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viernes, 29 junio 2018
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Constanza Michelson: "El acoso no es un tema sexual sino de poder"

Con amplia trayectoria en asuntos de pareja y sexualidad, esta profesional del psicoanálisis analiza cómo la “ola feminista” se inserta de una serie de cambios sociales. Aquí su mirada sobre el movimiento que hace noticia y también de cómo se ha ido transformando la lucha de la mujer… con sus pro y sus contras.

Por: Bernardita Cruz / Fotos: Bárbara San Martín

“Eso de qué tan feminista se es o no, no me parece correcto”. Eso es lo primero que dice esta psicoanalista, autora de libros como “50 sombras de Freud” y destacada columnista. Aclara que el feminismo no es una esencia, que no tiene un manual ni estatutos, sino que más bien es una provocación hacia un determinado orden que tiene que ver con el patriarcado que aún queda, y un machismo que no acaba. Comenta que cada movimiento social y político va anclado a la subjetividad de una época. “Uno podría pensar que el feminismo en los años 60 fue libertario, donde había un patriarcado duro y lo que se buscaba era la liberación. De ahí viene, por ejemplo, la liberación de índole sexual, que escapaba al paternalismo estatal y moral. ¿Y qué pasó? Según la feminista Nancy Fraser, ese movimiento sesentero coincidió con otra revolución subyacente, que era el neoliberalismo. Entonces, esto derivó en muchas cosas y una parte de ellas es el feminismo de los años 90, al estilo de “Sex and The City”, con una mujer liberada sexualmente, emprendedora, que se hace a sí misma, sin ningún apoyo del Estado”, explica.

Para ella, si bien se ganaron muchas cosas, también hubo consecuencias no deseadas. “El problema es que ese tipo de mujer terminó trabajando el doble, haciéndose cargo igual de los hijos, teniendo que ser igualmente exitosa y ganar plata para poder ser consumista y flaca... como en la serie. Entonces, con esta liberación terminaron explotándose a sí mismas. De igual modo, desde el aspecto sexual, porque empezó a aparecer la sospecha de que si bien podemos tener sexo sin compromiso, por ejemplo, hay que preguntarse si realmente estamos en igualdad de condiciones que los hombres. Porque yo creo que no puede haber libertad si no existe una cierta igualdad de base. Entonces, ocurre que las mujeres terminamos crucificándonos nosotras mismas, por ejemplo, suponiendo que quieres tener un cuerpo que está dominado por la mirada de la erótica masculina, con harta curva, incluso sometiéndote a los riesgos de meterte a un quirófano para conseguirlo, endeudándote para eso… Y además, desde el punto de vista del amor, lo que empezó a ocurrir es que, por más liberada que se esté, igual existe el reloj biológico, y llega un momento en que muchas se plantean que en realidad sí quieren tener hijos y, claro, hoy en día el capitalismo liberal les dice que congelen óvulos, pero, ¿qué porcentaje de la población puede hacerlo? El mínimo. Entonces, ellas empiezan a sentir que no hay hombres; entran y salen de relaciones con ventaja, pero nada más. Al final, la erótica y el mercado sexual todavía están comandadas por lo masculino”, explica y agrega: “Y lo que estamos viviendo hoy explotó por el tema del acoso sexual. Es decir, como en los ’60 el cuerpo vuelve a aparecer como lucha ideológica, esta vez de otra manera, no desde el lado de la liberación, sino de la protección. En el fondo, lo que pasó es que alguien acusó a Harvey Weinstein y salimos todas diciendo ‘a mí me pasó también’. Es decir, más allá de todas las liberaciones sexuales, hay una práctica que se llama acoso sexual y que es estructural. Eso evidenció que si bien el patriarcado ha caído, el machismo no”.

–¿Qué hay detrás de un acosador?

–Hay acosadores que pueden ser psicópatas y otros que pueden ser más inofensivos, por decirlo de alguna forma. Es decir, claramente no todos los hombres son violadores, son una minoría, pero dentro de la gama de los abusos, el tema es que el cuerpo de la mujer continúa teniendo un estatuto distinto al del hombre y que, además, está dictaminado por lo masculino.

–¿De verdad los acosadores piensan que van a excitar a una mujer mediante amenazas, vulgaridades, soplidos en el oído indeseados o tocaciones no consensuadas, por dar algunos ejemplos?

