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Jueves, 16 Febrero 2017
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Ivanka Trump y Jared Kushner, la "Power couple" de Washington

Por: Manuel Santelices / Fotos: Getty Images

No le pregunten a Ivanka Trump si sería la "Primera Dama de facto” en la Casa Blanca de su padre, Donald Trump. Un periodista lo hizo, e Ivanka, endureciendo su mirada, contestó de inmediato que la pregunta le parecía “insultante”. Como sea, la realidad es que después de pasar el primer fin de semana junto a su marido en la mansión presidencial, la verdadera primera dama, Melania Trump, voló de regreso a Nueva York junto a su hijo Barron para quedarse ahí al menos durante los próximos seis meses, e Ivanka, en una prueba de que las acciones valen más que mil palabras, se instaló junto a su marido, Jared Kushner, y sus tres hijos –Arabella, de 5 años; Joseph, de 3, y Theodore, de 10 meses– en su nueva mansión de 5.6 millones de dólares en Washington para cumplir un rol indefinido, pero extraordinariamente poderoso, que podría parecerse mucho al de, que nos perdone la expresión, una Primera Dama.

La nueva residencia de los Kushner Trump se encuentra en Kalorama, un exclusivo barrio de Washington donde serán vecinos de Barack y Michelle Obama. Es el sitio perfecto para la que muchos consideran como la nueva “power couple” de la ciudad, dos de las personas más cercanas y queridas por el Presidente Trump, familiares leales, íntimos confidentes y, más importante aún para la elite política de Estados Unidos, supuestos influyentes consejeros.

La elección de Trump puede haber sido una sorpresa para la gran mayoría –incluso para el mismo Presidente, según se rumorea–, pero no para Kushner, que con un optimismo casi adolescente y una astucia y fortaleza inesperadas en un hombre de aspecto relativamente frágil y solo 35 años, se convirtió en uno de los principales generales de la campaña y en el arquitecto indispensable del inesperado triunfo de su suegro.

Trump lo considera una versión más joven de sí mismo y, por lo mismo, no es raro que lo adore. Que además esté casado con su hija favorita, hace que su cariño sea aún mayor. Desafiando acusaciones de nepotismo, lo nombró “consejero senior” de la presidencia, un rango importantísimo que lo ha llevado, al menos en un principio, a tener injerencia en asuntos tan diversos como la nominación del gabinete, la renegociación de tratados internacionales y la relación con Israel. Sin embargo, ese poder, piensan algunos, ha disminuido visiblemente en las primeras semanas del gobierno de Trump, dejando a Kushner incapaz de controlar a su volátil suegro y a la sombra de su principal rival en la Casa Blanca, el estratega político y consejero presidencial Stephen Bannon, un hombre algo siniestro con un pasado teñido de racismo y antisemitismo. Para muchos, la mayor evidencia de que Bannon está ganando esta batalla de influencias fue la apurada prohibición de aceptar refugiados sirios, poner cortapisas para la entrada de visitantes de siete países mayoritariamente musulmanes, y la asombrosa decisión de la Casa Blanca de no nombrar al pueblo judío en su mensaje de conmemoración del Holocausto. La abuela de Kushner fue sobreviviente de ese genocidio, y la omisión fue probablemente molesta para él. Según informes periodísticos, el yerno del Presidente estaba “furioso”. 

La perfecta trumpette

Kushner se hizo cargo del gigantesco imperio de bienes raíces de su familia a los 27 años, obligado a hacerlo después de que su padre fuera arrestado por evasión de impuestos e intento de obstrucción a la justicia. Hasta entonces, Charlie Kushner había sido un prominente empresario de New Jersey y una figura fundamental en la comunidad judía de Estados Unidos, aparte de generoso financista para causas demócratas. En un principio, la familia - seguidora de una vertiente ortodoxa del judaísmo– no estuvo de acuerdo en que su hijo mayor se casara con Ivanka Trump en 2009. Solo después de que la hija de Trump se convirtió al judaísmo, las puertas de los Kushner se abrieron realmente para ella.

La pareja se instaló en un amplio departamento en una torre de Trump en Park Avenue, iniciando así una vida que, a todas vistas, parecía bendecida con dinero, juventud y talento. En los últimos años, Kushner adquirió el rascacielos del 666 en la Quinta Avenida, el que se sumó a miles de otras propiedades repartidas en Nueva York y otros estados de la Costa Este. El joven empresario es también propietario del New York Observer, uno de los periódicos preferidos de la elite de Manhattan, en cuyas páginas defendió en una carta abierta el carácter de su suegro, alegando que “el hombre que conozco” no era racista ni antisemita.

En preparación para su nuevo cargo en la “west wing” de la Casa Blanca, Kushner dejó de lado la gran mayoría de sus negocios y, según informes de prensa, está buscando un comprador para su periódico. Ivanka, la no-Primera Dama, también renunció a su cargo como vicepresidente de la Organización Trump y abandonó sus exitosas empresas de moda, joyas y accesorios. 

Presentada como un nuevo ideal de feminismo durante la campaña –una mujer inteligente y atractiva, que puede ser al mismo tiempo una gran empresaria y una devota madre para sus hijos–, Ivanka ha decidido concentrarse, por el momento, en la crianza de su familia y el apoyo irrestricto a los dos hombres más importantes de su vida: su padre y su marido. En ese sentido, está más cerca de Jacqueline Kennedy que, digamos, Michelle Obama. Desde el juramento de su padre, ha hecho solo dos posteos en su cuenta de Instagram, donde tiene 2.7 millones de seguidores, ambos con el pequeño Theodore como protagonista, ya sea en su cuna o aprendiendo a gatear. El mensaje es obvio, especialmente viniendo de la hija de un presidente cuyo gabinete está formado por un récord de 17 hombres blancos, la mayor cantidad desde los tiempos de Reagan. Para ella el rol de la mujer, al menos en lo que se refiere a su imagen pública, no es muy distinto al de una dueña de casa de los años 50.

Quizás por eso, porque su visibilidad política ha ido decreciendo mientras aumenta la de mujer dedicada a la familia, es que su popularidad va en alza. Según una encuesta de Politico/Morning Consult, un 49 por ciento de los estadounidenses tiene una visión positiva de ella, una cifra aún mayor que la de Melania Trump, que con un 47 por ciento de apoyo también se ha convertido en un arma de imagen para su marido. Ambas podrían resultar invaluables para un presidente notoriamente poco popular entre las mujeres.

En cierto modo, Jared Kushner parece tener una visión más progresista del rol de la mujer que su suegro, que vivió uno de los momentos más difíciles de su campaña al alardear en un video sobre sus asaltos sexuales. Pero eso podría cambiar. Cercanos al joven asesor presidencial y algunos de sus contactos en Nueva York, han asegurado a la prensa que el hombre que conocieron hasta hace poco es muy distinto al hombre que se sienta hoy a la derecha del poder. Algunos se sienten engañados. Algunos lo llaman “maquiavélico”. Y algunos recuerdan que nada corrompe más que el poder. 

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