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viernes, 24 junio 2016
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JAVIERA SUÁREZ: LO QUE MÁS QUIERO ES VIVIR!

Se casó hace ocho meses con su “príncipe azul” y está embarazada, pero un cáncer vino sorpresivamente a empañar esa felicidad absoluta. En conversación con “Cosas”, explica que su cáncer es un melanoma que afecta su pechuga, hígado, huesos y pulmones. Se decidió a hablar del tema, para agradecer a tanta gente que diariamente reza por su vida y la de su guagua.

Por: Paula Bengolea Z. / Fotos: Jorge Bustos / Producción: Francisca Benedetti / Maquillaje y pelo: Francisca Fernández

De un minuto a otro, la felicidad y la tristeza se apoderaron de la vida de Javiera y su marido. Mientras gozaban sus ocho meses de matrimonio y celebraban su embarazo, el cáncer vino a tocarles la puerta por segunda vez, pero en esta ocasión de manera más agresiva.

Fue en 2009 cuando Javiera se enfrentó por primera vez a la palabra cáncer, debido a un lunar que tenía al lado izquierdo del tórax y que resultó ser un melanoma. “Me asusté, obviamente, porque –aunque mucha gente no lo sabe– el melanoma es un cáncer a la piel y fruto de ese resultado tuve que realizarme una serie de procedimientos, entre ellos un PET, que es una resonancia con contraste, para ver sí tenía cáncer en otros lugares. Gracias a Dios, no fue así. Finalmente, me realizaron una cirugía y fin del tema. El cáncer solo estaba en el lunar”, recalca.

Desde entonces, siempre fue “muy matea” para controlarse cada seis meses, cuidarse del sol, ir al dermatólogo, etcétera… Pero este año, a principios de mayo, le confirmaron que tenía un melanoma en la pechuga. Desde ese primer diagnóstico hasta hoy, el escenario ha cambiado por completo. Si bien ella reconoce que todo partió con un “poroto en la pechuga”, hoy lo que padece es un melanoma que afecta su hígado, huesos y pulmones.

Actualmente, con 12 semanas de embarazo y un tratamiento que acaba de comenzar, se la ve serena, reflexiva y llena de esperanza.

Explica que decidió hablar de su enfermedad en estos momentos, porque hoy se siente con fuerza para hacerlo y tiene su guagua con ella. “No sé cómo voy a estar mañana y si voy a querer dar una entrevista. Quizás, al leer esto, muchos se pregunten y por qué cuenta, y es porque tengo que agradecer a mucha gente su preocupación y oraciones. Quería, además, dar mi versión, porque hace tiempo se está hablando de que tengo un cáncer en las pechugas, y ese no es el diagnóstico correcto”.

Javiera Suárez

–¿Tenías antecedentes de cáncer en tu familia o era algo nuevo para ti?

–De cáncer de piel, nada. Mi abuela había tenido otros tipos de cáncer. La verdad es que nadie estaba muy familiarizado con el tema de los melanomas.

–¿Cuándo y cómo te enteraste de la reaparición del cáncer?

–Este año. Yo siempre me estoy revisando, y en febrero me apareció un poroto en la pechuga. Llamé rápidamente a mi ginecólogo y partí a la clínica. En ese entonces estaba ad portas de ponerme en campaña para quedar embarazada, por lo cual había dejado de tomar pastillas anticonceptivas. Se pensó que el poroto podía tener relación con algunos cambios hormonales. Además, también hay pechugas más fibrosas que otras. Pasó un tiempo y este poroto seguía, y en marzo me quedé esperando guagua.

–¿Y qué pasó ahí?

–Fui donde mi ginecólogo y él me mandó a hacerme una eco en las pechugas, porque tenía dudas de si ese era un quiste u otra cosa. Ahí fue cuando por primera vez me dicen que, 50 o 50, esto podía ser un cáncer.

–¿Cómo te tomaste la posibilidad de tener cáncer nuevamente y ahora embarazada?

–No lo podía creer. Fue atroz. La peor semana de mi vida, lejos.

–¿Qué sentiste? ¿Susto, rabia, pena…?

–Me asusté, mucho más que por mí, porque yo me casé en octubre del año pasado y estoy viviendo un momento muy feliz de mi vida. Con Cristián, mi marido, tenemos un matrimonio increíble y me casé totalmente enamorada. En verdad, es de esos amores que yo siempre soñé. Creí en los cuentos de hadas y se me cumplió. Te dicen cáncer… y yo pensé: “Cáncer de pechuga, lo que implica quimio, ¿y qué pasa con la guagua?, ¿qué pasa si me muero…?”. Y ahí viene todo el susto.

