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martes, 12 junio 2007
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Jorge Schaulsohn: “Hoy es un deporte nacional culpar de todo a Lagos”

 

El abogado y ex dirigente del PPD dispara de nuevo. Para él, la Concertación tiene “fatiga de material” y sus líderes son incapaces de ver la realidad. Cree que Michelle Bachelet está en un limbo y que el silencioso regreso de antiguos operadores como Enrique Correa le va a provocar un daño al gobierno. Aquí defiende a Piñera y dice que feliz aceptaría ser su ministro, pero advierte que no duraría más de 10 minutos.

 A  los 53 años, Jorge Schaulsohn tiene la vida resuelta. Vive entre Santiago y Nueva York, mantiene oficina de abogado y trabaja en ambas ciudades; se deja tiempo para salir a pasear en su antiguo Mercedes-Benz y ahora está entusiasmado en levantar un nuevo movimiento político (Chile Primero) para romper con lo que él llama el “duopolio” político entre la Concertación y la Alianza por Chile.

Para llegar a eso, Schaulsohn ha recorrido un camino sinuoso. Fue uno de los fundadores del PPD y también de la Concertación. Presidió ese partido, fue diputado y uno de los personajes más emblemáticos de la Concertación durante años. Sufrió una derrota cuando quiso alcanzar la alcaldía de Santiago y luego en la competencia interna del PPD por la secretaría general. El año pasado fue expulsado del partido por haber declarado que en la Concertación se había instalado una cultura de la corrupción. Schaulsohn, un tipo obstinado, sigue ahora en la política, pero desde otra plataforma, la de Chile Primero. Junto a Fernando Flores, su socio en esta aventura, han recorrido varias regiones en las últimas semanas y asegura que ya tienen poco más de 10 mil adherentes. Schaulsohn sabe que es una apuesta riesgosa, pero considera que ahí está el desafío.

–Desde que se fue de la Concertación, se ha generado una sospecha sobre usted. Todos preguntan: ¿qué quiere Schaulsohn?
–No diría que me haya ido de la Concertación. Tengo una opinión crítica. Que es muy distinto. La Concertación está en una crisis muy profunda y a muchos nos ha dejado de representar. Hoy, el grado de tristeza y decepción que hay en el pueblo concertacionista es muy grande. De ese fenómeno, yo soy parte.

–¿En qué minuto la Concertación le empezó a parecer un lugar inhóspito?
–Es un proceso que se ha ido profundizando en el tiempo. No es un tema personal. Esta desafección es un fenómeno generalizado y la cúpula concertacionista no tiene ninguna conciencia de eso. Son como la orquesta del “Titanic”. El barco chocó con un iceberg y ellos siguen de frac tocando el violín.

–¿Qué le ha significado esta ruptura?
–Un desgarro muy grande -mal que mal soy fundador de la Concertación-, pero también una oportunidad. Por eso existe “Chile Primero”, para generar un cambio en este duopolio que existe hoy.

–¿Mantiene amigos en la Concertación?
–Sí, pero a la cúpula del PPD los he dejado casi a todos en el camino. Con el PS tengo muy buena relación, incluyendo a Camilo Escalona, por quien siento un gran aprecio.

–¿Y le cobran?
–No. Ellos saben que yo no pago (ríe).

–De todo lo que se ha dicho de usted, ¿qué le ha dolido más?
–A mí no me duele nada.

–No creo.
–Lo juro. Mi papá siempre decía que yo era operado de los nervios. Además, tengo claro que la política es sin llorar.

–¿Y no fue dolorosa la ruptura con Girardi? Fueron amigos por años…
–Eso sí lo siento como una pérdida. A Guido le tuve mucho cariño. Fuimos muy amigos y yo siempre tuve mucha esperanza en él.

