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viernes, 7 julio 2017
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Guido Girardi: "Guillier es un castigo a nosotros mismos"

El senador del PPD dice que Lagos se equivocó al declinar su candidatura y que "él hoy sería hoy una mejor opción que ayer". Aun así, cree que Guillier todavía podría ganar.

Por: Claudia Álamo / Fotos: Bárbara San Martín

Guido Girardi tiene una manera extraña de vivir la política. Con la misma pasión con que habla del futuro de la izquierda, se refiere a la importancia de las bacterias en la historia de la humanidad. Con la misma preocupación con que menciona la salida de la DC del bloque oficialista, expresa su inquietud por el destino del planeta y del universo, y de lo ilusos que somos los seres humanos.

Pragmático, frío en sus análisis, Girardi es visto como uno de los más poderosos dirigentes del PPD. No solo porque tiene maquinaria, votos, sino porque mantiene un control en las decisiones del partido. Así fue con el apoyo a Ricardo Lagos, y así es ahora con Alejandro Guillier.

Crítico de la decisión de la DC de tener candidato propio y de apartarse de la Nueva Mayoría, el senador asume que el quiebre entre ellos marca un fin de ciclo. “Una necesidad de repensarse, de regenerarse”, dice.

–¿Das por terminada a la Nueva Mayoría?
–Doy por terminada una era. La política en el mundo entero está en crisis. No hay continuidad. Hay ruptura. Y aquí, con aciertos y errores, creo que el balance de nuestra coalición desde los 90 hasta 2017, es positivo. Pero asumo que, finalmente, nuestra coalición no ha sido capaz de construir respuestas a los desafíos del siglo XXI.

–¿No ha sido un fracaso?
–No. La Nueva Mayoría tuvo pleno éxito en transformar la sociedad en una más libre, más equitativa, y más ciudadana. Pero hay ciclos. Se agotó una cierta manera de enfrentar la política. Mira a la derecha, o al Frente Amplio, tampoco tienen respuesta frente a los nuevos desafíos.

–Sin embargo, hasta aquí son ellos los que han visibilizado mejor su postura.
–Pero eso es parcial. El Frente Amplio es un movimiento interesante, más bien generacional, pero se parece mucho a la cultura Twitter.

–¿Cómo es esa cultura?
–Es la cultura del hashtag, que pasa de un tema a otro, que es más reactiva que reflexiva. Todavía están muy teñidos de una nostalgia izquierdista. Veo ahí una rememoranza estatista. Ponen un particular énfasis en el Estado. Yo creo que se terminó el tiempo de las ideologías duras, cerradas.

–¿Y cómo debieran repensarse ustedes, considerando que no tienen ni un proyecto que los una?
–Primero, haciéndonos cargo de la crisis y asumiendo que las soluciones que hemos tomado han sido erróneas. Por ejemplo, la DC tomó una decisión que yo respeto, pero creo que está totalmente equivocada.

–¿Pero cuán forzada se vio la DC por la izquierda?
–Nunca se vio forzada. Convivimos en una relación compleja, pero valiosa, desde los 90 hasta ahora. Porque uno de los activos que tenía la Nueva Mayoría –y que no tiene ni el Frente Amplio ni menos la derecha– era ser una expresión de la diversidad cultural de este país.

–Cualquier DC te dirá que se vieron bastante forzados a tomar su camino luego de que el PS bajó a Lagos...
–Eso no tiene nada que ver. Es una excusa. No ir a primarias es una responsabilidad directa de la DC. Y no quisieron, por un problema de cálculo –porque perdían–, y por apostar a un proyecto más propio. Nosotros apostamos por Lagos sabiendo que podía perder, pero pesó más el proyecto país.

–¿Quién puso más cálculo: la DC o el PS?
–Por favor, ¡pero qué tiene que ver que el PS haya tomado una decisión! Separemos las cosas. Aquí hay un pequeño grupo de la DC que hace rato no quería estar en la Nueva Mayoría y coincidieron con las aspiraciones presidenciales de Carolina Goic. Se formó una alianza.

–¿Le echas toda la culpa a la DC?
–¿Y a quién se la vas a echar? ¿Por qué se la vas a echar al PS? ¿No tenían derecho a tomar sus propias decisiones? Los sectores más conservadores de la DC encontraron el escenario propicio para hacer lo que querían. Y se aprovecharon del entusiasmo de Carolina Goic. Te hablo de un sector que está en la frontera de la derecha. Hicieron una opción equivocada.

–¿Y el PS? ¿Se equivocó al bajar a Lagos? Porque al final eso significó algo parecido a la muerte de la coalición...
–Es que yo no puedo aceptar que se tomen decisiones por lo que hizo o no hizo el PS. El PPD estaba dispuesto a ir con Lagos a la primaria e incluso estábamos dispuestos a perder. Pero él tomó su decisión. Yo creo que fue un error que Lagos se bajara…

–¿Hubiese cambiado su situación?
–En el actual contexto, Lagos sería más hoy que ayer. Luego del foro de la derecha, de los debates de Frente Amplio, te aseguro que Lagos sería hoy una mejor opción. Siempre pensamos eso y se lo dijimos. Ricardo tenía que ser el vocero, no el dueño, de un proyecto progresista. En un mundo de incertidumbres, se espera a un líder que sepa navegar en aguas nuevas y que asegure gobernabilidad.

