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viernes, 4 diciembre 2009
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LA VOZ DE LOS GAYS EN LA FRANJA DE PIÑERA: La desconocida historia de Luis Larraín

Sus brazos heridos que acusan la diálisis que se realiza tres veces a la semana, no le quitan las fuerzas para integrar un coro de matrimonios ni para ejercer como ingeniero civil. Tampoco le impidieron ser modelo publicitario ni convertirse en el portavoz de los homosexuales en la franja electoral de Piñera.

Por: Raimundo Encina / Fotos: Matías Bonizzoni / Agradecimientos especiales: Restaurante “Noso” del Hotel W.

Luis Alberto Larraín Stieb es el mayor de los cinco hijos de Luis Larraín Arroyo, subdirector de Libertad y Desarrollo, economista y columnista de “El Mercurio”, y de su mujer de origen alemán, Mónica Stieb. Pertenecer a dos mundos tan distintos –viene de una de las familias más tradicionales de Chile y de una familia europea– le enseñó que “la realidad elitista chilena no es lo que predomina en el mundo”.
Ex alumno del Colegio Newland, apenas egresó entró a estudiar ingeniería civil en la Universidad Católica. Desde el primer año no se sintió motivado y seguía sólo por inercia. Al quinto año decidió partir a Alemania de intercambio para aprender alemán y poder compartir con su familia materna. “Fue muy marcador, porque son tolerantes, nadie se mete con nadie, nadie opina del resto. Cada uno hace lo que quiere. Lo complicado fue tratar de explicarles a los europeos por qué yo estudiaba algo que no me gustaba y hacerles entender la complicada idiosincrasia chilena”.
Aunque le hubiese encantado quedarse en Alemania para siempre, tuvo que volver. Era el año 2003, época que asegura quedó la “embarrada” en su vida. “Fue un colapso porque para aprovechar de viajar más y conocer, llegué una semana tarde a clases. Además, me quedé con ramos muy complicados que me cargaban y, como me atrasé, ya tenía un 1 en un ramo. Se me hizo tan complicado que decidí salirme”.
Como siempre había tenido inclinación por el teatro, comenzó a abandonar los ramos de ingeniería y tomar los de actuación. “Me encantó. Descubrí un mundo nuevo. Era un ambiente muy receptivo que me sedujo”. No obstante, el año 2004 sólo tenía ramos teatrales y ahí la experiencia fue diferente: era dormir, comer y transpirar teatro y ya no le fascinaba tanto. “En ingeniería yo era el alternativo y en teatro era el cuadrado. No calzaba en ninguna de las dos carreras. Terminé ese año, me fue mal y lo pasé pésimo”, dice.
Volvió a ingeniería y el 2006 ya estaba titulado.
Para no renunciar a sus inquietudes artísticas, desde hace varios años canta en un coro para matrimonios, lo que en esta época le exige trabajar prácticamente todos los viernes y sábados. Además, desde el 2001, aprovechando su buena pinta, comenzó a golpear puertas para tener una oportunidad como modelo. Finalmente trabajó durante seis años como maniquí masculino (entre otras, en campañas de Entel y Falabella), llegando a ser uno de los rostros más reconocidos de la agencia Elite. “Fue muy buena experiencia, me permitió viajar, conocer otros ambientes, ganar mi plata en algo cercano a lo teatral”, explica.

