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viernes, 23 noviembre 2018
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Jacqueline Van Rysselberghe: "Yo intimido a los hombres"

No le importa ser una de las políticas con más alto rechazo en la opinión pública porque, dice, que ese es el costo de presidir la UDI con fuerza y carácter. Ella se lo toma con humor: “Mi marido dice que es un gran mérito dormir con la mujer más odiada de Chile”, cuenta. Aquí habla del machismo en la política y de su gusto por competir de igual a igual.

Por: Claudia Alamo / Fotos: Bárbara San Martín

Encubrada en unos zapatos con plataforma, camina con la misma seguridad con que se mueve en la política. A Jacqueline Van Rysselberghe no le afecta ser una de las personas con más alto rechazo en las encuestas de opinión. Dice que ese es el costo de ser presidenta de la UDI y que todos los que han ocupado ese puesto en su partido, sufren del mismo síndrome de desaprobación.

Psiquiatra de profesión, política por vocación, Jacqueline ha hecho de su origen penquista una bandera de la que se enorgullece. Siente que venir de Concepción y haber sido alcaldesa, la da una mirada panorámica del Chile actual como pocos dirigentes políticos tienen. De ahí que considere que bajo su mandato, la UDI logró conectar con “el sentido común” de los chilenos.

A sus 53, la senadora vuelve a la competencia para mantener el cargo y cuando ella compite, lo hace con fuerza. “Yo nací en la política en la adversidad. Es decir, nací en la Universidad de Concepción cuando la derecha era una minoría. Me gusta la competencia; me entretiene. Por eso fui deportista”, dice al recordar que fue campeona nacional de 400 metros planos.

Madre de seis hijos y casada con Mauricio Pavez, Jacqueline reparte su vida entre Santiago, Valparaíso y Concepción, donde vive con su familia.

Católica, ligada al Opus Dei, la senadora UDI ha dado todas las batallas en los llamados temas valóricos. Ella no le teme a marcar sus posturas –aunque vayan contra la corriente– y recientemente irritó a varios sectores, incluidos algunos de la UDI– por su viaje a Brasil cuando Jair Bolsonaro aún era candidato.

–¿Qué te motiva a seguir a cargo de la UDI? ¿Es por el gusto de ganar?

–No, no. A mí me gustan las campañas. Son entretenidas. Además, quiero seguir presidiendo la UDI porque hemos ido construyendo un camino de unidad. La política de bandos se rompió.

–Pero hay diferencias bastantes profundas, ¿no?

–Yo no veo grandes diferencias. Son matices, cosas de estilo. Pero en los temas importantes, la UDI es bastante monolítica.

–Tu visita a Jair Bolsonaro marcó, claramente, una diferencia respecto de hacia dónde debiera ir la UDI.

–A ver: los partidos tienen que ser conducidos con pragmatismo. Y yo soy una persona que me he formado en política tomando decisiones y aquí había que tomar una decisión. Era evidente que Bolsonaro iba a ser Presidente de Brasil y, obviamente, es bien distinto visitar a un candidato presidencial que a un presidente electo. Era un error perder esa posibilidad por miedo, por temor. Se trata de un socio estratégico.

–¿No tiene un costo para la UDI estar asociado a ese discurso homofóbico, xenófobo?

–Es difícil pensar que 57 millones de brasileros son homofóbicos o racistas. Cuando Bolsonaro ganó, escuché su discurso con mucha atención. Creo que sorprendió a mucha gente, fue súper conciliador.

–¿Y qué te pareció cuando lo conociste?

–Me pareció un tipo razonable. Hubiese esperado una persona mucho más sanguínea, más hiperventilada, por decirlo de alguna manera, pero no. Es un tipo sereno, bastante empático. Además, tiene humildad intelectual. Él asumía que venía del mundo de las Fuerzas Armadas y, por lo tanto, tenía que rodearse de buenos equipos para hacer un buen gobierno.

LA DERECHA QUE VIENE

–Dijiste que al gobierno le convenía que siguieras tú a cargo de la UDI. ¿No es un poco pretencioso?