–¿Ese susto lo sentiste también la primera vez que te enfrentaste a esta enfermedad?

–No, porque creo que ahora tengo mucho más que perder.

–Ese día que te dieron el diagnóstico, ¿estabas sola o con tu marido? ¿Cómo reaccionaron?

–Mi marido es doctor (cirujano plástico), entonces lo llamaron para que viera las imágenes y llamaron también a una doctora de mamas. Eso fue un viernes y rezamos todo el fin de semana. Lo pasamos pésimo, porque la incertidumbre es lo peor.

–¿Qué ocurrió después?

–Pasó ese fin de semana y el martes estaban los exámenes de una biopsia del terror que me habían hecho en la pechuga y ahí me confirmaron que, efectivamente, era cáncer, pero no de la pechuga, sino el melanoma nuevamente.

–Había vuelto a aparecer…

–Ahora es un melanoma que está interno y que yo, gracias a Dios, a que estaba en campaña, a que había dejado los anticonceptivos y a que finalmente estaba embarazada, pude descubrir a tiempo. Quizás, si no hubiese sido por nuestra guagua, tampoco me hubiera dado cuenta tan luego. Después viene la resonancia y ahí se dan cuenta de que el melanoma no está solo en la pechuga, sino que está en el hígado, en el pulmón y en distintas partes de los huesos.

–¿Qué pasó una vez que los resultados te mostraron ese diagnóstico aún más complejo?

–Fueron las dos peores semanas de mi vida. Días de angustia, de miedo…

–¿Y rabia?

–No. Nunca me ha dado rabia. Sí mucha angustia, porque lo que yo más quiero es estar con Cristián, mi marido. Desde que lo conocí, siempre he deseado morirme como a los 80 años, con él. Apareció mi príncipe azul y no puede durar ocho meses (dice con la voz entrecortada).

–Y estás esperando guagua…

–Claro, y si la pierdo… Además, estos tratamientos son largos. Después, si me quiero volver a poner en campaña, voy a tener que esperarme otro año más, porque tengo que desintoxicarme y yo ya tengo 33 años.

“Más que rabia, me dio lata, aunque suene adolescente. Muchas veces soñaba con que esto no era más que una pesadilla, me despertaba y no podía creer que era verdad”.

JavieraS2

“CON CRISTIÁN NOS HEMOS UNIDO MÁS AÚN”

“Ese domingo en que esperábamos los resultados de la biopsia, me confesé y pedí perdón por haber dado todos los días de mi vida por garantizados. Cuando tienes la muerte cerca, te hace replantearte todo”.

–¿Qué es todo?

–No doy por garantizada la vida día a día. Esta enfermedad te lleva a valorar las cosas importantes. Además, al final, si la salud no te acompaña…

–Y tu marido, ¿cómo se ha tomado lo de tu enfermedad?

–Mi marido, a pesar de ser doctor, desde el minuto que nos dijeron que yo tenía cáncer se convirtió en paciente. No hay ninguna información que maneje él, por ser doctor, que yo no conozca. Estamos los dos con cáncer.

–¿Y cómo está él?

–Mal. Eso es lo que más te duele. Uno se casa para hacer feliz al otro, pero en esta situación no te está resultando. Yo agradezco que esto me haya ocurrido a mí y no a Cristián, porque yo no podría aguantar verlo sufrir.

–¿Cómo lo han vivido como pareja recién casada?

–Siempre hemos estado muy unidos. Así como dicen que en los viajes y en la enfermedad conoces a las personas, nos hemos unido más todavía y nos amamos más aún. Estamos, además, ansiosísimos por la guagua. Todavía está ahí. Todavía la tengo.

“Mi suegra me decía la otra vez que, a pesar de que una enfermedad vino a ‘fregarnos’ todo el panorama y que hace cinco años no había tratamiento para combatirla, nosotros con Cristián somos felices. Cuánta gente hay que lo tiene todo y aun así no es feliz. Hoy soy feliz por mis amigas, mi familia, por mi guagua, y principalmente por Cristián, aunque tenga una enfermedad. Soy una agradecida”.

–¿Qué te parece la respuesta que ha tenido tu marido frente a todo esto?

–Siempre he sentido una gran admiración por Cristián, pero hoy es aún mayor. Lo que más quiero en el mundo es poder estar sana con él. Lo amo y le agradezco un montón por todo. Si hasta me apaña en mi dieta anticáncer, me contiene, y nunca me ha tratado como enferma, porque sabe que no me quiero sentir así, aunque lo esté.

–¿Qué otros soportes has tenido aparte de tu marido?

