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viernes, 12 mayo 2017
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Emmanuel Macron: Un nuevo capítulo para Francia

Un suspiro de alivio se sintió correr por toda Europa el domingo pasado, cuando el centrista, tecnócrata e independiente Emmanuel Macron obtuvo un claro triunfo sobre su contrincante, la líder del Frente Nacional de extrema derecha Marine Le Pen, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, las más decisivas que haya vivido el país en décadas.

Aquí se jugaba no solo el futuro de Francia, sino también el del continente, de buena parte del planeta y, más que nada, el de dos filosofías que en los últimos años se han ido enfrentando inevitablemente y en forma cada vez más violenta: la de un mundo abierto y globalizado, contra uno nacionalista, cerrado y anti inmigración. Mientras el Brexit en Inglaterra y la elección de Donald Trump en Estados Unidos parecieron mostrar una ola histórica de apoyo hacia el primero, la elección de Macron por una amplia ventaja – más del 66 por ciento de los votos– indica un claro desvío en esa tendencia.

La Unión Europea está a salvo. Por el momento al menos. La llegada de Macron al solemne Palacio Elíseo marca importantes cambios en la vida política y social de Francia, y algunas de ellas pueden considerarse revolucionarias. Macron, ex banquero de Rothschild y ex ministro de Finanzas del Presidente François Hollande, creó que su propia organización política, En Marcha!, y se presentó como un candidato independiente y pragmático, “más allá de izquierdas o derechas”. Eso, en un país donde el “establishment” político tiene tanta tradición e historia como una botella de Chateau Lafite, seguramente traerá consecuencias en el futuro. Igual como ha sucedido en Estados Unidos con demócratas y republicanos después del triunfo de Trump, los socialistas y republicanos franceses deberán reconsiderar sus posiciones y estrategias luego de una elección que, en parte, los ha dejado obsoletos.

El país que recibe Macron está lejos de ser el ideal galo de hace unas décadas. Mientras otros países europeos han mostrado una vigorosa recuperación luego de la crisis económica, Francia ha permanecido con una tasa de desempleo cercana al 10 por ciento durante los últimos cuatro años. Profundamente dividido respecto a temas tan importantes como su pertenencia a la Unión Europea o la asimilación cultural y migratoria, los franceses han caído en lo que algunos definen como una “angustia existencial”: nostálgicos por el pasado, escépticos del presente y pesimistas respecto al futuro. La apatía es evidente; estas elecciones tuvieron la abstención electoral más alta desde 1969.

También está, por supuesto, el problema del terrorismo. Francia ha tenido al menos media docena de violentos ataques durante los últimos tres años, y el Estado Islámico ha convertido al país en un objetivo preferido en su campaña terrorista en Europa Occidental. Mientras Marine Le Pen usó esta violencia y la creciente islamofobia en Francia (además del antisemitismo) como peldaños en su escalera al poder, Macron, llamando a la calma, prometió agregar 10 mil tropas policiales, incrementar 15 mil sitios en cárceles y hacer un trabajo mucho más “quirúrgico” frente al problema que su contrincante.

Mientras Le Pen relacionó en todo momento violencia e inmigración, el Presidente elegido se refirió a esta última como “una oportunidad” en términos económicos, culturales y sociales.

A los 39 años, Macron es el Presidente más joven en la historia de Francia. En su discurso de victoria, prometió poner toda su fuerza y energía a la defensa de Francia y Europa, unir al país, y luchar contra todas las formas de discriminación y desigualdad. Solo queda desearle suerte.

