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jueves, 15 febrero 2018
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Eduardo Fuentes y su regreso a Mentiras Verdaderas

Nuevamente a la cabeza del espacio televisivo que ha marcado pauta en varias ocasiones, este animador cuenta sus recuerdos de su anterior participación y de la nostalgia que sentía cada vez que veía el programa. También revela cómo ha sido la paternidad por la que luchó durante años, y que hoy lo tiene completamente enamorado.

Por: Bernardita Cruz / Fotos: Bárbara San Martín.

Sin esperarlo, para este 2018 a Eduardo Fuentes le llegó una oferta difícil de rechazar. Se trataba de volver a conducir “Mentiras Verdaderas”, el pro-

grama de conversación de La Red que, además de ser un referente en su tipo, a este periodista lo catapultó como entrevistador y animador. De hecho, fue él quien estuvo a cargo de la puesta en marcha del programa (en 2011) y al recordar ese inicio cuenta que incluso fueron varias veces las que llegaba a su casa y lloraba porque sentía que no encontraba el rumbo del proyecto, uno que, por aquel entonces, pretendía abrir un nuevo espacio y un nuevo género en la televisión chilena.

Con el correr de los años, fue tal el éxito que alcanzó, que la famosa grúa televisiva lo llevó a Canal 13. Después de un tiempo su contrato llegó a su fin y quedó sin pantalla, hasta que... la oferta de regresar a “Mentiras Verdaderas” se presentó, pese a que él seguía siendo parte del programa. No como animador, en todo caso, sino que como espectador.

–¿Qué significa volver a “Mentiras Verdaderas”?

–Un gran momento de felicidad. La opción de volver a hacer un programa como este, que me marcó tanto profesionalmente y que significó tanto para mí, es una gran alegría.

–Durante estos cinco años, ¿extrañaste estar ahí?

–¡Sí! Lo extrañé solo cinco años de los cinco que no estuve (dice riendo). Hablando en serio, se echa de menos. Al principio miraba el programa y lo único que quería era que a Jean Philippe (Cretton, el animador que lo reemplazó) le fuera

muy bien, porque sentía que era necesario que el espacio se mantuviera. A él se lo dije un día fuera de cámara, que sentía que tenía la humildad para enfrentar el desafío, porque no era fácil sentarse ahí porque lo iban a comparar, pero él teníamuchoqueaportar.Ylomismodespuéscon Ignacio (Franzani, quien reemplazó a Cretton). Uno tiene una especie de doble militancia, de pensar “yo habría preguntado tal cosa” o “qué buena idea. Jamás se me hubiera ocurrido eso”. Pero siempre se echa de menos. Es un gran amor, independiente que uno ande en otros rumbos,

–Hablabas de Jean Philippe Cretton y de Ignacio Franzani, ¿cómo describirías sus participaciones en el programa?

–JeanPhilippelepusorockandroll,alteneruna mirada desde otra perspectiva. Nos separan diez años de edad, porque él es más joven, pese a que no se nota (vuelve a reír). Él le dio un “refresh”, un aire distinto que le dio un vuelco. Ignacio, que siempre supe que era un gran entrevistador y muy conocedor de la música, también le dio una mirada que hacía falta. Los dos tenían una tranquilidad para enfrentar las entrevistas que es notable. Siento que los dos les dieron ciertas características a sus propias temporadas del programa.Y eso ayuda porque lo va nutriendo.

–¿Y cuál es tu gran plus?

–Creo que la empatía. Cuando me tocaba estar frente a un entrevistado con el que no estaba en nada de acuerdo, o que representaba posturas que aborrecía en lo personal, siempre pensaba que tenía que dejar de lado un poco mis pensamientos, para que la gente en su casa lograra entender por qué esa persona estaba donde estaba, qué hizo para estar ahí.

–¿Algún entrevistado en especial?

–Hay varios. Una vez me tocó entrevistar a un hombre que se hacía llamar “Mente Enferma”, y que por esos momentos criticaba fuertemente las características físicas de las mujeres. Y resultó ser un personaje que también tenía su historia, que su actitud respondía a algo y que eso ameritaba una reflexión mayor. También me tocó con el ex senador Jorge Lavandero, que finalmente me terminó demandando. Por otro lado, me tocó entrevistar a Joan Jara, conocerla desde la perspectiva del dolor y de lo desgarradora que es su historia... A la familia de Rodrigo Anfruns... También hubo otros momentos que escondían algo. Me pasaba con las conversaciones con Gonzalo Cáceres, porque en cada uno de sus dichos sentía que había algo que de alguna manera él quería decir. Con Ricarte Soto, teniéndolo ahí y yo sabiendo lo que él quería hacer con su enfermedad y no pudiendo decirlo públicamente.

–Con esas historias potentes, ¿cómo hacías para sobreponerte a esas emociones?

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