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martes, 14 marzo 2017
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Las canciones pacientes de Julie Byrne

Juan Pablo Abalo

La música de la compositora y cantante norteamericana, oriunda de Buffalo, Julie Byrne tiene muchas virtudes. Una de ellas es la serenidad con la que canta sus canciones. Otra, la amabilidad sonora y tímbrica con la que las envuelve. También llama la atención la nitidez de las imágenes que en ellas se proyecta (“Tus ojos están respirando, los he visto en la luz”). En su segundo y más reciente álbum, Not Even Happiness, estas características están ahí, intactas, pero además se acentúa su capacidad para intervenir las texturas y armonías propias del folk y el country que cultiva, para dar con canciones que parecen flotar, pacientes, que iluminan y son iluminadas desde distintos ángulos, conducidas siempre por una narrativa simple y no por ello menos profunda y madura: “Sigue mi voz, sigue mi voz, más allá de esta vida y más allá de todo temor”, canta Byrne en Follow My Voice, pista con la que abre el álbum. Con pocos elementos, la compositora llena los espacios y nos toma de improviso, sin vacilaciones ni dudas, y ahí quedamos, un poco hechizados por su quietud. Junto con su voz, la guitarra es protagonista pero Byrne se las arregla para –a ratos– hacerla desaparecer y de ese modo instalar camas sonoras que provienen de algún sobrio sintetizador y que nos dejan en suspensión, al interior de espacios perfectos para que nuestra cabeza se pierda en los laureles, pensando, imaginando, recordando (I Live Now as a Singer). Not Even Happiness ha sido bien recibido por la crítica y no es para menos. Estas nueve canciones exploran un espíritu que deambula entre la melancolía (Natural Blue) y la observación distante de la naturaleza humana, así como también de la naturaleza en su sentido más amplio, cosa nada rara si se toma en cuenta que se trata de una mujer que se formó en las ciencias ambientales y que trabajó como guardabosques estacional en New York.

[Foto:npr.org]

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