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jueves, 19 julio 2018
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César Antonio Campos: "La televisión te va dejando solo"

Está en su mejor momento, pero el animador de Chilevisión confiesa que el éxito profesional tiene sus costos. Sobre todo, en una industria que ya no es la misma de antes. Es partidario de una TV horizontal y más cercana con las audiencias. “Acá se acabaron las vacas sagradas”, puntualiza.

Por: Jonathan Reyes / Fotos: Bárbara San Martín

A sus 35 años, César Antonio Campos todavía aspira a más. En el último tiempo este joven periodista se ha convertido en un rostro reconocido y querido por el público. Si viviera en Estados Unidos podríamos decir que cumplió el sueño americano, con la diferencia de que él lo hizo en su propio país. La historia de este comunicador siempre ha estado cruzada por la televisión. A pesar de que sus padres tenían trabajos alejados de esa industria, desde pequeño, César soñó con llegar a animar programas. Confiesa que cuando era un niño solía transformar completamente el living de su casa en un estudio de TV. Cámaras, luces y escenografía lograban crear una atmósfera similar a los programas de la televisión de los 80. Ese siempre fue su objetivo y treinta años después pareciera haberlo logrado. Su semana es agitada, a las largas jornadas de grabación de “Sabingo”, el programa que conduce junto a Carolina Mestrovic, se suman los eventos a los que asiste. Le gusta salir, y mucho. Su personalidad sociable es una de sus fortalezas. Aunque acá confiesa que cada vez le quedan menos amigos, debido a los compromisos de tiempo que implica su trabajo. Aun así, César no se detiene. Tiene una mirada crítica de la industria actual. Los tiempos han cambiado y él pareciera estar consciente de aquello. Llegó a Chilevisión hace unos años tras pertenecer al equipo original de “En su propia trampa” de Canal 13, el programa que se dedica a desenmascarar a delincuentes y estafadores. Su primer programa fue “Manos al fuego” junto a Eva Gómez, un hit inmediato en rating y comentarios de la gente en redes sociales. Para él, ese show marcó un hito en la TV porque es urgente la necesidad de nuevos contenidos. “Estamos en una crisis profunda en la televisión. Creo que el medio se está reformulando. Estamos capeando una tormenta que es muy lamentable para todas las personas que se han quedado sin trabajo”, agrega.

–¿Cómo fue la experiencia con “En su propia trampa”?

–Esa fue una gran oportunidad. Yo venía del antiguo matinal del 13 y se presenta este proyecto. Me tocó hacer un periodismo del tipo investigativo con mucha participación de la gente. Fue un programa muy innovador, rompió muchos esquemas sobre cómo se hacía televisión. Fue entretenido porque le hacíamos a los delincuentes lo que todo el mundo quería hacerle, pero corríamos un gran riesgo. En cierta forma fui yo quien le colocó el apodo de “Tío Emilio” al conductor del programa, porque en un episodio me hizo pasar por sobrino de Emilio Sutherland.
“Nosotros entrábamos en la psicología del delincuente o de la persona que engañaba para hacerlos caer en las trampas. Recibí muchas amenazas, una persona se dio cuenta de que la estábamos grabando y me amenazó con golpearme con una llave inglesa”.

–¿Es muy ingrato el ambiente en la televisión?

–A mí no me ha tocado esa ingratitud de la que la gente comenta. La TV es una industria que trabaja codo a codo con uno y cuando no quiere nada más contigo te deja, pero eso pasa en todos los trabajos. Hoy, alguien no tiene ninguna posibilidad de seguir en un canal si es que no tiene algún proyecto asociado, y eso antes no pasaba.

–Es una industria también donde se trabaja con los egos. ¿Cómo manejas ese tema?

–He sido muy simple en la vida. Tengo una meta que no va en función de tener ciertos tipos de programas. Trabajo en televisión porque creo que sirvo para comunicar y unir dos realidades, sobre todo con “Sabingo”, y que es ser un nexo con la gente. Los programas no son exitosos por los animadores que puedan tener, lo son por mostrar las realidades de las personas y las cosas que van pasando en la sociedad.

