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martes, 12 junio 2007
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Leonardo Farkas Klein: “La plata es para gastarla”

 

Sin buscarlo, su espectacular fiesta para celebrar sus 40 años terminó siendo su estreno en sociedad. Reconocido como un empresario excéntrico, el otrora “hombre orquesta” de Las Vegas ahora está luchando, contra viento y marea, por un nuevo y ambicioso sueño: recuperar el esplendor de la minería del hierro que protagonizó su familia.

Por: María Olivia Browne / Fotos: Bárbara San Martín

 H abla a la misma velocidad con que construyó su fortuna y le permitió, a los 35 años, jubilar, después de una vida de guión hollywoodense. A los 15 ya tenía una orquesta propia de 15 músicos; después de titularse como ingeniero comercial, partió a Estados Unidos, donde ya a los 24 logró su primer millón de dólares, actuando en todo tipo de escenarios; y, a los 35, ya tenía la vida económicamente asegurada, por lo que decidió jubilar, para dedicarse a su familia, el golf, el tenis y a gozar... En eso estaba cuando murió su padre, Daniel Farkas, y decidió volver a Chile, junto a su señora norteamericana, Tina Friedman Parker, y sus tres hijos (que actualmente tienen entre 10 y 2 años). Se instaló en una casa de nueve dormitorios en Lo Curro, que cuenta hasta con chef personal.

 

Hoy, sentado en su escritorio, como “chairman of the board” de Minera Santa Bárbara –como dice su tarjeta de presentación hecha no de papel, sino de acero–, advierte de entrada que no le gusta hablar de política, pero sí de su gran sueño: resucitar la minera de hierro de su familia. “Quiero invertir en este país, dar 10 mil trabajos, tal como mi familia lo hizo hace 50 años, cuando manejaba el 90 por ciento de todo el fierro en Chile, hasta la Unidad Popular. Y teníamos el 10 por ciento de venta internacional en el mundo, mientras que Chile ahora representa sólo el 0,3”.
Y agrega: “Pero me ha costado. Cuando yo hacía mi show, todo era fabuloso; me aplaudían y luego firmaba autógrafos... aunque ahora, aquí estoy, peleándome con políticos y otra gente para sacar adelante los proyectos, lo que estoy logrando, pero a un costo mayor del que pensaba. Cuando peleo mucho y me canso, mi señora me dice: ‘¿Para qué pasas rabias? ¿Por qué no nos vamos de vuelta a Estados Unidos?’. Ese es un país donde las cosas funcionan. Allá nadie se preocupa por el de al lado, sino de sí mismo. Quizás es menos familiar y más frío que Chile, pero están todos preocupados de trabajar y de que les vaya bien. Aquí, en cambio, están todos preocupados del otro y son celosos. Se piensa: ‘A este gallo le fue bien, seguramente vende drogas, robó o heredó’. Sin embargo, mis padres siempre me enseñaron que tenía que luchar hasta que se realizara lo que te habías propuesto. Por eso estoy aquí”.


