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miércoles, 2 mayo 2007
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Historias de amor: Los políticos también aman.

El Día de San Valentín fue la excusa para que estas seis parejas dejaran de lado por un momento la contingencia y accedieran a relatar los comienzos de su relación.

Por María Olivia Brown

 

Lily Pérez y Miguel Bauzá

“Fue algo totalmente mágico”

La sonrisa de ambos en la foto del último viaje, en un crucero por el Caribe –junto a los siete hijos que juntan entre ambos, entre 23 y 11 años–, evidencia su complicidad en estos casi tres años de matrimonio. “Doy gracias todos los días por lo que hemos vivido”, parte contando Lily, quien a sus 41 se alista a saltar desde la Cámara al Senado, por Santiago Oriente.
Su historia con el empresario Miguel Bauzá –20 años mayor que ella– tuvo un comienzo “bien singular, ya que nos conocíamos hace varios años”, pero sólo se topaban ocasionalmente, porque ambos eran militantes de Renovación Nacional.
Hasta que a mediados de 2001, en uno de sus viajes a Santiago, el empresario la llamó por teléfono, cuando ella llevaba más de un año separada. “Nos juntamos a almorzar y fue increíble. Hablamos mucho de la vida, pero también me di cuenta de que nos gustaba la misma música y literatura, que a ambos nos encantaba el cine… Y seguimos en una sobremesa en que no sé cómo se me pasó la tarde. Fue algo totalmente mágico. A estas alturas de la vida adviertes inmediatamente que si te pasa algo con alguien es para siempre”.
Sigueron saliendo y en septiembre de ese año decidieron pololear. “Ahí sentí: con este hombre quiero envejecer, porque me di cuenta de que compartíamos valores y esperábamos cosas similares”.
El la apoyó durante su repostulación a la Cámara. “Me acuerdo que para el cierre de la campaña lo sacaron a bailar cueca –cosa que me encanta– y no se hizo de rogar, bailando súper bien. Con ese solo gesto me dije: ‘Este es el hombre’”.
Lily agrega que después todo se dio muy rápido y el 14 de febrero de 2002, en la tarde, él la invitó a “Le Fournil”, en Vitacura, donde le entregó un anillo y le pidió matrimonio. “Finalmente nos casamos en junio de ese año. Desde ahí todo ha sido simple y natural. Hoy siento como si lleváramos mucho tiempo más juntos”, concluye.

Ximena Vidal y Ramón Farías

“Soy su fan
número uno”

La de Ramón Farías y Ximena Vidal es una de esas historias que más bien parecen parte de un guión de película que de la vida real, no sólo porque juntos emigraron con éxito de las tablas a la política, sino porque tuvo como testigos los sets de televisión, las luces y las cámaras.
Los inicios de este entretenido romance se remontan a 1985, cuando Canal 13 exhibía “La trampa”, teleserie donde Farías hacía suspirar a las jóvenes de la época y a una en especial, su compañera de set, la actriz Ximena Vidal. Se iniciaba de esa manera una relación que ha logrado mantenerse en el tiempo con la misma intensidad. Prueba de ello es escuchar a Ximena, a quien, cuando habla de Ramón, le cambia la voz al punto de que es imposible no notar la admiración que siente por él. “Soy su fan número uno. El tiene un atractivo, no solamente físico, como persona es integralmente bello. Aparte de estar enamorada, es lo que uno siente que Ramón despierta en la gente”, afirma la diputada por San Joaquín.
Aun así, no cree que exista una receta para que una relación funcione luego de tanto tiempo. “Las parejas se construyen día a día. Nuestra fórmula, por decirlo de alguna manera, es sentir que no tenemos nada ganado, que no somos propiedad el uno del otro, respetarnos los espacios y apoyarnos en los desafíos que cada uno quiere enfrentar”.
Justamente uno de estos desafíos fue la propuesta que recibió Ramón Farías en 1992 para presentarse como candidato a concejal por San Joaquín, proyecto que además puso a prueba la relación de ambos, ya que –según recuerda Ximena– cuando decidió entrar en política, vivieron un pequeño remezón. “Cuando fue elegido alcalde nos cambió la vida de un día para otro. Estábamos acostumbrados a trabajar juntos en las teleseries y en el teatro. Igual lo acompañé y solidariamente trabajé con él durante nueve años. En realidad, ahí conocimos lo que es la labor de un alcalde, que es de 24 horas al día. Al principio, el ritmo de trabajo nos afectó como familia, pero fue bueno, porque después nos pusimos de acuerdo para poner en práctica nuevas fórmulas y así no perder nuestro idilio. Ahí surgió la idea de hacer citas, entre medio de la agenda, igual que los amantes”, cuenta con humor Ximena.
Tanto les gustó la política que ahora ella está bastante entusiasmada con la posibilidad de que Ramón, quien dejó la alcaldía, también llegue al Congreso. “Una apuesta que tenemos este año es estar los dos en la Cámara, lo que en términos de pareja sería muy rico, porque estaríamos recuperando la posibilidad de trabajar juntos de nuevo”, concluye Ximena.

