17

nuevos articulos

viernes, 22 julio 2016
Publicado por

JULIA VIAL, POLITO Y JULITA

ES DUEÑA DE UNA SONRISA QUE NO DESAPARECE, A NO SER QUE ALGUIEN DISCRIMINE –CON O SIN INTENCIÓN– A PERSONAS CON CAPACIDADES DIFERENTES. EN ESE CASO, ELLA SE INDIGNA. AQUÍ CUENTA CÓMO HA SIDO SU MATERNIDAD.

Por: Bernardita Cruz / Fotografía: Juan Queirolo Para @Elestudio.Cl / Producción de moda: Catalina Sepúlveda / Maquillaje y pelo: Yani Urbina / Asistente de fotografía: Daniela Beltrán

Julia corre. Así se podría describir su día a día como mujer trabajadora y también como mamá de dos niños: Julia, de 6 años, y Polito, como le dice ella a su hijo 6 meses que se llama igual que su marido, el periodista Leopoldo Muñoz. “No hubo mucho por dónde elegir”, dice riendo.

El día de esta entrevista, además de correr, Julia tuvo que hacer malabares. Muy temprano estuvo animando el matinal de La Red “Hola, Chile”, donde comparte set con Eduardo de la Iglesia. Más tarde, tuvo la sesión de fotos con “Cosas”, junto a sus hijos, así que primero los tuvo que pasar a buscar para trasladarlos al otro lado de Santiago. Como si fuera poco, en esos días, además, se estaba cambiando de casa.

Pero Julia está acostumbrada, porque más allá de mudanzas y traslados varios, de verdad corre todo el día. La principal razón: sus hijos. Julia tiene Síndrome de Down, por lo que necesita atención permanente. Y también Polito, “que es un guatón exquisito y come como loco, incluso la comida de su hermana”, cuenta entre risas, mientras muestra a su guagua en las fotos de su celular. Primero, una imagen de cara, donde a simple vista se ve que tiene los mismos ojos de la animadora. Luego, como para dejar constancia del sobrepeso del que habla, busca una imagen donde se le ven las piernas. “¡Es que mira sus rollos!”, señala con ternura.

“Es un gordo exquisito, grande, vivo, entretenido. Es una guagua súper chistosa. Desde que nació, ha sido un niñito muy alegre. No es como las típicas guaguas, quizás así son las nuevas generaciones, pero este guatón no duerme nada. Está todo el día atento, mirando, aprendiendo, riendo”.

Julia Vial, Polito y Julita

–¿Cómo fue tener una guagua un 24 de diciembre?

–Fue justo lo que me pidió el ginecólogo que no pasara (se ríe). Ese día me había llamado como a las 3 de la tarde y me dijo: “Julia, por favor, no hagas nada. Quédate tranquila. La matrona está en Viña, el equipo anda repartido, así que hoy día sí que no.

“Pasaron unas horas y se me rompió la bolsa. Eran las 7:30 de la tarde. Partimos rápidamente a la clínica. Mi matrona estaba en la misa del gallo, así que no me contestó. Llamé a mi ginecólogo y me dijo que sus hijas me mandaban ‘muchos saludos’ (vuelve a reírse). Nació a las 10:27 de la noche… Polito quiso nacer el 24”.

–¿Cómo fue para tu marido y tu hija? Es una fecha súper especial.

–Un regalo. Lo que pasa es que Polito fue una guagua tan esperada, tan ansiada, que no podría haber nacido otro día. Fue el mejor regalo de Navidad para todos.

“La lata, eso sí, fue para la Juli, porque fue su primera Navidad que esperó despierta. Menos mal que estaba todo listo por si llegaba a pasar lo que pasó. Era para que viera que había venido el Viejo Pascuero. Estaban mis suegros, mi hermana, había un equipo de contención importante”.

–Dices que tu hijo fue una guagua muy esperada …

–¡Uf! Fue un camino largo, duro, emocionalmente, económicamente, sentimentalmente, corporalmente. Y fueron varios tratamientos. Además, lamentablemente las Isapres y Fonasa no te ayudan con esto, así que no te lo puedes hacer tan seguido. Los in vitro son sumamente caros y, si no resulta, tienes que asumir el costo, también el costo emocional… y volver a intentarlo.

–¿Cómo lo manejaron emocionalmente?

–Tratábamos de mantener la calma. Lo intentamos muchas veces. Yo quedé esperando guagua entre medio, eran dos pero quedó solo uno, y de inmediato el doctor nos dijo que venía mal, por los latidos del corazón y porque no crecía. Ese fue un proceso de esperar el desenlace. Fueron un poco más de tres meses.

–¿Nunca pensaste interrumpir ese embarazo?

–No. Es que por algo había llegado, por algo vino a nosotros.