Ya ha invertido 20 millones de dólares y aún no ve ganancias, cuenta con orgullo que ya tiene 780 empleados, con quienes asegura asumir su responsabilidad social: “De hecho, ya hice una fiesta para 800 personas en Copiapó, que trabajan en las minas Santa Fe y Santa Bárbara”.
Y agrega: “Soy una persona que ganó su plata afuera, no aquí, como artista y en muchos otros negocios que tuve en los 20 años que estuve afuera. Y la vengo a gastar acá, como chileno. No soy un gringo que viene a robarle la plata a los chilenos, al contrario. Vengo a generar trabajo. Hemos hecho muchas cosas sociales, y eso que recién salieron los primeros barcos. Chile es un país de muchas oportunidades, pero me han hecho la vida medio imposible. Imagínate que en el norte estamos mandando el mineral en camiones a 230 kilómetros, habiendo tres puertos a 50 kilómetros de propiedad de privados. Pero pese a todo, sigo adelante”.
“No me interesa hacerme famoso, ya lo fui en Estados Unidos, pero por lo menos quiero hacer algo para agradecer a este país que acogió a mi familia, que venía escapando de los nazis en Europa y llegó a Chile en 1939, porque a todo el resto lo mataron”, agrega.
–Aunque dices que no te gusta hablar de política, el único retrato que tienes en tu oficina es con la Presidenta Bachelet...
–Estuve invitado, con mi socio australiano, a comer a La Moneda. La Presidenta fue muy simpática y también conversó mucho con él; como ella vivió en Australia, él jugaba golf cerca de donde ella iba. No fue un encuentro político, fue algo más personal.
“Pero es verdad que no sirvo para actuar como político, porque digo lo que pienso. Y aunque ahora mucho se habla de democracia, puedo decir que yo salí de Chile en la época de Pinochet y encuentro que no han cambiado mucho las cosas. Los pobres siguen igual de pobres, y los ricos están felices siendo más ricos”.

“Soy conservador”

