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Miércoles, 26 Abril 2017
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Jorge Zabaleta, un rebelde con causa

"Siempre he tenido problemas con la autoridad", confiesa este díscolo actor que aún está cosechando el éxito de "Sres. Papis". Esa teleserie le gustó, porque le permitió sacar la rabia y la impotencia que le producen muchas cosas que andan mal en nuestro país.

Por: Bernardita Cruz / Fotos: Noli Provoste para Matanga Estudio / Producción de vestuario: Rosario Bascuñán / Maquillaje y pelo: Tere Irarrázabal para Nars / asistente de Foto: Ernesto avilés.

Mientras Jorge Zabaleta camina por las oficinas de “Radio Z” –uno de sus emprendimientos–, recibe varios llamados, mensajes de texto y mails. Quiere –y trata– de estar al tanto de todo, de estar presente, porque este medio, que creó hace dos años y que ahora será además un canal stream, es una gran apuesta de la que espera recibir buenos dividendos. “En cinco años más, Internet va a ser la que gobierne en las comunicaciones y yo quiero estar ahí”, dice y agrega: “además, estamos haciendo cambios y también quiero darle un sello más ecológico, apoyando iniciativas, mostrando lugares, documentales. Hay mucha gente que no conoce lo lindo que son algunas zonas que se ven afectadas por proyectos mineros, como por ejemplo lo que pasa con la mina Invierno, en Isla Riesco, donde se ha destruido mucha naturaleza. Porque en Chile la figura del empresario depredador es muy potente. ¿Y cuál es la diferencia entre ser archi-archi millonario y archimillonario? Menos mal que ya estamos viendo también a una generación de empresarios mucho más consciente que sí se preocupa del medio ambiente, aunque le signifique ganar menos”.

En una esquina de su oficina hay un televisor prendido, sintonizado en un canal de noticias. La de ese momento era la aparición de un nuevo pesonaje en la carrera presidencial. “¡Pero si ya van como cien!”, dice en tono irónico.
su sentido del humor es agudo y, entre broma y broma, siempre deja asomar alguna opinión. Quizás, eso fue uno de los ingredientes que lo hicieron sentirse tan cómodo en la última teleserie de Mega, “sres. Papis”, donde él era uno de los protagonistas. La historia en general estaba cargada de ironía, mucha risa y también harto drama e intensidad, llegando a poner en el tapete temas tan importantes como el abuso sexual infantil, el Sename, la inclusión, la adopción... hasta la colusión del papel higiénico. El éxito de la producción fue tan rotundo que terminaron llevándola a la tablas, aunque Jorge aclara: “Más que una obra, yo le doy la connotación de espectáculo, porque no es algo rígido. Acá la gente se va a encontrar con estos personajes que ya conoce, entonces es muy distinta la relación y, por lo mismo, no podemos dejar de tener una interacción con el público y durante la obra conversamos con ellos, les hacemos preguntas, ellos opinan, gritan, se manifiestan y nosotros les respondemos. Incluso, a la gente que llega tarde le decimos que vienen atrasados, paramos todo, y les hacemos un resumen (se ríe), ¡para que no se pierda nada! (vuelve a reír)”.

Otro factor que Jorge Zabaleta considera, al analizar el éxito de esa teleserie, son las historias de los tres papás protagonistas. En su caso, se trataba de Ignacio Moreno, un hombre extremadamente duro, pero con una necesidad de amor y aceptación enormes. “La gente se identificaba con él porque, en cierta medida, es un reflejo de lo que nos pasa a todos, de cómo la vida te va formando, de cómo te va moldeando. A él le tocó ser abandonado por su padre, no tener recursos económicos, sintiéndose muy discriminado por ser buen alumno y querer salir adelante. Porque en este país no importa si la diferencia es positiva o negativa, pero si eres distinto... es difícil. En un curso de tipos desordenados, el que quiere estudiar es víctima de bullying. En el ondo, Ignacio era un tipo tremendamente duro, pero también absolutamente frágil”, afirma.

