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viernes, 11 mayo 2007
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“La sagrada familia”: Un recorrido por las dinastías chilenas

Un vuelo rasante por la historia de las familias más importantes de nuestro país es el que realiza magistralmente Hernán Millas en su último libro, “La Sagrada Familia”, de Editorial Planeta. Apellidos tan de peso como los Edwards, Yarur, Matte, Piñera, Errázuriz y Frei, entre otros, dan vida a estas páginas repletas de dinamismo, anécdotas y una rica investigación histórica. Estas son algunas de ellas.

“Si usted nació Matte, bendiga su suerte. No hay un Matte pobre”. Con esta afirmación parte la descripción que hace Hernán Millas de esta poderosa familia chilena de origen catalán. Desde sus comienzos en nuestro país mostró constancia y empeño para labrar su situación económica y desde entonces hizo notar su habilidad para destacarse en los negocios.

Los Matte de los siglos XIX y XX son quienes hicieron la fortuna y los sucesores siguieron acumulándola. No por nada la revista “Forbes” en el año 2005 afirmó que esta familia reúne una riqueza cercana a los 2.700 millones de dólares.
La cuantiosa fortuna actual es la coronación de una historia de esfuerzo que nace de la mano de Francisco Javier Matte en el siglo XIX, quien instala junto a su esposa una tienda de géneros en la calle Ahumada. En 1855, su hijo Domingo, padre de 16 niños, instaló un banco en Valparaíso –toda una novedad para la época– junto a dos de sus hijos abogados, Augusto y Eduardo, quienes fueron sus grandes colaboradores.

El amor por la cultura y por la educación nace junto a Claudio Matte, quien creó el famoso “Silabario Ojo” o “Silabario Matte”. Incluso, fue rector de la Universidad de Chile y presidente de la Sociedad de Instrucción Primaria hasta 1950. Hasta el día de hoy, la entidad está en manos de la familia y su bisnieta, Patricia Matte, ocupa actualmente la presidencia.

Augusto Matte también fue uno de los hombres más importantes de esta histórica familia. Graduado de abogado, trabajó junto a su padre en el banco y más tarde fue ministro de Hacienda y de Justicia, además de diplomático, diputado y senador. Junto a su hermano Eduardo, cuatro años menor, creó el periódico “La Libertad Electoral”, en 1886, ya que se consideraba que ésta no existía y que todo se “cocinaba” en La Moneda.

Todos los Matte, sobre todo los Matte Pérez, fueron liberales laicos a excepción de Ricardo, quien siempre buscó diferenciarse. A parte de ser abogado, ex alumno del Instituto Nacional, parlamentario y ministro, como la mayoría de sus hermanos, la gran diferencia estuvo en su pertenencia al Partido Conservador.

El siglo XX, la familia Matte Larraín muestra otra faceta. Aparece entonces La Papelera como una mina de oro. Luis Matte piensa en la industria y crea una pequeña fábrica de papel llamada La Esperanza, en 1920, con un capital de 900 mil pesos, de los cuales Claudio Matte pondría la mitad. Años después, a la próspera empresa se uniría Joaquín Prieto Concha y Jorge Alessandri, quien fue durante 20 años gerente general, cargo que dejó al ser elegido como gobernante en 1958 y que ocupó Ernesto Ayala hasta el año 2005.

En la familia Matte también existieron revolucionarios socialistas, como Eugenio Matte Hurtado, Arturo Matte Alessandri y Luis Matte Valdés, quien fue ministro del gobierno de Salvador Allende.

Por último, los Matte del siglo XXI mantienen hasta hoy la tradición familiar (que sólo Eugenio Matte Hurtado alteró): “Money, Money”. La gran diferencia con sus antepasados es que ya ninguno de ellos estudia para abogado, sino que siguen profesiones más empresariales. En política se sitúan en la derecha, apoyaron al gobierno militar y hasta ocuparon cargos en éste. Como afirma el autor, no se les podía hacer reproches, pues se jugaban su naciente imperio: con una categórica consigna: “¡La Papelera, no!”. Con la muerte del Partido Liberal se reparten entre en la UDI y Renovación Nacional y se abren al resto del mundo a través del CEP (Centro de Estudios Públicos).

Actualmente, el clan Matte tiene hoy tres mosqueteros, pero en realidad sólo dos ostentan el apellido, los hermanos Eliodoro y Bernardo Matte Larraín. El tercer Matte, Jorge Gabriel Larraín Bunster, es esposo de Patricia Matte, quien actualmente administra 17 colegios de la Sociedad de Instrucción Primaria y que se encuentran en las comunas más pobres de Santiago.

 

Los Edwards
La tradición de los “Cuchos”

