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Viernes, 13 Enero 2017
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Un invierno desvanecido por el sol del medio día

Juan Pablo Abalo

Bon Iver: 22, A Million. 2016

El riesgo y atrevimiento del músico norteamericano Justin Vernon, por todos conocido como Bon Iver –nombre artístico sacado del francés bon hiver (buen invierno)– ha crecido con el tiempo. Disco a disco, Vernon está cada vez más alejado del folk, o al menos de la fórmula tradicional en la que se lo situaba, desarrollando en cambio un original universo sonoro. En su último trabajo, que ha titulado 22, A Million, el compositor oriundo de Wisconsin suma sonidos a los que no estábamos acostumbrados en sus canciones anteriores. Además, los juegos que establece en la composición (estructura y forma), son principalmente fracturas ruidosas en diferentes planos que intervienen y dislocan el continuo sonoro -666 (Upsidedowncross)-. Así las cosas, los procesos que lleva a cabo con las voces le dan a 22, A Million una multiplicidad de registros vocales sin por ello arrebatar la intimidad que lo ha caracterizado a la hora de componer sus dos discos anteriores –22 (Over Soon) y #29 Strafford Apts-. El ritmo, por su parte, es otro factor primordial de este disco. Según Vernon, es a partir de un patrón que despliega este grupo de diez canciones -10 (Death Breast)-.

22, A Million, que ha sido muy bien recibido por la crítica, es un cambio en el registro anímico del trabajo de Vernon, particularmente en Bon Iver (algo distinto suena Volcano Choir, otro de los proyectos musicales de Vernon). La nostalgia y tristeza que impregnaban sus anteriores álbumes quedan desplazadas esta vez por una suerte de entusiasmo medido, uno en el que Vernon y su banda parecen sentirse cómodos. En esta última entrega, fluye otra forma de creatividad musical, que desplaza, o más bien hace, que ese invierno, ese buen invierno que caracterizó su discografía previa, quede atrás, en el recuerdo, desvanecido por un sol de medio día.

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