Una familia peculiar

La vida familiar de Macron fue objeto de intenso debate durante su campaña. Con su elección, se convierte en el tercer líder europeo junto a Theresa May en Inglaterra y Angela Merkel en Alemania en no tener hijos biológicos. En su caso, fue una decisión tomada temprano, desde que conoció a la ahora futura Primera Dama, Brigitte Trogneaux, cuando tenía apenas 15 años y ella era su profesora de drama, casada, ya madre de tres hijos y 24 años mayor que él. Su hija Laurence era compañera de Macron, y cuando los padres del Presidente electo se enteraron del romance, en un principio pensaron que se trataba de la hija, no la madre.
Al darse cuenta de lo que realmente sucedía –ha informado la prensa francesa–, la madre de Macron visitó a Brigitte y le pidió que prometiera terminar el romance. “Tú ya tienes tu vida”, le dijo, advirtiéndole luego que con ella Emmanuel no tendría nunca hijos. Brigitte, en medio de lágrimas, se negó a romper con él.

Según un artículo publicado la semana pasada en The New Yorker, Macron ha resistido todas las críticas y comentarios respecto a su matrimonio no solo con hidalguía, sino con abierto orgullo. Para él –como se refleja en su filosofía política–, un grupo familiar puede expresarse en las más variadas formas, y la suya, con una mujer mayor, con hijastros y hasta nietos políticos que participaron en su campaña, es solo una más.

Sus adversarios llenaron su camino al Elíseo con rumores, comentarios y burlas, llamándolo el “favorito de la profesora” o “hijo de su mamá”. Macron respondió con una broma a un insistente rumor que aseguraba que su matrimonio no era más que una pantalla para ocultar su homosexualidad y su romance con Mathieu Gallet, el joven y atractivo director de Radio France.

Marine Le Pen, madre de tres hijos, postuló en su campaña una visión de familia tradicional, a pesar de estar divorciada dos veces y estar actualmente de novia con un alto dirigente de su Frente Nacional. Su padre, el notorio Jean Marie Le Pen, orgulloso la llamó “una hija de Francia”. Macron, en cambio, se mostró partidario de un país más inclusivo y diverso, con “parejas casadas, parejas en uniones civiles, parejas que cohabitan, padres que están juntos, padres separados, familias con un solo padre, familias distintas que se han unido, y familias con personas del mismo sexo”. En sus discursos prometió defender sus derechos igualitariamente ante la ley, e incluso abrir la posibilidad de fertilización asistida estatal a madres solteras y parejas homosexuales. El mejor ejemplo de esta apertura está, por supuesto, en su propia y peculiar historia. “Tengo una vida que no corresponde en ningún caso a la vida de otras personas”, ha dicho. En toda la discusión es imposible no encontrar un marcado tinte sexista. Después de todo, Macron y su mujer tienen casi la misma diferencia de edad que Donald Trump y la suya, Melania, un tema que raramente ha creado discusión y mucho menos controversia.

Su programa de gobierno

El “JFK francés”, como es conocido por su juventud y carisma, propone un programa económico de centro, inspirado en el modelo danés, una renovación del sistema político, una política inmigratoria abierta, y un nuevo impulso a la educa- ción y la cultura, especialmente entre los jóvenes.

Entre otras medidas concretas, Macron propone:

-reducción del tamaño de la administración gubernamental, suprimiendo hasta 120 mil puestos.
-reducción del gasto público en 60 mil millones de euros en 5 años, recortando 25 mil millones en programas sociales.
-15 mil millones de euros en inversión para la formación de jóvenes y desempleados. Límite de 12 alumnos por clase en educación primaria, y 50 por ciento de productos ecológicos en comedores escolares para 2022. prioridad para la educación laica. -derecho universal al subsidio de paro, aplicándolo no solo a los asalariados, sino también a empresarios, agricultores y autónomos. Los beneficiados deberán hacer de inmediato cursos de capacitación y aceptar las ofertas de trabajo oportunamente.
-Disminución del tiempo necesario para postular a asilo político o de inmigración. 5 mil nuevas tropas fronterizas. Creación de una federación nacional del islam en Francia.
-Reducción de los impuestos a empresas, de un 33 por ciento a un 25 por ciento.
-Nuevo impulso a la unión europea, con creación de un impuesto especifico y un ministerio propio para la zona euro. promoción de la idea de “compre europeo” para contrarrestar el “compre USA” de Donald Trump.

Tout le monde nous disait que c'était impossible. Mais ils ne connaissaient pas la France !

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