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viernes, 8 junio 2018
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Evelyn Matthei: “Es muy difícil y muy duro ser mujer en Chile”

Nada la puede motivar más que el movimiento feminista que se ha desplegado. “Las mujeres están agobiadas”, sostiene, pero advierte que también hay que ser cuidadosos de no irse a los extremos. “Un piropo no es lo mismo que un acoso”, señala.

Por: Claudia Alamo / Fotos: Bárbara San Martín

Evelyn Matthei nunca ha necesitado de un tiempo de adaptación para sentirse empoderada. Está en su carácter; lo exhala con su presencia. Por eso, la fuerza que ha tomado el movimiento feminista la ha llenado de entusiasmo.

Vehemente y asertiva como siempre, Matthei habla desde su experiencia como ex parlamentaria, ex ministra, ex candidata presidencial. Sabe que la situación de las mujeres en Chile es precaria y con altos niveles de sobrecarga. Así que aplaude las demandas que se han tomado las aulas y la calle. También aplaude que Sebastián Piñera haya recogido parte del petitorio del movimiento feminista. “Creo que este ‘Piñera 2’ va a hacer una mucho mejor Presidencia. Está concentrado en hacer las cosas bien. Segundo, tiene gente con experiencia política y notoriamente más conectada con los partidos. Y lo más importante, muy consciente del tremendo valor que significa tener a la Cecilia Morel a su lado”, dice.

–Surgió un movimiento feminista que nadie tenía en la agenda. ¿De dónde salió?

–Es cierto. Nadie lo tenía en la agenda, pero pucha que había leña seca ahí. Si había algo que tenía razones como para prender fuego, era esto. ¡Cuántos años se viene diciendo que las mujeres estamos con excesivo trabajo, que nos pagan menos, que nos tratan mal! Encuentro maravilloso que finalmente haya prendido.

–O sea, ¿estás de acuerdo con los petitorios?

–Los petitorios son muy diversos, pero es súper necesario correr la valla. Porque cuando tú logras correr la valla –y yo estoy por hacerlo–, la suma de petitorios le da energía al movimiento. Eso te asegura que va a haber cambios. Convengamos que nunca hubiera agarrado vuelo si no tuviéramos el grado de injusticia que hay hacia las mujeres.

–¿Qué injusticias te resultan más inaceptables?

–Cuando era ministra del Trabajo me preocupaba la baja tasa de participación de la mujer en la fuerza de trabajo. Era la menor de toda Sudamérica. Siempre tuve la impresión de que ahí había algo más de fondo y complejo.

–¿Algo como qué?

–Mira. Te lo explico así. En un momento, la Unidad de Microdatos de la Universidad de Chile me contactó para decirme que estaban complicados para hacer la encuesta “ELPI de la Primera Infancia”. Les dije que nosotros aportábamos si es que era posible hacerles algunas preguntas a quienes cuidaban a los niños. Nos dijeron que sí, naturalmente. Las preguntas eran: “En su hogar, ¿quién cocina? ¿Quién lava? ¿Quién plancha? ¿Quién hace el aseo? ¿Quién trapea? ¿Quién saca la basura? ¿Quién se encarga de que los niños lleguen al colegio? ¿Quién se encarga de la colación?”. Todas preguntas de la vida cotidiana.

–¿Y qué novedades salieron de ahí?

–Los hombres aparecían participando solamente de dos tareas: administrar los recursos de la casa. Y segundo, solo un 18 por ciento declaraba que ayudaba en sacar la basura. Eso sería todo su aporte. Entonces, te das cuenta que este es un problema muchísimo más profundo. Las mujeres están agobiadas en Chile. Y mientras no haya un cambio cultural, todo lo demás es música. Aquí la mujer es la responsable de todo y el hombre, de vez en cuando, se digna a ayudar en algo. ¿Qué mujer va a aceptar ser gerente de una empresa si además tiene que preocuparse de toda la casa y del cuidado de los niños?

–Entonces, ¿no se resuelve solo denunciando los abusos y cambiando una educación sexista?

–No. Porque este reclamo es muchísimo más amplio. Tiene un componente de rabia de mujeres que han sido ninguneadas y a las cuales se les ha exigido mucho. Insisto: las mujeres están agotadas. Muchas han sido abandonadas por el padre de sus hijos y pasan años intentando que les pague una pensión alimenticia. Realmente, es muy difícil y muy duro ser mujer en Chile.

–¿Cómo ha sido para ti? ¿Te has encontrado con el machismo?

–Yo vengo de una familia en la que a todos trataban igual. A hijos e hijas nos exigían lo mismo en matemática y en ayudar en la casa. Y en el Colegio Alemán fue exactamente igual: hombres y mujeres eran iguales.

–O sea, creciste sin diferencias de género...

