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martes, 12 junio 2007
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Exclusivo desde Los Angeles, Jane Fonda: Estoy viviendo mi plenitud”

Es una de las leyendas del cine contemporáneo y una mujer que ha tenido una existencia intensa y apasionada. Recién estrenó la película “Georgia Rule” y fue homenajeada en Cannes. En la foto aparece con su hijo Troy Hayden, su hija Vanessa Vadim y su hermanastra, Shirlee Fonda.

E l 21 de diciembre cumplirá 70 años y está en lo mejor de su vida. Fue la reina del Festival de Cannes, donde se la premió por su trayectoria, estrenó “Georgia Rule” en Estados Unidos y es el rostro de los spots comerciales para la crema Age Re Perfect de L’Oréal Paris, donde aparece radiante –y “sin retoques”, aclara– publicitando el producto creado para las mujeres en su madurez. Jane Fonda firmó un contrato de varios millones de dólares con esa marca de cosméticos que la eligió porque simboliza una mujer plena y radiante.


La actriz ha ganado el Oscar en dos oportunidades –por “Su pasado la condena” y “Regreso a casa”– y seis Globos de Oro. También ha pasado por tantas metamorfosis en su vida como los cambios de un camaleón y, ya sea por su talento, romances o controversias políticas, el público la ha seguido fascinado. Muy joven fue una de las primeras actrices sex simbols cuando encarnó a “Barbarella”, dirigida por su marido de entonces, Roger Vadim. En los ’70 pasó por su etapa activista contra la guerra de Vietnam y se ganó el despectivo apodo de “Hanoi Jane” que le puso la prensa de Estados Unidos. En ese tiempo se casó con el activista de izquierda Tom Hayden. En los ’80 se convirtió en la reina de videos de aeróbica y en los ’90 contrajo matrimonio con el magnate Ted Turner. En todas esas etapas nunca dejó de brillar.
Nacida en 1937, sufrió cuando niña por ser la hija de un hombre patológicamente frío y de una madre –la socialité Frances Seymour Brokaw– que se suicidó cuando Jane tenía 12 años y su hermano Peter 9. Como resultado, trasladó su angustia a su cuerpo, el que terminó odiando: pasó por la bulimia y se hizo adicta a la dexedrina, lo que perduró hasta sus 40 años.
Estudió interna en el famoso College de Vassar y luego arte en París. De regreso a Estados Unidos se matriculó en la Escuela de Arte Dramático de Lee Strasberg y el resto es historia.
La actriz vive hoy en Atlanta, está soltera, aunque tiene pareja, y se mantiene muy unida a sus hijos Vanessa –en honor a su amiga Vanessa Redgrave– y Troy –en homenaje al héroe vietnamita Nguyen Van Troi–. Tiene dos nietos, Malcolm y Viva, hijos de Vanessa.
Gran benefactora, en 2001 donó 12.5 millones de dólares a la Universidad de Harvard, y en Atlanta trabaja con adolescentes para prevenir embarazos no deseados.
Conversamos con ella luego del estreno de “Georgia Rule”, donde encarna a una abuela enrielando a su nieta fuera de control que interpreta Lindsay Lohan.

La oportunidad de ser abuela

–¿Ha sido difícil encontrar buenos roles?
–Seamos honestos. Cumpliré 70 en diciembre, no hay muchos guiones tocando mi puerta. Y varios que me han ofrecido son malos. Por eso me fascinó “Georgia Rule”, porque ella es una mujer genial; me gustó la historia de una familia disfuncional que logra sanarse, y que mi nieta sea una celebridad como Lindsay Lohan. Muchos jóvenes cuando vean la película no van a tener idea de quién es “la vieja” (se ríe).
–En la película, encarna a una abuela a cargo de su nieta. ¿Se identificó con ella?
–Mucho, ser abuelo es tener una segunda oportunidad para lograr lo que no se hizo con nuestros hijos. Por eso, el guión tocó mi corazón. No supe ser una buena madre, pero nunca es demasiado tarde. Se continúa tratando, diciéndole a los hijos que no existen padres perfectos, pero que estamos haciendo lo mejor posible, y ellos lo entienden. Por suerte, mi hija lo entendió. Hemos ido sanando juntas.
–¿Cómo compara su juventud con la de Lindsay Lohan, su coestrella en el filme?
–No hay comparación. Mi padre era un hombre de Nebraska con valores sólidos de trabajo duro, decencia y honestidad. Hubo problemas con mi mamá. Pero si al menos se tiene un padre a quien emular, se está en el buen camino. Me hice famosa con más de 20 años, lo que es muy distinto a hacerlo a los 12, como Lindsay. Y era una época en que los paparazzi no estaban escondidos en todas las esquinas. Le dije que yo estaba allí para apoyarla.