–¿Te gusta que te señalen como un millonario excéntrico?
–No sé si soy yo el distinto, o ustedes son distintos a mí. En mi casa, de Boca Ratón, en Estados Unidos, no soy diferente al resto. A diferencia de aquí, que quien tiene un buen auto sólo lo saca los domingos y anda en autos más rotosos, quizás para que no le pidan una donación. Desde mi punto de vista, ellos son los excéntricos. Si gano bien, la plata es para gastarla, no para llevármela a la tumba. Me gusta comer bien, tengo buenos autos, buenas joyas y ropa, porque me he ganado la plata yo; no se la quité a nadie.
–Si te cortaras el pelo, ¿crees que perderías la fuerza, como “Sansón”?
–Creo que sí. O perdería mi identidad… Siempre lo he usado así, desde los 20 años (y su hijo, de sólo 2, lo tiene igual). Todos piensan que soy un rockero o un hippie, pero soy conservador. Ocupo el mismo after shave, Azzaro, hace 25 años.
–¿Conservador en qué más?
–Por ejemplo, nunca tomé drogas ni fumé marihuana. No me gusta el heavy metal y soy más bien romántico. ¿Por qué me fue bien en Estados Unidos? Porque cantaba en 15 idiomas; me sabía la música para los viejitos, para los jóvenes, para los italianos, los árabes, los judíos, los franceses, me gustaba aprender otras culturas... Mi señora también es más conservadora. No es de esas típicas americanas que tuvo cien pololos. Nos gusta la vida familiar. Cada tres meses, nos tomamos dos semanas para partir con todos, hasta con la enfermera, a alguna playa del Caribe. Aunque a veces paso en el computador y ni me baño en la playa.
“La verdad es que cuando llegué a Estados Unidos trabajaba como burro, pero ahora en Chile trabajo aun más. Llego a la oficina como a las 10, pero en mi casa trabajo hasta las tres o cuatro de la mañana, porque tengo que estar conectado con Australia, China y Japón, donde hay 15 horas de diferencia. Además, estoy con otros proyectos en el sur de Chile, de termoeléctricas. Me llegan cientos de mails al día y no me gusta delegar cosas importantes”.
–¿Cómo percibes al empresario chileno?
–Por mi experiencia, creo que los gringos están dispuestos a correr más riesgos en este país que los propios chilenos. En Chile, pareciera que todos creen que el otro es ladrón. En cambio, los gringos ven que es un país que les gusta, estable, y están dispuestos a invertir y a tomar riesgos. Pero si me meto con un grupo chileno, poco menos que hay que mostrar los calzoncillos.
“Por lo general, encuentro fomes a los empresarios chilenos. No me gustan los ‘pepe patos’. Si me voy de vacaciones, me gasto 300 mil dólares en una semana, y voy a un buen hotel, no por aparentar, sino por pasarlo bien”.
–¿Consideras que en Chile hay mucha desconfianza?
–Veo que están todos preocupados de pagar menos impuestos. Lo importante en los negocios es “the big picture”, no las cosas chicas. Por ejemplo, en mi oficina me gusta atender bien a la gente que viene, tengo café expreso, de grano y descafeinado, leche descremada, bloody mary y castañas de cajú. Pero hay quienes me dicen: “¿Cuánto estás gastando? ¿Por qué no te traigo a alguien para que revise? Te apuesto que te roban...”. ¡A quién le importa! Preocupémonos de las minas, de las producciones, no de si a los empleados los dejamos irse en la camioneta a la casa porque gastarán más bencina... Todos están preocupados de cositas chicas, las que al final no sirven para nada en un negocio. ¡Preocupémonos de lo grande!
–En una entrevista dijiste que te parecía que en Chile “a los ricos les gusta vivir como pobres y a los pobres como ricos”...
–Lo comprobé al ver todo lo que me criticaron al hacer mi fiesta. Dijeron: “Sólo en los pasajes se gastó 300 mil dólares”. La gente, además, te aconseja: “En Chile hay que tener cuidado”. Hay como miedo de que pueda venir la UP de nuevo, no sé. La mayoría sólo cuando va de viaje saca la tarjeta y deja que la señora se compre unos zapatos un poquito mejores. Pero yo, si voy con mi señora y ella quiere comprarse una cartera de 20 millones de pesos, que se la compre.
Y saca otros ejemplos: “El otro día fui a comer con un empresario chileno. Pedí el mejor vino de la carta, y él me comentó: ‘Creo que el que viene después igual está bien...’, que valía 50 mil pesos menos. Al final pedí los dos, y este tipo estaba como loco. Le dije: ‘¿Por qué no disfrutas la vida? Yo invito’. ¡Tanto estrés por un vino!”.
“También me llama la atención que, de los 10 amigos –o conocidos– que tienen un buen auto, todos lo dejan en la casa y lo ocupan una vez al mes, sólo para mostrarlo”.
–En cambio, tú andas en tu Hummer para todos lados...
–Sí, tengo varios Hummers y un Cadillac Limousine... En Estados Unidos también tenía Hummers y, como aquí no había, me los traje. También tengo en las minas, porque son súper cómodos y blanditos para subir y bajar los cerros.
–¿Qué otros lujos te permites?
–Me gusta mucho partir de vacaciones al Caribe, a lugares top, y ser “propinero”. Cuando partí en Miami, había un yugoslavo que siempre me daba 200 dólares por cantarle “To all the girls I loved before”, y a todo el restaurante le daba propinas similares. Yo tenía 22 años y pensaba: “Algún día quiero ser como él”.
–A ratos, ¿no te arrepientes de haber vuelto a Chile?
–No, mis hijas están muy contentas en Chile, porque aquí tienen más familia, a mis hermanas y sus primas. Y aunque tengo mis críticas, yo me siento más chileno que los porotos. Para los negocios tengo mentalidad de gringo y no me gusta el sistema de acá.
“En mi fiesta mostraron un video, que terminaba con la canción ‘My way’, de Frank Sinatra, la que he cantado cien mil veces. Y la verdad es que me gusta hacer las cosas a mi manera. Me importa un pucho lo que digan. Hasta esta oficina han venido no sé cuántos bancos, pero yo no le he pedido un peso a nadie.
“Quiero hacer lo mío, en mi estilo, dar trabajo y pagarle a la gente lo que creo es un buen sueldo. Así, también, soy de pocos amigos. Mi señora, con quien llevo 13 años de matrimonio, es mi gran amiga. Por la familia que hemos construido dejé mi carrera como artista en Las Vegas, donde pude ser más famoso”.