Una historia llena de desafíos y éxitos, y un marcado sello familiar es lo que revela el autor del libro sobre esta familia. Desde la llegada, a principios de 1800, del primer Edwards a nuestra tierra, en cada generación ha habido, por ejemplo, un Agustín o “Cuchos”, como suelen llamar a los que llevan ese nombre. Y la historia demuestra que éste es el “elegido”.
Según Hernán Millas, aún no se sabe si el primer Edwards que llegó a Chile fue un corsario o un facultativo. Lo importante, dice, es que en ambos oficios era sobresaliente el honor y su nombre era George Edwards Brown, que luego cambiaría por Jorge, y que éste decidió quedarse en Chile por amor. Incluso, al establecerse, intentó cambiar el apellido Brown por Pardo (por la traducción), pero el original parecía mejor. Edwards no pudo ser traducido nunca al español. Así, miles son las historias que se tejen en torno a esta familia y así se narra la descripción de una dinastía poderosa de Agustines y cómo ellos fueron formando la riqueza familiar. En el relato desfilan nombres como Jorge Edwards, Joaquín Edwards Bello o Agustín Edwards Ross y familias como los Edwards Matte, los Edwards Ross, los Edwards Vives y los Edwards MacClure, entre otros.
Agustín Edwards MacClure es, hasta nuestros días, el más importante del clan. Aparte de haber acrecentado la fortuna de sus mayores, y ser parlamentario, ministro y diplomático, fue el más periodista de todos. A los 22 años, en 1900, tres años después de la muerte de su padre, fundó “El Mercurio” de Santiago. Aparte, debía cumplir con el encargo de su abuela, doña Juana Ross, quien le pidió que velara por el crecimiento del banco que llevaba el apellido de la familia.
Sus otros dos hermanos, Carlos y Raúl, conscientes de que el periodismo no era lo de ellos, cedieron su parte del diario “El Mercurio” a su hermano mayor, quien por algo se llamaba Agustín. De a poco, Edwards fue ampliando su imperio periodístico con las exitosas revistas “Sucesos”, “Zig-Zag”, “Corre Vuela”, “Selecta”, “Familia” y “Pacífico Magazine”. Luego de vivir en Estados Unidos y de trabajar en “The New York Herald” en los oficios más modestos, fue diputado y ministro de Relaciones Exteriores.
El siguiente Agustín –Edwards Budge– fue hijo único y debió manejar la empresa periodística y sus derivados. Después de estudiar en Oxford y casarse con María Isabel Eastman, pasó a ser el brazo derecho de su padre.
Por último, el quinto Agustín, de apellidos Edwards Eastman, nacido en 1928, fue el mayor de cuatro hermanos. Se casó con María Luisa del Río y es padre de seis hijos. Hoy su nombre se asocia a “El Mercurio”, y de a poco se ha ido desprendiendo del banco, de Cervecerías Unidas y de la Chilena Consolidada.
Egresado del Grange, Edwards Eastman ingresó a la Universidad de Chile a estudiar derecho y a los dos años optó por el periodismo y la empresa familiar. Eligió la universidad estadounidense de Princeton. Desde su regreso ha estado a la cabeza de “El Mercurio”, empresa que también edita “La Segunda” y “Las Ultimas Noticias”.

Los Piñera
Más que una familia, una tribu

Cuando en 1860 llega a La Serena el emigrante asturiano Bernardino Piñera Aguirre, aparece en la historia de nuestro país el apellido Piñera. Su hijo, el abogado José Manuel Piñera Figueroa, se casó con Elena Carvallo, con quien tuvo una luna de miel de 20 años en París. De esta pareja nacieron José, funcionario de la Corfo y embajador; Bernardino, médico y obispo, y las hermanas que toman nombre francés: Paulette y Marie Louise. La primera se casó con Hernán Chadwick Valdés y son padres de Herman, Andrés y María Teresa Chadwick. Generaciones de serenenses recuerdan a las dos “tías Piñera” por su vivacidad e ingenio.
De regreso a Chile, los Piñera Carvallo conservaban aún las acciones de la lanera Tierra del Fuego y unas propiedades en el barrio Matadero en Santiago. Sus hijos, aparte de poseer una buena educación laica en París, aprendieron a ser tolerantes en política y credos, sin discriminar entre católicos, protestantes y judíos.
José Piñera Figueroa asumirá el rol de patriarca de la tribu que dará al país un embajador, un ministro, un senador –poderoso empresario y actual presidenciable–, un historiador y un bohemio cantante y músico. Cada uno con sus grandes méritos. El ministro, por ejemplo, revolucionará el régimen provisional y de la salud estatales, cambiándolos a sistemas privados.
Por su parte, Pepe Piñera padre pudo haber puesto en su tarjeta de visita “servidor público” y su hermano Bernardino, “servidor de Dios”.
José, que tenía 17 años cuando la familia regresó a Chile, estudió en los Padres Franceses e ingresó a la Escuela de Ingeniería de la Universidad Católica. Fue un joven atípico para la época: llevó barba cuando nadie se atrevía, pelo largo mientras todos lo tenían corto y devoraba libros.
En cuanto a Bernardino, ingresó inicialmente a medicina, obtuvo el título con especialidad en fisiología y fue favorecido con una beca para un posgrado en Estados Unidos. Un día sorprendió a la familia anunciando que ingresaría al seminario. Llegó a obispo de Temuco y La Serena. En 1984, fue él, en esa condición quien visitó a Pinochet para plantearle que renunciara.
Por su parte, José se casó con Magdalena Echeñique Rozas, familia de origen vasco y de tradición conservadora. En 1950, con cuatro guaguas y faltando dos aún por llegar, partieron a Estados Unidos. Cuatro años después y a su regreso, Piñera ingresó a la Corfo, donde prácticamente trabajó toda su vida. Separado de su mujer, murió en 1991 víctima de un efisema pulmonar.
Los seis hijos salieron bien dispares. Pepe y Sebastián fueron los mejores de su promoción, tanto en el Colegio Verbo Divino como en ingeniería comercial de la Universidad Católica. La competencia siguió en Harvard. Pablo, en cambio, eligió Boston para su posgrado y, al igual que su padre, se dedicó al servicio público. Sólo Miguel, el menor de los hombres, siguió un camino distinto entrando al Conservatorio Nacional de Música, donde duró tres semanas, según Millas. Sebastián, con el paso de los años, elevaría su patrimonio a mil 200 millones de dólares y se convertiría en el cuarto mayor millonario del país. José fue ministro de Pinochet; Pablo fue subsecretario de Hacienda de Foxley, luego director del Banco Central, director ejecutivo de Televisión Nacional y subsecretario de Obras Públicas. Magdalena es historiadora, está a cargo de la Editorial Los Andes y administra la Fundación Futuro. La menos conocida es Guadalupe.

 

Paula Bengolea Z.

 

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