17

nuevos articulos

lunes, 31 agosto 2009
Publicado por

Elizabeth Subercaseaux: “Los políticos a los 65 años se debieran ir a pescar”


La escritora chilena, que acaba de ganar el Liberaturpreis y que presenta a fines de octubre su nueva novela, se declara deslumbrada con el fenómeno Obama y dice que en Chile le gusta que haya surgido Marco Enríquez-Ominami. También habla de ese Chile reflejado en “La nana” y que, a su juicio, se ha vuelto siútico y metalizado.

Por: Francisca Olivares C.

He publicado libros de todas clases. He sido bien versátil, están los de entrevistas políticas, las biografías como las de Gabriel Valdés, Evo Morales, Michelle Bachelet…, 10 novelas… Escribo desde que tengo 10 años y hoy tengo 64”. Con esta autopresentación, sumergida en su mundo literario, comenzó nuestra conversación con Elizabeth Subercaseaux, desde Estados Unidos, donde reside gran parte del año. Ello, porque lo que motivó esta entrevista es que acaba de recibir un importante premio en Alemania: el Liberaturpreis. Otorgado por el centro de iglesias ecuménicas alemanas, quienes realmente están tras él son los lectores, que participan a través de encuestas que al final seleccionan unas cinco novelas de mujeres de América Latina, Africa o Asia que después son evaluadas por un jurado especializado.
A Elizabeth le gusta escribir muy temprano en la mañana, casi con los pajaritos. Una rutina que mantiene, excepto si está de vacaciones o de viaje, porque después de eso prefiere dedicarse a una gran cantidad de pasatiempos que tiene, como cocinar, tejer o caminar. La novela con que ha sido premiada este 2009 se llama “Una semana de octubre” y también es un éxito en Francia, Estados Unidos, México y Argentina, entre otros. En Chile, esta historia que trata sobre Clara –una mujer que está a punto de morir, que sabe que su marido tiene una amante hace 15 años y en esa situación conoce a un hombre, se enamora de él y va contando todo en un cuaderno que, a su vez, el marido va leyendo escondido en las noches– nunca se ha publicado, pero dadas las propicias circunstancias se lanzará de la mano de Editorial Alfaguara en la Feria del Libro de Santiago, la cual probablemente se realice desde el 30 de octubre.
–Has escrito mucho sobre mujeres. ¿Por dónde crees que está fluyendo la sensibilidad femenina? ¿Qué estereotipos deambulan por Chile o en el mundo?
–Estoy muy conectada con Chile, de hecho paso casi seis meses en Santiago, donde tengo a mis tres hijos y siete nietos; el resto estoy en Estados Unidos, donde tengo a mi marido y mi carrera pero, volviendo a tu pregunta, creo que la sensibilidad de la mujer en Chile –porque en Estados Unidos la mujer está en otra etapa– tiene mucho que ver con que hace relativamente poco tiempo se liberó (al saltar al campo laboral), entonces se relaciona con este poder manejar su propia vida desde muy joven, a su antojo, a su amaño, independiente económica y emocionalmente; por lo tanto, la relación de pareja hoy es muy distinta a lo que se daba cuando yo me casé. En mi generación nosotras recién empezábamos a liberarnos un poco, pero si el marido te ponía el gorro, se suponía que tú te hicieras la lesa. Ahora las mujeres no están ni ahí, se relacionan en forma más libre y su sensibilidad ha cambiado porque la libertad ha sido el gran gatillante del cambio.
–¿Las encuentras tan libres? ¿No están igual de atadas a trancas que están casi en el ADN de la chilena, más allá de que sea independiente económicamente?
–Eso más bien tiene que ver con las opciones personales, no con las circunstancias reales de la sociedad, porque hoy cualquier mujer que quiera estudiar, superarse, viajar, etcétera, tiene muchas más posibilidades de hacerlo que en el tiempo de mi mamá. Entonces si una mujer tiene en el ADN enamorarse a los 25 años, casarse con un caballero, quedarse en la casa cuidando a los niñitos y que el caballero haga lo que se le antoje, puede ser…, pero es una cuestión de opciones. Hay mujeres que siempre van a ser así, incluso es algo que no tiene nada que ver con la libertad circundante. Las mujeres de hoy son libres, tienen sus propios espacios y ellas invitan a sus maridos a esos espacios cuando se les da la gana. Eso en mi tiempo no pasaba, uno no tenía espacios propios.
–Pero en los hombres de más de 40 años es más difícil, porque, aunque las mujeres trabajen, lo más probable es que esperen que la casa funcione perfecta, que todas las noches esté la comida lista o las camisas planchadas impecables.
–¡Claro! Porque los hombres son los que no han cambiado nada y no se han liberado de ese machismo espantoso, que al final los deja solos sentados en una silla porque las mujeres no los están aguantando. Ese es el problema y ellos se tienen que liberar de esos atavismos que les impiden ser felices, porque las mujeres se les están yendo.
Estados Unidos surge como referente durante gran parte de esta entrevista con Elizabeth Subercaseaux. Según ella, afirmar que en ese país no existe machismo es una falsedad, porque también lo hay, pero se da de otra manera: en los círculos del poder. “Es curioso lo que pasa acá: la pareja se relaciona como iguales en la casa, pero nunca ha habido una Presidenta mujer. Recién hace 20 años las mujeres empezaron a tener cargos importantes, como Sonia Sotomayor, la primera latinoamericana que entró a la Corte Suprema, en la cual de nueve miembros, dos son mujeres”, comenta.

