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Jueves, 9 Febrero 2017
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Juan Carlos Cruz Chellew: "Muchos de los obispos deberían estar tras las rejas"

En unos meses más, lanzará un libro junto a James Hamilton y José Andrés Murillo, donde denuncian maquinaciones de obispos y cardenales chilenos, y de la actitud del Vaticano tras explotar el caso Karadima, hace seis años. Un tiempo, en el que ha aprendido a seguir luchando, pese a las cortapisas y decepciones del camino. Hoy, el sentido que da a su vida es ayudar a los demás.

por: Francisca olivares / Fotos: bárbara san Martín

Como gerente de comunicaciones de una de las 70 compañías más grandes del mundo, la vida del periodista Juan Carlos Cruz va de avión en avión y por las más diversas ciudades, asistiendo a reuniones de los 130 países que tiene a cargo. A eso se suma que siempre está apoyando a quienes sufren de abuso sexual– razón por la que el año pasado recibió en Estados Unidos la Ellis Island Medal of Honor– y a los que necesiten de él en cualquier hora y lugar. Así, sin buscarlo, eso le da una gran razón para levantarse cada día y seguir caminando por esta vida donde se hizo conocido no por algo agradable, como tan sinceramente comenta, sino por haber sido víctima del ex párroco de la Iglesia El Bosque, Fernando Karadima, al igual que James Hamilton y José Andrés Murillo. Ahora, estas tres historias que estallaron y remecieron a nuestro país –y más allá–en el año 2010, se han vuelto a unir para dar a conocer –a través de un nuevo libro de la editorial Penguin Random House– el oscuro entramado con que se encontraron tras hacer sus denuncias, incluyendo las maquinaciones de muchos obispos–para él uno es Cristián Contreras Villarroel, a quien considera como“doble espía”, ya que en un momento se acercó a él solo para obtener información–, la actitud del Papa y de los cardenales chilenos. De hecho, Juan Carlos dice que lo experimentó en varias ocasiones, siendo una de las más impactantes cuando se hizo público que el cardenal Errázuriz–un hombre “muy astuto para la politiquería”, según dice– y el cardenal y arzobispo de Santiago Ricardo Ezzati lo ubicaban en unos e-mails dentro de un contexto de serpientes, salteadores y lobos, asegurando que falsearía la verdad ante cualquier testimonio. Posterior a ese intercambio, Juan Carlos cuenta que el Papa lo bajó de la Comisión Pontificia de la Protección a Menores donde estaba muy bien considerado. Eso fue a principios de 2016, en Roma, cuando casi ipso facto vio cómo también expulsaban a otro de sus integrantes, el abogado británico Peter Saunders. Fue en ese momento cuando se sintió como si fuera parte de “El Código Da Vinci”, con lo más insospechado de las redes de influencia que se mueven por el Vaticano.

El libro todavía no tiene nombre, pero Juan Carlos–que en 2014 publicó“El fin de la inocencia: Mi testimonio”–adelanta que se trata de lo que se sabe y lo que no se sabe de lo que pasó post Karadima. “Gente como los obispos de El Bosque, los cardenales y muchos obispos chilenos deberían estar tiritando”, sostiene. Es aquí donde sale el tema de Osorno con el cuestionado obispo Juan Barros Madrid (del más íntimo círculo del ex párroco de El Bosque) y la“Organización de laicos y laicas de Osorno”, que busca la salida de Barros por encubrimiento y complicidad con los abusos sexuales de Karadima. A este grupo Juan Carlos lo apoya lo más que puede y en el pasado noviembre estuvo para la manifestación que se hizo mientras se realizaba la Conferencia Episcopal en Punta de Tralca. Lamentablemente, como ya le ha pasado cuando vuelve a Filadelfia–donde vive y pudo votar en las pasadas elecciones presidenciales de Estados Unidos porque es ciudadano desde 2013– es que en esa ocasión lo hizo con una sensación amarga.“De los obispos del círculo de Karadima, (Andrés) Arteaga me da pena, porque está muy enfermo y vive en El Bosque, pero en la Conferencia sí estaba (Tomislav) Koljatic y (Horacio) Valenzuela, que por supuesto como cobardes que son se escondieron, pero el que se fue la noche anterior, cuando supo que íbamos a protestar, fue Juan Barros. Por una fuente mía supe que algunos obispos le dijeron que se quedara, que había que enfrentar esto, pero él se fue en contra y se escapó la noche anterior. Eso cayó muy mal entre los obispos”. En todo caso, rescata con emoción que el único que conversó con el grupo fue monseñor Alejandro Goic, acompañado de los obispos Celestino Aós y René Rebolledo. De ese gesto, dice que pese a que tiene una pésima impresión de los obispos y cardenales chilenos porque “la mayoría de ellos tiene historias de abusos o encubrimiento”, ante monseñor Goic se saca el sombrero. “Es un obispo que personalmente ha tratado de ir a contarle al Papa las cosas que pasan en Chile y lo de Osorno, pero el Papa no lo ha querido oír”. agrega. Y es que, según Cruz, el Papa Francisco es un hombre tozudo, que no es capaz de reconocer que cometió un error al nombrar a Barros como obispo de Osorno y que la carta que recientemente mandó pidiendo tolerancia cero para los obispos que encubren a sacerdotes que han abusado, es algo hipócrita y más bien lanza palabras al viento. “Cuando salió Papa”, recuerda, “yo estaba viendo la televisión, probablemente como todo el mundo, y pensé ‘qué maravilla, al fin alguien que nos va a entender, es un sudamericano...’. Pero cuando lo fui viendo actuar, que en vez de castigar a los que tenía que castigar, a algunos los iba premiando, como pasó con (Francisco Javier) Errázuriz, que para mí es un criminal y a quien nombró dentro de los ocho cardenales que lo aconsejan, eso me impactó”. 

