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jueves, 1 octubre 2015
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ECOTERRA: EL PROYECTO QUE LUCHA POR EL COMERCIO JUSTO

 

Pablo Albarrán tiene solo 30 años y hace tres que decidió comenzar con su emprendimiento, Ecoterra, una empresa distribuidora de huevos de gallinas libres. El proyecto no solo le valió el premio Emprendedor Joven del Innovagro del ministerio de Agricultura, sino que acaba de ser postulado al premio de Innovadores Jóvenes Sub 35 de la prestigiosa universidad estadounidense MIT.

Por: Paula Campos L./ Fotos: Barbara San Martín y cortesía Ecoterra

Con este emprendimiento, además de comprometerse con vender productos animales ciento por ciento sustentables y con un sistema de libre pastoreo, Albarrán apunta a crear un sistema más justo para los pequeños agricultores. “Siempre fue nuestra filosofía crear un cambio social a través del mercado y no en contra de él”, confiesa.

–¿Cómo nació Ecoterra?

–Nació de un viaje de intercambio a Canadá que hice hace un tiempo. Yo estudié Agronomía en la Universidad Católica, y cuando me fui para allá me di cuenta que en los sistemas de producción animal, la gente no solo buscaba el producto final, sino que un proceso distinto, en el que incluían productos de origen animal naturales, sin la inclusión de químicos o antibióticos. Además, buscaban lograr un trato de mayor bienestar animal, entregándole a las gallinas, por ejemplo, un acceso a praderas de riego. No como era acá, con jaulas, una arriba de otra.

–¿Qué fue lo que te motivó a emprender con este negocio?

–Yo soy agrónomo, y estudiando la carrera me di cuenta de que los sistemas de producción animal eran súper invasivos e intensivos. No estoy en contra del sistema, pero quería hacer algo distinto, más parecido al hábitat natural de los animales en general, no solo de las gallinas. Mi idea era emular sistemas naturales para la producción de productos animales de consumo. Que pudiesen vivir en praderas y bosques de una manera más libre. Por eso, cuando volví de mi intercambio en Canadá me puse a estudiar y me di cuenta de que había una necesidad en el mercado y una oportunidad. Me lancé con dos mil gallinas y ahora tenemos 20 mil. La verdad es que no me esperaba un crecimiento tan rápido. Estoy muy contento.

–¿Cómo funcionaba la producción y distribución de huevos en ese momento en Chile?

–Este movimiento nació en Inglaterra, pero se llevó a todo el mundo. Cuando yo me fui, acá en Chile no existía el sistema de libre pastoreo, pero en países como Canadá o Inglaterra era muy famoso. Por eso, al volver de mi intercambio académico decidí hacer mi tesis sobre esto y me fui a pasar ocho meses al sur, y así nació todo. Partimos con un negocio chico y fue bien complicado al principio, porque nadie entendía el valor agregado de un sistema más ecológico y sustentable que fuera amigable con los animales. Al principio nos fue pésimo, pero de a poco empezamos a agarrar clientes chicos, hoteles y después de harto tiempo insistiendo, y con mucha perseverancia, logramos entrar a Unimarc. El año 2014 comenzamos a crecer y apareció el Jumbo, y este año se sumó el Lider. En tres años pasamos de tener 2 a 20 mil gallinas.

 –¿Tuviste que enfrentar muchas dificultades para financiar este proyecto?

–Sí, pero entre medio nos empezamos a ganar varios proyectos que nos ayudaron mucho a desarrollarlo. Primero nos ganamos un Sercotec, y después un proyecto FIA (Fundación de la Innovación Agraria), de desarrollo de un sistema asociativo de producción de huevos “Free Range” con pequeños productores, bajo un modelo certificado de comercio justo (Fair Trade). La gracia que tiene este sistema es que por medio de pagarle un mejor precio al pequeño productor, logras que sean competitivos y esto les va generando alta rentabilidad social en la comunidad rural donde nos desarrollamos. Una técnica bien diferente, con productos de alto valor agregado, pero con un enfoque social, que convierte a los proveedores en protagonistas de este proyecto.

–¿Cómo empezaste con el proyecto de comercio justo, y de qué se trata?