–¡Ni una! Y en la universidad tampoco. De hecho, las tres mejores alumnas de nuestra generación éramos mujeres. Recién cuando salí al mercado laboral me di cuenta de que lo raro era lo que yo había vivido. Era normal ver que los hombres ascendían más rápido y con mejores condiciones. Las mujeres súper capaces no llegaban nunca a las gerencias.

–Pero tú entraste a la política, un mundo esencialmente masculino y te armaste un espacio sin problemas...

–Momento. Cuando entré a la política, solo me invitaban a los programas de televisión con puras mujeres para hablar del aborto y del divorcio. Un día dije: “No voy más. Mi tema es la economía”. Y me preocupé de estar siempre en la Comisión de Hacienda en el Congreso y no dejar que nadie me encasillara. Me importaban los temas de las mujeres, pero yo sabía que en el minuto que me metía ahí, me iban a etiquetar.

–¿Y tuviste que sacar un lado masculino?

–Obvio. Y te lo grafico así. De verdad, sé bastante de economía y soy súper matea. Fui la mejor egresada de mi promoción. Pero me demoré como 10 años en que me invitaran a hablar de economía con Carlos Ominami. Si hubiese sido hombre, mi voz habría sido escuchada bastante antes...

–Cierto. Hay que pelear esos espacios.

–Claro, porque te pasan a llevar una y otra vez. Un día me dije: “Evelyn, si no te tienen temor, te van a pasar por encima”. Y yo, que toda mi vida he tratado de pasarlo bien, que me gusta ser buena onda, tuve que empezar a desarrollar carácter. Me di cuenta de que me tenía que armar un perfil propio. Tiempo después, escuché que un senador le decía a otro: “No te pelees con la Evelyn...”. ¡Eso era lo que yo necesitaba!

–¿Eres peleadora?

–Nunca busco peleas, pero si alguien me ofrece pelea, la tomo al tiro y soy fiera. Pero no es mi naturaleza. Antes, yo no era así. O sea, desde chica, cuando he sentido rabia por algo, he sido súper vehemente para defender mis ideas, pero esto es distinto. Aquí tuve que tomar una decisión de ser distinta porque, si no, sencillamente, me iban a pasar por encima.

–Pero nunca se te ha visto enarbolar las banderas del feminismo...

–No, al contrario. Los evité durante mucho tiempo, porque sabía que si las enarbolaba, me iban a encasillar. Lo evité activamente.

¿FEMINISMO DE IZQUIERDA?

–Carlos Peña ha dicho que Piñera no es feminista. Que es poco creíble que quienes se opusieron al divorcio, al aborto, a la píldora del día después, ahora promuevan una agenda de género...

–Perdón, yo voté a favor del divorcio, presenté un proyecto sobre aborto, voté a favor de la píldora del día después. Y respecto del Presidente Piñera, siempre he creído que solamente los burros no cambian de opinión. Hace 15 años el mundo era distinto. Obviamente que uno tiene que haber cambiado de opinión.

–Entonces, ¿es coherente que el gobierno se haga cargo de esa agenda?

–¡Por favor! Yo vi a Sebastián Piñera defendiendo el proyecto de post natal de 6 meses para que los hombres también pudieran hacerlo. La mayoría de las mujeres, incluso de izquierda, nos decían que por qué los hombres podían optar a ese derecho si la lactancia es de la mujer. Así que no me cuenten cuentos.

–¿Piñera no tenía rasgos machistas?

–A ver, yo creo que el 99 por ciento de los chilenos tiene rasgos machistas, y hablo de hombres y mujeres. Si tú me dices: “Piñera se caracterizaba por ser machista”, no. De ninguna manera. Cuando la Carola Schmidt y yo estábamos luchando por los proyectos a favor de la mujer, nuestro mayor aliado era el Presidente. Generalmente, nuestros mayores detractores venían del área de Hacienda.

–¿Está bien que Piñera reaccione a lo que la calle impone?

–Tendría que ser muy leso para no hacerlo. Eso es la política.

–¿Y por qué se criticaba a Bachelet? Decían que había escuchado demasiado a la calle...

–No. Ahí el problema es que ella la escuchó mal.

–¿No es un riesgo terminar siendo rehén de lo que diga la calle?

–Cuando yo digo que Michelle Bachelet escuchó mal, es porque de verdad escuchó mal. La gente quiere una educación de calidad y pareja para todos. De ahí a decir que tiene que haber una tómbola para escoger colegios, es porque escuchó muy mal. Pero es de la esencia de la política escuchar.

–Si tuviera que dar una prevención al gobierno, ¿de qué debiera cuidarse?

–Siempre he pensando que en política es esencial tener sintonía fina con la gente. Y creo, hoy, que el mayor problema es tener gente en puestos clave del gobierno y que hable sin entender lo que está pasando en la sociedad. O sea, el mayor problema es que algunos ministros toquen notas totalmente desafinadas o digan cosas que hacen ruido.

