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lunes, 7 mayo 2018
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James Comey: El enemigo número uno de Trump

El ex director del FBI lanzó hace unos días su libro “A Higher Loyalty”, donde compara a la Casa Blanca de Trump con la mafia y lo describe como un hombre peligroso para la democracia y la independencia judicial en Estados Unidos. “Trump es moralmente impropio para ser Presidente”, señala.

Por: Manuel Santelices / Fotos: Variety

La situación debe haber sido incómoda, por decir lo menos. Ahí estaba James Comey, por entonces director del FBI, reunido con el recién electo Presidente Donald Trump en los dorados salones de la Trump Tower, explicándole, dos semanas antes de que ocupara el Salón Oval de la Casa Blanca, que existía un dossier dando vuelta por los pasillos de Washington que reunía supuesta información perniciosa respecto a él.

El dossier había sido preparado por un ex espía británico, Christopher Steele, y entre otras cosas aseguraba que en 2013 Trump fue filmado por servicios de inteligencia rusa en una habitación de hotel mientras mantenía relaciones con prostitutas que, en un curioso acto, habían orinado sobre él. “¿Parezco el tipo de hombre que necesita prostitutas?”, le contestó Trump, asegurando que no había ni una gota de verdad en el rumor, algo que reafirmó nuevamente en una entrevista con The New York Times la semana pasada. “Cuando me lo mencionó, le dije que esto realmente era basura inventada. No pensé mucho más al respecto. Me pareció una tontera”, señaló el Presidente, que, dicho sea de paso, es un conocido germófobo.

El episodio está incluido en el nuevo libro de Comey, “A Higher Loyalty”, que ha creado enorme interés y controversia en Estados Unidos y que ha puesto al ex funcionario del FBI no solo bajo la luz del protagonismo noticioso, sino también a un costado del ring político, enfrentando a Trump como su enemigo número uno en estos días.

En entrevistas de promoción, Comey admitió que durante esa conversación con el Presidente electo no le había dicho que el dossier en cuestión había sido financiado por sus adversarios políticos, primero aquellos republicanos que declaraban “never Trump”, y luego por la campaña de Hillary Clinton y miembros del Partido Demócrata.
A pesar de no contener mayores evidencias sobre ninguna de sus aseveraciones, el documento formó parte de la investigación que Comey inició sobre la intervención rusa en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, un complicado enjambre de influencias e intrigas que se ha convertido en uno de los mayores dolores de cabeza para la Casa Blanca.

El 9 de mayo del año pasado, contrariando el consejo de muchos de sus asesores, Trump despidió súbitamente a Comey, lo que desató un efecto dominó que llevó, poco después, al nombramiento de Robert Mueller como consejero especial investigador sobre supuestos contactos entre Rusia y la campaña presidencial de Trump. Esa investigación continúa, y ha llevado a la destitución del primer consejero de Trump en asuntos de seguridad nacional, Michael Flynn; cargos de fraude contra dos de sus principales asesores durante la campaña, Paul Manafort y Rick Gates, y, hace pocos días, a una redada y confiscación de documentos en la casa y la oficina del abogado personal del Presidente, Michael Cohen.

Trump ha llamado a la investigación “una caza de brujas”, y ha insinuado en más de una ocasión que podría despedir a Mueller, una movida que muchos a ambos lados del espectro político temen que podría desatar una crisis constitucional en el país.

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