Una mala noticia

Antes de recibir el cartón, un examen médico de rutina le cambiaría la vida. Le encontraron los niveles de creatinina bastante altos, por lo que tenía que ir a un nefrólogo. Le diagnosticaron una enfermedad poliquística renal y Luis Alberto, sin entender mucho, pensó que todo el mundo tiene quistes y que nada le pasaría. El especialista le explicó que tarde o temprano terminaría en diálisis, pero que lo más probable era que eso ocurriera a los 50 o 60 años de edad. No se preocupó. Aun así, al poco tiempo el nivel de creatinina llegó a tal punto que la sentencia de la diálisis se concretó mucho antes de lo pensado. Ahora se dializa tres veces a la semana, durante más de cuatro horas en cada sesión. Por lo mismo, ya no puede viajar y ha acentuado su condición de sentirse diferente.
“Me tengo que cuidar en lo que como, en lo que tomo, en lo que hago. Estoy en lista de espera y siento que estoy cerca de un trasplante porque el promedio de espera es de dos años. Ojalá que así sea, pero por otro lado tampoco me puedo hacer tantas ilusiones, porque es una enfermedad crónica y me va a durar toda la vida. Tengo 28 años. Me quedan 50 más si consideramos la esperanza de vida en Chile y un riñón trasplantado te dura máximo 20 años”.
El rostro de Luis Alberto se hizo conocido en todo Chile al aparecer como portavoz del mundo gay en la franja electoral de Sebastián Piñera. Si bien ahí aparece acompañado de otro joven, éste no es su pololo, ya que desde hace algunos meses Luis está solo.
–¿Cómo fue tu salida del clóset?
–Tenía 23 años. Mis papás fueron los últimos en enterarse. Uno tiene mucha más confianza con los amigos. Cada vez que me juntaba con mi pololo tenía que mentirle a mis papás. Estaba muy incómodo con eso. Creo que mi mamá lo intuía y era muy crítica con el tema. Yo la entiendo y creo que era su forma de no querer aceptar la realidad y tratar de buscar las posibilidades de que no fuera así. Pero lo era. Lo tuvieron que afrontar. Les costó mucho al principio, pero por suerte yo estaba en una etapa muy buena de mi vida. Estaba tranquilo, emparejado, con mucho trabajo, viajando, estable, entonces fui comprensivo con ellos. Los tranquilicé. Les expliqué todas las dudas que tenían y al final funcionó bien. La relación mejoró mucho, me entendieron y hoy en día son un gran apoyo.
–¿Cómo te diste cuenta de que eras homosexual?
–Me daba cuenta de que era diferente y que me costaba relacionarme con el resto de los hombres, pero ese problema jamás lo relacioné con la palabra “gay” u “homosexual”, porque eran palabras tabú y con una connotación muy negativa, al menos en mi entorno.
–Siendo ingeniero civil, te debes topar con grandes empresarios, que suelen ser muy conservadores. ¿Cómo toman ellos tu condición?
–En mi trabajo no me enfrento con grandes empresarios, así que no lo sé. Es posible que sean así –y es una de las principales razones por las cuales mis amigos gays prefieren “pasar piola”–, pero para mí jugármela por mis ideales es más importante que quedar bien con los empresarios.

“El gay de la franja de Piñera”

–¿De qué manera ha influido en tu vida el haber aparecido en la franja de Piñera?

