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martes, 12 junio 2007
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De gil, sólo el apellido

 

El columnista y escritor, que muchos conocieron como Vinicio Cordeiro, dejó atrás comilonas y tomateras para hacer frente, sin concesiones, a todo lo que huela a actualidad. Un ejercicio que lo hizo bajar de peso y que ha provocado más de un sarpullido y un alegato en la OEA.

Por: Matías Marambio H. / Fotos: Carlos Ferrer

 Luego de dos años escribiendo la columna “Las Patas y el Buche” bajo el seudónimo de Vinicio Cordeiro, en la que literalmente comía y tomaba como desaforado, llama la atención que el escritor y columnista Antonio Gil sea flaco. De hecho, llegó a subir 20 kilos con su ejercicio gastronómico, que lo llevó a sumergirse en sustanciosos platos como la mítica sopa de tronco (caldo hecho en base de miembros viriles de toros y novillos, ajo, papitas nuevas, cebolla, cilantro, pimentón y ají cacho de cabra). Pero una vez que Cordeiro jubiló, también lo hicieron los kilos extras.

“De la columna salió una recopilación con las mejores crónicas y le ha ido bien, creo. La verdad es que no sé mucho. En general mis libros se venden poco, y me da lo mismo. Es un tipo de literatura bastante específica, sin muchas concesiones, no busca públicos masivos. Extrañamente se vende mucho su traducción francesa en Québec. Es rarísimo”, cuenta Gil, quien también es autor de “Cosa Mentale” y varios otros libros –algunos de historia ficcionada– y que suelen ambientarse en la época de la Colonia, tomando la voz de personajes históricos como Diego de Almagro o Alonso de Ercilla. Textos de alta densidad intelectual.
La que sí es más masiva es su columna “La recta provincia” de los jueves en “Las Ultimas Noticias”, trinchera que usa a nombre descubierto para opinar sobre todo y todos desde su original punto de vista. Particularidad que ha provocado más de un mal entendido, como cuando en su crónica “Solución final al problema mapuche” propuso, con evidente ironía, “acabar de una bendita vez con esos dichosos araucanos que tanto molestan a los turistas en los meses de verano”. “Algunos se lo tomaron en serio. Incluso llegó hasta la OEA, donde hicieron una queja por la columna”, dice y agrega: “Es un problema de lenguaje y con el tiempo que se le da a la lectura. Hay gente que lee muy rápido y no entiende nada. Yo te diría que uno de los grandes lectores son los guardias de azul, ellos se leen todos los diarios y entienden perfectamente”.
Antonio Gil (52) trabajó por más de 20 años en la agencia de publicidad J. Walter Thompson. Llegó por necesidad, primero como redactor y terminó como director creativo. La experiencia le gustó y, aunque ya no sigue ahí, continúa haciendo trabajos por su cuenta.
–¿No crees que en gran medida la publicidad es culpable del afán consumista?
–Nunca tuve la sensación que la publicidad fuera una acción nociva o dañina. Te diría que es un ingrediente más de una fórmula. Sin ella no sería posible el producto; la publicidad lo completa. En general no hay engaño, porque si lo hay, te pillan. Lo que tiene es una carga importante de pasión y de fantasía. Hay un relato, las marcas tienen una historia que enriquece su percepción de parte de las personas. Y de eso la publicidad es responsable.
–¿Es una forma de literatura?
–De alguna manera es el arte de la ficción. Muchas veces la publicidad puede ser una forma de creación literaria. Nunca es artística, porque es funcional, es una artesanía, está al servicio de un plan de marketing.

Mezquinos, envidiosos, ignorantes y soberbios

–¿Te gusta la sociedad chilena del siglo XXI?
–En absoluto, no me gusta nada. Tampoco me gustaba el siglo XX. Creo que a nadie le puede gustar esto. Creo que ha habido una irrupción de las masas que ha sido bastante nefasta, hay una enorme cantidad de gente que ha perdido sus raíces por acceder a una serie de prestaciones de la sociedad y que recibe a cambio un mundo sustituto.
–¿De dónde viene este fenómeno?
–Tiene que ver con el origen fundacional de nuestro país. Chile nace como frente de guerra y estamos marcados por ese hecho clave. Nuestra comida es cuartelera, nuestros hábitos son de regimiento y de convento. De repente empezó a sofisticarse este “ethos”, pero con mucha dificultad, porque su punto de partida está signado por una cosa muy austera, muy pobre y mezquina. El principal problema que tiene Chile es la mezquindad y la envidia. Son nuestros dos grandes enemigos.
–¿Somos delincuentes sofisticados?
–Sí, claro, y estamos dominados por el lumpen ABC1, mentiroso, truculento, ignorante, muy egoísta y soberbio. Aunque no todos, hay empresarios que son extraordinarios y que tienen proyectos potentes, que son progresistas.
–¿La clase política tomó algunas de esas actitudes?
–Yo diría que lo que ha perdido la clase política es clase, ha perdido categoría y dignidad. Hay mucho rasquerío, hay una falta total de proyecto y, lo que es más grave, una falta de tema. Nos compramos la pomada de la modernidad en circunstancias de que no lo somos, más bien somos un pueblo atrasado. Lo cual no es malo, pero lo delicado es no saberlo, pretender ser lo que no somos.
–¿En qué se traduce este tipo de alucinación?
–En que estamos produciendo una polarización brutal donde hay gente que se está quedando muy atrás y otra que ya está viviendo en el siglo XXII. Esa falta de cohesión cultural, provocada por la desigualdad, es algo que nos va a perjudicar a todos. Eso ya se está produciendo, es un defecto gravoso de esta condición mezquina. Al final tiene que ver con los sueldos y la distribución de la riqueza, se habla mucho de la educación y no, tiene que ver con los sueldos que gana la gente.
–Ese es un tema muy de moda entre economistas...
–Mira, el gran cáncer de Chile han sido los ingenieros comerciales, porque gobiernan con el lápiz rojo del contador. Estamos dominados por ellos. Las empresas chilenas están dirigidas por los gerentes financieros y el país está dirigido por Andrés Velasco. Finalmente todo depende de las “lucas”. Es la dictadura del dinero, de los bancos y de la usura. Y la Concertación ha administrado este modelo mucho mejor que lo que podría haberlo hecho la misma derecha.
–¿Cuáles son los grandes temas que debería tocar la clase política?
–La modernización del Estado, la derrota de la extrema pobreza y la descentralización, que es un gran problema porque uno pretende que sea el poder central el que descentralice, cosa que es absurda. Están empezando a aparecer fenómenos bastantes interesantes que son la asunción de ciertos roles políticos por parte de algunos empresarios regionales que están haciendo pactos, por ejemplo, con ciudades de Europa. Se está saltando el poder central, porque si pasan por ahí están jodidos.