Jane le dijo a Yenny Nun que le gustó su personaje en “Georgia Rule” porque trata de una familia disfuncional que logra sanarse. Y a Lindsay Lohan le ofreció su apoyo porque considera que es muy difícil ser una celebridad joven en estos días.

–¿Fue difícil aconsejarle a sus hijos?
–Es una pregunta que toca mi corazón. Mi hija Vanessa tiene dos hijos. La aconsejé hace tres días y se enojó tanto que me colgó el teléfono. ¿Sabe lo que hago? Tengo amigas que viven en Los Angeles, y son como sus madres postizas, ellas le dan consejos y yo no abro la boca. Vanessa no me escucha, pero estoy allí para mis nietos. No fui una buena madre, y una de las razones por la que escribí mis memorias, fue para comunicarle que no tuvo nada ver con ella, que fue un problema mío. Pero aprendí que si uno sigue intentándolo, el acercamiento puede ocurrir más tarde en la vida. Cada día estoy más unida a Vanessa.

“Soy mucho más feliz ahora”

–¿Cómo toma el paso de los años?
–Envejecer es difícil para cualquier mujer, no importa qué carrera tenga. Es más duro para una actriz por las presiones en Hollywood y porque vivimos en un país que, a diferencia de Francia, no atesora a los ancianos. Pero siempre nadé contra la corriente e intento seguir haciéndolo. Quiero trabajar en roles interesantes, aunque sea una abuela. Pero confieso que ando con una foto de Barbarella en mi bolsillo para sentirme mejor.
–¿Añora su juventud?
–La verdad es que en mi juventud no fui feliz, nunca me vi como una mujer bella. Soy mucho más feliz ahora. En mis memorias, dividí mi vida en tres actos; el último comienza a los ’60 y lo titulé “El comienzo”. ¿Por qué? Porque siento que todo lo que me llevó a esta etapa fue un ensayo y recién ahora todo se completó para mí. Hoy tengo arrugas, cuando hago el amor prefiero velas a una luz fuerte y no tendré sexo en la playa. Hay algunos cambios, pero no demasiados.
–¿A qué se refiere cuando dice que todo se completó?
–A que soy una persona entera. Pasé gran parte de mi vida creyendo que para ser aceptada y amada tenía que ser perfecta, pero no somos perfectos. Dios es perfecto, nosotros los humanos idealmente llegamos a ser completos. ¿Y qué pasa si uno anhela ser perfecto dejando fuera las cosas que cree que no son perfectas, y son justamente las que nos hacen interesantes? Ocurre que nuestra alma se instala aquí (gesticula mostrando el espacio a su alrededor) y sólo se pone en la mesa lo que uno piensa que vale la pena, por lo que se deja de ser una persona completa. Yo trabajé muy duro para aprender a juntar todo dentro de mí reconociendo quién soy, aceptándome entera. Y es una sensación gloriosa (afirma sonriendo).
–¿Le ayudó su nueva religión?
–Ha sido un proceso gradual. Crecí atea. Fue al vivir un dolor tremendo, cuando sentí la presencia divina dentro de mí, sentí lo sagrado. En ese momento comencé el proceso de ser entera. Quizás es distinto cuando ocurre en la edad madura, porque uno está consciente de ello. Entenderlo es muy importante para muchas mujeres que viven alienadas, lejos de sus almas. Generalmente es durante la adolescencia cuando nos apartamos de nosotras mismas.
–¿Trata de compartir su fe?
–No hago proselitismo, porque no me gusta que me convenzan. Trato de enseñar a través del ejemplo. Lo cierto es que tengo una edad determinada y está claro que soy una mujer feliz, que no me entristece cumplir los 70. Y es obvio que me transformé en una persona completa y soy dueña de mi vida. Sólo eso ya es una lección para otras mujeres, les da valentía. Y cuando hago una película que muestra muy buenas relaciones sexuales a los 70, le da esperanza a las mujeres mayores. Y converso acerca de que no necesitamos ser perfectas, que ser buenas es suficiente.
–¿Qué otros consejos les da?
–No hacerse demasiadas cirugías plásticas, que se permitan mostrar las arrugas y cosas por el estilo. En mi spot de L’Oréal no aparezco perfecta ni mucho menos, represento mi edad con orgullo. La idea es que asumamos nuestros años lo mejor posible. Ayudándonos con buenos productos, no dejándonos estar. Una de mis ídolas es Katharine Hepburn, que tenía 74 años cuando hicimos “Los años dorados”. Ella nunca se hizo cirugía y pienso en Katharine cuando me tiento. Puedes tener toda la cirugía plástica del mundo y verte muerta si tu cara no refleja tu alma.