–¿Tuvieron la esperanza de que esa guagua sobreviviera?

–Sí. Me hacían ecografías más periódicas, porque sabían que su corazón podía dejar de latir en cualquier momento. Y bueno, cuando me dijeron que el corazón efectivamente había dejado de latir y que al día siguiente tenía que entrar a pabellón, fue un balde de agua fría. Vivimos un duelo. Yo nunca había perdido una guagua, porque es distinto a que no resulte un tratamiento. Pero acá eran tres meses de gestación, era una guagua. Mi marido le hablaba, le hacía cariño a la guata. Lo quisimos, fue nuestro hijo, lo apapachamos y disfrutamos todo el tiempo que estuvo con nosotros. Después, como a la semana, caí en un estado depresivo más fuerte del que pensé. Pero tratamos de entender que vino por algo, quizás para prepararnos aun más para recibir a Polito.

“Eso sí, ahí se abrió otro camino, porque cuando le hicieron la autopsia se dieron cuenta de que tenía otra trisomía, no de síndrome de Down, sino una que es incompatible con la vida. Eso implicó hacer una serie de estudios y exámenes, porque podía existir la posibilidad de que hubiese algo genético entre mi marido y yo. Había que plantearse otro escenario, no un in vitro; la adopción, por ejemplo”.

–¿Pensaron adoptar?

–Sí, absolutamente. Teníamos la certeza de que íbamos a ser papás. A partir de eso se nos abrió un abanico de posibilidades. Nos hicimos todos los exámenes y no salió nada anormal. Nos hicimos otra in vitro, ¡que pagamos en cómodas cuotas! (dice riendo). Ahí tuvimos a nuestro hijo.

–¿Cómo fue el momento en que te confirmaron que había resultado?

–Cuando te hacen un tratamiento, normalmente te ponen varios huevos para tener más posibilidades, pero en mi caso había solo uno. El doctor nos dijo que era mejor tratarme nuevamente, porque era muy complicado que resultara. Pero, ¿sabes? Yo estaba segura de que esta vez si funcionaría. Además, ya llevaba tres años inyectándome –parecía colador–, tomando hormonas… sentía que no era mi cuerpo. Andaba con un estado de ánimo que no me aguantaba ni yo misma.

“Además, esta vez me había preparado mejor. Había dejado de fumar mucho antes, me hice acupuntura… Una limpieza, para llegar bien al embarazo”, confiesa.

–Explícanos el proceso de tratamientos.

–Son muchas hormonas. Algunas se toman y otras se inyectan... A veces me costaba ponérmelas, porque lo hacía yo misma. Mi marido me daba todo el apoyo, pero desde lejos (se ríe). Había una inyección que me daba mucha jaqueca.

“La Juli se llevaba los costos, porque las tardes se las dedicaba a ella y con esta hormona no podía hacerlo. La pobre quedaba ahí, tratando de entender qué estaba pasando, por qué no podía seguir jugando con ella. O por qué estaba acostada en la cama sintiéndome mal. Me miraba y me decía: “¡Pobre mamá!”.

–¿Cómo ha tomado la llegada de su hermano?

–Mucho mejor que lo que todos creíamos. Piensa que era hija única, la nieta menor, ultra consentida y querida. Le contamos desde que tenía poco meses de embarazo. Nos aconsejaron armarle una historia de la vida de ella con fotografías, desde que los papás se conocieron, cuando se casaron, cuando nació ella, cuando quisieron tener otra guagua. En un minuto no lo quiso, me decía “sácate la guagua”, porque, claro, piensa que yo jugaba a la par con ella en la cama saltarina y, después, embarazada no podía.

–¿Y cuando nació?

–Lo fue a conocer a la clínica. Nos encargamos de que ella lo fuera a buscar para llevarlo a la pieza y salió súper bien. Pero estuvimos bien nerviosos. A veces nos decía: “¡Que a la guagua se la coma el lobo!”. ¡Imagínate!

“Además, justo para la Navidad recibió de regalo el disfraz de la Doctora Juguetes. Así que llegó a mi pieza, vestida así, a inspeccionar la salud de la guagua. También me chequeó a mí. Hasta me puso el termómetro. Después se sacó los zapatos y se acostó en la cama conmigo. Y desde ahí hay puro amor y dulzura. Es encantadora, preocupada por su hermano, lo hace reír a carcajadas. A mí lo que me impresiona es que Polito, con 6 meses, la mira con cara de amor y la persigue. La contempla. Más allá de lo que la Juli quiere a Polito, me impresiona como él la ama a ella”, cuenta.

