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martes, 28 agosto 2018
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Corrupción en Argentina: Las claves de un escándalo

Por: Claudia Echeverría, corresponsal / Fotos: Getty Images

Diego Cabot es el periodista del diario La Nación que investigó el mayor escándalo de corrupción en la historia de Argentina. Recibió los cuadernos con la cronología del chofer que recogía las coimas millonarias que recibió el gobierno kirchnerista, un caso que está remeciendo a ese país, que ahora amenaza con terminar igual que Brasil, con una ex Presidenta e importantes empresarios tras las rejas.

El caso da para un guión de cine. Todo partió por una simple historia de desamor entre un chofer de remís (taxi), Oscar Centeno, y su esposa, Hilda Horovist. Centeno era el chofer del ex secretario de Coordinación del Ministerio de Planificación Federal, Roberto Baratta, mano derecha del poderoso ministro de Planificación, Julio De Vido, hombre clave de todo el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner.

La denuncia a la justicia de su ex mujer Hilda, acusándolo de negocios ilícitos, alertó a Centeno para esconder los cuadernos que escribió durante años con toda la data de sus cobros y entregas, nombres, horarios y cantidad de plata que recibió. Se los dio en una caja a su amigo Jorge Bacigalupo, 73 años, ex policía. Este los leyó, y el 8 de enero pasado, por cuenta propia, se los dio a Cabot, conocido periodista que antes había escrito “Hablen con Julio”, donde relataba la enorme maraña de poder y supuestos negocios de De Vido. Al entregarle los documentos, Bacigalupo le explicó sus razones: “Si no se los para, de alguna manera van a volver”, dijo refiriéndose a Cristina Kirchner y su círculo de influencia.

Esa fue la clave que introdujo al reportero en esta historia. Con el apoyo de La Nación, Cabot leyó, digitalizó e investigó los documentos en absoluto silencio durante dos meses. Luego devolvió los cuadernos a Bacigalupo, y llevó su investigación a la justicia. Cuatro meses después, el 3 de agosto pasado, se desató la bomba, con pedidos de indagatoria a decenas de funcionarios y empresarios detenidos y con otros dispuestos a delatar y hablar sobre el mecanismo de corrupción de la era kirchnerista, la que se estima le costó al país cerca de 30 mil millones de dólares.

Conversamos en Buenos Aires con Cabot sobre este escándalo, que ocupa todas las portadas de los periódicos en Argentina por estos días.

–¿Cuál es tu sensación respecto a lo que ha provocado esta investigación? Las confesiones de importantes empresarios; la declaración de Carlos Wagner, presidente de la Cámara de la Construcción, que reconoció el acuerdo de coima con el gobierno; las estimaciones de que solo en obra pública se habrían robado cerca de 15 mil millones de dólares...

–Wagner tuvo un rol central en el reparto y el acuerdo que había entre un grupo de empresarios de la construcción y el gobierno. Según él, entre el 15 a 20 por ciento del dinero venía del adelanto de obra, lo que el Estado te da para que poner en marcha el proyecto. A eso se le descontaban los impuestos, y se devolvía completo a la presidencia. Piensa que estamos hablando del 15 al 20 por ciento de toda la obra pública realizada durante 12 años. Imagínate la magnitud. Wagner declaró que el Estado les devolvía el 20 por ciento del adelanto de obra, diferían el pago del IVA, que es el 20 de ese 20, y empezaban así la obra.

–¿Cuál fue tu reacción al recibir los cuadernos de Centeno que desataron el escándalo?

–Es como el sueño de todo reportero. Cuando trabajas como periodista, necesitas que la gente confíe en ti, que si en algún momento saben de algo importante, sientan la confianza para levantar el teléfono y llamarte. Ese es el activo más importante que tenemos los periodistas. Muchas veces tienes que guardar secretos bajo condiciones que no te permiten publicar, y ser capaz de guardar ese secreto es determinante para la información que viene en el futuro. Otras veces vas a lugares y vuelves vacío, sin nada. Ese día me llegó esto y fue muy impactante, puedes ver el efecto que causó. Cuando me llegaron los cuadernos, la historia me resultó muy creíble; aquí nada me es ajeno, ni los personajes ni las fechas ni los lugares ni la metodología; es algo de lo que ya me habían hablado muchas veces, pero que no había podido confirmar.¿Cómo corroboras que el bolso que le dieron a tal o cual persona no era ropa para el gimnasio, sino millones de dólares? Pero ese día apareció un arrepentido que más encima había anotado todo.

–¿Por qué te interesó De Vido para tu libro? ¿Adivinabas algo?

–Desde el comienzo de su período en 2003, y como respuesta a la crisis anterior de 2001, Néstor Kirchner había modificado la ley de Gabinete y había generado un megaministerio, el de Planificación, que prácticamente vació de presupuesto a todas las otras áreas. Ese ministerio concentraba todo el manejo de la obra pública: escuelas, cárceles, hospitales y rutas. Usualmente cada ministerio ejecuta la obra pública que tiene que ver con su infraestructura, pero en este caso todo se concentró en De Vido. Él era el epicentro del poder. Curiosamente, era un hombre que no era del entorno de Kirchner; no eran amigos. El Presidente siempre lo trató con cierto desprecio. Pero sabía que en él tenía hombre de fierro, y por eso le dio una concentración de poder enorme. Cuando llegó Mauricio Macri a la presidencia, ese ministerio se transformó en cinco.

–En Chile tuvimos el Caso Penta, algo parecido aunque a menor escala, en el cual el contador de un grupo de empresarios delató las maniobras ilícitas que realizaron con el Estado. Este contador lo hizo por venganza, por el maltrato y porque no le pagaron la indemnización que pidió al jubilarse. ¿Cuáles crees que fueron las razones de Centeno en Argentina?

–En algún punto abandoné el intento por entender sus motivaciones, quise concentrarme en comprobar que lo que escribió era real. Mirando hacia atrás, te das cuenta de que en un principio toma notas porque es taxista, pero luego va obteniendo cada vez más acceso, entra en el umbral de confianza, escucha conversaciones. Si bien estos hombres poderosos eran muy soberbios y maltrataban a propios y ajenos, esa misma soberbia los llevó a considerar a este hombre como “invisible”. El poder absoluto los llevó a no darse cuenta de que ese hombre también tenía dos ojos que veían tanto como los de ellos.

–¿En tu proceso de investigación te sentiste acompañado por la justicia?

–Sí. Tuvimos una charla bastante importante al inicio donde hicimos casi un acuerdo de honor; nada firmado, pero dejando claro que no se podía filtrar nada. Al principio, yo desconfiaba de ellos y ellos desconfiaban de mí. No los conocía. Íbamos en el mismo barco, con desconfianzas mutuas. Quizás por ese mismo control cruzado es que funcionó.

–¿Qué responsabilidad ves en los empresarios implicados?

–Ellos dicen que estaban presionados, pero muchos sentimos presiones y no cometimos delito. Se dejaron seducir por un dinero que además les daba prestigio y estatus social. Es algo que se instaló en Argentina desde hace unos años, donde importa lo que tienes, pero no de dónde lo sacaste. Ellos cayeron, pero no fueron víctimas, fueron cómplices. Eso hay que dejarlo muy claro. Las víctimas fuimos todos nosotros, que durante años escuchábamos una cosa mientras se hacía otra.

–¿Crees que todo esto termina con Cristina Kirchner tras las rejas?

–Lo que diga yo es poco importante. La justicia señala que es la jefa de una asociación ilícita. El juez la citó a indagatoria y es posible que la terminen procesando. //@revistacosas

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