–Lo contrario a eso podría ser Francisco Saavedra. Él es una figura muy potente y pareciera ser que el éxito de sus programas depende en gran parte de que él esté ahí.

–Creo que él ha hecho un gran trabajo y una carrera que ha ido de menos a más. Lo que ha hecho Pancho es interpretar lo que él encuentra y lo entrega a la audiencia de una nueva forma, pero no creo que los animadores sean intocables. Las grandes figuras que la gente miraba hacia arriba se acabaron. Creo en una televisión horizontal, de tú a tú, esa en que la gente te puede increpar. Se acabó esa época de las vacas sagradas en TV.

–¿Tienes amigos en la televisión?

–No, solo tengo dos amigos. Uno de ellos es Andrés Alamparte, que fue mi compañero en “Espías del amor”. Con él converso cosas íntimas y el resto son buenos compañeros de trabajo. La mayoría de mis amigos está fuera de la TV. Soy un tipo muy sociable.

–¿Y cómo manejas los tiempos de la vida privada con la vida laboral?

–La tele es de dulce y agraz porque te da una falsa sensación de compañía, pero finalmente uno se va quedando solo. A raíz de “Espías del amor” y “Sabingo”, me toca viajar mucho fuera y dentro del país y uno deja de ver a los amigos. A veces, el trabajo te va consumiendo y te vas quedando más solo porque después la gente ya no te llama porque uno está siempre ocupado. Con el tiempo se empieza a sentir un vacío. La televisión te va dejando solo.

–“Sabingo” es un programa muy cercano a la gente. ¿Qué te pasa cuando te reconocen en la calle?

–Todavía no lo asimilo, es muy loco todo eso. Aún no encuentro la respuesta a lo que uno produce en la gente para que te devuelvan tanto cariño. Cuando las personas hablan conmigo, lo hacen con conocimiento. Saben dónde uno fue a grabar, se ríen con uno. Es muy grande el impacto que se produce en el público para que ellos se sientan representados. En general, la gente ha sido muy cariñosa, mi carrera no ha sido pretenciosa.

–¿Siempre soñaste con trabajar en televisión?

–Desde quinto básico.

–Entonces debes haber sido el típico alumno que organizaba todo en el colegio, las obras de teatro y los festivales.

–Mi nombre tiene dos conexiones; a mi mamá le encantaba Cesar Antonio Santis y por otra parte, mi papá se llamaba Antonio. Entonces creo que desde chico se dio una conexión con el mundo de la TV. Siempre vi mucha tele, iba a los programas de público; de chico decidí que quería ser periodista. Mi papá trabaja en una inmobiliaria y mi mamá, en una empresa de Recurso Humanos, nada que ver con este ambiente. Me encantaba comunicar, estaba en la radio del colegio. “Video loco” fue el primer programa al que fui de público. Toda la vida trabajé en función de llegar a la TV.

–¿Cuáles son tus referentes como animadores?

–Siempre he admirado la carrera de Don Francisco, porque encuentro que él ha logrado todo lo que a mí me gustaría hacer; internacionalizar la carrera y tener conexión con el público.

–¿Te gustaría tener un estelar en Chilevisión?

–Sí, siento que estoy preparado para hacer cosas más grandes. He hecho de todo en la televisión, matinales, docurealities, programas en vivo y, por lo mismo, creo que estoy listo para otros desafíos. Tengo contrato con el canal hasta fin de año, pero aun así quiero hacer más cosas. Me importa mucho seguir construyendo esta relación tan cercana con el público con programas tan a la par con ellos. Los programas que hacemos son muy importantes para el público, porque se sienten reflejados en la pantalla; son programas muy cercanos y amenos. El perfil que he cultivado es muy requerido por los otros canales que andan buscando a animadores que sean más cercanos y horizontales con el público. //@revistacosas

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