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martes, 6 febrero 2018
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Industria editorial: Después de la crisis, la transformación

La tecnología, el exceso de información y, sobre todo, los nuevos hábitos de los lectores, han puesto a la industria editorial en jaque durante más de una década. Sin embargo, la transición de papel a digital ha traído nuevas oportunidades y, en muchos casos, extraordinario éxito.

Por Manuel Santelices/ Fotos Getty Images/ Agencias

A principios de este mes, Playboy anunció que probablemente la edición impresa de su famosa revista para hombres terminaría este año. No es realmente una sorpresa. La pérdida de Hugh Hefner, su fundador, a fines del año pasado, y especialmente la caída en su circulación –que en 1975 llegó a un récord de casi 6 millones de lectores y hoy no sobrepasa los 500 mil– hacen pensar que la decisión era casi inevitable.

¿Se acabaron las conejitas? No necesariamente. Sus ejecutivos han dicho que quieren enfocarse en lo que llaman “el mundo Playboy”, el que, aseguran, es mucho mayor que el legado de una revista. “Dedicaremos el 2018 a planear la transición de un negocio de medios a uno de manejo de marca”. La marca, por supuesto, es Playboy. Y en ese sentido hay pocas que puedan comparársele.
En un momento durante la primera década del milenio pareció que cada mañana se anunciaba el cierre de otra revista o periódico. Entre el 2000 y el 2009, según una cuenta de AdAge, cerraron en Estados Unidos alrededor de 40 revistas que cubrían una enorme diversidad de áreas, de Metropolitan Home a Play Girl, de Sports Illustrated Latino a PC Magazine. Solo en 2009, Condé Nast, el imperio de revistas de lujo, cerró cuatro títulos: Gourmet, Cookie, Modern Bride y Elegant Bride, las que se sumaron a Men’s Vogue, Lucky y Portfolio, esta última una revista económica que, bajo la supervisión de Anna Wintour, planeaba mezclar finanzas con estilo de vida. ¡Kaput!

La gran mayoría de esas revistas sucumbió a la escasez de lectores y avisaje que dejó la estampida hacia Internet. Otras han visto sus áreas de interés inundadas de contenido digital, como ha ocurrido con Playboy o Penthouse –el porno ahora a un clic de distancia–, o revistas de actualidad como Time y Newsweek, que de pronto no solo se encontraron con una avalancha de información on line, sino que deben (o debieron, en el caso de la desaparecida versión impresa de Newsweek) competir con lo instantáneo de lo digital, algo que por razones obvias resulta imposible hacer en papel. Peor aún, con blogs y posteos en Twitter y Facebook todo el mundo se convirtió en reportero, comentarista y editorialista, y, gracias a Instagram, también en fotógrafo. El valor de la información, la opinión y el trabajo periodístico se devaluó hasta hacerse casi irreconocible.

En los últimos cuatro o cinco años, sin embargo, la tendencia ha perdido momento y, desde cierta perspectiva, se ha revertido.

En términos de periódicos, no hay mejor ejemplo que The New York Times, uno de los primeros medios en entender que la única forma de supervivencia es saber adaptarse a una nueva realidad.
Entre el año 2000 y el 2015, según un informe publicado en The Atlantic, los periódicos de Estados Unidos vieron su avisaje reducido de alrededor de 60 mil millones de dólares a solo 20 mil millones. The New York Times, después de un periodo de severa crisis y un multimillonario préstamo del magnate mexicano Carlos Slim, reestructuró su organización, funcionamiento y look, creando una nueva y revolucionaria plataforma digital que, en la práctica, ofrece a los lectores mucho más que noticias. Eso en parte ha colaborado a que su circulación aumente –la divisiva y noticiosa presencia de Trump en la Casa Blanca también ha ido en su favor–, y que en 2015 celebrara el récord de su primer millón de suscriptores digitales, los que pagan 35 dólares mensuales por el derecho. ¿Qué reciben a cambio? No solo noticias y opinión en todos los campos, sino, en una táctica que ha comenzado a ser imitada por otros medios, una enorme cantidad de contenido extra que incluye videos exclusivos, tablas interactivas, alertas en dispositivos celulares y hasta una maravillosa aplicación de realidad virtual (NYTVR) que mezcla innovadoramente material informativo y arte visual con temas que van desde el regreso de una familia siria a Mosul después de la ocupación de ISIS a la nueva colección de moda de Gucci.

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