–Es que este no es un tema sexual sino de dominación, de poder. Hay una antropóloga feminista muy importante que se llama Rita Segato. Ella hizo una investigación con violadores presos y, sí, hay un porcentaje que se podría diagnosticar de psicópata, pero muchos no lo son, y lo que ella encontró es que efectivamente hay una especie reivindicación de la masculinidad humillada. Es decir, como que la masculinidad siempre hay que probarla, desde sacar a bailar a una mujer en adelante, tiene que salir a cazar y también está sujeta a humillaciones del típico “ah, si no te atreves eres un poco hombre”... Entonces, las mujeres circulamos en el machismo como excusa para sus pruebas de potencia entre ellos mismos.

–¿Cuánto afecta psicológicamente a una mujer el ser acosada?

–Afecta en el sentido que uno empieza a mapear su mundo en relación al miedo... y lamentablemente creo que eso no se va a acabar. Otras cosas sí, como el acoso patriarcal que se da por ejemplo con un jefe, pero es porque ese sujeto no va a estar dispuesto a perder su posición, su trabajo.

–En esta lucha por reivindicar la masculinidad, ¿cuánto ha influido que la mujer esté más empoderada?

–Que las mujeres están más liberadas sexualmente es cierto y, en la medida en que en vez de ser objetos sean sujetos sexuales, eso genera ciertas fantasías en los hombres. En términos de celos, por ejemplo, pensar que ella puede desear a otro, podría tener efectos en sus propias inseguridades...

“NO SE DEBE HACER PROTOCOLO DE TODO”

–¿Qué piensas de los piropos? Al parecer no hay suficiente consenso al respecto en el mundo femenino. ¿Crees que esas diferencias al final le jueguen en contra al movimiento?

–No hay que tener miedo a discutir y, sí, eso se está dando de cierta manera. En cuanto al tema del piropo en sí mismo, que a mí nunca me ha gustado, creo que finalmente acá hay sensibilidades diversas y que también pueden ir cambiando. Ahora, de si hay que pasar multas, no estoy tan segura. A veces pienso que si llegamos a un acuerdo en que se establezca que es mejor que eso no siga pasando en las calles y que los hombres se vean coartados de hacerlo, está bien. A lo que no estoy dispuesta es a que se haga protocolo de todo en la vida. Eso me parece preocupante.

–Mencionaste que todo movimiento político y social irrumpe en la subjetividad de una época. ¿Qué corre de la mano con la ola feminista?

–Hay revoluciones paralelas y hoy día hay una manera de subjetivarnos que supera totalmente el tema del feminismo, y es la corrección política, que vive de otros activismos: por ejemplo creer que si piensas distinto eres lo peor, que no puede haber matices, que tienes que sentir de tal manera. Eso también se ve en el propio feminismo, por ejemplo en las polémicas sobre qué tan feminista eres. Yo creo que no podemos caer en esos tribunales de quién es y quién no es. Con eso, volvemos a la brutalidad del fascismo verdadero.

“Mi hipótesis es que la manera en que nos estamos subjetivando implica otra vuelta del capitalismo, que tiene que ver con la técnica. Es la emergencia del management, de su lenguaje, donde todo tiene nombre y se empiezan a gestionar y a hacer protocolos, incluso de la mirada, de lo que dices... Hacer protocolo de todo lo que pueda ser riesgoso es tecnificar la vida. Y las cabezas que hoy en día son las más libertarias curiosamente están funcionando un poco así. No vaya a ser que con la relación entre los sexos hagamos lo mismo. Esa es una línea súper delgada, porque, de acuerdo, no me gustan los piropos, y si esto deriva en un acuerdo que establezca que se van a multar, ya, pero si vamos a entrar con la cosa policiaca de ver quién es y quién no es, quién hace y quién no, y a ponerle nombre a toda actitud y a tecnificarlo todo, entonces no”.

–¿Cuál es el peligro de eso?

–Cuando Hannah Arendt, en su texto “La banalidad del mal”, va a los tribunales al juicio del nazi Eichmann, dice que esa banalidad tiene que ver con que el sujeto no es esencialmente malo, con que no hay un monstruo ahí, sino que hay un sujeto que actúa ideologizado desde la técnica, desde que hay que actuar, hay que operar, que esto es así, que uno sigue órdenes... Lo que pasa ahí es que lo humano queda en suspenso. Hay un texto que describe una discusión entre filósofos acerca de que habrá un fin de la historia, en el sentido humano. Uno de ellos, Kojève, plantea que ese fin va a coincidir con la animalidad, con volver al ser natural. Otro de ellos, Bataille, afirma que eso es imposible, porque siempre va a quedar una resistencia, que va a ser el juego, el humor, el amor, el erotismo, y que eso es lo que nos distingue de la animalidad. Y la verdad es que todas esas cosas que te acabo de nombrar son las que hoy se están tratando de regular. //@revistacosas

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