“Se puede salir adelante y ser feliz”

Al retomar el tema del libro que está escribiendo junto a Hamilton y Murillo, es imposible no mencionar la película “El bosque de Karadima”. De ella, Juan Carlos considera que aunque muchas cosas son ciertas –como la forma de ser del mencionado sacerdote–, tiene muchas fantasías.“Sobre todo en el personaje central, de Benjamín Vicuña, que hace parecer como que a Jimmy le pasó todo eso. A mí me provocó mucho dolor que se le achacaran todas esas cosas que nos pasaron a los tres. Según el director (Matías Lira) éramos todos en una persona, pero claramente se identificaba más a Jimmy”. Es por esto que a Juan Carlos le habría gustado que se hubiera mostrado a tres hombres que eran unos niños en esa época y que, pese a todo lo que vivieron, desenmascararon un poder intocable y que hoy están ciertos que han ganado con la verdad demostrando que “muchos obispos son unos delincuentes, criminales, unos encubridores y que hay curas que abusan”.

–¿Cómo ha sido tu proceso de reconstrucción tras haber dado a conocer hace seis años el abuso que viviste de parte del sacerdote Fernando Karadima?

–Hay días en que no me quiero levantar, pero lo hago igual. Desgraciadamente el abuso sexual es así. Cuando mi sicólogo me dijo que tengo estrés post traumático, le contesté que cómo, si eso le da a los pobres soldados que van a Irak o Afganistán, y me dijo que no hay que ir a la guerra para tener eso. Al principio estuve un año con depresión, tomé remedios, salí adelante y he aprendido a seguir luchando. Lo que me ha impactado mucho es darle un sentido a todo esto, poder ayudar a gente y ayudarme a mí. Espero que mi ejemplo, el de Jimmy, Jose y el de otros, sirva para ver que se puede salir adelante y ser feliz, a pesar de tener días malos. Hay días en que puedo estar contando esto mismo y se me caen las lágrimas, y otros en que lo puedo contar de forma más robusta. Una vez Jimmy hizo una analogía, con lo que quedé muy impactado, analizando que nosotros tres hemos sido unos alquimistas al transformar algo horroroso en oro. En un momento de mi vida, pensé que yo era lo peor de lo peor. Ahora, sé que no soy perfecto y he dañado a otros, y me arrepiento, pero no entendería mi vida sin toda la gente que me llama para pedirme ayuda.

–¿Hay alguna página que se haya dado vuelta completamente?

–Lo que hicimos Jose, Jimmy y yo, fue un antes y un después. Creo que empezamos a escribir otra historia en Chile y que se extendió no solo a que la Iglesia estaba acostumbrada a ponernos la pata encima en esto y otras cosas y ya no lo hace, sino que a otras instancias sociales del país, como más transparencia, menos hegemonía en los poderes. Pero, creo que desenmascarar a los curas abusadores y después a la jerarquía corrupta y delincuente fue un cambio de página, un abrir de ojos para todo un país. Las cosas ya no son iguales a como eran hace seis años.

–Muchos consideran que tú, Hamilton y Murillo son unos valientes. ¿Qué sientes cuando alguien te lo dice o lo lees?

–Se me hace un nudo en la garganta, y no lo digo por una falsa modestia. Nunca pensé que yo podría hacer algo así, después de lo que me ha pasado y como soy de personalidad, pero por otro lado me hace sentir tremendamente feliz ayudar a la gente que ha sido abusada por curas o quien sea y ayudar a desenmascarar a estos hipócritas (de la Iglesia), porque yo no estoy corriendo para santo, pero ellos sí. Yo de santo no tengo nada, pero que ellos me vengan a condenar por todo, ¡no!, y adentro tienen la podredumbre más grande, los “sepulcros blanqueados”, como dice el Evangelio.