–¿Qué tan duro eres?
–Yo creo que mi dureza pasa más por lo terrenal, por lo realista que puedo llegar a ser. A veces, creo poco en la magia y poco en la suerte. Eso me hace ser más duro. Creo más en el trabajo, en el sacrificio y en la constancia. Ese “ojalá que resulte”... ¡no va a resultar en la medida que no trabajes! (dice enérgico). Sé que hay una cuota de suerte en la vida, pero yo no puedo basarme en la posibilidad de que me gane el Kino.
“Y no hay que olvidar que hoy tenemos una cultura del valor del dinero súper potente. La gente se quiere hacer rica a costa de lo que sea: robando, estafando, cometiendo cualquier acto que los haga llegar a la cumbre rápidamente. Lo hemos visto en el caso de los militares, en el de los carabineros, en las empresas, en la política... en todas partes. La vida es una escalera. Tú no puedes tener una casa de 400 metros cuadrados de la noche a la mañana, primero tienes que haber tenido la de 20, la de 50, la de 80 y así. Y eso se logra a través de 30 o 40 años de trabajo. Esa mentalidad también ha afectado a este país, que parece ser muy exitoso, pero finalmente escarbas un poco y está lleno de mierda.

–¿Y qué te desarma?
–La pobreza, la enfermedad y la injusticia. La pobreza es inhumana. Que en nuestro país un niño se muera porque no tiene plata para un tratamiento médico, me descompone. Nuestra clase política está preocupada de mirarse el ombligo y no de mirar los problemas reales del país. Eso me da una rabia y una impotencia infinita. Nuestro sistema está viciado, ya está aceptado que los políticos se ocupen de cosas que no tienen que preocuparse y dejen de hacerlo con las cosas reales en Chile. Es una lata generalizar, porque obviamente hay algunos que sí tienen vocación.

–Y en tu ámbito más privado, ¿qué te puede desmoronar?
–Tengo súper pocas instancias de fragilidad. Yo creo que me podría desmoronar lo mismo que le pasa a todo el mundo: que un familiar se enferme, que un hijo esté en problemas, un sufrimiento grande en la familia. Para mí, el tema familiar es súper importante. Vengo de una familia súper cariñosa, amorosa, donde hay una imagen muy potente que es mi abuela, quien ha sido capaz de juntar siempre a la familia. Y la verdad es que esa sensación de haber crecido en una familia tan unida también te hace sentir frágil, con miedo a que a alguien le pase algo y que uno no lo pueda ayudar, a que se escape de tus manos.

–¿Crees que tu fama de alguna forma incida en qué tan duros o frágiles puedan ser tus hijos?
–Claro. A mí también me pasó.

–¿Cómo comparas tu fama con la que tenía tu papá (el cantante Antonio Zabaleta)?
–Antes había más misterio. Estaba la sensación de ser alguien inalcanzable. La gente se acercaba, llamaba a la casa, muy parecido a lo que pasa ahora...Y es muy fuerte, porque uno pasa a ser automáticamente el hijo “de”. Uno pierde toda su identidad, como que yo no tenía nombre. Hay una baja en la autoestima más o menos importante, y no es fácil manejar eso.

–¿Cómo lo asumías siendo niño y adolescente? ¿Te rebelabas?
–Era bastante rebelde. Lo soy hasta el día de hoy. Siempre me rebelaba contra todo. Tuve muchos problemas en el colegio, estuve en siete. Tenía temas con la autoridad. Tengo muy malos recuerdos de esa época, mis pesadillas son que vuelvo al colegio. Mis papás lo pasaron mal y yo también. El profesor era comúnmente un ser superior y no se le podía ni siquiera rebatir o decir nada. Hoy los niños son más pensantes y opinantes.