–No. La UDI está ordenada, ¿o no? Cuando nosotros llegamos, estaban peleando los viejos con los jóvenes, los pinochetistas con los no pinochetistas. La mitad de la gente del partido, efectivamente, se estaba yendo o a Evópoli o al movimiento de José Antonio. No estábamos conquistando juventud. Todo eso era cierto. Hoy tienes un partido unido.

–¿Pero por qué le conviene al gobierno que tú sigas?

–Al gobierno le conviene que uno tenga lealtad crítica. Lo peor que puede pasar es que hayan falsos consensos. Créeme que de repente no es fácil decirle que no al gobierno, pero es sano. Y nosotros hemos sabido lidiar con las diferencias sin renunciar a nuestra esencia.

–Para Roberto Méndez la elección de la UDI mostrará qué derecha va a suceder a Sebastián Piñera. ¿Cuál es la derecha que representas tú?

– Yo represento a la derecha de la UDI.

–¿Esa es una derecha más conservadora?

–Yo me niego a ser encapsulada. Nosotros somos una derecha que se reconoce como derecha. Sin complejos. Creemos en la libertad económica y personal; en el emprendimiento, en el trabajo bien hecho. No creemos en un Estado que se entromete en la vida privada de las personas, como lo quiere hacer la izquierda.

–¿En que se diferencia esa UDI de lo que representa José Antonio Kast? Al menos en lo valórico, son lo mismo. ¿No temes que sea una amenaza?

–La UDI es mucho más que los temas valóricos. La UDI tiene un componente social que no tiene José Antonio Kast.

–¿No?

–No. El movimiento de José Antonio es más de nicho. Él ha interpretado esto de ser un poco más políticamente incorrecto, que está como de moda.

–¿Y lo encuentras un poco parecido a Bolsonaro?

–No. Bolsonaro es un fenómeno distinto.

–Pero ganó porque se enfocó en el miedo, la inseguridad. Esas emociones también se pueden recoger aquí...

–José Antonio tiene que hablar él. Yo hablo de nosotros. Y nosotros no nos basamos ni en el miedo ni en la inseguridad. Nos basamos en que tenemos derecho a ser lo que somos y que no nos vamos a subyugar ante una izquierda que nos haga sentir culpables por pensar lo que pensamos o decir lo que queremos decir.

–Tu adversario político hoy, ¿es realmente la izquierda? ¿No son los sectores liberales como Evópoli?

–Nuestro adversario es la izquierda. Hoy, en nuestro mundo, cada uno ocupa un espectro. Hay diversidad. Y lo que me encanta es que la UDI sigue cautivando. En mi región hay mucha gente que está ingresando a la UDI y que viene desde el mundo de la izquierda.

–¿En serio? ¿Qué los movilizará a dar un salto así?

–Los cautiva el trabajo social, la vocación popular de la UDI. Por eso ganamos en lugares donde otros partidos de derecha no ganan. Es que no somos un partido de nicho.

–Y con esa diversidad, ¿qué derecha irá a suceder a Piñera?

–La derecha del sentido común.

–¿Lavín representaría una derecha del sentido común?

–Lavín tiene harto sentido común. Es notable cómo se ha reinventado. Pero respecto de la UDI, a nosotros no nos cuesta nada sintonizar con el sentido común del país. Y no es por un tema ideológico. Es porque los interpretamos en sus preocupaciones cotidianas.

–¿Y qué cambió que ahora el sentido común lo interpretan ustedes? Durante décadas era como de la centroizquierda.

–Yo creo que fue la polarización que hubo en el gobierno de Bachelet. Hoy todo el mundo habla del centro político, pero yo creo que el centro político no existe. Lo que existe es el centro social y producto de la polarización que se produjo hacia la izquierda, el sentido común quedó en nuestro lado.

PSICOTERAPIA POLÍTICA

–¿Dirías que la sociedad chilena es más conservadora que lo que se cree? 