–Pero la Nueva Mayoría no se puede gobernar ni a sí misma…
–Con todas sus crisis, sí se ha gobernado a sí misma y tenemos logros. Este no es el mismo Chile de los ’90. Pudimos avanzar porque articulamos bien la diversidad del país. Por eso es que la decisión de la DC es equivocada. Porque, en vez de ampliarnos, nos redujimos.

–¿Y cómo entra Guillier en este mapa?
–Guillier es un castigo a nosotros mismos.

–¿Cómo?
–Claro, Alejandro surge en la no respuesta, en la no capacidad que nosotros hemos tenido de elaborar nuevas respuestas. O sea, la sociedad castiga al mundo progresista optando por el menos político de nuestro mundo. Alejandro tiene muchos méritos también, así que no es solo un castigo…

–¿Y los castiga diciendo qué?
–Nos castiga a nosotros, porque en vez de elegir a un líder, a un Lagos, a un Insulza, busca a una figura lejana a la política tradicional.

–Porque es distinto a ustedes...
–Claro, porque es menos político y porque todavía la sociedad chilena tiene un trauma maravilloso: su vocación anti derecha. A pesar de nuestros errores, a un sector del país le cuesta transitar hacia una alternativa en la derecha.

–Pero eso significa que miren más a Guillier... Al menos, eso se ve hasta ahora.
–Yo pienso que con Guillier tenemos un espacio claro para crecer. Pero eso requiere de seriedad, inteligencia, disciplina, articulación, liderazgo... Lo más importante para abrir ese espacio es ofrecer gobernabilidad... Y nosotros somos los que más podemos ofrecerla.

–¿Y sin la DC puedes ofrecer gobernabilidad?
–Es más difícil sin la DC. Pero dentro de lo que hay, somos los que mejor podemos garantizar gobernabilidad. Todavía tenemos un espectro de diversidad que representa a la ciudadanía. Guillier es parte de eso. Ese es su plus. Él emergió desde la sociedad. Creo que no lo hemos valorado lo suficiente...

–¿Han ninguneado a Guillier?
–Yo no. Puede ser que durante la campaña de Lagos haya sucedido un poco. Muchas veces me tocó decirle a mi mundo que Alejandro no es un populista. De eso lo acusaban. Yo lo defendí porque me parece que Alejandro es parte de este activo cultural del progresismo. Me parecía erróneo sustentar la campaña de Ricardo en la descalificación a la persona de Guillier.

–Hoy, ¿Guillier tiene más o menos posibilidades de ganar?
–Estoy convencido de que si hacemos las cosas bien, Alejandro tiene una gran oportunidad. Además, cuando la sociedad progresista se vincule más, se sienta parte de un proyecto, Alejandro va a tener fuerza. Digámoslo así: él tiene una vela que va a tener viento.

–Pero la vela está puesta desde que fue proclamado por todos los partidos y no ha pasado mucho...
–Digamos que ha costado mucho articular esta dimensión de líder más ciudadano con el ecosistema de los partidos.

–¿Por qué ha costado tanto?
–Porque no es fácil. Ahora, desde mi punto de vista, la oferta que debiera ofrecer Guillier es una gobernabilidad tranquila, inclusiva, y segundo, que el país no retroceda un paso en las reformas, pero tenemos que dar cinco pasos adelante para ponerlas en el siglo XXI. Ese es el camino de Alejandro: ser un líder que saque a Chile del anacronismo que nos tiene anclados.

–Es un poco lo que proponía Lagos, ¿no?
–Sí, pero le faltaba mucho por avanzar también. Ricardo estaba con una cola en el siglo XX y una pata en el siglo XXI. Se lo planteé muchas veces. El tenía que hacer una metamorfosis. Finalmente, renunció a hacerla. Estaba en camino... Era como ser cuncuna en el siglo XX y mariposa en el XXI. Tenía que generar un proceso de conversión.

–¿Y Guillier es mariposa?
–Guillier está en una metamorfosis, a medias. No es cuncuna, pero ya le están naciendo las alitas. Ahora tiene que desplegarlas. Tiene que ser un líder del futuro. No de la nostalgia. Te insisto: creo que dentro de todo, si Alejandro hace bien las cosas, podemos ser la mejor opción.

–¿Y ahí van a tener que negociar con el Frente Amplio?
–Vamos a tener que negociar con todos. Se trata de construir gobernabilidad.

–¿Aunque no confluyan en un mismo proyecto?
–Muchos en el PPD nos sentimos culturalmente más cercanos al Frente Amplio que a ese sector más conservador de la DC, que está en la frontera con la derecha...

–¿Y si es el Frente Amplio el que pasa a una segunda vuelta?
–No veo que la sociedad chilena –que quiere certezas– vaya a votar por el Frente Amplio. Ellos son un aporte en el debate, pero eso no es suficiente. Hay que ser capaz de construir respuestas en todos los planos.

–Lo último: varios le están pidiendo a Lagos algún guiño de apoyo a Guillier. ¿Crees que debiera hacerlo?
–Soy muy respetuoso de Ricardo, pero la coherencia de proyecto, la coherencia cultural progresista, haría inentendible que Lagos no le diera su apoyo a Guillier.

–¿Por qué sería coherente?
–Porque hay una coherencia entre lo que Ricardo representa y los contenidos que va a representar Alejandro Guillier. Gran parte de esos contenidos, son los mismos que trabajamos con Lagos para que él fuera el vocero. Y aquí cambió la vocería, producto de su decisión, no de la nuestra. Hoy, nuestra visión de sociedad tiene como portavoz a Alejandro Guillier. Entonces, por coherencia debería apoyarlo y sentirse identificado con lo que él representa.

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