“Longueira sería buen Presidente”

–¿Cómo has visto el gobierno de la Presidenta Bachelet?
–Tengo la sensación que le ha resultado muy difícil. Yo he apoyado su gobierno y le tengo respeto a ella y la gente que la rodea. Le va a costar mucho cumplir las promesas que hizo. Ha tenido muchas dificultades debido a que el cruce entre el mundo público y el privado ha resultado un fracaso. Uno esperaría que ese híbrido resultara con buenas alianzas y que sea eficiente, pero se ha demostrado que no es tan así, que no funciona. Eso pasa en gran medida porque el mundo privado tiene mucha suspicacia del público, hay una desconfianza histórica, algo que no pasa al revés porque ha habido mucho trasvasije de personas que funcionaban en el mundo del Estado al de las empresas.
–¿Se agotó la fórmula del arco iris?
–Hay un nivel de desgaste muy alto. Uno siempre ve las figuras más representativas, pero por debajo de la representatividad de los partidos hay mucha gente que está instalada en los mandos más bajos. Y ahora, como el Estado es más pequeño, el interés por participar también es cada vez menor, porque el “botín” es más escaso. Antes la política era un trampolín social, ahora ya no.
–También hay un descontento social fuerte, lo que se ha visto reflejado en la irrupción de grupos anárquicos.
–Es natural que existan. Siempre han estado. Piensa que el primer asalto a un Banco en Chile lo protagoniza Buenaventura Durruti, un anarquista español. En los movimientos anárquicos que hay ahora, que son muy infantiles, hay un germen legítimo de disconformidad y de aspiración por una sociedad más libre. Son niños que no se sienten identificados con el modelo que los margina. Hay ahí un germen positivo.
–¿Positivo?
–En general soy bastante ecléctico, incluso creo que hay germen positivo en el Opus Dei. Yo no soy quién para decir lo que está bien o mal. Lo importante es que haya contenido, que la gente se nutra de contenido trascendente. Y si eso lo va hacer el Opus Dei, los masones o los anarquistas, da igual, cada quien va a ir al almacén que estime conveniente a comprar la mercadería que le sirva. Lo triste es que no haya interés por comprar y nadie oferte alternativas ideológicas que tengan algún grado de entusiasmo. Donde no hay pasión no hay nada.
–¿Cómo ves a la derecha en este escenario?
–La derecha chilena es clásica y antigua, en donde hay dos bloques, un grupo liberal (RN) y uno conservador más ligado a la Iglesia (UDI). Históricamente, han sido más progresistas los conservadores que los liberales. Hoy ves a la UDI que tiene que avanzar a la izquierda, y que se mueve genuinamente, no creo que estén contando un cuento. En ese sentido, creo que Longueira es el mejor político que tiene la derecha, por lejos, y que podría ser perfectamente Presidente de la República y lo haría bien, mejor que otros que son candidatos. Tiene condiciones de animal político, a diferencia de otros que se creen políticos, pero que no lo son. Eso es lo que falta, personas capaces de transar, de negociar para mantener el equilibrio y la gobernabilidad.
–¿Finalmente la Alianza se va instalar en La Moneda?
–Lo que creo es que se van a producir nuevos pactos, hay mucha derecha en la Concertación, principalmente en la DC. También en los altos mandos, gente como René Cortázar, que es de derecha. Ahora, cuando se habla hoy de derecha es como hablar de geometría plana. Es difícil entender dónde está la derecha y la izquierda.
–Sobre todo en temas valóricos, en los que socialistas y democratacristianos nunca se van a poner de acuerdo.
–Hay ciertas cosas que no se pueden imponer. Hay prácticas, como el aborto, que para un grupo pueden resultar positivas, pero que para la gran mayoría del país no es aceptable por un tema de formación. Y, por otro lado, tenemos a la Iglesia Católica que pretende bajarle la línea al país en circunstancias que ni siquiera es capaz de hacerlo con los que van a misa todos los domingos ni con los propios curas que la componen.
–Hablaste de nuevos pactos. ¿“Chile Primero” es uno de ellos?
–No, es más de lo mismo. “Chile Primero” es reciclar lo que era el PPD, esa legión extranjera. Es el mismo intento de relanzar un movimiento totalmente vaciado de contenido, al que se busca dotar de una cosmética marquetera y modernista. Ese grupo estaba muerto antes de nacer. ?

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