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martes, 31 julio 2018
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Jane Fonda: El icono

A los 80 años, la legendaria actriz continúa adelante con numerosos proyectos, convencida de que debe aprovechar al máximo los años que le quedan. Nos reunimos con ella en Los Angeles para hablar de cine, amor, el paso de los años, el movimiento #MeToo y las redes sociales. “No envidio a las jóvenes”, nos dijo.

Por: Yenny Nun / Fotos: Getty Images

Cumplió 80 y luce realmente espectacular. Si no supiéramos que nació el 21 de diciembre de 1937, sería imposible adivinar su verdadera edad. Y no es solo gracias al maquillaje; ella misma reconoce, “una ayudita por aquí y por allá”, refiriéndose a las cirugías que le realizó el conocido cirujano plástico Guy Pitanguy.

Cuenta que en esta década de su vida necesita rodearse del amor de su familia –tres hijos y dos nietos– y de sus amistades. Es por eso que decidió trabajar en dos proyectos que reflejan este deseo: la serie de Netflix “Frankie y Grace”, que ya va en su quinta temporada, y la película “The Book Club”. En la serie se muestra la profunda amistad que la une a Frankie, el personaje interpretado por Lily Tomlin, una de sus mejores amigas en la vida real. “The Book Club”, por su parte, habla de la amistad entrañable entre cuatro mujeres que se reúnen a comentar libros y apoyarse mutuamente. “No podría estar más feliz”, comenta Jane, “estos proyectos reflejan cómo me siento actualmente”.

Esta es la última metamorfosis de la icónica y talentosa actriz, quien siempre ha estado en boga gracias a su increíble vida y su extraordinario talento.

Hija del legendario Henry Fonda, se hizo famosa en los 60 como símbolo sexual luego de protagonizar “Barbarella”, dirigida por su primer marido, el francés Roger Vadim. Después del divorcio, la actriz, por entonces radicada en París, regresó a Estados Unidos y se convirtió en una importante activista política apoyando a los Panteras Negras, los indios nativo norteamericanos y oponiéndose a la guerra de Vietnam, sitio que visitó en 1972, lo que le significó el apodo de “Hanoi Jane” y el resentimiento de algunos sectores norteamericanos que la tildaron de poco patriota. A pesar de ello, continuó su carrera con éxito, recibiendo dos Oscar por sus caracterizaciones en “Klute” y “Coming Home”, además de conseguir grandes triunfos de taquilla como “9 a 5”, que ella misma produjo. Posteriormente se convirtió en la reina del ejercicio gracias a sus videos de gimnasia aeróbica en los ’80, con lo que ganó millones de dólares.

En 1990 anunció que se retiraba del cine para concentrarse en su matrimonio con el magnate Ted Turner, y no reactivó su carrera hasta 2005, luego de su bullado divorcio, con la película “Monster in Law”. Mientras estuvo casada con Turner se dedicó a administrar la fundación de su marido en causas como el control de la natalidad, sexualidad adolescente y prevención del embarazo.

Jane nunca ha ocultado que tuvo una infancia infeliz, creciendo junto a un padre frío al que solo le importaba que su hija tuviera un cuerpo perfecto y que siempre “ganara”, y una madre bipolar, la socialité Frances Seymour Brokaw, que se suicidó a los 42 años, cuando la actriz tenía apenas 12. A la niña le dijeron que su madre había sufrido un ataque al corazón, hasta que meses más tarde se enteró de la verdad leyendo una revista de farándula. Un año después, Jane comenzó a odiar su propio cuerpo, lo que le produjo una bulimia y adicción a la Dexedrina que continuó hasta sus 40. Tiempo más tarde, describió sus padecimientos en “My life so Far”, uno de sus dos libros autobiográficos, publicado en el 2005.

Conversamos con ella después del estreno de “The Book Club” y antes del lanzamiento de la quinta temporada de “Grace y Frankie”. En la serie, ella y Lily Tomlin interpretan a dos mujeres de la tercera edad cuyos maridos confiesan ser gays y se han enamorado entre ellos.

–¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con Lily Tomlin?

–Fabulosa. Todos los días, cuando llego al portón del estudio Paramount, siento que es como llegar a casa. Lo que me apena es la idea de no tener a Lily junto a mí cada día de mi vida. Para ambas es una bendición poder vivir esta experiencia.

–¿Crees que es posible hacer amistades tarde en la vida?

–Tengo 80. Muchas personas dicen que no se pueden crear nuevas amistades a esta edad, pero no estoy de acuerdo. Lo único distinto es que debes poner más intención y voluntad, porque están todos ocupados y no tienen tiempo. Debes decidir con quién quieres ser amiga y apartar momentos especiales para esa persona. Somos animales en manadas, se supone que no debemos estar solos. La soledad es una de las peores cosas que le puede pasar al ser humano.