 

Magdalena Matte y Hernán Larraín

“A los cuatro meses me pidió matrimonio”


Magdalena Matte conoció al actual presidente del Senado, Hernán Larraín, en enero de 1973, en unos trabajos de verano. El ya era abogado, venía llegando de Inglaterra y estaba rodeado del aura de ser ex presidente de la FEUC, así es que a ella, de 23 años, no le gustó ni lo encontró particularmente interesante hasta que, en marzo, lo volvió a ver en la casa del Movimiento Gremial, en la misma residencia que hoy ocupa la UDI en calle Suecia. Ahí fue muy distinto. Se pusieron a pololear y alcanzaron a salir cuatro meses cuando, en un pasillo de la Universidad Católica, en medio de una toma de mineros, él le dijo: “Casémonos, para qué vamos a dilatarlo más”.
Esperaron un año, hasta el 15 de marzo de 1974, y si cuando él le propuso matrimonio su primera reacción fue de sorpresa, en los meses que mediaron hasta formalizar la relación civil y religiosa, cualquier duda inicial por lo rápido de la oferta se disipó.
La ceremonia fue pequeña. “Fue un matrimonio muy chico, en la capilla del Liceo Alemán en Bellavista, y después nos fuimos de luna de miel al sur”.
Los hijos no demoraron en llegar, porque ambos siempre habían querido tener una familia grande. “A los nueve meses y 15 días nació el primero”.
Igual Magdalena terminó ingeniería civil y combinó el trabajo en su propia empresa con la maternidad. Sus seis hijos disfrutaron de ambos, porque ella creó su propia empresa para manejar sus tiempos con más independencia y él no entró en política sino hasta que el mayor de sus hijos ya tenía 18. “Tuve 20 años de un muy buen marido y muy ‘aperrado’ con los seis niños y conmigo que trabajaba, aunque después del ’93 –cuando fue electo senador por la Séptima Región Norte– ha sido más difícil, porque la región está a 350 kilómetros de Santiago y él pasa mucho tiempo allá”.
De hecho, Magdalena confiesa que una de las sorpresas que le ha dado su marido fue su decisión de entrar en política. “Eso me sorprendió, porque yo me casé con un académico, pero cuando mataron a Jaime Guzmán, que era padrino de una de las niñitas, Hernán me dijo que no tenía nada más que pensar, porque antes Jaime se lo había ofrecido varias veces”.
Aunque no es particularmente romántico ni es de llegar con flores de improviso, Larraín jamás olvida un aniversario y Magdalena no sólo ha recibido de él joyas, sino también cosas que le interesan, por ejemplo, computadores y un iPod en su último cumpleaños. “Me conoce los gustos”, dice ella.
Para ambos la familia es muy importante y por eso tratan que las vacaciones sean un espacio para juntarlos a todos, lo que es más difícil en la medida en que los hijos crecen y hacen sus propias vidas. “Este año va a ser con las puras niñitas, porque los tres hombres están a full filmando una película”.
Tras 30 años de matrimonio, Hernán Larraín es descrito por su mujer con la misma admiración y por las mismas cualidades que la hicieron casarse sin dudarlo, pese a sus escasos cuatro meses de pololeo: “Lo encuentro muy inteligente, muy profundo, serio, realmente sólido”, dice con convicción, demostrando que aún está enamorada.

