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miércoles, 25 mayo 2011
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Daniel Fernandez: “¿Quién financia la oposición a HIdroAysén?”

 

El vicepresidente ejecutivo del proyecto hidroeléctrico más polémico de toda la historia del país enfrenta las críticas y sugiere que hay intereses oscuros detrás de los opositores a las siete centrales. “Si no hay proyecto, el país se estancará”, argumenta.

Por: María Luisa Godoy / Fotos: Ronny Belmar

DANIEL FERNÁNDEZ

Sin duda, uno de los nombres que más se repite en la agenda actual es Daniel Fernández Kopric (55), vicepresidente ejecutivo del polémico mega proyecto “HidroAysén”. Para bien o para mal, este ingeniero comercial de la Universidad de Chile, formado en el Liceo de Hombres de Talca, se convirtió en uno de los personajes más mediáticos tras asumir su cargo en mayo de 2010. Algunos lo describen como un profesional idóneo que poco a poco se ha ido desmarcando de su faceta política que comenzó a pavimentar en los años 90, cuando llegó de la mano de su amigo Guido Girardi a formar parte de la Comisión de Medio Ambiente del PPD.

La sangre croata que corre por las venas de Fernández Kopric se refleja en su personalidad fuerte, la que según cercanos es lo que le permite seguir adelante con el convencimiento de que su camino es el correcto. “Cuando me metí a fondo, dije que esto era bien estratégico para el país. Es un problema de marca mayor y yo no sé quién va a dar explicaciones a futuro si no se hace un proyecto energético en general y el país se estanca”, dice.

–¿Nunca tuvo dudas del impacto ambiental o de la inundación de zonas irrecuperables?
–Todo proyecto energético tiene un impacto ambiental y lo declaramos en el estudio. El punto es que nosotros lo hemos mitigado ofreciendo compensaciones que han sido aceptadas por los servicios públicos y en la balanza están los impactos ambientales versus las necesidades energéticas del país. Si uno quiere reemplazar a HidroAysén por otras formas de energías tiene que poner siete termoeléctricas o dos o tres nucleares. Entonces, ¿qué es mejor? ¿La energía chilena limpia, renovable, sustentable o energía nuclear o de carbón? Esa es la disyuntiva. Si estamos en la actitud de no hacer nada, no habrá impacto ambiental, pero tampoco habrá energía ni crecimiento.

Considera que es “indigno” para la gente de Aysén cuando lo acusan de cohecho por intentar sobornarlos. “Es una falta de respeto pensar que los habitantes de Aysén se pudieran vender por una capacitación. Nosotros vamos a necesitar mano de obra local capacitada. Este es un proyecto aprobado bajo el sistema de evaluación ambiental… Si la gente quiere opinar, bien; pero aquí no estamos en campaña de hacer un plebiscito donde voten a favor o en contra”.

–El diputado Enrique Accorsi lo trató de “guaripola de HidroAysén” y pidió su expulsión del PPD. ¿Cómo toma esa petición y esa crítica transversal que le hacen?
–Creo que el diputado está en el fragor de las pasiones, porque a él también lo vi amenazar con el dedo de querella criminal a través de las pantallas de televisión a aquellos que pusieron una firma para la aprobación del proyecto. Quiero pensar que se dejó llevar, porque si un partido comienza a expulsar a sus partidarios por pensar distinto, me parece que ya sería un partido liquidado.

–Pero uno ve un rechazo casi visceral, en una época donde la gente ya no protesta tanto por ideologías políticas o religiosas.
–Sí, hay un rechazo visceral, porque justamente son factores emocionales los que están jugando. Lo ambiental es un tema más emocional que racional. En el contacto con la naturaleza, hay una mística y una relación muy ancestral; entonces, la reacción de visceral pasa a violenta. Vi unas declaraciones de Manfred Max-Neef, que es académico e inteligente, y por lo mismo tú crees que tiene una altura de mira, pero él dijo que quienes votaron a favor del proyecto son perversos o estúpidos. Cuando escuchas eso, dices ¡qué intolerancia y qué falta de apertura mental para entender ideas distintas en una sociedad que democráticamente ha elegido el desarrollo sustentable! Esa actitud fundamentalista es una mezcla compleja que no entiendo bien.

–¿Qué pensaba de HidroAysén antes de asumir el cargo, cuando trabajaba en TVN?
–No tenía mucha información, lo que es sorprendente siendo director ejecutivo de un medio de comunicación. Esa fue una de las cosas que me interesó cuando me ofrecieron el cargo. Me di cuenta que lo que se decía del proyecto era muy distinto a la realidad; entonces, había una brecha comunicacional que me pareció atractivo abordar.

A Fernández no le gusta hablar de su vida privada y menos de sus dos hijos, que tuvo con Diana Mery. “Nunca, en ninguna entrevista, he hablado nada sobre mis temas personales. Yo separo el trabajo de la familia”.

Inició su vida laboral en 1981 en la Municipalidad de Santiago, donde participó en la instalación del Sistema de Control de Área de Tráfico Computarizado. Entre 1986 y 1990, se desempeñó como ingeniero de la Comisión de Transporte Urbano, y entre el ’91 y ’92 como jefe del Departamento de Transporte Urbano del Ministerio de Transportes. En 1993, asumió como presidente del directorio del Metro, y en marzo de 2000, pasó a la gerencia general de la Enap. En 2004 se convirtió en director ejecutivo de TVN hasta abril de 2010, al renunciar tras la llegada de Piñera al gobierno.

Como vocero de HidroAysén, se ha encargado de subrayar la necesidad de energía que, a su juicio, tiene el país.