–¿Cómo percibes estos primeros ocho meses de Obama?
–No te puedes imaginar cómo se nota el cambio. Primero, porque cualquier cosa que llegara después de Bush se iba a notar. El sólo cambio en el lenguaje, en el discurso es muy notorio y porque Obama llegó a deshacer las embarradas del otro y ahora está empeñado en un cambio social sideral, que es la salud universal, pero eso se verá en septiembre. La presencia de Obama ha cambiado todo, en lo que ha significado para los afroamericanos, con esa mujer maravillosa, habilosa, con las niñitas lindas que hacen huertas en la Casa Blanca… Ha sido lo más inspirador que yo he visto como fenómeno.
“A Bachelet al principio se la trató con un desprecio sublime”
Con el mismo entusiasmo que se refiere a los Obama, contesta las preguntas en relación a las próximas elecciones chilenas, ya que por ningún motivo las consideras lateras o fomes, como comentan otros. “Sobre todo para una mujer de mi edad, que he recorrido bastante, que me lo he llorado y gozado casi todo… Sé que cuatro años no es poco tiempo en la vida de un país y que pueden pasar cosas muy importantes”, dice. Cuenta que le gustaría que la política se abriera mucho más a la gente joven y apenas se nombra en la conversación a Marco Enríquez-Ominami de inmediato destaca que le gusta que surja una candidatura como ésa, que le da lo mismo que la derecha esté feliz o no, “porque ellos piensan que puede ganar Piñera”. “Y bueno, eso está bien”, agrega, “son las reglas del juego de la democracia. A mí me gusta Marco Enríquez porque lo encuentro inteligente, una persona nueva, con aires frescos. Ya Frei, Piñera y los que están detrás, Velasco (Belisario), Allamand… es que ya está bueno que los políticos le abran el paso a una generación más joven como pasó en Estados Unidos con Obama”.
Y continúa: “Se siguen apernando a los viejos estandartes, a las viejas cosas, pero entiendo que es así, porque no se van a ir a tirar todos al río sólo porque tienen 60 años, sobre todo ahora que se vive ¡hasta los 90 o más! Pero aun así ya llevan 40 años ahí. Entonces, si muchos periodistas han tenido que jubilarse a los 60 años, los políticos a los 65 años se debieran ir a pescar. Por eso me gusta Marco Enríquez, no sólo porque es joven, sino porque es inteligente, ¿que no tiene experiencia? Pero si la experiencia se gana haciendo las cosas”.
–Escribiste con Malú Sierra el libro “Michelle”. ¿Qué te parece que termine su mandato con más de un 70 por ciento de aprobación? Especialmente cuando al principio se la criticaba por todo…
–Fantástico. Es una gran noticia para ella, porque lo ha hecho bien, para todas las mujeres y, sobre todo, para el país. ¡Qué más podemos querer nosotros como país que estar apoyando a una Presidenta que se va terminando su gobierno con más de un 70 por ciento! Al principio se la trató con un desprecio sublime... el machismo...
“Yo espero que los hombres chilenos entiendan de una vez por todas que las primeras víctimas del machismo son ellos mismos, porque es una insularidad más y un provincianismo inaceptable en un mundo globalizado, donde todo ese paternalismo y esa cosa patriarcal terrible nos hace muy mal como país y a ellos. Yo creo que no van a seguir así, porque las generaciones más jóvenes, como mi hijo (Carlos Eugenio), ya no son así. Esto ya pasó, y cada vez más rápido, además, porque los chiquillos viajan y ven otras realidades y empiezan a entender que no pueden quedarse en las cavernas”.