–¿Era una relación de pares o más de padre a hijo?
–Creo que yo era más bien paternal. Creía que Guido iba a llegar muy lejos. Hablé con él muchas veces. Le decía que tenía que cambiar su estilo, porque talento le sobra.
–¿Muy impetuoso?
–Guido cree que todo es posible y que los actos no tienen consecuencias, pero sí tienen. Lo que le pasa ahora, me da pena.
–Se dice que Girardi fue casi su discípulo en el PPD y que sus críticas por ser operador eran injustas porque usted también lo fue…
–Nunca lo he negado. Todos hemos incurrido en estas conductas alguna vez. Esto es como la lógica de los alcohólicos anónimos: hay un momento en que uno tiene que dejar de tomar. A eso me refiero. No al hecho de que yo nunca me haya tomado un trago. Y hoy, con más distancia, aprecio con mayor nitidez la profundidad que tiene la corrupción al interior de los partidos.
–¿En qué lo nota?
–Estamos viajando mucho a regiones con “Chile Primero” y hemos optado por separar las reuniones que tenemos con la gente independiente y la que viene de los partidos. Esta experiencia me recuerda a cuando Moisés sacó a los judíos de Egipto. Cuando iban por el desierto, Moisés se dio cuenta de que la gente que llevaba estaba tan podrida y llegó a la conclusión que no podía llegar con ellos a Jerusalén. Se quedó 40 años dando vueltas, esperando que viniera una nueva generación. Moisés murió sin llegar a la tierra prometida.
–Perdón. No entiendo…
–Que de repente yo tengo esa sensación. Cuando uno se reúne con los que vienen del mundo de la política, te das cuenta de lo lateros, discursivos, quejosos y pedigüeños que son. Al final, uno sale apestado. Pero cuando te reúnes con gente que nunca ha militado, es otra cosa.
–¿Qué tan real es el proyecto de Chile Primero? Para ser una alternativa política real, se requiere adhesión de la gente, pero también un cierto respeto del establishment…
–Una de las cosas más excitantes que estamos haciendo, es ver el escepticismo que tiene el establishment con Chile Primero. Queremos romper con el estilo paternalista, con la servidumbre humana que generan los partidos cuando ejercen el poder. Desde ese punto de vista, ya tenemos una cierta barrera de entrada. Nuestro éxito dependerá de si logramos conectar con una sensibilidad importante que hay en la sociedad.
–Si finalmente Chile Primero enganchara con la gente, ¿quién va a ser el candidato presidencial: usted o Fernando Flores?
–Esa es la típica pregunta que me hacen. Lo único que puedo decir es que si a nosotros nos va bien, si despegamos, a mí me encantaría que nosotros estuviéramos presentes en la primera vuelta presidencial. El empoderamiento de Chile Primero en una primera vuelta sería la mejor esperanza de renovación con una mirada de centroizquierda.
–Si existe disociación entre los partidos políticos y la gente, ¿dónde ubica a Michelle Bachelet?
–Yo creo que ella está en un limbo. Está atrapada entre una roca y un lugar duro. Todo lo que ella representó ante los ojos de la gente, está en absoluta contradicción con el comportamiento de los partidos oficialistas.
–Y eso, ¿hacia dónde puede derivar?
–La entropía de la Concertación es prácticamente irremontable. Se irá agudizando a medida que se acerquen las definiciones en la lucha por el poder. Ya hay varios ejemplos. El Transantiago se ha transformado en un campo de batalla entre Soledad Alvear y Eduardo Frei. El tema del gas derivó en una pelea entre la DC y el PS, y entre Vivianne Blanlot y Jorge Rodríguez Grossi. El texto subyacente de eso, pero que nadie se atreve a decirlo, es que el culpable es Lagos.
–También usted ha culpado a Lagos. Dijo que el Transantiago fue un capricho...
–Creo que en el caso del Transantiago él tiene una gran responsabilidad, pero no es el culpable de todo. Lamentablemente, se ha transformado en un deporte nacional echarle la culpa a Lagos de todos los males. Yo sigo pensando que él fue un gran Presidente. Y cuando digo que fue caprichoso, debo admitir que yo también lo soy. Me identifico en ese rasgo de personalidad. A Lagos lo estimo y lo admiro, pero no es un hombre perfecto. Nadie lo es. Y yo no soy “yes man” de nadie.