Julia Vial, Polito y Julita

“LA JULI ES 10 PUNTOS”

El embarazo esperando a su hija también fue de cuidado y lleno de sorpresas. Estaban felices de haber por fin quedado esperando guagua, algo que buscaron de la mano con la medicina. Pero una noticia les cambió abruptamente esa emoción. Aún no habían contado que Julia estaba embarazada, porque querían esperar los tres meses de gestación que aconsejan los doctores. Se fueron de vacaciones a Cuba y, aunque a la animadora todavía no se le notaba nada, una cubana le dijo: “Estás embarazada”. Acto seguido, le cuenta que en ese país tenían la máquina para detectar si el niño tenía Síndrome de Down. Julia solo la miró pensando que no podía existir en el mundo una mujer tan desubicada.

Un par de días después, volvieron a Chile y la animadora se intoxicó en un evento. Partió a la clínica. Era un lunes. El martes el doctor se puso a hacer varios exámenes, porque notó que había una translucencia nucal en la guagua, muy típico en los niños que tienen alguna alteración cromosómica. “Como notó que había algo raro, me mandó donde otro médico. Este nos dijo que había altas probabilidades de que se tratara de una trisomía, pero que no sabía cuál. Ahí me hicieron una prueba donde se hace una punción hasta el útero, sacan vellosidades y con eso hacen más estudios”, recuerda.

“Después me llamó el doctor a mi celular y me dijo algo como: ‘Julia, ya está listo el resultado. Ven hoy con tu marido a mi oficina’… Obviamente me di cuenta de que algo anda mal. En el fondo, lo que se confirmó fue que se trataba de Síndrome de Down”, cuenta. “Él fue súper humano, nos explicó todo y nos contó que le había tocado ver familias que fueron sumamente felices y otras que no lo soportaron y se terminaron separando”.

–¿Cómo recibieron la noticia ustedes?

–Teníamos mucho miedo a lo que nos esperaba, porque para nosotros era absolutamente desconocido. Fueron dos días en que me lo lloré todo, porque cuando esperas a tu primer hijo piensas que todo va a ser perfecto. Después te das cuenta de que no es nada malo, sino que el plan cambió. Quizás es más trabajado, pero igual de feliz.

Julia y su marido esperaron a confirmar el diagnóstico y luego le contaron a sus respectivas familias y amigos. Ella decidió hacerlo en un almuerzo con sus papás y hermanos. El apoyo fue inmediato. Tanto que hoy la niña es la regalona de todos.

El postparto también estuvo lleno de miedos. Tal como ocurre con muchos niños con Síndrome de Down, Julita venía con problemas al corazón y fue operada cuando nació. Fueron días duros. Después tuvo virus sincicial. La clínica fue la “casa” donde tuvo que vivir su hija, y también Julia con Polo, por un largo tiempo, porque la gravedad era constante. La periodista y conductora de Mega no dejó de trabajar en ese tiempo, aunque todo estaba enfocado a su pequeña niña.

Finalmente, “la Juli” salió adelante y la estimulación temprana fue la siguiente tarea. Talleres de todo tipo eran parte del día a día. La animadora está segura que eso la ayudó a que sea la niñita que hoy es.

–¿Cómo está tu hija?

–¡Bien! Está grande, preciosa. Ha avanzado un montón. Está 10 puntos. Siento que me gané todos los juegos de azar con ella. Entró a clases de ballet, aunque la tuve que sacar, porque se pasaba resfriando, ya que se quería cambiar ella sola. Y ahora hace clases de Pilates conmigo.

–¿Cómo es?

–Tiene una mezcla súper potente entre mi marido y yo. Es un niñita desafiante, inteligente, inquieta, le gusta el arte, el baile, le encanta ir a los museos. No se frustra, tiene una tolerancia increíble. Se la admiro. Y le encanta aprender. Tiene una ansiedad para aprender que de verdad me impresiona. También es buena amiga: si no tienes algo, ella te lo da.

–Ya está en el colegio…

–Ha sido una experiencia increíble. La tratan como a una más. Le exigen como una más, pero le dan las herramientas para hacerlo. Y ella está feliz. Ama su colegio por sobre todas las cosas. Va feliz todos los días.

–En los colegios inclusivos, también se puede sentir cierto grado de discriminación…

–Al contrario. Tiene un grupo de amigas que es a toda prueba. Sus papás son increíbles, nos juntamos harto. Ha sido tremendamente agradable.

–¿Qué esperas para ella?

–Espero poder entregarle todas las herramientas necesarias para que se desenvuelva en un futuro laboral y profesional, el que ella decida. También espero contribuir en algo a que esta sea una sociedad más inclusiva, donde haya más cabida para personas con capacidades diferentes. No solo a nivel educacional, donde estamos al debe, sino también a nivel profesional, donde la deuda es aún mayor.

–¿Tienes miedo sobre su futuro?

–No. Lo que más quiero es que tanto la Juli como Polito sean felices, y para eso quiero entregarles todas las herramientas.

Julita y Julia Vial

Leer articulo completo