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domingo, 19 marzo 2017
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Francisca Merino, mujer soltera... ¿Qué busca?

Más tranquila, tras un par de años marcados por la muerte de su padre, la llegada de su hija menor, su divorcio y problemas judiciales, hoy esta mujer de 43 años pasa por su mejor momento emocional, laboral y también físico. aquí nos cuenta cómo ha logrado sobreponerse a lo que ella misma describe como los momentos Más oscuros de su vida.

Por: Bernardita Cruz / Fotografía: Maximiliano Jorquera para Studio7 / Producción: Matías Núñez / Maquillaje y pelo: María José Sobarzo para Nars / Asistente de fotografía: Vicente Fernández.

Corre por el jardín persiguiendo a su hija Chloe de casi dos años. La niña ofrece una y otra vez un “tecito” que lleva en sus tazas de plástico donde obviamente no hay nada. “¿Quieresh?”, pregunta en su propio vocabulario. “Te está tratando de ganar”, dice Francisca, muerta de la risa. Se nota que se derrite con ella… es su guagua. Sus otros dos hijos, de 9 y 14 años, también la llaman. Una quiere ir a buscar un gato que les regalaron y el mayor busca su bicicleta y avisa que llegará más tarde. A ella se la ve estupenda, tanto como cuando era una veinteañera que protagonizaba la teleserie “Adrenalina”, donde encarnaba a la popular Cathy Winter, a la que muchas jóvenes le copiaban su forma de vestir e incluso sus peinados. Se pasea sin ningún tipo de maquillaje y su piel se ve tan luminosa que no deja al descubierto el paso del tiempo. Anda con un short blanco y una polera oscura, y su cuerpo se ve espectacular. Ella lo sabe, aunque se nota que le da cierto pudor reconocerlo. Esta nueva Pancha –como le gusta que le digan– claramente es otra y cuando se le pregunta por su estado físico, se apresura en contestar que no ha sido fácil, que ha trabajado mucho para ello. Por ejemplo, va al gimnasio dos veces al día, algo que siempre ha estado presente en su vida, pero que en el último tiempo había dejado de lado. “Para mí, el deporte es vital y una buena alimentación también. No necesito que alguien me diga qué es sano y qué no. En el fondo, nadie lo necesita… la comida rápida hace engordar y perjudica la salud. Eso es un hecho. Ahora, si uno toma las riendas del asunto, ya es un problema de cada uno”, cuenta. Dice que jamás quiso volver al deporte por un afán estético, sino más bien porque le sirve para olvidarse de sus problemas, que se le ha vuelto algo tan importante como comer o respirar. Eso sí, no puede dejar de reconocer que los beneficios físicos de su decisión están a la vista y que han sido foco de excelentes comentarios y, por supuesto, varios piropos. “Yo no los pesco mucho, eso sí. Nunca he sido una mujer que se rija por lo que diga el resto. O sea, agradezco lo que me dicen, pero sigo siendo la misma”, comenta.

–¿Esperabas recibir ese tipo de comentarios tras tu paso por la Gala de Viña del Mar? Se dijo que estabas en tu mejor momento.
–No sé si es mi mejor momento. Sí reconozco que me veo mejor y eso me hace sentir bien.

–Pero no solo se ha hablado de ti por lo tonificado y armonioso que está tu cuerpo. También se ha comentado mucho sobre una faceta de sex symbol que últimamente has estado mostrando, por ejemplo, en la Vedetón.
–Sí y me ha divertido mucho. Pero te juro que fue sin querer. Nunca antes había andado de mujer fatal por la vida. Ahora se dio, y una cosa llevó a la otra… ¡Es un juego, nada más que eso! Tampoco ando apretada y de mini por la calle. Mira cómo estoy ahora, cero arreglada. Así es como ando.