Jacqueline Van Rysselberghe y Mauricio Pavez

“A la semana decidimos casarnos”


El récord más imbatible de la alcaldesa de Concepción no está en la política, sino que en su propio matrimonio: “Nos conocimos en la calle un jueves en la tarde, en pleno centro de Concepción. Yo iba a una despedida de soltera, que finalmente no era ese día, y Mauricio venía de una reunión de trabajo. El estaba saliendo con la hermana de una amiga con la que yo andaba. Y ahí nos invitó a comer. A los tres días nos pusimos a pololear y, a la semana, decidimos casarnos”.
Después de esa primera cita, a Jacqueline se le quedaron las llaves dentro de su auto, por lo que Mauricio la tuvo que llevar a su casa. Esa noche, también dejó su cartera en el auto de Mauricio, lo que sirvió de excusa para que él la volviera a llamar al día siguiente y la invitara a almorzar. Después, fueron a bailar y luego se pusieron a pololear.
Titulada como médico, a sus 27 años, Jacqueline estaba terminando su beca de especialización como siquiatra y pensaba seguir perfeccionándose en la Universidad de Navarra, en España. Pero ya al día siguiente de haber conocido a Mauricio le comentó a la secretaria del Servicio de Siquiatría: “Conocí al hombre con quien me voy a casar”.
Mauricio, a sus 29 años, como ingeniero civil, era de Santiago y estaba sólo estaba de paso en Concepción por seis meses, dedicado al rubro inmobiliario.
Finalmente, se vieron cuatro veces en una semana y decidieron casarse. “La mitad de Concepción pensó que estaba embarazada y la otra, que estaba loca. De hecho, mi papá casi se murió. Pero sentíamos la certeza tan fuerte de que éramos el uno para el otro que no tenía mucho sentido esperar. Aunque nos casamos con una mano por delante y otra por detrás, tuvimos suerte. Conseguimos el civil el 14 de febrero, Día de los Enamorados, y dos días después fue nuestro matrimonio religioso, en la iglesia del Sagrario”.
Hoy, con cinco hijos en común, la alcaldesa cree que “nos ha ido bien en esta apuesta, porque en el momento en que nos encontramos, ambos estábamos muy bien y porque de inmediato nos dimos cuenta de que juntos nos entreteníamos. Además de inteligente, todavía encuentro muy divertido a Mauricio. Nos reímos bastante”.
El también ha demostrado sentido del humor para tomarse la carrera política de su señora, “tema que ni siquiera alcanzamos a tratar en esos días”, confiesa él, quien en sus años en la Universidad de Santiago fue dirigente estudiantil cercano a la Concertación. “¡Si hasta votó por Palestro!”, bromea Jacqueline. Sin embargo, agrega que “en eso también he trabajado durante estos 14 años de matrimonio”. Al punto que, silenciosamente, él ha sido el gran samurái de sus campañas.

Ximena Rincón y Juan Carlos Latorre

“Es como si siempre hubiéramos estado juntos”