–Cuesta pensar que un rebelde haya tenido siempre una concepción de trabajo como la que tienes.
–La tuve siempre, porque mis papás fueron así. Mi papá siempre fue muy austero. Una vez le pregunté por qué no nos íbamos a vivir a otra parte, a una casa más grande, por qué no cambiaba el auto a uno más moderno, y él me contestó: “¿Te hace falta algo? Dime qué te falta”. Y me puse a pensar y en realidad no me faltaba nada, tenía de todo, una casa, una familia, comida... “Entonces, ¿para qué quieres vivir en otro lado? ¿Para que nos endeudemos y estemos pagando y pagando? Disfruta lo que tienes, huevón”, me dijo mi viejo y tenía toda la razón.

“Quiero que vuelen”

–¿En qué te pareces a tu papá?
–Ojalá me pareciera un poco más a él. Mi papá tiene una sabiduría que yo no tengo,una tranquilidad que no tengo, una forma de analizar las cosas de la que carezco. Por eso me junto mucho con él, porque necesito aprender a analizar con más calma las cosas que van pasando y también los cambios que van sufriendo los niños cuando pasan a la adolescencia, que es un cambio súper potente. Quieren salir, se creen superhéroes, indestructibles. Además, no te pescan y ahí hay que pensar en cómo lo suelto, pero sin que la cague. Yo amo a mis hijos, pero para mí es fundamental que ellos vuelen. Quiero que aprovechen su juventud, que salgan, que viajen, que estudien, que se enamoren muchas veces, que disfruten de la vida, de la sexualidad, pero de una manera responsable.

–Tienes tres hijos y una sola es niñita. ¿Piensas lo mismo para ella? Por lo general, el tema del sexo es difícil de aceptar para muchos papás.
–Yo creo que ella tiene que aprender a disfrutar su propia sexualidad y descubrirla y hay que darle las herramientas para eso. No es que yo le vaya a decir “anda, disfruta de tu sexualidad” (lo dice en tono irónico), yo quiero que lo haga, pero respetándose. Entonces, lo que yo siempre le habló a mi hija es el respeto que tiene que tener con ella misma. Después ella verá qué hace. O sea, es mi princesa, pero quiero que llegue a ser una mujer plena y feliz. Me moriría si fuera como muchas mujeres de mi gene- ración que aprendieron a disfrutar de su sexualidad y de su cuerpo a los 40 años. Yo no quiero castrar a mis hijos, por lo mismo, no los tengo en colegios católicos. Yo con mi hija hablo y le digo que su cuerpo es absolutamente sagrado y que nunca tiene que sentirse agredida. Porque es muy difícil ser mujer en esta sociedad que agrede a las mujeres en todas partes, en la calle, en el metro, en la micro, en la pega. Entonces siento que hoy está la necesidad de criar hijas más fuertes, que sean capaces de reconocer estas agresiones y también que sean capaces de defenderse. De alguna manera sí me puedo poner en el lugar de una mujer, en términos de invasión.

–¿Por qué?
–Porque uno siente invadido su metro cuadrado. Como una persona pública, que está expuesta a los medios, uno siente esa transgresión de repente por parte de algunas personas que se meten en tu espacio más íntimo y, en ese sentido, yo creo que soy capaz de ponerme en el pellejo de lo que puede llegar a sentir una mujer. Es algo muy agresivo. Hay veces en que la gente se acerca con respeto, y yo no tengo ningún problema. Pero hay muchas veces que no. Entonces, también puedo sentir el acoso, que te digan cosas que te ofendan en algún lugar público. Me ha pasado. Tampoco ha sido algo tan grave, pero es fuerte que se cruce ese límite.

–Más agresivo debe ser cuando se expone a tu familia... Por ejemplo, cuando vivías en Miami y se mostraban imágenes de tu mujer y tus hijos en distintos lugares.
–Yo nunca he expuesto a mi familia públicamente, pero quienes hacen eso... es su pega nomás. Todos tienen que comer y algunos tienen trabajos más dignos que otros. Pero bueno, ¿qué vas a hacer? No voy a sacar a los niños como lo hacía Michael Jackson, tapándoles la cabeza con un capuchón.

