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viernes, 22 junio 2018
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Gonzalo Blumel: "El talón de Aquiles de la derecha siempre ha sido la unidad"

Más allá de la contingencia, el plan del gobierno es que la centroderecha se proyecte en el poder. Para eso, el ministro Blumel sostiene que deben “afinar” las tensiones entre liberales y conservadores y trabajar duro para construir “una derecha meritocrática, comprometida con la movilidad social”. Aquí explica cómo y por qué.

Por: Claudia Alamo / Fotos: Bárbara San Martín

Viene, notoriamente, de otro mundo. De un mundo más intelectual que político; uno donde las ideas son más cautivantes que el duro juego del poder. Pero es el ministro secretario general de la Presidencia y, a sus 40 años, ha tenido que ir curtiendo la piel para enfrentar las exigencias del cargo y, especialmente, para llevar adelante la relación con los parlamentarios. Tarea ardua.

Blumel es visto como el “guardián” del programa de gobierno de Sebastián Piñera. Es él quien lideró la construcción de la propuesta programática y es él quien ha insistido en que la derecha debe pelear a la izquierda las banderas de la solidaridad y el sentido de lo social. Blumel sabe que esa es una disputa difícil y en pleno desarrollo.

Reconoce que han sido duros estos primeros meses, pero lo dice con la actitud de quien asume que eso es parte de la pega y no le da muchas vueltas. Y algo de experiencia tiene. En el primer gobierno de Sebastián Piñera, trabajó junto a Cristián Larroulet y luego tuvo un rol protagónico en el llamado Segundo Piso.

–La Moneda no le resulta extraña, pero el juego de pies político es nuevo en su vida, ¿no?

–Completamente.

–¿Y cómo lo vive alguien que viene de un mundo más académico?

–No es tan así. Yo partí cumpliendo roles en cargos públicos en la Municipalidad de Futrono y me tocaba enfrentar, siempre en minoría, a un consejo municipal o al gobierno regional. Por lo tanto, como decía Edgardo Boeninger, la política es más persuasión que imposición. Tiene que ver con la capacidad de generar confianza, tender puentes, abrir diálogos.

–¿Y ha sido duro?

–Ha sido duro, sí, pero fructífero. De hecho, siento que hasta ahora el mayor éxito del gobierno, han sido los acuerdos nacionales que se han generado con gente tan diversa como Gabriel Boric, Jorge Sharp o Lagos Weber. Eso da cuenta de que, políticamente, hemos logrado generar algunas confianzas para cumplir con nuestro programa, que además es algo extremadamente difícil.

–¿Por qué tanto?

–Porque tenemos minoría en la Cámara de Diputados y en el Senado. Por lo tanto, el diálogo y la búsqueda de acuerdos es un imperativo para nosotros.

–En la política de hoy día, ¿resulta más efectiva la persuasión?

–No tenemos mucha alternativa. Aunque quisiéramos imponernos, no podríamos. Pero, segundo, también hay una convicción: yo creo profundamente en el diálogo democrático. El otro camino produce un deterioro del clima social.

–Pero, ¿realmente tienen oposición? La izquierda está muy dividida.

–No hay duda de que sí tenemos oposición.

–Quizá viene desde la misma derecha…

–Bueno, si hay un talón de Aquiles histórico en la centroderecha ha sido la unidad. Por lo tanto, junto con buscar acuerdos con la oposición, nuestro rol como ministros es cuidar la convivencia al interior de Chile Vamos.

–Ganaron la elección bajo el concepto de una derecha social. ¿Diría que eso se ha desplegado o aún falta?

–El sello de nuestro programa es eminentemente social, para hacernos cargo de las aspiraciones y temores de la clase media. Ese fue el eje central de la campaña. Consolidar ese relato es un desafío permanente. Creo que por ahora lo hemos logrado transmitir en algunas materias.

–¿Pero ha costado?

–Siempre cuesta. A veces lo coyuntural va dejando en un segundo plano los ejes centrales de tu programa. Pero si vemos lo que hemos hecho en materia de infancia o en política migratoria, hay avances. Ves a un Presidente que es aplaudido de pie en el Estadio Víctor Jara... O sea, que un Presidente de centroderecha sea aplaudido por migrantes, y en ese lugar, es un símbolo cultural inimaginable. También destacaría el rol de la ministra de la Mujer, Isabel Plá, quien ha empujado una agenda importante…

–Convengamos que tuvieron que reaccionar a la ola feminista. No estaba en los planes...

–Discrepo. La mayoría de las medidas que está en la agenda de género estaba en el programa. Lo que hicieron el Presidente y la ministra fue leer de buena manera lo que está pasando e intentar dar un curso a esta ola feminista que, a mi juicio, tiene mucha legitimidad.

–También han tenido que lidiar con temas como el matrimonio homoparental, identidad de género. La contingencia los lleva justo al punto donde están las fisuras en la centroderecha, ¿no?

–Para gobernar, es imposible quedarse centrado solo en lo que uno tenía planificado. La contingencia te va marcando el ritmo de la agenda, pero hay que mantener firme la hoja de ruta. Y el Presidente la marcó claramente en su cuenta anual. Insistió en la necesidad de hacer un cambio drástico en el diálogo político y buscar acuerdos. El deterioro de la amistad cívica estaba siendo peligroso para Chile. También planteó que debemos recuperar la capacidad de crecimiento de la economía. Esa es una de las razones por las que nos eligieron.

Blumel destaca que, en los primeros meses de gobierno, el apoyo ha sido superior al 50 por ciento. Admite que eso es difícil de sostener, con una ciudadanía más crítica y exigente, pero dice que “el desafío es mantener el foco en lo que propusimos y tratar de que lo accesorio no nuble lo fundamental”.

–¿Y qué sería lo accesorio, que los podría nublar?

–A veces los ministros podemos cometer errores y se generan debates artificiales. En ese tipo de cosas hay que ser cuidadosos.

–¿Es accesorio que el ministro de Educación hable de “pequeñas humillaciones” o que el de Hacienda no logre entender por qué se le critica que haya pagado un pasaje a Harvard con recursos públicos?

–(...)

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