Las manos, la voz y la mirada de Juan Carlos (Caco) Latorre fueron suficientes para encantar, hace ya 17 años, a Ximena Rincón. Hasta hoy, ella recuerda ese día con total claridad y rememora que desde el primer momento en que lo vio le gustó este hombre 18 años mayor que ella. Claro, sólo le pudo echar un vistazo, porque pasarían tres años para el próximo y definitivo encuentro, ése que no los separaría más y que hasta hoy los mantiene felizmente juntos.
Ximena conoció a Juan Carlos cuando ella era dirigente estudiantil de la Universidad de Concepción, con sólo 17 años. Eran tiempos de revueltas y protestas y Ximena, dirigente de la Democracia Cristiana Universitaria, viajó especialmente a Santiago para reunirse con dirigentes gremiales, producto de la expulsión que habían sufrido 200 alumnos de su casa de estudios. “Andrés Rengifo nos llevó a hablar con diferentes dirigentes gremiales, entre los que se encontraba Juan Carlos, que era el presidente del Colegio de Ingenieros metropolitano. Ahí lo conocí, pero pasaron tres años para que nos volviéramos a encontrar en la Cruzada por la Participación Ciudadana que él dirigía. El dice que nunca se olvidó de mí, pero jamás le he creído. Yo me acuerdo hasta de la ropa con que andaba cuando lo conocí”, cuenta, entre risas, la flamante intendenta de la Región Metropolitana.
No sólo eso. Tiene claros recuerdos del día en que reencontraron y no se volvieron a separar. “El fue a dar una charla para la gente que se estaba reclutando para ser monitora de la cruzada. Yo estaba en una casa de ejercicios de los jesuitas preparando la chimenea, porque hacía mucho frío cuando, de repente, miré hacia la puerta y estaba Juan Carlos. Después no nos separamos nunca más”.
Próximos a cumplir 16 años de matrimonio, Ximena explica que la clave de su relación con Caco es que son muy parecidos. “Nos gustan las mismas cosas y, dentro de ellas, la política. En todos estos años hemos peleado sólo dos veces por ese tema, así es que tenemos mucha comunidad de ideas, pensamientos y de las cosas que nos hacen vibrar. Nos gusta ir al cine y bailar. Somos súper sencillos, nos agrada estar en la casa, en familia. Además, somos muy respetuosos de los espacios de cada uno”, explica Ximena.
La vida en familia también ha sido un nexo importante entre esta pareja, porque Juan Carlos ya tenía tres hijos de su primer matrimonio cuando la conoció. “Tenemos seis hijos. Se llevan muy bien, son bien hermanos entre ellos”.
La diferencia de edad no es tema y para Ximena no tiene ninguna importancia, aunque confiesa que cuando anunció en su casa que se casaba, su familia se impactó. No era para menos. De los tres hijos de Juan Carlos, el mayor es tan sólo seis años menor que Ximena. “Debo haber estado muy re loca o muy enamorada”, afirma con humor, y agrega: “Casi se murieron. Mi papá era miembro del Tribunal Eclesiástico de Concepción, entonces igual fue tema para ellos. Para mí no, porque es como si siempre hubiéramos estado juntos”.

Marcelo Trivelli y Andrea Zondek

“Nuestro amor fue fulminante”


Pareciera que todo en la vida de Marcelo Trivelli ha sido rápido y arrollador. En un par de años se catapultó como uno de los políticos con más futuro y, mucho antes, siendo un adolescente, se enamoró de su actual mujer, a quien no soltó más.
“Nos conocimos el ’71 practicando danzas típicas. Yo tenía 17 años, ella 15, y participábamos en un grupo folclórico. Desde ese entonces, la música ha sido muy importante en nuestra relación. Cuando empezamos a salir, la primera canción que bailamos fue ‘In a gadda da vida’, el clásico de ‘Iron Butterfly’. ¡¡Y la bailamos entera, por más de 20 minutos!!”, cuenta el recién nombrado generalísimo de la campaña de Soledad Alvear. “Sin embargo, la canción que nos ha acompañado siempre es ‘Gracias a la vida’”.
Pololearon seis años y se casaron cuando ambos terminaron la universidad. Hoy llevan más de 26 años de matrimonio y tienen tres hijos. “Cada etapa ha tenido los éxitos y fracasos propios de una pareja. Obviamente que nuestra relación no es la misma que cuando nos casamos ni cuando nacieron los hijos ni menos ahora que prácticamente ellos ya no están en la casa”, cuenta a modo de balance.
A la hora de seducir, el ex intendente asegura que una de sus armas más románticas y efectivas es la comida, especialmente la japonesa, de la cual es un experimentado chef. También le gusta la simplicidad de un paseo por el Parque Forestal. Su primer regalo a la “Andy”, como él le dice cariñosamente, fue un oso de peluche que le dio cuando ella cumplió los 16. Y desde ese entonces no ha dejado de preocuparse por el tema: “Tenemos la tradición de sorprendernos durante todo el año con una carta o con algún regalo. Generalmente, los 14 de febrero, estamos en Maitencillo de vacaciones, así es que nuestra ‘celebración’ de ese día es más bien un gesto o una conversación especial”.
Trivelli afirma que el apoyo mutuo ha sido clave para el éxito de sus carreras profesionales: mientras él se hacía un nombre en el mundo político como intendente de Santiago, ella dirigía el Fondo Nacional para la Discapacidad (Fonadis). “Nos tenemos mucho respeto y somos muy generosos entre nosotros”, añade.
Y aunque cada uno está en lo suyo, Trivelli consulta con su esposa cada decisión política y profesional: “Ella siempre pone el sentido común y me defiende, porque yo, a veces, soy medio ingenuo”, confiesa el hoy hombre fuerte de la candidata presidencial de la DC.

 

 

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