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Viernes, 12 Mayo 2017
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Coco Chanel, sus amores rusos

La Revolución Rusa y el exilio de cientos de aristócratas del caído imperio de los zares transformaron París. Coco Chanel se deslumbró ante su estilo, cultura y exotismo, contratando a empobrecidas princesas, condesas y baronesas en su atelier y, como ocurrió tantas veces en su vida, enamorándose apasionadamente de distinguidos rusos como el músico Igor Stravinsky y el príncipe Dimitri Romanov.

Por: Francisca Olivares / Fotos: Getty Images / Chanel

Coco Chanel tuvo diversas fascinaciones: los tonos blanco y negro, derivados de las baldosas del orfanato de monjas en Aubazine donde a los 11 fue abandonada por su padre, un vendedor ambulante; las perlas verdaderas y falsas; el corte de los cabellos y los vestidos; el número 5, que según ella le daba suerte y por eso lanzaba sus colecciones los 5 de mayo, y la imagen del león, que además de corresponder a su signo zodiacal, hace referencia a la ciudad de Venecia, de la que se enamoró en 1936. Sin embargo, en esta mujer que cambió radicalmente la moda femenina eliminando corsets, imponiendo el “little black dress” y optando por la comodidad ante todo, hay una faceta menos conocida –que incluye un par de intensos romances– y que se relaciona profundamente con la llamada “emigración blanca” que llegó a París, así como a otras capitales europeas, después de la ahora centenaria Revolución Rusa. Esa revolución marcó el fin del imperio de los zares, el establecimiento del comunismo y la huida de miles de aristócratas –y otros no tanto, pero absolutamente anti bolcheviques– que no tenían cabida en los nuevos aires de su tierra.

En París corrían los inicios de los años 20 y muchos solo querían divertirse para olvidar el dolor de la Primera Guerra Mundial, viviendo con una copa de champagne en la mano como si cada día fuera el último. En ese escenario es que los elegantes modelos fueron la princesa Maria Eristova y Natalia Pávlova Paléi, hija del gran duque Pablo Romanov y nieta del zar Alejandro II.

Coco Chanel, que por entonces estaba por cumplir 40 años, no solo se desvivió por ayudar a las mujeres que, como ella en su momento, necesitaban de una oportunidad –no hay que olvidar que en un principio Chanel no tenía nada y sus inicios haciendo sombreros fueron gracias a la ayuda económica y social de su primer amante, Étienne Balsan–, sino que varios hombres se vieron beneficiados por su generosidad, como Serguei Diáguilev, para el que Mademoiselle diseñó los vestuarios de algunas de sus presentaciones en el ballet de París, y el músico Igor Stravinsky, a quien alojó junto a su mujer e hijos en su villa Bel Respiro, a las afueras de París. La única y gran diferencia que tuvo con este último,es que le atrajo intensamente y de una bonita amistad pasaron a ser apasionados amantes.

Quizás fue un profundo amor, o más bien fue una relación intensificada por la admiración mutua. También puede haber sido el mejor hombre para olvidar al gran amor de su vida, Arthur “Boy” Capel, que había muerto un par de años antes en un accidente automovilístico, justo cuando había vuelto a sus brazos tras casarse con la hija de un lord inglés. Lo que se sabe –y de lo que se hizo la película “Coco Chanel & Igor Stravinsky” (2009), protagonizada por Anna Mouglalis y Mad Mikkelsen, con el visto bueno de Karl Lagerfeld– es que ella se sintió cautivada por el músico y su arte. La relación no llegó a durar más de un año. La enfermiza mujer del rusos de San Petersburgo y Moscú se avecindaron en la capital francesa, y por muchos títulos que tuvieran por abolengo y resabios de antigua opulencia, se vieron obligados por las circunstancias a dejar atrás cualquier altivez y asumir que, para comer, no tenían más opción que trabajar. Es ahí donde Mademoiselle Chanel –deslumbrada por el arte, el estilo y la cultura de Rusia– decidió darles una oportunidad, contratando a muy educa- das y exiliadas princesas, condesas y baronesas como vendedoras de Chanel en la boutique de la rue Cambon 31, o como bordadoras de su atelier, en el caso de las más talentosas con las manos. Las realmente lindas fueron elegidas de modelos, y cuales pioneras de lo que vendría casi un siglo después –con Natalia Vodianova a la cabeza de una nueva generación de mannequins– se dedicaron a exhibir los preciosos diseños que trastornaban a Europa frente a las millonarias de Estados Unidos y las nacientes actrices de Hollywood. Dos de las más emblemáticas compositor –que había tenido que salir de Rusia antes de la Primera Mundial para cuidarse de sus enfermedades respiratorias en Suiza– estaba al tanto de todo y no le quedó más que callar.

En ese mismo tiempo, la diseñadora creó su perfume Chanel No5 junto a Ernest Beaux, un perfumista ruso-francés. El nombre de la fragancia, lanzada originalmente en 1921, se basó en su número de la suerte y sus notas evocarían la elegancia exótica de los salones rusos bajo el poder de los zares. Sin embargo, hay un mito más romántico tras el perfume, y es que se ha dicho que podría basarse en el aroma que tenía el Gran Duque Dimitri Romanov, primo del Zar Nicolás II, y del que Chanel se enamoró después de Stravinsky. Unos diez años menor que ella, Dimitri –que había estado involucrado en el asesinato de Rasputin– se dedicaba a vender champagne en esta nueva etapa a la francesa. Coco lo acompañó en su gusto por Coco Chanel y el príncipe Dimitri Romanov. 60 I www.cosas.com Mayo 2017 una vida cercana a la naturaleza, y empezó poco a poco a alejarse de la intensidad parisina, pensando incluso en tener un hijo con él. La relación no tuvo un final feliz, y al igual como sucedió con “Boy” Capel, llegó el momento en que el joven aristócrata decidió casarse y no optó por ella. La elegida fue una rica heredera estadounidense llamada Audrey Emery. Así fue como otro gran amor le dijo adiós.

Luego Chanel cayó en los brazos de otros hombres que le quitarían el sueño, como el segundo duque de Westminster; pero no dejó nunca sus tijeras –y menos el cigarro de su boca– en los años que siguieron. Vino la Segunda Guerra Mundial, donde hubo sospechas de una colaboración con los nazi incluida, y luego la madurez. Finalmente, ella murió el 10 de enero de 1971 en una habitación del Hotel Ritz, frente a la Place Vendôme, como un icono, una leyenda y una de las mujeres más elegantes y enigmáticas de la historia.

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