El estilo de Correa

–Volviendo a este gobierno, ¿el problema es político o hay un deterioro en las confianzas?
–Esto tiene que ver con el agotamiento de un proyecto político que no ha tenido la capacidad de renovarse y que no sabe cómo dialogar internamente. Usa la represión. Yo fui víctima de eso. Me expulsaron por decir algo que todo el mundo sabe que es verdad. Por eso me entusiasma Chile Primero.
–Sin embargo, la clase política no cree que usted quiera reencantar la política, sino que considera que ésta es una estrategia para convertirse en un factor que pueda inclinar la balanza en la próxima elección…
–Bueno, esa forma de ver las cosas es un síntoma más del deterioro moral de los que piensan así. Lo que sí puede pasar, si hacemos las cosas bien, es que Chile Primero logre ser un factor que obligue a la cúpula concertacionista a entender que lo están haciendo mal y que se produzca una reinvención de la centroizquierda en Chile.
–¿Y la Concertación no tiene liderazgos para hacer ese giro?
–No. La Concertación no tiene ningún candidato presidencial lo suficientemente fuerte para encarnar ese cambio. Para eso, necesitaría un candidato extraordinario, y hoy no lo veo.
–¿Y Lagos? ¿Insulza?
–Ninguno. Insulza es un político muy tradicional, de la escuela de Lagos. Y los tiempos han cambiado mucho. El impacto sociológico del estilo de Bachelet ha sido enorme. Incluso, cuando aparece Lagos con todo su talento, su tono parece desfasado con la nueva realidad del país. Ese mismo factor le juega en contra a José Miguel.
–Los analistas creen que después de un liderazgo empático, femenino, la sociedad va a volver hacia liderazgos tradicionales…
–Eso es lo que le gusta al gran empresariado, a las 10 familias que manejan el país. Pero eso no es Chile. Pese a todas las críticas que hay, la gente tiene mucha más empatía con el liderazgo de Bachelet que con un estilo autoritario, gritón.
–¿Y qué estilo político da más certezas?
–Eso también ha cambiado. El talón de Aquiles de este gobierno no son las ideas, sino su nula capacidad de gestión. Al final, frente a las grandes crisis, la Concertación –en vez de aumentar su renovación– ha retrocedido y ha buscado la estabilidad en sus operadores políticos históricos.
–¿Por ejemplo?
–Enrique Correa, que ahora aparece como un gran “factotum”. El es un operador político de los años 80, con un estilo secreto, en las sombras. Una especie de política vaticana y maquiavélica. Eso aumenta la distancia entre la ciudadanía y el gobierno y deja en una posición aún más incómoda a la propia Bachelet. Aparece casi como que el gobierno entregó la oreja…

“No sería vocero”

–Usted ha entrado y salido de la política. ¿Ve un paralelismo con Piñera, a quien todos le piden optar entre la política y los negocios?
–Esas críticas son puro resentimiento, puro blablá, para descalificarlo a priori. La Concertación está llena de dirigentes que tienen conflictos de interés, en particular en el Transantiago. Hay gente que asesora a empresas de buses y, a la vez, al ministro de Transportes. No tengo nada contra eso, pero me rebelo contra los filisteos que hacen una cosa y dicen otra.
–Parece que le gusta Piñera…
–Le tengo simpatía. No ha robado, proviene de una familia de clase media y surgió por su esfuerzo y talento. Eso no significa que esté de acuerdo con sus ideas políticas.
–Si Piñera fuera electo y le pidiera que fuera ministro, ¿aceptaría?
–Un político antiguo decía que nunca hay que rechazar ni aceptar un cargo que no se te ha ofrecido.
–¿Está dejando la puerta abierta…?
–No. Sólo que no veo cuál es el sentido de hacer política ficción. Dicho eso, quiero ser claro: yo no sirvo para ministro.
–¿Por qué?
–Por mi estructura de personalidad.
–¿Muy indomable?
–…Sé que yo sería un muy buen ministro, pero duraría 10 minutos. Tengo poca habilidad para ser del montón; para salir hablando ante la prensa y decir banalidades que sé que no son verdad. Lo que más me costaría sería ser vocero de gobierno. Eso implica mentir la mitad del día y en esconderse la otra mitad. Por eso, sería un riesgo para cualquier Presidente…
–Entonces, ¿dónde se ve? ¿Qué quiere?
–Yo quiero que a Chile le vaya bien, que seamos un país desarrollado.
–Me refiero a qué quiere usted...
–¡Ah! Yo estoy feliz. Me entusiasma participar en el debate público y si mañana me cae un carguito, lo pensaría, pero no es mi preocupación.
–¿No hay un capricho dando vueltas por su cabeza?
–Mi cabeza está llena de caprichos. Toda mi vida ha sido un capricho. Soy muy voluntarioso.

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