–En lo inmediato, en el acoso periodístico. Me han llamado mucho y es difícil manejarlo para uno que no está acostumbrado. He recibido muchos mails, mensajes, tanto de amistades como de completos desconocidos. Todo el mundo me agrega a Facebook. El apoyo ha sido generalizado. Mis amigas del colegio son mis fans número uno. Han pasado pocos días y no podría decir que mi vida ha cambiado, pero lo que sí me han dicho –y espero que así sea– es que esto es un hito cultural, en el sentido de que la derecha nunca se había abanderizado con este tema. Creo que se están comenzando a romper los paradigmas. Y espero que esto no se quede acá.
–¿Cómo te has sentido frente a la exposición pública?
–No tengo problemas porque fui modelo. Estaba acostumbrado. En todo caso, antes trabajaba con mi imagen y ahora soy un personaje. Eso lo hace más complicado porque hay que cuidar lo que uno dice, lo que no dice, lo que hace, lo que no hace. Me encanta el mundo de las comunicaciones. Por eso salí en la franja.
–¿Qué opinó tu padre de tu decisión?
–Mi papá es de derecha, pero no milita en la UDI. Libertad y Desarrollo no es de la UDI, es de la Alianza en general. Trabajan con la UDI y RN. Creo que mi papá ha cambiado para bien en estos últimos años. Se ha abierto con todo lo que ha visto, con mi experiencia y creo que eso también le ha pasado a muchos otros políticos de derecha. Por una separación, por un hijo gay o por sufrir por cualquier motivo, han cambiado. Mi papá en sus columnas trata muchos temas, nunca con una visión fundamentalista ni extrema. Claramente es aliancista, pero eso no implica que sea cerrado de mente.
–¿Qué le han dicho sus colegas de Libertad y Desarrollo?
–Mi papá me ha reenviado casi todos los mails que le han mandado, que han sido todos de apoyo. Le ha escrito mucha gente importante, políticos conservadores e influyentes, y la palabra que más se repite es “orgullo”. Le dicen que debería estar orgulloso de mí. Críticas no ha recibido y lo más probable es que, si existen, sean por atrás.
–¿Sientes que es un aporte lo que hiciste?
–Obviamente. Si no, no lo habría hecho. Como te digo, me han comentado mucho que es un hito cultural y he empezado a creer que es así. Por algo ha tenido tanto revuelo. Siento que mientras más se hable el tema y se discuta, es mejor para la comunidad gay.
–¿Qué te parece que te digan “el gay de Piñera”?
–Eso no me gusta porque, para mí, ser gay es una más de las características que tengo en mi vida. En este minuto apoyo a Piñera, pero tampoco es que sea incondicional.
–¿Cómo se comportó Piñera contigo durante las grabaciones? ¿Fue empático?
–Fue muy simpático. No te voy a decir que fue una gran conversación, porque ese mismo día estábamos grabando todos los capítulos de “La voz de los sin voz”, 20 escenas con los discapacitados, deportistas, etcétera, y era un día intenso y rápido. Fue muy buena onda. Me preguntó el nombre, a qué me dedicaba y hacía bromas. Ahora que pasó todo este revuelo, me llamó por teléfono antes de ayer. Yo estaba tranquilo en mi casa y me llaman desde un número desconocido: “Aló, ¿Luis? Hablas con Sebastián Piñera. Te llamo para darte mi apoyo, para felicitarte por lo que has hecho”. Me preguntó por mi salud. No me lo esperaba, pero fue una grata sorpresa.
–¿Crees que él es realmente abierto a todos estos temas?
–Creo que sí. Si hay algo que caracteriza a Sebastián Piñera es su visión moderna de la derecha. No está anclado a las antiguas formas de ver la política chilena. Creo que aspira a transformar la derecha chilena en una derecha de clase mundial. Como David Cameron, quien va a marchas gays, o como Sarkozy, que habla de reforzar la identidad homosexual. Esas cosas en Europa son muy corrientes, pero como acá estamos en el fin del mundo, la gente no está acostumbrada. Creo que Sebastián Piñera aspira a convertir a Chile en un país moderno y a eliminar todas las peleas que no nos llevan a ninguna parte.
–¿Qué te parecen los dichos de ciertos dirigentes más conservadores de la Alianza que se oponen a aceptar un trato igualitario para las parejas homosexuales?
–Creo que ellos están haciendo su trabajo. No tengo ningún problema personal contra ellos y lo único que les pido es que tengan la misma tolerancia conmigo que la que yo tengo con ellos. Siempre en una coalición va a haber distintas posturas. Por algo es una coalición y no un partido o una persona.
–En el caso de que Piñera llegue al gobierno, ¿no temes un giro al conservadurismo en sus ideas?
–No. Creo que su visión quedó demostrada cuando decidió incluir mi escena en la franja. Creo que aspira a convocar y no a separar. Cuando esté en el gobierno obviamente va a haber personajes más conservadores, pero también más liberales. Lo importante es que aprendan a convivir.
-¿Crees que él cumplirá con legalizar las uniones civiles de parejas gays?
-Creo que tiene la intención de hacerlo. Hay personas de su equipo que se han comprometido conmigo en ese sentido. Espero que, al menos, se regulen los temas de patrimonio, salud y previsión.

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