes de su vida. “Me entristece hablar de esas cosas. Además, no creo que a la gente le importe”, asegura.

A la pantalla grande

Amante del cine, Celine Reymond ha incursionado en tres películas independientes. La única que de todas maneras dará que hablar será “Peor es mascar lauchas”, cinta que acaba de terminar su etapa de filmación. En ella, aparte de oficiar de actriz protagónica, tuvo el rol de productora y fue la encargada de reunir los ocho millones de pesos necesarios para llevar a cabo el proyecto. El guión, la música y la dirección estuvieron a cargo de Iván Marinovic. Gracias a la originalidad de la trama, Felipe Braun se animó a participar, lo que aparte de entregarle cobertura mediática en el momento del estreno, a juicio de Reymond es la actuación más underground y espectacular del famoso actor. Trata sobre una pareja que se ama con locura, que están completamente chiflados, pero que se encuentran sensacionales mutuamente. Son exageradamente pobres. Viven en una pieza que le arriendan a doña Epifanía Chadwick –interpretada genialmente por Sergio Domínguez–, a quien le encanta escuchar ópera y también está un poco desquiciada. La pareja maneja una ambulancia, y un buen día les aparece la oportunidad de salir de la pobreza, la toman, pero muy torpemente. No les resulta nada. La obra, con ingredientes de Bollywood, comedia oscura y musical, se encuentra en postproducción y se espera que se estrene antes de fin de año.

–Después de una separación, ¿cómo ves hoy la institución del matrimonio?
–Yo era muy chica cuando me casé. Tenía 21 años. Las cosas no resultaron por varias circunstancias, por la lejanía, las distancias, por yo ser inmadura. Me equivoqué y eso es parte de la vida. No quiero volver a casarme nunca más. Encuentro que el matrimonio es un accesorio, es un símbolo social, más que personal. Creo que las parejas tienen que encontrar sus propios símbolos para sentirse unidos, no sólo el matrimonio como ceremonia.

–Viviste varios años sola en Europa. ¿Cómo fue volver a la casa de tus papás?
–Han sido súper buenos conmigo. Me han ayudado en todas las cosas y creo que han sufrido harto por mí. Lamentablemente he sido la cruz de ellos. Siempre se han comportado de la mejor manera conmigo, a pesar de que no me entiendan mucho, que sea muy distinta a ellos, entonces qué rico que me abran las puertas de su casa. Y abrírmelas bien y con ánimo, es algo que siempre agradeceré.
–Pareces ser bien liberal. ¿Seduces o prefieres que te seduzcan?
–No. Soy muy romántica. Creo en el destino, que los dioses nos pusieron ahí por algo. Como que el cielo quiere que estemos juntos. Nunca he dicho ese hombre es mi presa. Me encantan los caballeros y me cargan los que se nota que nunca les enseñaron a honrar a la mujer que aman. Encuentro que en la vida hay que regalonear, no tiene que ver con el género. Yo también soy amorosa y regaloneo harto.


–Puede ser, pero siempre se te ha visto rodeada de hombres buenmozos.

–Me gustan los hombres, me gusta el cuerpo de los hombres. Tengo una idealización estética con eso. Cuando chica me mataban los romanos, los griegos, con mi mejor amiga leíamos todas esas historias de la mitología, teníamos un mundo de nosotras, que nos encantaba. Besábamos las estatuas y uno de los primeros hombres que nos gustaron fue Aquiles, por ejemplo.

–¿Realmente no te encuentras bonita?
–Soy telegénica. Tengo una nariz gigantesca, no soy armoniosa y soy muy flaca. En la televisión me veo bien, no como en la vida real, donde parezco un fósforo con la cabeza de alien.

–Tú no serás bonita, pero tu personaje “Camila” es sumamente atractivo.
–Ella es muy suelta de cuerpo, floja, cacho, pastel, libertina. Ha seducido como a quinientos tipos. Lo que pasa es que ella es medio masculina y agresiva. Lo bueno que tiene es que me saca para afuera. Yo soy muy tímida, nunca me voy a tirar arriba de nadie, soy insegura. “Camila” no tiene nada de qué sentirse orgullosa, pero se siente bacán. Eso me encanta. Lo mejor de todo es que nadie me reconoce, porque me veo muy distinta, por la onda, porque no camino igual a ella, me visto nada que ver, soy muy piola.

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