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viernes, 9 junio 2017
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Kika Silva: "Siempre he sido distinta"

Joven, linda y con una carrera prometedora. Así es la vida de esta panelista del matinal “Bienvenidos” que aquí cuenta sus facetas hasta ahora desconocidas, navegando por el trabajo, la exposición y el amor.

Por: Bernardita Cruz / Fotos: Javiera Eyzaguirre / Producción: Claudia Illanes / Dirección de arte: Marcela Urivi / Maquillaje y pelo: Ale del Sante / Asistente de fotografía: Matías Escobar Asistente de producción: Fernanda Paredes / Agradecimientos a Carlos Bascuñán y Estudio Fe

"Perdón por el atraso", es lo primero que dice al llegar 10 minutos más tarde de lo acordado. Explica que viene de un centro de belleza y que le tomó más tiempo que el pensado. Confiesa que son cosas que debe hacer porque trabaja en un medio donde la apariencia sí es importante, pero que en la vida real no le preocupa andar desordenada y sin maquillaje. Se considera mucho más relajada que lo que la gente pudiera llegar a pensar.

Cuenta que el tiempo que tiene para cuidarse cada vez es más escaso. Incluso, confiesa que a su departamento –donde se cambió hace unos meses a vivir sola– llega únicamente a dormir. Quizás por lo mismo, no le significó vivir un gran cambio de vida cuando se fue de la casa de sus papás. “Siempre fui muy independiente así que no fue un ‘¿quién me va a lavar la ropa?’”, comenta y agrega que le encanta tener su espacio y hacer las cosas a su manera. Incluso, confiesa que descubrió un fanatismo por el orden, algo que jamas pensó que tenía.

Dice que hablar de su independencia a los 25 años tiene que ver con su nivel de madurez. Varios aspectos de su vida la han hecho crecer antes que a muchas mujeres de su edad. Cuenta que el primer factor es el físico, porque su desarrollo fue bastante precoz. A los 9 años ya parecía toda una adolescente. Confiesa que esa fue una edad muy dura para ella. “Mis compañeras me decían ‘la mamá rubia’. Me daba vergüenza, al principio. En cuarto básico yo usaba esos sostenes como peto. Se me acercaban niños de cursos más grandes,y los de mi edad no,y eso no me gustaba. Pero de a poco me fui acostumbrando. Pero sí, ese año fue para mí el más difícil y trataba de esconder lo que me pasaba”, cuenta.

Kika, como le dicen sus cercanos y se le conoce en el medio, comenta que así como su desarrollo físico fue precoz, con su personalidad pasó lo mismo, llegando a ser más madura antes de tiempo en comparación con sus pares.“Era agrandada, muy llevada de mis ideas. Sentía que tenía todo muy claro... aunque de alguna manera sí lo tenía. Por ejemplo, como era atleta (una lesión arruinó su oportunidad de ir a un Sudamericano),en vez de salir con mis amigas, yo entrenaba. Me acuerdo mucho de los viernes. Mis compañeras esperaban ansiosas que sonara el timbre para salir y se iban juntas a algún panorama, a la casa de una de ellas, a comer, a cualquier cosa. A veces me daban ganas de ir, pero sabía que mi deber era entrenar y eso era lo que hacía”, comenta, y agrega: “Prefería eso. Y lo mismo me pasó con las primeras fiestas. Es que el deporte me enseñó una estructura de disciplina que tengo hasta el día de hoy. Como que siempre tuve una estructura rara. En realidad, siempre he sido distinta”.

–¿Te hicieron bullying por todo eso?
–Sí, pero nunca mis compañeras; eran las más grandes. Por ejemplo, cuando yo estaba en octavo, me lo hacían las de cuarto medio.

–¿Qué te hacían?
–Siempre decían cosas.Yo era bien portada, nada de desordenada y siempre hablaban de que yo salía con todos. Me miraban mal y estaba siempre en la lista negra. Quizás era porque como me desarrollé antes, me notaba más... Y bueno, harta gente me ha dicho que tengo pinta de ser muy pesada, con demasiada personalidad, lo que no es verdad. O sea, hoy en día trabajo en televisión, pero no soy una persona que le sobre personalidad ni que ande de patuda por la vida. Para nada. Al revés, soy muy sensible. No soy de las que va a escuchar algo y no le va a importar.Y con esto de la televisión tuve que aprender a manejar eso. Porque, al principio, cada cosa que se escribía me daban ganas de llorar. Hoy en día ya no me afecta.