la fiesta inolvidable

“Alguien comentó que esta fiesta me podría haber salido mucho más barata hacerla en Estados Unidos que en Chile. Porque la mayoría de la gente vino de afuera”, comenta Farkas al recordar la megacelebración, animada por Antonio Vodanovic, que realizó en el Hotel Sheraton, a fines de marzo pasado, para celebrar sus 40 años.
“Quería darme el gusto de hacer una fiesta a todo trapo, como nunca se había visto en Chile. Yo trabajé como músico y artista para tantas fiestas grandes, en cinco continentes. Hasta organicé fiestas para palacios árabes. Pero siempre dije que, algún día, haría una mejor que todas, para compartirla con mi familia y mis seres queridos. Además, quería demostrar que en este país no somos tan ‘fuleros’ y que se puede hacer algo bien hecho”.

“Quiero hacer lo mío, en mi estilo. Soy de pocos amigos. Mi señora, con quien llevo 13 años de matrimonio, es mi gran amiga. Por la familia que hemos construido, dejé mi carrera como artista en Las Vegas, donde podría haber sido más famoso”.

La producción tomó cuatro meses: “Más gente trabajó en la fiesta, que la que asistió. Hubo más de 200 artistas y 200 invitados. Y aunque los diarios hablaron mucho, en realidad no tenían idea. Lo único que sabían era que venían ‘KC & The Sunshine Band’ y ‘Air Supply’. Pero, además, traje 80 bailarinas de Brasil, que a las cuatro de la mañana hicieron un show de carnaval; más de 60 personas del norte de Chile para hacer un show de La Tirana; después entraron 27 personas con las banderas de cada país de los invitados a mi fiesta. Y traje también un ‘bar tender’ de Miami, que hace mi trago favorito, ‘Sex on the beach’, y a un Dj de Nueva York, que puso pura música de mi época de joven.
“Había cinco pantallas gigantes y muchos guardaespaldas. Fue una fiesta privada, sin prensa, porque quería demostrar a mis amigos que era una fiesta sólo para pasarlo bien. No fue para tirar pinta. No invité ni a los ricachones ni a los famosos; sino que a mi profesor de tenis de chico, a mi profesor de acordeón, un amigo de la universidad, mi secretaria... Montones de famosos me preguntaron ‘¿por qué no me invitaste?’. Y yo les respondí: ‘Porque no te conozco’.
“En la fiesta, bailé desde las ocho de la tarde hasta las 7:20 de la mañana, sin parar. Como a las tres de la mañana apareció Coco Legrand en su moto. Y a las cuatro, invité a todos los que estaban, que eran como 60, a que se quedaran en el hotel –al igual que los cerca de 90 extranjeros invitados–, con quienes desayunamos a las 6:30”.
¿Con esta fiesta buscaste rememorar los buenos recuerdos de tus 40 años?
–Claro. No quería una fiesta fome. Quería compartir todos mis gustos, con mis 200 invitados, y la verdad es que no cabían más, ya que los artistas pidieron escenarios muy grandes. “KC” vino con 25 músicos y 10 bailarinas.
–¿Es verdad que no aceptaste regalos?
–Lo decía la tarjeta de invitación. La gente me decía: “¿Cómo no te vamos a regalar algo?”. Gracias a Dios, no necesito nada material, ni más corbatas ni nada, por lo que yo les respondía: “Háganle un regalo a los pobres, pero sin letrero”. No necesitaba que dijera: “A nombre de Leonardo Farkas regalé un millón de pesos”. Dalo no más, y yo voy a estar feliz.
–¿Cuánto gastaste en toda la fiesta? ¿O es un secreto que nunca revelarás?
–Al principio, en Estados Unidos me entrevistaban los diarios y yo les decía: “Aquí ustedes son muy materialistas”. En mi país, nadie habla de plata. Pero ahora que llegué a Chile, he visto que estamos igual de materialistas que allá. Sólo puedo decir que me costó harto trabajo y esfuerzo. ?

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