–¿Cosas como las “pequeñas humillaciones” del ministro Varela?

–Exacto. De ese tipo. Ahí está el mayor peligro. Para decirlo de otra manera: el desafinado del gabinete, ese es el mayor problema.

–¿El feminismo no es más un patrimonio de la izquierda?

–¡Nunca he visto nada más machista que Cuba! Dime si en los últimos 50 años ha habido una mujer importante. Una sola. ¿O qué mujer importante ha habido en Rusia? Así que perdóname. ¿Dónde se ha visto que a una mujer que tuvo un hijo con un padre que no era el marido, la escondieran durante 45 años y el hijo viniera a saber quién era su padre varias décadas después? Estoy hablando nada más y nada menos que del supuesto hijo de Volodia Teitelboim. ¿Por qué negarle el derecho de saber quién es su padre? Entonces, que ahora me vengan a decir que la izquierda es feminista, perdón, pero me río a carcajadas. El feminismo no es de izquierda ni de derecha. Es un asunto cultural.

–Los temas se instalan rápido, pero los cambios culturales son lentos, ¿no?

–Vamos a tener resabios, pero el cambio va a ser súper rápido. Yo conozco mujeres que trabajan y ganan lo mismo que el marido, pero ellas igual están encargadas de todo lo de la casa. El marido llega a descansar y ella llega a trabajar. Un día una amiga mía me cuenta que le ofrecieron una gerencia, pero que lo iba a rechazar. Me dijo un poco en broma y un poco en serio: “Evelyn, es que no puedo más. Para asumir, necesitaría una esposa que se haga cargo de llevar mi casa”. Entonces, podemos romper las brechas salariales, pero si las mujeres tienen que seguir haciendo todo, no van a llegar arriba. Van a estar demasiado agotadas.

–O sea, ¿la discusión sobre la brecha salarial necesita de cambios?

–Totalmente. Y el gobierno tiene que jugar un rol fundamental. En países como Suecia hicieron una campaña pagada por el Estado para que los hombres se sintieran, de verdad, corresponsables de las labores de la casa. Impulsaron que los hombre se fueran, efectivamente, a las 5:30 a sus casas y que no se quedaran hasta las siete de la tarde. No se trata de que lleguen cuando los niños ya están acostados. Así impulsas el trabajo femenino remunerado y ayudas a darle un valor. Porque las mujeres que no tienen sus ingresos, les cuesta mucho pelearse con el marido. ¿De qué van a vivir si se separan? Bueno, ahí se pavimenta el camino para mirarlas en menos y ningunearlas.

PIROPOS: ¿SI O NO?

–También está en discusión el tema de los abusos, del acoso. ¿Viste eso en política?

–No, eso no lo vi. Tú comprenderás que no creo que se hubieran atrevido mucho conmigo.

–Varias municipalidades multan el acoso callejero, los piropos. ¿Lo piensas hacer en Providencia?

–Es muy importante diferenciar entre piropo, ordinariez y acoso. Son cosas totalmente distintas y hay que diferenciar, porque podemos irnos al extremo puritano de Estados Unidos. Cuando alguien me habla de un piropo, yo preferiría que no existiera, pero de ahí a sancionarlo...

–O sea, ¿no estás por multar el piropo?

–A ver... Por un lado, yo siento que las mujeres tienen derecho a caminar tranquilas, sin que nadie les esté gritando cosas. Y ese mismo derecho lo tienen que tener los homosexuales, los migrantes, los gordos, los flacos, los altos. Todos tenemos derecho a que se nos respete. Y en ese sentido, los que peor lo han pasado son los homosexuales.
“Entonces, yo preferiría que nadie anduviera diciendo piropos. Pero, ¿vamos a recurrir a un carabinero para multar un piropo? Cuando tenemos portonazos, robos, violaciones. La ordinariez hay que sancionarla de todos modos. Pero en esa frase de ‘coma ensalada para mantener su figura’, no había ningún insulto. Claro, otra cosa es que te sigan, que hagan gestos obscenos...”.

–¿Temes que se venga una ola de puritanismo?

–Me pasa que el puritanismo y los excesos siempre son un tema que hay que mantener a raya. Porque pasar de una situación en que muchos hombres se creen con derecho a todo, a pasar a una situación de mordaza, es muy distinto. Por ejemplo, ayer estaba en una reunión y alguien me dijo: “Usted se ve mejor en persona que en la tele”. Y escuché a alguien que dijo desde atrás: “Cien lucas de multa”. Eso se está generando.

–¿Notas que hay miedo en los hombres?

–Sí, creo que hay miedo porque, efectivamente, irse de un extremo a otro, es complicado. Solo pido que tengamos un poco más de cordura, no más. //@revistacosas

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