DE TELEVISIÓN Y REDES SOCIALES

Mientras Kika Silva toma un café, cuenta que está consciente de que estar en televisión la deja en un escenario propicio para recibir más comentarios sobre su vida, sobre lo que hace o no, sobre cómo se ve, cómo habla… Las alternativas son tan diversas como el público que la ve a través de la pantalla. Dice que ha tenido que trabajar para que no la afecte tanto… “Te juro que he evolucionado (se ríe). Ya no me importa los típicos prejuicios de ‘cuica’, ‘tonta’, ‘pesada’… Eso me lo dicen siempre. Por ejemplo, cuando en vez de Kika Silva me dicen ‘Cuica Silva’, hasta me río. Pero me acuerdo que cuando estaba en SQP me llegaban hartos mensajes malos y mis compañeros me decían que así era esto de estar expuestos y que no pescara. Ellos me apoyaron mucho”.

–Ahora eres parte del matinal “Bienvenidos” de Canal 13. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
–Estoy viviendo una época en mi vida en que he estado con harto cambio, a veces con bastante miedo, pero con mucho crecimiento. Como que me di cuenta de un minuto a otro que había crecido. Y empecé a velar por mí, a ver qué quiero hacer. Porque uno siempre aprende. Y en ese sentido este programa ha sido un enorme desafío, más que nada porque me da susto el no aprovechar la enorme oportunidad de estar ahí. Pero lo voy a hacer… Me estoy preparando, ahora voy a entrar a periodismo y también aprendo mucho de mis compañeros. Por ejemplo, veo cómo reaccionan ante algo, lo que hacen y así aprendo. Es que mis compañeros son lo máximo. Mira, son mis amigos, nos contamos de todo y eso no pasa normalmente en el trabajo. Menos en televisión. Nosotros nos matamos de la risa, incluso de repente nos desordenamos demasiado. Hay una complicidad muy rica. Para mí, ellos son como familia. Imagínate que ayer me pasó un problema y agarré a la Pancha (Merino) y a la Tonka (Tomicic) y se los conté, porque confío mucho en ellas. Y lo mismo pasa con todo el resto del panel…

–Volviendo a tu exposición, esta va más allá de la televisión, porque estás presente fuertemente en las redes sociales… ¿Te gusta mucho subir fotos?
–Me encanta. Nunca ha sido tema. Siempre fui así, bien decidida. Me acuerdo la primera vez que me sacaron una foto donde se me veía la espalda, a mi mamá casi le dio ataque y eso que ella trabajó como modelo también. Pero yo siempre fui muy decidida. Imagínate que estuve en el Colegio Monte Tabor y en el Nazareth, que es súper católico, donde todo eso era mal visto, y tampoco fue tema cuando modelaba. Bueno, al menos para mí y mis compañeras, pero claramente para sus mamás sí lo era, porque “no era el camino que había que seguir”.

–¿Cuál es la gracia de exponer imágenes tuyas que ven cientos de miles de personas? En Instagram tienes más de 500 mil seguidores…
–En la televisión uno comunica, pero la respuesta inmediata de la gente uno la tiene en las publicaciones en las redes sociales. Es una manera que se tiene de conversar con la gente. Yo leo todos los comentarios. De repente no los respondo todos, porque no me da el tiempo, pero gozo con ellos.

–¿No tienes la sensación que estás exponiéndote demasiado?
–No te miento que me lo pregunto todos los días.

–¿Dónde está el límite?
–También me lo pregunto. Quizás con fotos de mi familia, de la pareja. Yo cada vez estoy mostrando más de mi trabajo, pero nunca voy a dejar de mostrar mi vida privada. Porque lo disfruto y punto. Yo no tengo un calendario con el que organice qué voy a subir cada día. Me dejo llevar con las redes sociales.

–¿Y qué tan común es tener ese “calendario” para subir ciertas cosas?
–Mucho. Es que hoy en día esto es un negocio. Ciento por ciento. Es más fuerte que la televisión, que cualquier otra cosa. Hoy en día es mi fuerte en términos económicos. Hay ciertos contratos con marcas donde yo recibo una mensualidad y con ella vivo. Lo que me piden hacer es subir fotos con algún producto, por ejemplo. Soy bien cuidadosa con eso, porque la gente no es tonta y sí se da cuenta si ese producto no tiene nada que ver conmigo.

–¿Eres de las que está todo el día conectada? ¿Cuál es el costo?
–Para mí, las redes sociales son parte de mi vida, soy de una generación que está híper conectada. Hay que estar consciente de que eso es peligroso, de que no podemos basar nuestras vidas en eso.

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