“Nunca es tarde para amar”

–¿Qué busca en un hombre en esta etapa de su vida?
–Que tenga la capacidad de atesorar el objeto de su afecto, lo que conlleva la capacidad de estar presente y ser capaz de tener verdadera intimidad.
–¿Lo encontró?
–Sí, pero no diré su nombre. Eso también es nuevo para mí. Por fin estoy con un hombre que no es un macho alfa, un hombre básicamente bueno que sabe amarme y apreciarme.
–Aún es amiga de su ex marido Ted Turner, ¿cómo lo describiría?
–Muy parecido a mi padre, pero sin las partes malas. A veces habla como él y se parece físicamente. Le gusta pescar igual que a mi papá, pero hay una gran diferencia: Ted no teme expresar sus necesidades, ama a las mujeres y no se siente amenazado por ellas.
–¿Nos podría describir uno de sus días típicos, cuando no está trabajando?
–Por ejemplo, acabo de pasar 10 días totalmente sola en mi rancho de Nuevo México. Me gusta pescar, voy allá para reencontrarme espiritualmente. Ando a caballo, medito, pesco, estudio, escribo. Tengo que escribir varios libros, por lo que probablemente pasaré el verano en mi campo. Y mis nietos ojalá vayan a visitarme. Por otro lado, recaudo dinero para mis organizaciones en todo el país. Paso semanas trasladándome desde Des Moines, a Milwaukee o Miami. Aunque vivo en Georgia, paso mucho tiempo en Kansas, Missouri y Wisconsin. Además, recién estuve tres días con mi pareja en Nueva York. No sé si a mi edad debería decir mi novio, mi compañero, mi amante o mi media naranja (dice sonriendo).
–De entre todas las películas que ha hecho, ¿cuáles son sus favoritas?
–“Su pasado la condena”, donde actúe muy bien porque el guión y el director eran fabulosos. También me gustan “Julia”, “Descalzos en el Parque”, “El Síndrome Chino” y una película que estoy muy orgullosa que hice para TV, “The Doll Maker” (por la cual ganó un Emmy y un Globo de Oro).
–¿Y la favorita en que no actuó?
–“Las uvas de la ira”. Cuando pequeña fui mucho al cine, vivía encaramada en los árboles o corriendo por los cerros de Santa Mónica. Vi esta película porque trabajaba mi padre, ya era una adolescente y tuvo un profundo impacto en mi persona.
–Recientemente marchó en contra de la guerra en Irak, pero por muchos años mantuvo un perfil bajo. ¿Ve una diferencia entre el ambiente de hace 40 años, cuando le decían “Hanoi Jane”, y ahora?
–Con la guerra en Irak me he reprimido, tengo muchas emociones al respecto y a los que vivimos la guerra de Vietnam nos parece que todo es “déja vu”. Nos preguntamos, ¿por qué no hemos aprendido? No se puede ir a la guerra con esa arrogancia, esa ignorancia acerca del pueblo que se invade. Lo mismo ocurrió en Vietnam. En el caso de Irak, sentí emociones fuertes desde el comienzo, pero no hablé porque pensé que el gobierno me usaría para desviar la atención y atacar el movimiento pro paz. Pero cuando marché en Washington dije que era demasiado tarde para no hablar. Y ahora nadie me va a parar. ?

Yenny Nun, corresponsal

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