–Este cambio en tu apariencia coincide con haberte separado y, por lo tanto, con haber entrado al mercado de la soltería… ¿Es un renacer?
–Claro, pero no porque busque un pololo ni que me piropeen. Desde chica que salgo súper poco, así que estando soltera me he dedicado a estar en mi casa, ir a comer con mis amigas, ir a cumpleaños… nada más. Lo que sí es que hay una nueva relación conmigo misma, con quien soy. Me siento bien. Y también coincide con la invitación de Pablo Illanes de llevar el personaje de Cathy Winter a las tablas en la obra “Las reinas de la noche”, que cuenta cómo están las protagonistas de la teleserie “Adrenalina” 20 años después, y Pablo me pidió estar en forma, como cuando hacía a mi personaje hace años. En el fondo, su exigencia y escribir la obra lo hizo por mí, para sacarme de la depre. Y me hizo súper bien. Esta nueva Cathy Winter me ayudó a sacar un lado más sensual y atrevido. Pablo me dijo que escribió su personalidad opuesta a la mía. Ella es astuta, materialista, mantenida por un millonario y adicta al sexo. Y nos fue increíble, tanto que ahora partimos con nuevas funciones.

–¿Cómo ha sido este tiempo de soltera?
–Tranquilo. A estas alturas de la vida una mujer soltera es completamente distinta a una de 20 años que sale sin preocupaciones ni mayores compromisos. Yo tengo tres hijos. Además, no hay mucho donde ir. Me imagino llegando a una discotheque a bailar y que me pregunten si voy a buscar a mi hija, ¡y eso pasa! (dice entre risotadas).

–Pero, ¿has tenido citas o te han convidado a salir?
–Citas no. Invitaciones, sí. Me han querido hacer hartas citas a ciegas, pero no van con- migo. En este minuto de la vida quiero estar tranquila. No necesito a nadie. Me acabo de divorciar después de 13 años de matrimonio y la separación es un proceso y no estoy dispuesta a estar con nadie más por el momento. No estoy lista. Además, esto de estar soltera aún es raro para mí, así que ni siquiera me imagino, por ejemplo, yendo a comer con alguien... ¿de qué se habla? Las cosas han cambiado mucho desde cuando era soltera. O sea, la última vez que alguien me había invitado a salir fue en los tiempos en que se llamaba a la casa, a un teléfono fijo... (se ríe). Me da como vergüenza. Ni siquiera sé lo que una mujer soltera busca...

–¿Alguien se ha entusiasmado más de la cuenta con tu estilo de sex symbol?
–¡Nooooo! En realidad, tanto como sobrepasarse, no. Sí ha habido un par de cosas raras. Una vez me llamó alguien que me quería ofrecer un trabajo. Nos juntamos a almorzar y listo. Era un hombre bastante mayor que yo. Todo bien, hasta que empezó a llamarme a las 3 de la mañana. La primera vez me pasé el rollo que le había pasado algo, pero después siguió así que lo bloqueé de mis contactos. Pero, en general, más que piropos no ha pasado nada más. Y esos los agradezco, porque pucha que le levantan el ánimo a uno.

–Dices que no buscas salir con nadie, pero en tu programa, el matinal “Bienvenidos” de Canal 13, se da a entender todo lo contrario...
–Ese es Martín (Cárcamo), siempre dice que estoy desesperada por un hombre (se ríe). Incluso, en medio del programa me dice que un amigo suyo está soltero o que otro le está mandando un whatsapp para que le dé mi contacto. Puras tonteras y nos morimos de la risa. La verdad es que yo juego harto con eso. Es que si uno no se ríe de uno mismo, quién lo hace. Y yo, prefiero reír.

–Pero seguramente esas risas son desde ahora. No es fácil separarse y, además, tener tres hijos juntos.
–Levábamos 15 años casados y es muy duro. En nuestro caso, las cosas llegaron a su fin porque hubo hechos que no se pudieron superar. Nos metieron en problemas legales y una de esas personas era extremadamente cercana a mi ex marido... Fue una situación con la que no me la pude.

