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miércoles, 8 agosto 2007
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Exclusivo, Roberto Thieme: El bucólico retiro de un rebelde

A propósito del libro que retrata su vida, “El rebelde de Patria y Libertad”, de Manuel Salazar, publicado por Editorial Mare Nostrum, el líder de ese combativo movimiento de los años 70 hizo un alto en su plácida vida en Maitencillo, para hablar, “por última vez en mi vida”.
Por: María Olivia Browne / Fotos: Ximena Vargas

Su recién terminada casa en Maintencillo, de un dormitorio, pero con una agradable vista al mar, es un buen compendio de lo que es hoy su vida. A sus 64 años –y muy lejos de la política violenta que le tocó protagonizar–, en esa casa de muros chicoteados, cuya obra él mismo supervisó en carpa, dispuso –con el orden propio de un alemán– todo lo que necesita para disfrutar lo que él define como la “última” etapa de su existencia. De partida, una ubicación privilegiada tiene su taller de pintura con una inmensa tela de una marina que empieza a tomar forma; muchos cuadros de coloridos botes dispuestos hasta en el baño; un equipo de música que siempre está prendido junto a su biblioteca, donde destaca una colección de las obras completas de Lenin; algunos muebles –los más preciados– de la fábrica “Tecno”, que financió su vida durante mucho tiempo, como una cama cuja que sirve para alojados o un fino estante, que en su parte superior tiene una estatuilla de Mozart, y, en su interior, las ordenadas fotos de algunos miembros de su numerosa familia, formada después de cuatro matrimonios, seis hijos y cinco nietos.
De entrada, reconoce que instalarse en Maintencillo hace seis meses, después de una década arrendando en la zona, es prácticamente el único sueño que ha logrado concretar

Blanca Echeverría Lyon, su tercera mujer.

con éxito. Desde allí, baja a pie o en bicicleta a la playa y, en verano, parte a la caleta, donde se embarca en su velero. A Santiago sólo viaja una vez a la semana por el día, en bus, a hacer trámites. Y los fines de semana comparte con su pareja actual, que tiene su casa a unos metros de la suya.
Aunque el emblemático líder de Patria y Libertad se ve cómodo en su vida actual, aclara: “Me gasté una fábrica en la UP, todo mi patrimonio lo di al movimiento. Pero hice mucho más en términos de tiempo, de energía, perseverancia, de riesgos y de años tratando de modificar el curso del gobierno militar (a partir de fines de los ’70), en oposición a Pinochet, no a las Fuerzas Armadas. En eso me gasté otra empresa. Pero ahí los grupos económicos que compraban muebles en Tecno me cortaron los contratos”.

Una justificación generacional

Ya instalado frente a la playa, en su restaurante favorito, el “Unicornio Azul”, es tratado como una personalidad de la zona. Aunque él mismo bromea, a cada instante, con la posibilidad de encontrarse con cualquiera de sus tantos “enemigos” zapallarinos. Ordena congrio frito y ensaladas, mientras comienza a relatar el sentido de autorizar la publicación del libro que se lanza por estos días en la Casa Central de la Universidad de Chile, con la presencia de Andrés Pascal Allende, entre otras personalidades. Cuenta que la génesis de este trabajo se remonta a sus escritos personales de años. “Como soy pintor, y no escritor, incluso tomé un curso de escritura autobiográfica. Pero cuando terminé mis memorias, salió un mamotreto de 500 páginas, impublicable. Por eso, la editorial sugirió trabajar el tema con Manuel Salazar, de quien yo tenía una muy buena

Roberto Thieme en la avioneta que pilotaba.

