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lunes, 5 noviembre 2018
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Daniel Matamala: "No soy el justiciero de nadie"

No cree en la objetividad, sí en la imparcialidad. “¿Cuál es la manera objetiva de contar una noticia, o de contar un tema? No existe. Es un error, no existe una manera objetiva de tocar un tema”, afirma el reconocido periodista que hoy se ha transformado en un referente a la hora de debatir. Matamala no se calla nada. Está acá para informar y opinar. Matamala también llegó a los 40 y se convirtió en padre por primera vez. Pase y lea.

Por: Jonathan Reyes / Fotos: Bárbara San Martín / Asistente de fotografía: Juan Lagos / Locación: Liguria Lastarria

Da la impresión que a Daniel Matamala no le queda tiempo libre. A su destacada participación como uno de los conductores anclas de CNN Chile, este año se sumaron dos nuevos proyectos laborales que lo tienen siempre en la primera línea del debate sobre diversos temas. Esos temas que a él le apasionan al momento de ejercer el periodismo. Hace unos meses es parte de Radio Infinita con un programa diario que conduce junto a Coni Stipicic y Juan Manuel Astorga y también empezó a escribir columnas de opinión para La Tercera. Pero sí, a Matamala le queda tiempo libre. ¿En qué lo ocupa? Desde un poco de acondicionamiento físico que incluye jugar fútbol como defensa con su grupo de amigos, leer mucho, escuchar buena música (el último concierto que disfrutó fue el de la banda Alice in Chains en Chicago) y ayudar a su pareja, Blanca Lewin, a repasar los guiones de la actriz, tanto en sus proyectos teatrales, como televisivos. Es que a Daniel siempre le ha apasionado el teatro. Hace dos años se convirtió en padre de Eloy, el hijo que tuvo con la reconocida actriz y que junto a la hija de Blanca forman su familia.

–¿Cómo ha sido esto de llegar a los 40 y también ser papá?

–Evidentemente, tener un hijo te cambia la vida. Un cliché, pero es cien por ciento real. He tenido la suerte de poder hacerlo en un momento de mi vida en que, primero, no tengo ninguna ansiedad profesional, tengo una carrera constituida, por lo tanto, puedo tomarme el tiempo para disfrutarlo plenamente. También mi trabajo me permite espacios para estar en mi casa y no perderme nada. He estado en cada momento, en cada día que es importante, cada cosa que es significativa. Lo he vivido con mucha alegría y felicidad.

–Vi en tu Instagram que tenías una foto de Estados Unidos en un baño de hombres con un mudador. Decías que este no es un trabajo exclusivo para las mujeres.

–Bueno, esa cosa puede parecer muy pequeña. En muchos lugares el mudador está en el baño de mujeres, y yo pienso ¿por qué? Hay cosas que solo las mujeres pueden hacer, pero cambiar pañales es algo que los hombres sí podemos hacer. El mudador debería estar en un espacio común. Y claro, ahí uno se da cuenta de esos pequeños machismos cotidianos. Una vez tuve la oportunidad de viajar a Suecia y ver cómo funciona el postnatal masculino obligatorio y es bien impresionante. Es mucho más amplio; dura 18 meses y es obligatorio que el hombre se tome parte del postnatal, se lo dividen. Tú sales a un parque en Estocolmo y está lleno de padres paseando niños. La política de Estado te permite tener ese espacio para estar con tus hijos. Tener un hijo ya no es un tema de la mujer, es un tema de la pareja. Por lo tanto, el empleador ya no piensa “ah, esta mujer puede quedarse embarazada y ser un problema”. No. El hombre también puede ser padre, y el empleador tiene que hacerse cargo de esa situación. Democratiza, iguala, tú ves una tremenda política pro familia, que involucra al hombre y a la mujer en el proceso de la crianza, permite que el hombre y la mujer compartan en igualdad en los planos laborales y además beneficia tremendamente al hijo, que tiene una relación más cercana con sus dos padres. Ahí hay políticas pro familia.

–Es interesante que un hombre heterosexual y padre esté dando un discurso como este. Pareciera ser que faltan más hombres que hablen de estos temas, que les toque vivirlos.

–Por lo menos en generaciones más jóvenes, estos temas están bien internalizados. La mujer siempre hace mucho más; evidentemente, ellas se llevan una carga mucho más pesada.

–Parece que no te cansas de estudiar porque estuviste en Chicago también este año. Fuiste elegido entre un grupo bien selecto de estudiantes, ¿qué estuviste haciendo en ahí?

–Hay un centro que se llama “Centro Stigler de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago” que básicamente se dedica al estudio de la relación entre la economía y la política. Ahí se estudian temas de monopolio, colusiones, cómo el poder económico interviene en el poder político, que son temas que yo he investigado mucho en Chile y me interesan. Entonces, poder tener la oportunidad de ir y estudiarlo por tres meses fue una tremenda experiencia.

–¿Cómo ven a Chile desde allá?