–¿Cómo era esa Francisca con depresión?
–No quería nada. Me levantaba antes de que llegaran los niños del colegio y después pintaba cerámicas. Comía harto y luego volvía a dormir. Lloraba todo el día y los niños sí se daban cuenta. Y la menor también recibía los costos de una mamá que no estaba bien para atenderla, siendo una guagua. Pero se me juntaron muchas cosas, como la muerte de mi papá y no pude con ellas.

–Algunas de esas cosas deben haber sido los problemas legales en los que te viste envuelta con la empresa Global Soluciones Financieras, cuyos altos ejecutivos han sido por décadas cercanos a tu ex marido.
–Es verdad, ha sido tremendo. Imagínate que uno de ellos, Sergio Jalaff, era el mejor amigo de Claudio (Labbé), mi ex marido desde los 5 años. Lo conocí a él y a su núcleo familiar la segunda vez que salí con Claudio y me los presentó como su segunda familia. Compartimos durante 15 años muchos momentos buenos y malos. Es el padrino de mi hijo mayor y cuando pasábamos nosotros, como familia, por un momento difícil, pasó lo que pasó.

–Se te acusa de deber una importante suma de dinero. Incluso se te embargó una casa.
–No es así. No debo plata a esa empresa ni a esa gente. Y menos por la cantidad que valían los activos que me quitaron.

–Y también se dijo que tu ex marido en cierta forma te engañó, que hubo una falsificación de documentos. Además, coincide con que te separaste...
–No es verdad. Lo que pasa es que Claudio pecó de exceso de confianza en el resto... confió en su mejor amigo de los 5 años. Más no puedo decir, porque es todo parte del proceso.

–Con todo eso en tu vida, ¿cuándo decides ponerte de pie y rearmarte?
–(Se emociona). Cuando los ex socios de Claudio me mandaron a embargar el auto en el supermercado, con carabineros y delante de todos. Me quedé con mi guagua de 5 meses en brazos, tomé un taxi, volví a mi casa llorando a mares y ahí me di cuenta de que esto no era un juego. Me sentí muy sola, desprotegida. Así que decidí pararme, dejar de llorar, buscar pega y pelear como una guerrera.

“Decidí que era yo quien tenía que tomar las riendas de mi vida y rearmarme. Comencé con el deporte, que me sirve mucho, y también aprendí a perdonar, a no odiar. Fue muy difícil sacarme el veneno del odio. Me apegué a todo lo que me ha enseñado el budismo, que es mi camino espiritual. Para mí, meditar era tan del día a día como lavarme los dientes”, confiesa y agrega: “Lo tenía que hacer por mí, por mis hijos, por mis amigos, hasta por el público del matinal, que no tiene por qué estar viendo una mina con mala cara o siempre enojada. El problema era mío y de nadie más. Era yo quien tenía que hacerle frente”.

–¿Pediste ayuda?
–¿Como un psiquiatra, tomar remedios o cosas así? ¡Jamás! Eso va contra la práctica del budismo. En el fondo, yo debía vivir mis problemas y salir de ellos. Eso sí, encontré contención en mis verdaderos amigos, en mi familia. Y en el matinal se portaron súper bien conmigo. Hablo de todo el equipo. Llegar al “Bienvenidos” es de las mejores cosas que me han pasado. Además, estaba Pedro Engel, cuyos consejos yo escuchaba cuando estaba en cama con depresión. No podía creer que trabajaría con él. La primera vez que fui invitada a prueba al matinal, estaba en la sala de espera y entró Pedro. Me paré a saludarlo y me dio un abrazo de oso tan profundo que me llegó al alma. Me dijo que me quería mucho, aunque no me conociera. Tuve que contener las ganas de llorar.
“Mira, finalmente no todo es tan malo. Hoy te puedo decir que puedo agradecer todo lo que me ha pasado. Sé que es para crecer y convertirme en una mejor persona y me siento en paz conmigo misma, feliz en lo laboral, y mira... (apunta con la mirada al jardín donde está su hija menor jugando aún a las tacitas)... ¡eso es lo único que me importa! Eso es lo que una mujer soltera busca... y la casada, también”.

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