–En Chile ya se estrenó la premiada y aplaudida película “La nana”, del director Sebastián Silva. Hace unos años escribiste “La rebelión de las nanas”. ¿Qué te pasa en este mundo globalizado con la existencia de la nana chilena?
–Es que a mí me da lipiria cuando escucho la sola palabra nana, porque ¿por qué decirle nana? ¡Se les elimina el nombre propio y eso es una brutalidad! Una especie de subclase. ¿Por qué no se las llama por su nombre, cuyo oficio es ser empleada doméstica? En Estados Unidos no existe semejante institución como en Latinoamérica. Y no porque sea muy caro, sino porque no existe ni siquiera el concepto, pasaron de las algodoneras del sur, donde tenían esclavas y esclavos, a la liberación total de ese tipo de explotación.
“Aquí se hace el aseo por hora y hay niñeras que por lo general son latinoamericanas, pero casi nunca son puertas adentro. De hecho, si un arquitecto levanta una casa no lo hará con lo que en Chile llamamos dependencias del servicio o pieza de empleada. Pero en Chile estimo que eso está cambiando y creo que la empleada doméstica es alguien que recibe mejor trato que antes”.
–¿No habría sido más ABC1 si se hubiera llamado “La maid”?
–¡Es que la maid es inaguantable! Creo que no conozco a nadie que le diga así. ¿De veras que así les dicen, en inglés? Bueno, a mí me parece bien que se llame “La nana” porque es un nombre tan asentado… (Empieza a reír). Mira de lo que me acuerdo ahora (continúa riendo) en la última entrevista que hice en Chile, hace unos 20 años, ya habíamos llegado a la democracia, me tocó llamar a un señor que en ese momento era candidato a senador y tenía unos 60 años y era muy importante. Yo lo llamé por teléfono y la persona que me atendió me dice: “Usted habla con la nana de don tanto y él no está”. Y yo me quedé pensando: ¡Cómo puede tener nana un caballero de 60 años! Para mí nana es un término que ya es suficientemente espantoso porque está aboliendo el nombre de la persona y por último tiene que ver más con el cuidado de los niños.
UN LIBRO QUE SACARá RONCHA
–En varias ocasiones escribiste sobre ese particular universo que rodeaba a tu abuela y tías abuelas, las Morla Lynch. Ese es como un Chile tan lejano… ¿Qué es lo que echas de menos de ese mundo en relación a hoy?
–Echo de menos muchas cosas y no sólo a mis abuelas, sino que justamente lo más serio que se perdió: la sobriedad, la falta de siutiquería que teníamos los chilenos. Junto con “Una semana de octubre”, presentaré en la Feria del Libro una novela que creo que va a sacar mucha roncha en Chile. Está recién terminada y se llama “Vendo casa en el barrio alto”. Es una mirada a la sociedad chilena de hoy, a todo el arribismo, a la siutiquería, al híper consumismo, a esta sociedad completamente metalizada y clasista que tenemos. Lo escribí muy rápido, pero me demoré 60 años en procesarlo.
–¿Y quién protagoniza esa novela?
–Un corredor de propiedades que se llama Alberto Larraín Errázuriz, que es el mejor corredor de Santiago y que sólo vende casas en el barrio alto, ninguna por debajo de los 400 millones de pesos. Es la vida de él y de sus clientes. Está hecho sin ningún cliché ni sarcasmos ni burlas. Es como yo la he experimentado en carne propia, porque yo vengo de ahí.
Y luego explica que, aunque pele y se enoje con Chile o los hombres chilenos, ella adora a este país. “Incluso, de lejos uno lo quiere más, porque cuando uno toma distancia de las cosas, las comprende mejor. Chile es un país fabuloso, a mí lo que me da nervio y pataleta todo el rato es esa cosa tan mezquina que tenemos de no reconocer jamás a sus talentos, no sé de dónde nos viene…”.

Leer articulo completo