–¿de dónde sacas fuerza para levantarte y seguir? ¿te consideras un resiliente?

–Primero, de mi familia, de todos mis sobrinos. También de la gente que me apoya, me quiere, me anima. Estuve en los 80 años del Saint George y no solamente mis compañeros y compañeras, que me quieren, y yo a ellos por supuesto, sino que personas de otras generaciones, que no me conocían, me decían “cómo te agradezco lo que has hecho, eres un orgullo para nuestro colegio”. Eso me ha hecho ser más valiente y más resiliente. Soy una persona que quedó tremendamente vulnerada no solo por el abuso, sino que por la parte sicológica, por las bofetadas que hemos recibido de quienes te tienen que apoyar, hasta del mismo Papa. Entonces, ¿de dónde saco la fuerza? Creo que de la gente que uno puede ayudar, que confía en uno, pero también de los amigos, de nuestro abogado Juan Pablo Hermosilla y su equipo, de mi trabajo, porque mi jefe, el presidente de la compañía, se preocupa de cómo estoy, y no me pone ningún problema porque entiende que esta es una causa justa. No desatiendo lo que tengo que hacer, porque me esfuerzo, porque mantengo mis dos vidas y trato de mantenerlas equilibradas.

Como es usual, Juan Carlos estuvo recientemente en Chile para las fiestas de fin de año, un tiempo que lo pasa con su familia y amigos. Un momento en que muchos hacen evaluaciones y en su caso afirma que 2016 fue un año que para él valió la pena vivir, sobre todo porque está seguro que por lo menos más de una persona pudo liberarse de la miseria de haber tenido una historia de abuso guardada. Eso sí, de su situación, asume que todavía le cuesta perdonarse haberse dejado abusar por Karadima.

“A veces lloro porque, pese a todo, tengo este peso que es muy difícil quitarme. No sé... También quiero decir a la gente que aunque se diga ‘hasta cuándo siguen con esta lucha’, es importante que esto esté en la palestra, porque hay mucha gente que sufre y pide ayuda, o que no se atreve o no puede hablar. Y eso es lo que quieren los obispos, que uno se aburra, se suicide o se muera. ¡Eso no puede ser! Entonces, el trabajo que están haciendo Jimmy y la Vinka Jackson, con el Poder Judicial y parlamentarios, para que los crímenes de abuso sexual no prescriban, es una maravilla. Lo que hace Jose (Murillo) con la Fundación para la Confianza es algo bueno. Cada uno aporta con lo que puede”.

–En la primera entrevista que diste a “Cosas”, en 2010, dijiste que ni Karadima ni su entorno te quitarían tu amor a Dios. ¿Lo mantienes?

–Se me ha reafirmado mucho, mucho más. Viendo gente como cuando voy a Osorno, siento que se renueva mi fe, porque veo que su vida gira en torno a su parroquia y que, a pesar de las dificultades que están viviendo, siguen participando. Te prometo que veo que ahí hay algo. Hay tanto cura bueno que tiene que pagar por la actuación de unos miserables y una jerarquía malvada. Para otros será algo diferente, para Jimmy y Jose es distinto. Para mí, mi amor al Señor y a María es una parte fundamental de mi vida y no me lo van a quitar, por mucho que digan: “Oye, cómo se te ocurre tratar a los obispos de criminales”. Bueno, ¡es que muchos lo son! Yo no digo más que la verdad. Tampoco me considero ningún santo, no soy referente moral de nadie, pero por lo que he visto y lo que sé, la mayoría de los obispos debería estar tras las rejas y no saltando y acusándonos cada vez que los gays hablan o alguien se divorcia o cuando en un país laico se piensa cualquier cosa que va contra lo que ellos dicen y te echan las penas del infierno, mientras que ellos se encubren todo y deberían estar hasta presos.

–Ahora que el cardenal Ezzati presentó su renuncia como arzobispo de Santiago, ya que cumplió 75 años el pasado 7 de enero, ¿cómo calificas su legado?

–Para los cardenales y obispos es muy importante, porque se quieren llenar de gloria o quieren dejar algo importante, que se note que han hecho algo. Sin embargo, Ezzati sigue el mismo legado de Errázuriz, lleno de decepción y por el que serán recordados como encubridores y mentirosos. Otra cosa es la abrupta caída que se ha registrado en la confianza de los chilenos en la Iglesia en los últimos 10 años. Hoy solo un 17 por ciento, aproximadamente, confía en ella.

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