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Jueves, 15 Junio 2017
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Isabel Custer: "Todo lo que canto es verdad"

Por: Óscar Sepúlveda.

Isabela canta desde niña. Lo primero que hizo fue teatro musical. Cerca de los 14 años empezó a practicar canto lírico. También en su juventud, cuando estudiaba producción de cine en Nueva York, cantaba jazz con amigos y, dado que entre ellos había varios argentinos, a veces también se animó con el tango en bares de downtown Manhattan. Y aprendió a escribir canciones de manera natural. La inspiración le llegó, hace unos 10 años, de la misma forma como a los novelistas los asaltan sus historias. “Tenía que hacer calzar el hecho de que llegaran las canciones con mi capacidad para escribirlas, porque nunca había estudiado teoría. Entonces, tomé una guitarra y empecé. Como es un instrumento generoso, con tres acordes se puede hacer una canción, explica Isabela, cuyo nombre real es Isabel Custer Edwards.

Actualmente está dedicada a la música. En abril dio un concierto en el teatro Nescafé de las Artes como telonera del cantante escocés Paolo Nutini, con una acogida del público que la dejó muy contenta. También trabaja en cine y televisión, en París y Nueva York.

"El cine es muy importante para mí.Tengo un guión de una comedia que quiero filmar y otro proyecto es la adaptación de un libro que tiene que ver con mi familia”,dice.

–Tu familia ha estado bien remecida últimamente, por la muerte de tu abuelo Agustín.

–Sí, han sido días difíciles.

–¿Fue difícil para ti actuar en esos días?

–Sí, porque cuando uno canta las emociones no se pueden esconder. En la voz está uno. Incluso, cuando hay pena, le da otra dimensión a la voz, pero no quita lo doloroso.

En YouTube pueden verse varios videos de Isabela. Entre ellos, uno en la Caféotheque de París y otro que filmó en el Sena. También hizo presentaciones en Cité des Arts. Explica que vivió en la capital francesa durante siete años. “Integrantes de mi banda me comentaban hace unos días: ‘Es divertido, Isabela, porque eres chilena, pero a la vez no lo eres. No eres gringa, pero tampoco europea. Eres exactamente como alguien del mundo’. Y mi disco ‘Girl with no country’ (Una chica sin país) alude a eso. Y ahí está. Nunca más quiero explicar los lugares en que he vivido o no he vivido. Ese concepto de dónde eres o no eres, de la identidad, de los países, no va conmigo. En Estados Unidos nadie te pregunta. Les da lo mismo, porque todo el mundo es de diez mil lugares. Son todos criollos de alguna manera”.

–Hoy, el mundo está un poco así. Se rompieron las fronteras con las nuevas comunicaciones.

–Ojalá que se sigan rompiendo. Pero acá en Chile creo que les cuesta más.

– El problema es que al romperse las fronteras se pierde identidad. ¿Consideras importante mantener la identidad?

–Sí. Yo busco una identidad. Por eso también ahora vivo acá, porque tengo familia y ellos tienen una identidad muy fuerte. Cada vez que conozco a alguien que es de un solo lugar alucino y pienso cómo será eso.

–Ser cantante, ser artista y ser Edwards en Chile, ¿te facilita las cosas o las complica?

–Eso no tiene nada que ver con ser artista. Lo que me pasa es que cuando la gente sabe algo de mi familia suelen pasar dos cosas: o trata de encasillarme o trata de darme una preferencia que no merezco ni me interesa. Estoy acá en Chile no porque sea tal o cual, sino porque tengo un hijo y para él es lindo vivir con abuelos y primos y bisabuelos. Si no, estaría en Nueva York.

–Me refiero a que, aunque no te interese a ti destacar ese vínculo, puede ser un obstáculo si se genera un prejuicio por tu apellido.

–Mi primer apellido es Custer. Mi segundo apellido no lo comento y prefiero que las entrevistas no hablen de eso. Mi tío abuelo Roberto también es artista, y tiene una identidad propia muy fuerte acá. En mi caso, por ser mujer, yo creo que es más difícil.

–Eso preguntaba. O sea, es una carga.

–Para el arte. La gente siempre va a tratar de relacionarte con una determinada forma de pensar. Carla Bruni era de izquierda y se casó con Sarkozy; luego sacó discos, pero nunca nadie más la pescó porque Sarkozy es de derecha. En Estados Unidos yo jamás votaría por Trump, por ejemplo. No entiendo cómo pudo haber personas que le tuvieran confianza. Pero aún así la gente siempre te va a querer relacionar con alguna forma de pensar.

–La gente se guía por imágenes y quiere que las personas se ajusten a estas.

–La gente se guía por una imagen, pero uno también lo genera. Sería hipócrita ser artista y no decir que uno no genera conscientemente una imagen. Es el trabajo de crear una obra artística, siempre va una imagen delante de la persona.

–Y de tu reencuentro con tu identidad chilena, ¿qué es lo que más te gusta?

–Este país es precioso, realmente me toca mucho la naturaleza. En Nueva York yo sufría, porque vivía en Williamsburg, donde no hay mucha naturaleza. Por eso, iba una vez por semana al Brooklyn Botanic Garden. La primera vez que fui, empecé a caminar en el pasto y empecé a llorar, porque me hacía falta eso. En París hay mucho más verde y acá también.