–¿Qué le parecen las críticas de algunos dirigentes de la Concertación, que en el inicio del proyecto no estaban en desacuerdo y que ahora uno los ve endosando todo el costo político al gobierno?
–Hay aprovechamiento político, y de eso no voy a comentar porque corresponde al ámbito de la política, pero cuando nosotros vamos a las regiones y vemos a personas como René Alinco o David Sandoval, que están en contra o a favor, eso es lo que más me importa, porque ellos conocen el tema. Pero no creo que haya un alineamiento en la Concertación. Resulta que Antonio Horvath es una persona de gobierno y está en contra; entonces, yo diría que es una situación un poco más transversal.

–¿Pero se está tratando de dar la sensación de que esto es algo que nació del gobierno de Piñera?
–Sí, se da esa sensación, pero resulta que este proyecto se inició en el gobierno de la Presidenta Bachelet y ella lo acogió a tramitación y generó las primeras observaciones, muchas de las cuales ya están superadas. Después, este gobierno siguió adelante.

–¿Qué opina de los dichos del ministro Rodrigo Hinzpeter, quien salió a apoyar el proyecto antes de la votación?
–No me corresponde calificar opiniones de ministros, pero lo que sí te puedo decir es que este proyecto lleva años. Nosotros bajamos de dos mil seiscientas observaciones a 199, las que respondimos todas a satisfacción de los servicios públicos, mayoritariamente, y ellos emitieron un informe 15 días antes de la votación. La empresa ha gastado 220 millones de dólares en estudios y hay cientos de funcionarios públicos que han participado durante tres años en las calificaciones; entonces, decir que a último minuto el Seremi votó de una manera porque un ministro hizo una declaración, me parece absurdo.

–Pero, ¿no cree que se puede entender como una presión, siendo que los Seremi dependen del gobierno?
–Se utiliza como argumento que habría sido una presión, pero no es efectivo.

–¿Cómo se llega a esta crisis eléctrica?
–Hubo varios temas bien complejos. El primero es que los gobiernos tienen que tomar decisiones hoy para conseguir resultados en el sistema eléctrico que deben ocurrir en 10 años más; por lo tanto, nunca son urgentes. En segundo lugar, los proyectos eléctricos son polémicos, porque como tienen algún impacto ambiental, hay un costo político y la tendencia es “chutear”. Lo tercero es que es un sector donde falta planificación, porque uno de los problemas más graves es que no hay líneas de transmisión. Se ha dejado que cada privado con su proyecto construya su línea, lo que es absurdo mirado con perspectiva-país. En otras partes, como en Brasil o Inglaterra, el Estado planifica una línea de transmisión, incluso define ciertos trazados. En Perú, el Presidente Alan García acaba de firmar un decreto en que establece que sobre ciertos ríos habrá centrales hidroeléctricas, que se van a licitar. Con esos 12 mil megas, van a ganar una competitividad tremenda. En cambio, nosotros en política energética estamos discutiendo proyecto a proyecto. Por eso estamos siempre al borde de quedarnos sin energía.

Se ahorran 7 plantas a carbón

–Y si no se construye HidroAysén…, ¿qué pasará? ¿Nos quedaremos sin luz?
–No nos vamos a quedar sin luz, pero sí vamos a tener una energía más contaminante y más cara, porque se van a tener que construir termoeléctricas. Una hidroeléctrica reemplaza siete plantas de carbón, con una matriz térmica y una emisión de dióxido de carbono enorme, que es el principal problema del calentamiento global. Sería una contradicción. Tampoco creo que lleguemos a instalar energía nuclear después de lo que pasó en Fukushima, ya que Chile es un país sísmico y proclive a los tsunamis. Entonces, si no tienes energía nuclear, tienes hidroeléctricas y si no... carbón.

–¿Cuánto será el impacto que recibirá Aysén con este proyecto?
–Aysén será beneficiada por este proyecto, porque hoy es una región bastante postergada. Lo ven como una oportunidad de desarrollo que hasta ahora no han tenido. Contarán con energía barata y con oportunidades de empleo. Nosotros nos hemos comprometido a que el 20 por ciento de la mano de obra que se necesita será de empleo local y entregaremos becas de capacitación. Vamos a invertir en esa región 350 millones de dólares solamente en infraestructura previa para poder construir el proyecto… caminos, puertos y aeropuertos. Además, están todas las compensaciones ambientales, áreas de conservación, etcétera.

–Usted ha apuntado más de una vez al financiamiento de grupos como Patagonia Sin Represas… ¿De dónde cree que proviene?
–Este es el proyecto que ha recibido la mayor oposición en la historia de Chile. Ni Castilla ni Barrancones han tenido una decena de millones de dólares en contra. El Mercurio denunció hace seis meses, sin ser desmentido, que son fondos provenientes del Tesoro Público Norteamericano. Por lo que se conoce, se trata de tres mil 200 millones de pesos en tres años. La cantidad de publicidad y de gente que es contratada para sus actividades es tremenda. Patagonia Sin Represas es un trabajo remunerado. Uno los ve desplazarse por Chile con una cantidad de recursos bien importantes. No somos la Interpol, pero sería bueno que las ONG chilenas transparentaran eso completamente.

–¿Hay intereses privados en esto?
–Absolutamente. ¿Quién regala decenas de millones de dólares sólo para oponerse a un proyecto que está en el sur de Chile, y que además tiene menor impacto ambiental que otros proyectos que no enfrentan la misma oposición? Proyectos mineros, por ejemplo. Es bien raro. Somos una empresa 70 por ciento chilena (Colbún, Endesa) y un 30 por ciento española e italiana. Está en la página web, se sabe todo. La pregunta es: ¿quién financia Patagonia Sin Represas? Eso es todo lo que pregunto. Nada más. Se sabe que uno de los financistas es Douglas Tompkins, ya que tiene interés, porque posee terrenos en la zona… ¡Que digan, que expliquen...!

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