opinión como coautor de ‘La Historia oculta del régimen militar’, que a mi juicio es lo mejor que se ha escrito sobre el tema en lo global. Después de dos años, no fáciles, y gracias a la gestión de Maura Brescia por parte de la editorial, este libro se convirtió en realidad”.
Sin embargo, para Thieme la razón de fondo de llegar a puerto con esta publicación responde a algo más personal, que define como una “imperiosa necesidad de traspasar a mis hijos una especie de justificación generacional. Mi generación fracasó en Chile, en todo sentido, y estamos entregando un país que, por mucho que se diga que es moderno, ejemplar y avanzado, lo veo como todo lo contrario. Reconozco que en la macroeconomía estamos bien, pero no en salud, educación, justicia, la distribución de la riqueza, la concentración de los poderes... hay un problema político, económico y social que no se ha resuelto en 40 años. La verdad es que nací y me voy a morir en el subdesarrollo”.
Aunque su pelo rubio de antaño ha pasado a ser blanco blanco, a ratos su rostro se enciende con la rabia que le provoca el panorama actual: “Esta tremenda injusticia va a terminar, tarde o temprano, en un estallido social. Por eso, siento la imperiosa necesidad de hacer ver esto, como testigo y actor de una parte de la historia, desde mi modesta silla. No tengo a nadie detrás. Veo un conformismo, manejado por ciertos poderes, para que al ‘chileno masa’ se le anestesie de sus reales problemas. Uno de los síntomas de la decadencia de esta sociedad materialista es que todo se ve a través del dinero y del éxito económico. Las sociedades se manejan por muchos otros aspectos más. Siempre nos comparamos con los argentinos, y aunque ahora nos creamos superiores, ellos tienen un nivel de desarrollo humano muy superior al nuestro”.

Su gran error

Con Lucía Pinochet se casaron en Miami y en total estuvieron tres años juntos. “Ella venía saliendo de un divorcio, yo de otro. Tuvimos una muy buena vida, sencilla. Sin embargo, cometimos el gran error de volver a Chile, a este infierno. Ahí fracasamos”, cuenta Thieme

En su intento por reescribir su parte de la historia, explica: “Dediqué los 20 mejores años de mi vida a la política, porque Patria y Libertad tenía vocación de poder. No era un grupo como lo tratan de caricaturizar, violentista ni extremista, que lo único que le interesaba era derrocar a Allende. No éramos antimarxistas histéricos”.
Y a pesar de todo el agua corrida bajo el puente, asegura, que su gran error estuvo en la “práctica política, de actuar con una mentalidad distinta, donde la gente no te mira a los ojos; vive un doble juego, lo que se ve en la superficie no es la realidad, la verdad está oculta. Así se manejan las instituciones y los poderes en Chile y yo no tuve carácter para eso. Fui un pésimo político”.
Al revisar su propia historia, Thieme siente que aún mantiene una coherencia en lo intelectual con su planteamiento político. Sin embargo, admite: “Personalmente, me siento la persona más frustrada de Chile. ¡Perdí tanto tiempo! Y todo sigue igual”.
Roberto Thieme asegura que sigue suscribiendo “cada letra, coma y punto de nuestro proyecto político. Pero en la acción política me inmolé, por lo que no volvería a hacer casi nada de lo que hice, sobre todo durante la Unidad Popular. Eso me ha perseguido hasta hoy y para siempre. Quedé estigmatizado como una persona extremista, fascista, violentista, playboy y mil cosas más... en la política es la imagen lo que importa, no la realidad”.
Y sin esconder su rabia, pese al tiempo transcurrido, agrega: “¡Mataron mi imagen personal! Nunca he sido un playboy; he trabajado toda mi vida. Nunca me quedé con un centavo de una mujer. Nada. Todo lo contrario. Me parece una injusticia tremenda que además me hayan caricaturizado de frívolo. Porque si empezáramos a buscar los verdaderos playboys de mi generación, partamos por un Tato Gellona, sigamos con un Pancho Echenique...”.
Luego, asegura que su formación alemana lo llevó a ser “ordenado” al formalizar hasta sus amores: “Todos terminaron en matrimonios. He tenido hijos legales, he asumido, siempre con papelito”.
Cada una de esos matrimonios son mencionados en el libro. Tanto el primero, con Marietta Magnasco –madre de sus tres hijos mayores–, como su gran amor con Blanca Echeverría, su tercera mujer, con quien finalmente se casó el 21 de diciembre de 1976, tras una tormentosa historia, ya que antes había tenido un breve matrimonio con la hija de ésta, Blanca Lyon. Al respecto, en el libro cuenta, sin tapujos: “Decidimos romper todo el encatrado de mentiras construido a nuestro alrededor. Fue un paso duro para ella, pero contó con el apoyo de su madre. Para dirimir el patrimonio, Jorge Lyon contrató los servicios del abogado Juan Agustín Figueroa; ella, a Luis Ortiz Quiroga. Resueltos los temas económicos, salieron las dos nulidades en paralelo. Nos fuimos un mes completo a Europa y al regreso iniciamos una nueva vida en un departamento ubicado en Américo Vespucio, casi al llegar a Presidente Riesco”.
Así como esta historia, llama la atención el desfile de muchos nombres de la alta sociedad chilena que, en sus inicios, participaron activamente en Patria y Libertad, según se relata a través de esta publicación. A juicio de Thieme, eso se explica porque “después, Patria y Libertad fue satanizado como lo peor; pero en realidad fue un gran movimiento, con muy buena gente, que quería hacer una revolución nacionalista”.
Respecto a amistades entrañables de esos tiempos, como la de Pablo Rodríguez, cuenta que “en el libro va quedando claro cómo se fueron separando nuestros caminos... Y me quedé sólo, lo que prefiero. Finalmente, tuve la virtud de convertirme en enemigo de todo el sector allendista y del pinochetista, en un país que sigue dividido en dos bloques. Por eso, he llegado a vivir un ostracismo social”.