–Manhattan es claustrofóbico en lo físico, pero con gente muy abierta de mente. Santiago tiene espacios físicos muy abiertos, pero con mucha gente estrecha de mente, ¿o no?

–Sí, pero a mí me choca la estrechez por los dos lados. ¡Cómo puede ser que gente que se supone inteligente, con influencia, porque maneja muchas cosas, tenga tantos prejuicios! Alguien que amo me dijo que Chile es peor que la India en el sistema de castas, salvo que no está escrito. Es terrible. Y personas que no han tenido acceso a esa cultura, a esos viajes, tienen los mismos prejuicios, pero al revés. ¡Es muy penoso!

“LA MARCA DEL MACHISMO”

–Hablemos de tu música. ¿Qué sientes cuando cantas?

–Una sensación de felicidad profunda.

–¿Qué es lo que más te importa al cantar?

–Contar cosas, comunicarme.

–Porque debe haber cantantes narcisistas que lo que buscan es ser aclamados y abrazados por el público.

–Hay gente que es “fabricada” por los sellos. No es mi caso. Mi disco es una autoproducción: todas las canciones las escribí yo –la música y la letra– y todo lo viví, todo es verdad.

–“Isabelisagirl” ¿es un tema que te define?

–“Isabelisagirl” es como una broma. Hay un chiste en inglés que dice “Isabel necessary on a bicycle?”. Isabelisagirl, Isabelislove, Isabelisamusician, Isabelishappy, Isabelisasinger, isabelisamused… No es que me sienta una niña. En inglés es un concepto más amplio que en español. En el rock antiguo y en el blues, todos son ‘boys and girls’, pero no son niños, se dice así no más.

–Dices que todo lo que cantas es auténtico. ¿Crees que hoy falta más autenticidad?

–Es muy difícil encontrar autenticidad, porque todo es virtual, por una red social . ¿Cómo puede uno constatarlo? Por eso, hasta la manera de escribir ha cambiado. La gente escribe como si hablara, en vez de escribir como se escribe, porque busca la autenticidad.

–Pero no por eso hay más verdad. Muchos desean proyectar la imagen de personas felices.

–No lo veo así, pero es un tema interesante. Simon Sinek (experto en liderazgo) explica que cuando a los millennials les marcan “me gusta” o les ponen un corazoncito a sus mensajes, les suben las endorfinas. O sea, les afecta literalmente el sistema endocrino. O sea, no es que ellos me estén buscando a mí en su mundo virtual, sino que están buscando sensaciones que los hacen sentirse reconocidos, amados.

–¿Y cómo está llegando tu disco al público, aparte del concierto que ofreciste en Santiago?

–Bueno, está en iTunes, Spotify y en casi todos los streaming on line que existen. También se puede comprar en CD Baby…

–¿Cuáles son tus próximos proyectos?

–Trabajar el guión de la película adaptación que mencioné, la película de Miami y hacer otro disco. También tengo el proyecto Beneciclo que continúo. Es que he escrito casi cien canciones. El próximo disco quiero que se llame “Bring back the woman”, sobre qué significa ser mujer. Me pregunto cómo podríamos traer de vuelta ese concepto. Porque ser mujer no tiene que ver con el género, sino con nacer mujer y qué siente uno siendo mujer.

–¿Será este mundo híbrido el que empuja un poco la pérdida de identidad de género?

–Es verdad que el género es una construcción, pero una construcción basada en algo físico. El fotógrafo Steve McMurry, de National Geographic, subió hace poco una foto de una región de México de una niña que en realidad es un hombre vestido de niña. Porque hay culturas donde a veces se crían hombres como mujeres. Este concepto es más viejo que el tiempo. He estado en Tahiti y ahí, si una familia tiene más de tres hombres, al tercero o al cuarto lo crían como mujer. Eso reafirma que es una construcción socio cultural. Eso es distinto a lo que pasa hoy, en que la gente basa su felicidad en el género que va a elegir. Allá los papás se lo imponen.

“Bueno, una de las canciones claves del disco es ‘You make me feel like a man’ y habla de cómo son las mujeres que hacen sentir a los hombres más hombres”.

–Cuando cantas “Bring back to the woman”, ¿qué cosas de ti quieres rescatar como mujer?

–Es difícil subsistir en un mundo machista sin caer en deseos de venganza o rabia y seguir siendo feliz de ser mujer. En Chile me ha impactado el machismo, pero no el de los hombres sino el de las mujeres. ¡Qué cosa más dura! Nunca he visto algo igual. Bueno, es que nunca he vivido en Latinoamérica, aparte de Chile. De Perú no me acuerdo, tenía 3 años. Acá las mujeres son muy competitivas entre ellas y eso genera mala onda. Es la marca del machismo: ellas sienten que no pueden existir por ellas mismas si no es aplastando a cualquier otra mujer, para ser la mejor a los ojos del hombre, sobre todo en el ámbito laboral. Eso es solo falta de confianza. Tengo una amiga alemana y nos cuesta entender eso, porque nuestras mentes no funcionan así. En nuestro mundo sociocultural las mujeres existen por sí mismas. //@revistacosas

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