–Y en tu casa, ¿existe esa comprensión? ¿Qué dice tu señora?
–Obviamente que a ella no le gusta, le molesta, pero entiende que esto es así, que puedo hacer lo posible por protegerlos, pero que va a llegar un punto en que no lo voy a poder hacer. Y lo acepta. Tampoco ha sido algo grave, estoy lejos de los rumores. Mi vida es más fome de lo que la gente cree. Me entretengo con cosas mucho más simples.
Por ejemplo, mi fin de semana ideal es en el campo. Me voy con los niños, lo paso muy bien. Me gusta que se entretengan con lo natural. Allá lo único que hay para hacer es recorrer o limpiar la caca del gallinero, nada más (se ríe)”.

Jorge Zabaleta cuenta que uno de sus animales favoritos en el campo es una vaca. Advierte, que no es cualquiera, sino una que tiene un don con las cámaras. “A ella le gusta sacarse selfies”, dice muy seguro. Y, como era de esperarse, la incredulidad se sintió en ese mismo segundo, entonces el actor sacó su teléfono celular y mostró una secuencia tomada en el campo. En la primera imagen aparece él y a lo lejos la vaca. En la segunda, la vaca se acerca más a la cámara. En la tercera, ya está al lado del actor. En la última, la vaca posa... así es, mira fijamente a la cámara y posa. El “te lo dije” fue inevitable y cuenta que tiene que andar con las fotos, porque nadie le cree. “Además, la vaca nos sigue para todas partes”, agrega. “Si salimos caminar, ella nos sigue. Es una vaca que no se cree vaca, sino humano. Quizás es porque la criamos con mamadera (carcajadas)”.

“Ganamos”
–Volviendo a tu vida privada y la exposición, ¿hasta dónde transas?
–¡Nada! O sea, puedo contar de mi experiencia como papá, pero de mis hijos nada. Tampoco siento que sea un aporte para ellos.

–Se sabe que te preocupaste de contraer el Acuerdo Unión Civil con la máxima reserva...
–Sí, no necesitábamos a nadie más. Y contrajimos el AUC porque para nosotros era la mejor alternativa, aunque obviamente sé que hay muchos chilenos, sobre todo en la comunidad homosexual, que legítimamente esperan que la figura del matrimonio sea igual para todos. Pero en nuestro caso, y después de 23 años juntos, no queríamos nada más. Porque básicamente lo hicimos para dejar a mi mujer protegida en caso de que me pasara algo.

–¿Nunca te interesó casarte?
–No. Yo creo que es parte de esta rebeldía. Me cargan los matrimonios (dice con un tono enfático). Cuántas veces los novios dicen “¿quién es ese señor que está allá?”, porque finalmente esos invitados son compromisos de los padres. Esos ritos son una lata. Yo me casé con mi círculo cercano, que a lo más fueron 40 personas. Y no es necesario que sean más tampoco, si al final vas a pelear igual, te van a poner el gorro igual o te puedes separar igual. O sea, todos sabemos que eso de “hasta que la muerte nos separe” es mentira que se dé siempre. Porque depende del trabajo que uno le ponga a la relación, de lo tolerante que podamos ser, de qué tan dispuestos estamos a ceder en muchos temas.

–¿Cómo fue ese día para tus hijos? Pocos niños tienen la oportunidad de ver a sus papás casarse.
–Para ellos fue súper lindo. Venía mi mujer con todos los niños de la mano. ¡Mira qué importante que tus hijos vayan a tu matrimonio! Además, siento que les ganamos a todos esos pronósticos que hacían algunas personas, o la típica vieja copuchenta, para quienes el destino era que nosotros fracasáramos, solo por el hecho de no casarnos, de ser unos rebeldes, por “vivir en el pecado”... Pero bueno, finalmente fue una súper linda ceremonia, en nuestro jardín, en nuestra casa, con nuestros hijos y nuestros seres más queridos. Fue como mirar lo que pasaba y decir: “Sí, lo hicimos bien. No me fui al infierno. O sea, hice todo al revés y no me pasó nada. ¡Ganamos!”.

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