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viernes, 6 julio 2018
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José Miguel Vivanco: "Trump violó los derechos humanos"

El director de la División de las Américas de Human Rights Watch y crítico acérrimo de lo que ocurre en distintas partes de América, como Venezuela, analiza aquí los verdaderos alcances de la política migratoria de Estados Unidos y aclara que la situación de los niños separados de sus padres en la frontera de ese país está lejos de terminar.

Por: Bernardita Cruz / Fotos: Getty Images

Las imágenes impactaron al mundo. Niños en jaulas, en deficientes condiciones para vivir, separados de sus padres que fueron atrapados ingresando ilegalmente a Estados Unidos. El repudio vino de diferentes partes y sindicaba al Presidente de la primera potencial mundial como el gran responsable de haber llevado hasta ese límite su política migratoria. Días después de haberse conocido el escándalo, fue el mismo Donald Trump quien firmó un decreto que, según declaró, cambiaría las reglas del juego para evitar las separaciones de hijos de sus padres.
El anuncio también trajo polémicas, sobre todo entre expertos en el tema, quienes aseguran que esta medida está lejos de ser el punto final al conflicto migratorio. Uno de ellos es el chileno José Miguel Vivanco, director de la División de las Américas de Human Rights Watch, quien no duda en comentar el recelo que le causa el decreto. “Me pareció que era algo típicamente de él, de su gobierno, donde después de una campaña de sistemáticas mentiras, distorsiones y tergiversaciones, y solo porque se encuentra acorralado y no tiene otra opción, decide desactivar una crisis fabricada por él… pero desactivarlo a su manera y eso usualmente es sobre la base de desinformación y manipulación de la opinión pública”, señaló.
–¿Soluciona en algo la situación el decreto firmado por Donald Trump?
–No. Lo digo porque muchos pensaron que con esto se terminaba el problema y no es así. Primero porque no está claro lo que pasará con el drama de los casi dos mil 500 niños –y pueden ser más– entre los que se encuentran pequeños que no han aprendido a caminar, que no hablan, en pañales, otros que incluso estaban siendo amamantados cuando fueron por la fuerza separados de sus madres. Eso no forma parte del decreto de Trump. Los padres siguen en prisiones federales y tampoco ha habido el menor esfuerzo por contarles lo que está pasando, por informarles. Ellos están en una situación de total aislamiento.
–Ser trasladado a una prisión federal es porque hay un delito de por medio, ¿está realmente tipificado así el ingreso ilegal a Estados Unidos?
–No, es una falta y la tolerancia cero en este ámbito, cambia radicalmente las reglas del juego. Esto es porque, a partir de ahora, para el fiscal general del país y que es miembro del gabinete nombrado por el propio Trump, y con el propósito de disuadir el flujo de inmigrantes indocumentados, decidieron recalificar esa infracción ya no como una falta, sino como un delito federal, al ser así esas personas deben estar recluidas en instalaciones carcelarias federales y en esos sitios no puede haber niños, entonces los separan y el decreto firmado no incide para nada en la situación jurídica ni el drama humanitario de esos padres y de sus hijos.
–¿Qué dice la ley al respecto? ¿Trump tiene las facultades legales para cambiar la tipificación de falta a delito?
–Las leyes son las mismas, lo que ha cambiado es la política migratoria donde el Presidente sí tiene facultades para diseñarla como quiera. Eso sí, todo esto puede ser objeto de litigios, pero lleva años. Son nuevas reglas del juego.
–¿Qué implican estas nuevas reglas?
–El decreto modifica hacia el futuro. En el fondo apuntan a que los niños ya no podrán ser separados, sino que deben ser mantenidos con sus padres en un mismo sitio de detención y no en una prisión federal. Pero ahí nos topamos con otro problema y es que la jurisprudencia federal americana establece que como esos niños obviamente no han cometido delito alguno, no tienen responsabilidad penal ni tampoco de tipo administrativa y, por lo tanto, no se les puede privar de libertad, salvo en una situación excepcional donde se les da un plazo máximo y no negociable de 20 días para estar ahí.
–¿Cuál es la probabilidad para un inmigrante sin papeles poder regularizar su situación en 20 días?
–Ninguna.
–¿Entonces qué pasará con ellos el “día 21”?