–Yo creo que sí. Hoy en día, la sociedad es mucho más conservadora que lo que muchos creen. Lo que pasa es que somos un país políticamente correcto. Nadie dice lo que piensa. Si te invitan a salir, en vez de decir: “No quiero. Estoy muerta de cansada”, la gente pone mil excusas. Nadie dice: “No quiero”.

–Quizás como eres psiquiatra y te sale más fácil la asertividad...

–Bueno, esa era mi profesión. Además de ejercer como psiquiatra, hice un diplomado de dos años en psicoterapia gestáltica.

–¿En serio? ¿Y por qué no seguiste en ese camino? 

–¡Ay! Porque me entretuvo más la política. Pero te aseguro que la Gestalt me sirve mucho para poder estar acá.

–¿Para qué te sirve?

–Bueno, la terapia gestáltica te enseña a vivir el presente; el aquí y el ahora. El mañana da lo mismo. No sabes si va a llegar y el pasado se fue, no lo puedes cambiar.

–¡Ah! Es sorprendente que hicieras ese tipo de terapia...

–No solo hacía terapias, sino que era muy buena en eso. En el fondo, es aprender a hacerte responsable de lo que haces. O sea, decir: “No me puedo hacer responsable de lo que tú escuchas, no me puedo hacer responsable de lo que tú piensas...”.

–¿Será que por eso no te importa tanto el rechazo?

–Mi marido me dice que es un gran mérito que él duerma con la mujer más odiada de Chile. Nos reímos con eso. Lo que pasa es que, además, hay que tener un poco de sentido del humor. Obviamente que me encantaría tener más aprobación, pero sé que nunca un buen presidente de la UDI sale bien evaluado en las encuestas. Es parte del costo que uno paga.

–¿Y por qué pasará eso?

–Porque la UDI es un partido políticamente incorrecto. Un partido que dice lo que piensa. Un partido que es capaz de enfrentar a la izquierda mirándola a los ojos. Por algo mataron a Jaime Guzmán.

“TE VOY A GANAR”

–¿Has tenido que masculinizarte para estar en la política y ser así de fuerte?

–Bueno, a mí me tratan como hombre. Como fui alcaldesa a los 33 años, tuve que desarrollar un liderazgo fuerte, sino nadie me hacía caso.

–¿Por eso eres como ruda en política?

–No sé si ruda, pero con un carácter fuerte. Además, al militante UDI le gusta que sus líderes sean frontales y muy claros en su actuar. Ese sí es mi lado psiquiatra. Encuentro que desgastarse en tratar de parecer lo que uno no es, es un agote. Yo siempre digo lo que pienso. En Chile la gente no está muy acostumbrada a eso. Todo el mundo dice lo que el otro quiere escuchar.

–¿Y no hay también una autoexigencia?

–Bueno, uno va desarrollando un estilo de liderazgo. Yo creo que cuando fui alcaldesa en Concepción me sentí con la obligación de demostrar que estaba ahí porque tenía los méritos. De hecho, cuando quedé embarazada –que fue más de una vez– jamás lo decía hasta que se me empezaba a notar la guata.

–¿Por qué?

–Porque o si no aparecían los típicos comentarios machistas de: “No, es que son las hormonas”. Y yo demostraba que no eran las hormonas ni porque anduviera en esos días. Yo dejo claro que tengo razón para decir lo que estoy diciendo y quiero que me escuchen. Claro, tú te enfrentas a un mundo de hombres...

–¿Y eso implica convertirse –un poco– en uno de ellos?

–No, no sé si convertirme. Yo no me siento ahombrada, pero sí compito de igual a igual. De hecho, creo que, en términos de competencia, yo intimido a los hombres.

–O sea, tú no te achicas. Al contrario, te gusta competir.

–¡Sí! Me gusta y les digo: “Mira, o te cuidas o te gano”. Entonces, claro, yo sé que los intimido. Igual aflora el machismo de manera sutil y se genera un ambiente mucho más hostil. Pero la experiencia enseña. Yo he aprendido que a veces vale más la pena que crean que las ideas son de ellos. Es un ejercicio de humildad, pero es más práctico. //@revistacosas

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