–De una manera bastante diversa. Es una de las gracias porque muchas veces uno tiene una percepción de Chicago como una cuestión súper rígida y muy vinculada al pensamiento neoliberal, que en parte es verdad. Pero hoy el pensamiento de la Universidad de Chicago es tremendamente diverso. Viene gente con distintas ideas, de distintas ideologías que ven la economía de distintos puntos de vista y a Chile, por lo tanto, lo ven distinto. Algunos enfatizan en los aspectos positivos, de una economía abierta al mundo, un país ordenado que ha tenido bastante prosperidad y ponen el énfasis ahí. Otros, probablemente, son un poco más críticos y ven el poder concentrado en ciertas élites, que hay un libre mercado que no funciona muy bien por todos los temas de la falta de competencia, el monopolio, una economía muy basada en las rentas de exportar materias primas, que tiene poca innovación.

–Precisamente son temas que llegaste a tocar en “360”, tu nuevo programa en CNN Chile.

–Sí, es un programa que soñaba hacer hace mucho tiempo. CNN se pegó el salto y fue una apuesta que era bien arriesgada, porque le estás diciendo a la gente que vamos a dejar de hacer el noticiero tradicional, es una costumbre que la gente ha tenido toda la vida como televidente y esto es mostrar una apuesta distinta. Lo hicimos porque creo que la lógica de decirle al público “miren, hoy les vamos a traer un noticiero y les vamos a contar lo que pasó en el día”, es una lógica que ya no se sostiene. Ahora las personas están bombardeadas de información constante, se enteran en el teléfono de lo que está pasando minuto a minuto. Tú no le vas a decir a la gente a las nueve de la noche: “Hubo una elección en Brasil y hay un candidato extremo que está ganando”. La gente ya sabe eso, lo que tú le puedes decir es: “Mira, sobre esa noticia, vamos a profundizar, vamos a entregarle un valor agregado a eso que ustedes han tenido en su teléfono, en las redes, en WhatsApp todo el día, nosotros vamos a ir más allá, le vamos a entregar un valor a esa información. Vamos a contar en profundidad, cuál es el contexto, de dónde sale esa noticia, por qué llegamos a ello”.

–Ustedes tienen muchos seguidores en las redes sociales y la gente se siente representada con el tipo de periodismo que están haciendo. Pero parece que hay una parte a la que no le gusta mucho. Tú particularmente eres muy atacado. ¿Qué te pasa con eso?, ¿cómo manejas las críticas o las peleas que puedas tener en Twitter con un Melnick o un Bofill? Te han tratado de predicador inclusive en el último tiempo.

–En primer lugar, la parte positiva todavía es muy superior en las redes sociales. Todavía hay posibilidad de armar debate, de hacer discusiones que sean interesantes. Por ejemplo, en el tema sobre la innovación. Se generó un debate súper interesante con el presidente de la Sofofa y otros empresarios y creo que fue un debate constructivo. También es responsabilidad de uno ser inteligente en términos de a qué le das feedback y a qué no, porque muchas veces uno cae en el error de darle respuestas a cosas que son sencillamente ataques y creo que es responsabilidad de los que estamos en redes sociales el mejorar el entorno, en términos de responder y entrar en los debates que valen la pena. Cuando alguien me responde con argumentos o tiene una opinión contraria por tal razón, ahí hay que responder. Cuando alguien sencillamente te ataca, te agrede o te insulta, enganchar en esas peleas es un error, aunque algunas veces uno cae, porque le estás dando validez, legitimidad y voz a alguien que solamente está insultando. Ese aprendizaje uno lo va tomando de los errores que uno también comete.

–¿Te ves a veces superado por estas respuestas?

–Cuando hay agresividad, claro, la primera reacción instintiva es reaccionar a un insulto, es responder, pero creo que eso es un error, porque terminas agrandando, o le das un eco a alguien que no merece tenerlo; si alguien no es capaz de dar un argumento y sencillamente insulta, la verdad que lo que le corresponde es el silencio.

–En ese sentido, has dicho que en cierta forma eres un fiscalizador del poder y la voz de la gente por el trabajo que te toca hacer. ¿Te sientes como el justiciero de alguna parte de la sociedad? ¿Qué te dice la gente en la calle?

–No, para nada, no me siento el justiciero de nadie. No podría atribuirme ser la voz de nadie. Para mí, lo que corresponde, o lo que es parte de la de función del periodismo, es intentar ser un fiscalizador del poder y que el periodista siempre debe estar de lado de la ciudadanía, no del poder. Yo creo que esa es una diferenciación que sí se debería hacer. Y con la gente en la calle tengo súper buen feedback.

–Te han tildado de izquierdista muchas veces…

–Creo que –sobre todo en redes sociales– hay una especie de mirada en la que se arman una especie de tribus. Y esas tribus me parece que son muy ciegas con cualquier cosa que no vaya de acuerdo con su preconcepción de las cosas.

–Una de tus columnas en La Tercera que llamó bastante la atención y generó mucho debate fue en la que hiciste esta crítica a la élite y a la forma en que en Chile se concentra el poder, sobre todo en los puestos de alta gerencia. Son cifras bien impactantes las que diste a conocer.

–Sí, son cifras bien impactantes: más de la mitad de los altos puestos directivos de las empresas chilenas es copado por egresados de nueve colegios particulares privados de Santiago. Creo que es una cifra que dice mucho de cómo es la élite; que es algo que hay que cambiar y, sobre todo, porque tenemos una élite que dice que esto es libre mercado, que hay competencia y es meritocracia, y las cifras lo desmienten totalmente. //@revistacosas

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