–Esa es la gran pregunta. Trump tiene dos opciones. Una es litigar eso y ver si las cortes van a extender el plazo establecido. Entonces si a los niños no los pueden tener más de 20 días en un sitio de detención, van a tener que liberarlos, pero no a los padres. Entonces lo que él va a sostener es que ya no es el responsable de la separaciones familiares, sino que son los jueces y los demócratas los que están generando esta situación. Esa es su estrategia.
–Volviendo a los dos mil 500 niños que fueron separados de sus familias, ¿en qué situación están?
–Se sabe poco, hay una mínima transparencia de lo que está ocurriendo. Lo que sí es que ya no sabemos cuántos niños siguen en la frontera porque están distribuyéndolos en el país a otro tipo de recintos para luego transitar al sistema Foster Care. Este es el mecanismo que se utiliza en Estados Unidos para acoger a niños huérfanos o abandonados a los que se les reubica en familias norteamericanas. El gobierno les entrega un cheque mensual a esas familias y con ese dinero deben cubrirse las necesidades del niño como la alimentación, vestuario, protección, educación o salud.
–¿Y es un sistema que funciona realmente?
–Funciona muy mal. Hay muchas críticas que hablan de los escándalos en esta práctica del Foster Care porque se comprueba que los niños no reciben alimentación adecuada, tampoco atención médica y también denuncias de abusos.
–¿Se podría llegar a una especie de adopciones ilegales? Existiendo dinero de por medio…
–No lo sé. Podría ocurrir. Todo depende de si se ha mantenido un registro preciso de los niños.
–¿Qué tan factible es que esos dos mil 500 niños hayan sido ingresados con todos sus datos de identificación, huellas, sabiendo quiénes son sus padres o dónde están, por ejemplo?
–No se sabe.
–¿Esto es lo más grave que ha ocurrido en el gobierno de Donald Trump?
–Creo que hasta ahora, sí. Esto va en contra de valores fundamentales. El violó derechos humanos, abiertamente desde el minuto en que rompe con el principio de unificación familiar, algo velado por la leyes norteamericanas y a nivel internacional, que incluso opera en circunstancias extremas como conflictos armados y catástrofes naturales.
–¿Podría recibir algún tipo de sanción concreta, incluso internacional, más allá del repudio público?
–No. Desde el punto de vista jurídico, el principio que rige es que él es un soberano que puede imponer reglas que son violadoras de derechos fundamentales. Sí puede ser objeto de todo tipo de censuras, de reproches e informes críticos y negativos por parte de organismos especializados. En el fondo hay una paradoja porque el repudio internacional tiene un impacto limitado en los Estados Unidos porque la base electoral, que es lo que a él le importa, es nacionalista y racista, entonces los repudios de esa naturaleza hasta pueden generar más fervor en apoyo al caudillo, al populista.
–¿Qué hay detrás de esta decisión? ¿Una presión política, por ejemplo, para construir su prometido muro en la frontera con México?
–Hay un proyecto político que está fundado en el nacionalismo, en el racismo, en la fiebre de poder y de mantenerse en él por parte de un líder populista, sin escrúpulos, sin principios ni valores, a quien lo mueve su afán de figuración y que, además, es narcisista. Un componente esencial de su plan de gobierno –que hasta ahora le ha generado gran éxito lamentablemente– es vender la narrativa de que Estados Unidos está siendo invadido e incluso “infectado” por la escoria de América Latina, fundamentalmente mexicanos y centroamericanos, que entran al país y que se unen a las mafias y pandillas de delincuentes, que son gente peligrosa y, al mismo tiempo, que quitan trabajo. Precisamente uno de los elementos centrales de su promesa electoral es concretar el proyecto del muro que tiene para él un valor muy importante porque permite dejar una prueba evidente de que cumplió.
–¿Está más cerca de cumplir esa promesa?
–Lo dudo porque para eso requiere aprobaciones por billones de dólares y, además, los expertos aseguran que es una pérdida de dinero porque si la idea es prevenir la entrada de inmigrantes ilegales, muchos de ellos no llegan por tierra, incluso algunos lo hacen en avión. Para lograrlo requiere el voto de republicanos moderados y de los demócratas, y creo que ha perdido tanta credibilidad por su manera de gobernar, fundada en la propaganda y la mentira, que es muy difícil tomar cualquiera de sus propuestas de buena fe. Siempre son extorsivas. //revistacosas

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