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viernes, 23 febrero 2018
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¿Cómo llegar a marzo con optimismo?

Patricia Lecaros

¿Qué significa ser optimista? Martin Seligman, psicólogo y escritor estadounidense, autor del libro “Aprenda optimismo”, ha estudiado por décadas a optimistas y a pesimistas logrando dar con su perfil. Ser optimista iría más allá de ser visto como alguien positivo o alegre. Implicaría el tener una visión de uno mismo y del mundo mayormente centrada en las cualidades y posibilidades. Ser pesimista apuntaría a lo contrario.
Hay otras importantes diferencias entre ambos. Los optimistas tienden a ver lo específico (“Si no me resultó esta receta, probaré con otra”), en cambio los pesimistas generalizan (”Nunca seré bueno para cocinar”).
Por otro lado, mientras los optimistas consideran las circunstancias (“En un día de mucho calor me cuesta un poco más concentrarme, mañana avanzaré más”), el pesimista ve los hechos con un alcance universal (“Nunca he sido bueno para concentrarme cuando trabajo en el computador”). Los pesimistas tienden a culparse a sí mismos por lo ocurrido, desarrollan un sentimiento de impotencia o desamparo que puede haber sido adquirido durante su desarrollo.
La buena noticia es que este experto en optimismo y felicidad plantea en su libro cómo pueden revertirse estos patrones negativos de pensamiento. Por ejemplo, cómo se puede pasar de las explicaciones personalistas y universales, a otras más circunstanciales y externas que nos liberan del peso de la culpa y de la frustración.
La escritora norteamericana Kaia Roman, experta en comunicaciones y bienestar, lo explica bien en su columna de The Huffington Post “How to stay optimistic when the world feels scary?” (en español, “¿Cómo mantenerse optimista cuando el mundo se siente aterrador?”). Roman sugiere prácticas frente a situaciones difíciles o estresantes del día:

- Tomar respiraciones profundas. De esta forma, el oxígeno envía señales de calma a nuestro cerebro. Y, a la vez, con esa calma podemos reflexionar mejor, evadiendo el pesimismo.

- Tomar acción. No significa ni pelear ni escapar ni tampoco quedar paralizado. Significa pasar por sobre la ansiedad que una acción nos pueda generar y confiar en que podremos tener buenos resultados al implementarla.

- Hacer zoom. Ampliar la mirada, salir del problema concreto y considerar otros factores, para así, desde lejos, como si fuera una película, tener una visión más amplia.

- Agradecer. El cerebro no puede estar con miedo y agradecido a la vez. Pensar en lo positivo, nos saca del estrés, de la ansiedad y del pesimismo.

- Conectarse con la alegría. Todo en la vida tiene un lado simpático o gracioso. Incluso en momentos tristes, podemos reírnos de algo de nosotros mismos.

La clave es tener una justa medida de confianza en uno mismo y en las circunstancias. Ver posibilidades en el presente y futuro y mirar el pasado con gratitud.
No es fácil volver de las vacaciones a la rutina del año, pero sí ha elaborado planes para este año, o tiene sueños que cumplir, conéctese con su lado optimista y póngalo en práctica. Seguramente los resultados serán cercanos a lo que usted espera.

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