–¿Cómo se conocieron? Trabajaron juntas en “9 a 5”....

–Así es. Yo estaba en el proceso de preproducción de esa película cuando la fui a ver a un show que estaba montando en Los Angeles. Nunca antes había tenido una experiencia como esa en el teatro, no podía creer que estaba viendo a esta persona transformándose en tantas otras, además con enorme profundidad, sabiduría y humor. Su presentación me tocó y me cambió, me pareció que era un genio. Por eso decidí ofrecerle un papel en la película. Y Lily siempre me recuerda que el guión lo escribió su pareja, Jane Wagner.

–¿Qué otra cualidad admiras en ella?

–Su gran empatía. No necesita estar rodeada de gente famosa, exitosa o con dinero para pasarlo bien. Y eso es una excepción en la industria.

–En “The Book Club” interpretas a una mujer que le teme a las relaciones íntimas. ¿Te ha pasado alguna vez lo mismo?

–Sí, es parte de mi historia, y tiene que ver con lo que ocurrió en nuestra infancia. He estado casada tres veces, y lo que aprendí es que una no puede renunciar a ser una misma para recibir amor. Eso al final no funciona.

–¿Te asusta envejecer?

–He escrito dos libros sobre el tema y lo he estudiado a fondo, porque cada vez que siento miedo de algo lo encaro investigándolo a fondo, en lugar de verlo como el enemigo. Envejecer es parte de la vida. Tanto la muerte como el envejecimiento es lo que le da sentido a la vida. Si nunca morimos, la vida no tendría ningún significado. Es igual que el ruido, que no tiene sentido sin el silencio, o la luz, que no significa nada sin la oscuridad. Cuando hablamos de envejecer, significa que estamos llegando al fin de nuestras vidas y vamos a morir. Creo que es muy importante prepararse para eso, porque lo que no quieres es llegar al final con muchos remordimientos. Todos queremos tener amor alrededor, y debemos ganarlo en los años que nos quedan. Máximo, a mí me quedan dos décadas, por lo que quiero asegurarme que esté parada muy derecha. La postura es muy importante.

–¿Crees que los 70 son los nuevos 40?

–No me gusta la comparación. Por nada del mundo me gustaría volver a los 40. ¿Qué tiene de bueno esa edad? Si eres mujer, probablemente estás pasando por la menopausia. Yo odié los 40. Pero nos estamos manteniendo más tiempo porque sabemos qué hacer para lograrlo. Estamos más activos físicamente, comiendo un poco mejor y, por lo mismo, vivimos más. Pero otros grupos mueren antes, como la gente pobre, personas de color, trabajadores blancos de clase media baja o las víctimas de la epidemia de opioides. Nosotros somos privilegiados.

–¿Qué piensas sobre cómo se está mostrando en el cine o la televisión el sexo en la tercera edad?

–Las mujeres de la tercera edad son un sector demográfico que está creciendo rápidamente en el mundo. En promedio, vivimos cinco años más que los hombres. Y por eso pienso que el cine y la televisión son un buen mercado para nosotras. Además ahora están los movimientos Time’s Up y MeToo, una narrativa femenina que antes se había dejado fuera de la ecuación. Creo que con este cambio, ahora veremos más y más mujeres mayores sexualmente activas en la pantalla, porque en la vida real lo son. En mi libro sobre envejecimiento hay varios capítulos dedicados al sexo. El sexo cambia con el tiempo, lo puedo constatar ahora en mis 80.

–¿Qué opinas del movimiento #MeToo?

–Hay que diferenciar entre una mala cita y un depredador sexual. Lo importante de este movimiento es que es una advertencia para los hombres; les estamos diciendo que no queremos ver sus genitales solo porque a ellos les da la gana. Y además es bueno advertirle a los estudios y a los productores que las mujeres tienen derecho al mismo pago que los hombres por el mismo trabajo.

–¿Crees que para una actriz joven es hoy más difícil entrar a Hollywood que en tu tiempo?

–Sí, creo que es más difícil a raíz de las redes sociales. Estoy feliz de que no hayan existido en mi tiempo, porque no estaría viva. Mi primera película fue en blanco y negro, y aunque tu personaje estuviera casada, dormía con su marido en camas separadas. Ahora sales desnuda, existe mucha más exhibición, mucha más presión sobre las mujeres de mostrarse sexy. No envidio en absoluto a las jóvenes. //@revistacosas

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