Matrimonio con Lucía Pinochet

Camino a ese ostracismo estaba cuando, a mediados de 1992, instalado en su oficina de Biscayne Boulevard, en Miami, recibió el llamado de Lucía Pinochet Hiriart. Como se narra en el libro, “ella le dijo que venía llegando a Estados Unidos, que algunos amigos le habían sugerido que lo llamara, que él le podía ayudar a montar una empresa de exportaciones de muebles y maderas desde Chile”. Y páginas más adelante, el autor agrega: “Inés Lucía aterrizó en Miami tratando de superar también la última crisis con su tercer marido, Juan Pablo Vicuña, padre del que hoy es una de las más rutilantes estrellas de la televisión chilena, Benjamín Vicuña, pareja de la modelo argentina Pampita”.
Al poco tiempo, partieron a vivir juntos en Miami, al departamento de Lucía, y luego se casaron. “Ese tema me ha perseguido mucho políticamente... Pero, ¿quién era Lucía Pinochet? Una democratacristiana durante el régimen de Eduardo Frei Montalva, de doctrina, con carnet; que tenía la visión falangista y nacionalista, que son los inicios de la DC, donde hay muchas similitudes con el planteamiento de Patria y Libertad. Y si bien la Lucía no podía estar en contra del régimen de su padre, estuvo en el filo, con su Corporación de Estudios Nacionales, donde se aglutinó y atrincheró el sector duro de los nacionalistas, con gente como Pablo Rodríguez o Federico Willoughby. Eso demuestra que Lucía Pinochet nunca fue poder ni parte de nada”.
Y agrega: “Cuando nos conocimos, Pinochet había dejado el poder hacía dos años. Ambos vivíamos el autoexilio, éramos dos personas que lo único que querían era rehacer sus vidas fuera de Chile”.
“Nos casamos en Miami. Ella venía saliendo de un divorcio, yo de otro. Tuvimos una muy buena vida, sencilla, de dos seres anónimos allá. En total, estuvimos tres años juntos. Sin embargo, cometimos el gran error de volver a Chile, a este infierno. Desde el momento en que la Lucía se bajó del avión, dejó de ser ella. Estaba asediada por la imagen de su padre, que entonces todavía era comandante en jefe. Fue un gran error volver, ahí fracasamos. La que recuerdo como una gran relación, la perdimos acá... Ella tenía 48 años y yo 50. ¡Tú comprendes que dos personas con medio siglo de vida ya no andan haciendo chiquilladas!”.
Hoy, cualquier tipo de enjuiciamiento sobre esa relación, el propio Thieme lo sigue considerando de un “provincianismo sudaca, propio de la idiotez farandulera”.
Con esa última ruptura matrimonial, ocurrida a mediados de 1995, termina el libro, donde el propio Thieme estampó las tres líneas finales: “Desde entonces se dedica a la pintura, residiendo solitariamente en su casa-taller de Maintencillo, convencido de que Chile jamás logrará el desarrollo y justicia social mediante el actual modelo económico-institucional”.
Pese a todo, asegura: “Me siento bien, estoy con todas mis facultades, pintando mejor que antes. Tengo a todos mis hijos. Ellos son el gran éxito de mi vida, mis nietos, mi familia, una mujer que me acompaña. No tengo ninguna queja respecto a mi vida personal. En ese sentido, todo valió la pena”.
–¿Está seguro que no se arrepiente de nada?
–Honestamente, creo que me compliqué mucho la vida con tanto matrimonio. Habría sido menos alemán, sin tanto papelito. Eso me ha costado mucha crítica.

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