–Siempre he sido muy independiente. Por distintas circunstancias de la vida, he tenido que arreglármelas sola. Cristián me calma y me aterriza, pero obviamente me he apoyado también en mi familia y en mis amigos más cercanos, sobre todo al principio, en que todo esto fue muy duro y yo estaba muy mal. Y le he rezado mucho a Dios.

–¿Siempre fuiste creyente?

–Sí. Creo mucho en Dios, la Virgen y los santos. Le pido a Dios que me ayude a confiar, porque soy una persona que le gusta tener todo bajo control. Nunca pienso que haya sido Dios el que me mandó esta enfermedad, pero sí siento que está en sus manos que ocurra un milagro, y que, de aquí a fin de año, yo no tenga ninguna de estas pelotitas en el cuerpo y que la guagua nazca sin problemas. Sé que, para que eso pase, tiene que ocurrir un milagro, y ya han ocurrido algunos pequeños, como que la guagua esté conmigo todavía, a pesar de todos los diagnósticos. En los próximos días vamos a saber cómo está y si es hombre o mujer.

Javiera Suárez

“HOY ESTOY MÁS PREPARADA PARA GANARLE AL CÁNCER”

–¿En qué fase de tu tratamiento estás ahora?

–Me están haciendo inmunoterapia, porque la quimioterapia convencional no mata a este tumor. Es una terapia bastante nueva, hace cinco años que existe, y ha tenido buenos resultados. La verdad es que no sé más y tampoco nos interesa, decidimos no saber de porcentajes de estudios ni resultados, queremos enfocarnos de manera positiva en ser parte de los casos de éxito sin importar las cifras que existan hoy. Partí hace un mes. Son distintas dosis y el tratamiento es largo, creo que hasta diciembre. Lo he recibido muy bien. Te ponen un catéter y pasan una dosis que robustece tu sistema inmuno, el que finalmente ataca a cada uno de los tumores.

–¿Este tratamiento afecta a la guagua?

–No hay muchos estudios de inmunoterapia y menos aún de mujeres embarazadas que se hayan realizado este tratamiento. Claramente, en algún minuto nos tuvimos que enfrentar a una situación muy difícil sobre qué hacer con la vida de la guagua. Decidimos privilegiar mi vida y seguir adelante con el tratamiento, sin embargo no interrumpiríamos el embarazo. Queremos que todo se desarrolle de manera natural. En Estados Unidos las mujeres embarazadas con melanoma abortan al tiro, no porque sean malas mujeres, sino porque también hay un riesgo para la guagua.

–¿Cómo va el desarrollo de la guagua?

–Bien. Nos hicimos una eco hace dos semanas y tenía diez semanas. Hasta ahora, pasó bien la primera dosis. Hablamos siempre con ella y yo solo le pido que resista y que se quede con nosotros.

–Y tú, ¿cómo te sientes?

–Bien, pero estoy más cansada obviamente. He cambiado mi alimentación. No he comido nada de azúcar, gluten ni lácteos… Más allá de recibir la dosis, he tratado de meditar, rezar y bajar un par en cambios.

–Tú estabas en un momento maravilloso de tu vida cuando reapareció el cáncer. ¿Te preguntas por qué ahora?

–No, pero quizás porque hoy estoy mucho más preparada para ganarle al cáncer que ayer. Hoy tengo una guagua adentro y tengo a Cristián, que es el árbol donde me puedo apoyar. Hoy estoy más blindada. Además, tengo la madurez necesaria para enfrentar esta enfermedad. Después de esto, seguramente voy a ser una mejor mujer y mamá. Y, ¿por qué a mí…?, ¿por qué no?

–¿Cuál dirías que ha sido el gran aprendizaje de esta dura experiencia?

–Que uno no tiene que dar los días de vida por seguro. No se trata de vivir el día como si fuera el último, sino que se trata de agradecerlo. Sin salud y sin los medios para costearlo, pucha que es difícil. Estos tratamientos son impagables, pero aparece gente que ayuda.

–¿Te han ayudado económicamente a costear el tratamiento?

–Estoy lejos de ser millonaria, y este tratamiento yo no lo puedo pagar, pero han aparecido personas en el camino que me ha ayudado.

–¿Y el apoyo del público?

–Eso ha sido impresionante. El otro día mi sicóloga me preguntaba si pensaba que era tan querida, y la verdad es que no. Ha llegado ayuda y cariño por todos lados, y eso da fuerza. Y agradezco por todos los rezos y las buenas energías de todos.

–¿Te han dado ganas de bajar los brazos en algún minuto?

–No. Desde que sé que tengo un cáncer generalizado, me he preocupado de la alimentación, meditación, apoyo sicológico… y Cristián se ha hecho cargo de todo lo médico. No me puedo permitir bajar los brazos, porque ¡lo que más quiero es vivir!

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