–Bueno, el año pasado nos ganamos el fondo FIA y con eso el proyecto comenzó a crecer. Ahora nosotros tenemos 12 mil gallinas nuestras, y 8 mil más con 4 pequeños productores. Y eso es algo que me tiene muy contento porque les va muy bien, están ganando entre 4 y 5 veces el sueldo mínimo. Además, de esta manera nosotros ganamos escalabilidad, y podemos seguir creciendo sin terreno. Siempre fue nuestra filosofía crear un cambio social a través del mercado y no en contra de él.

–¿No estás en contra del mercado entonces?

–No, lo que nosotros buscamos es desplegar una estrategia que nos permita desarrollar nuestra zona rural. Ellos son nuestros socios, nuestros aliados. Esto empezó el año pasado, con las capacitaciones; después construimos los instalaciones, preparamos las praderas y construimos los cercos. Les criamos las pollitas y les proporcionamos alimentos con nuestra fórmula Ecoterra, y después de pasar por un riguroso proceso de calidad, les compramos los huevos a ellos y los vendemos en todo el país, disminuyendo al máximo la cadena de intermediarios y logrando el volumen.

–¿Quiénes están detrás de Ecoterra?

Actualmente somos 16 personas: 4 agrícolas, 7 en la planta de proceso, 3 en el área administrativa, y 2 en el área comercial. Además trabajamos con colaboradores que crean otros proyectos, como veterinarios y agrónomos. Antes era todo productivo y hacía todo yo, pero ahora hay muchas caras y trabajamos bastante en investigación y desarrollo.

–¿Dónde podemos encontrar los productos de Ecoterra?

–Estamos en 120 salas en total, entre los tres supermercados más grandes del país (Jumbo, Lider y Unimarc), y cerca de 80 puntos de venta de tiendas de especialidad. Además, hay varios restaurantes que están utilizando nuestros productos como el Varanasi, el Europeo y también el Espanta Pájaros en Puerto Octay. Y entre varios hoteles que atendemos, están el Ritz Carlton y el Hyatt.

–¿Cuánto venden al año y cómo les ha ido en comparación con la competencia?

–Al año estamos vendiendo 25,000 UF. Aunque igual es un negocio apretado, porque compartimos el margen con nuestros productores, pero la verdad es que me tiene muy motivado el hecho de hacer negocios con propósito. Es un sistema distinto; por un lado es bueno con el medioambiente, también con los animales, algo que para mí es lo mínimo que debe cuidarse en los modelo pecuarios. Y además el tema de la inclusión con la gente es algo muy positivo y poco desarrollado en Chile. La verdad, al principio teníamos miedo que no siguieran las pautas y no funcionara el proyecto, pero incluso han llegado a producciones superiores a las esperadas. Nos llevamos una gran sorpresa de la capacidad técnica de nuestros campesinos.Nuestra competencia todavía no es tanta. En free range tenemos a Gallina Feliz, que comenzaron casi al mismo tiempo que nosotros, y el resto son marcas cage free, fuera de jaula pero no libre de pastoreo. Lo bueno es que la gente se está acostumbrando a comprar estas opciones cada vez más.

–¿Qué tienen estos huevos, que los otros no? ¿En qué se beneficia el consumidor de tu marca?

Estos huevos tienen mayores niveles de Vitamina A y E, Omega 3, beta caroteno y menores niveles de grasas saturadas y colesterol. El alimento es 100% vegetal por lo que no tiene ningún insumo de origen animal tampoco antibióticos ni químicos de síntesis. Lo que lo convierten en un huevo de mejor sabor y completamente inocuo a la salud humana.

–¿Tienen algún nuevo proyecto?

–Ahora estamos empezando una campaña nueva, motivando al comercio justo que se llama “Volviendo al Origen”. La idea es analizar cómo podemos volver a incluir a los pequeños campesinos al mercado local. Estamos a punto de certificarnos con el sello Fair for Life de comercio justo y Certified Humane de bienestar animal, ambas certificaciones muy valoradas en el resto del mundo y seríamos los primeros en Chile.

“Además vamos a empezar a trabajar con nuestro nuevo envase plástico de colores para niños, que es ciento por ciento reciclable: puede ser usado como bloque para armar estructuras”.

Finalmente, Pablo cuenta que tienen varios productos adicionales, como tomate y pollo. También están postulando a un fondo para empezar a producir mayonesa, huevo en polvo y huevos duros, con los certificados de Comercio Justo y Bienestar Animal. “Con eso podemos salir al mundo”, dice entusiasmado.

 

 

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