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viernes, 27 abril 2018
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#LosTreinta: Asexuados

Jonathan Reyes

Hace unas semanas leí un artículo de la BBC en donde una mujer, Stacey, daba detalles de su vida en matrimonio siendo una persona asexuada. Al principio me reí, luego al adentrarme en el texto me sorprendí con las estadísticas de que entre el 1 y el 3 por ciento de la población puede llegar a no sentir ningún tipo de atracción sexual. Hay hasta páginas de grupos en Internet donde entre ellos comparten sus propias vivencias. En el mismo texto se aseguraba que la asexualidad es una orientación, de la misma manera que la homosexualidad o heterosexualidad. Pensé de inmediato en mis amigos y amigas, nunca había escuchado algo similar. La mayoría son calientes por esencia. Me equivoqué. Ahí estaban y de a poco irían saliendo del closet asexuado.

Hace unas semanas me junté a comer con un grupo de amigos. Hace meses que no nos veíamos por lo que el clima (x) era de muchas risas y confidencias. La última en llegar fue Penélope. Después de unas cuentas copas y de repasar la actualidad nacional terminamos hablando de sexo, obvio. Sexo en todas sus magnitudes: gay, hetero, fantasías y realidades. Penélope no hablaba, era como si estuviera, pero a la vez no. Nos llamó la atención. “¿Tuviste un mal día en el trabajo?”, le preguntó Lucy. “No, es solo que no tengo nada que aportar en esta parte de la conversación”. ¿Por qué?, acoté. “Porque no tengo sexo hace dos años y medio. Y estoy tranquila. No creo que para alcanzar la felicidad sea necesario acostarse con alguien”. Silencio por algunos segundos. Lucy y Luz se miraban de reojo mientras tomaban de sus copas. Tuve que cortar el hielo. “Para, puedo comprender que hayas tenido un mal día, que estés decepcionada de alguien, pero yo no puedo entender la vida sin sexo, no podría. Lo que más he durado son dos meses o tres después de alguna ruptura amorosa (tan idiota que se pone uno con el despecho. Después te das cuenta que ningún minuto se puede desperdiciar…)”. Penélope no era precisamente una mujer virgen. A sus treinta y tantos había tenido una que otra relación, tampoco es que sea alguna fanática religiosa. “Es muy simple, de repente se me acabó el deseo. No lo necesito. Me gusta mi trabajo, mi departamento y tampoco es que viva para mis mascotas”. (Podría pensarse que cada vez un número mayor de seres humanos dejan de tener sexo por culpa de sus perros, gatos o Netflix). Pero no, ahí estaba la verdad ante nuestras caras, teníamos una amiga asexuada. Orgullosamente asexuada. Al día siguiente, el destino me decía que tenía que escribir de esto. Suena mi teléfono, era Pedro. Para que se hagan una idea Pedro es un exitoso ingeniero, reconocidamente homosexual. Vulgarmente diríamos que no ha dejado “P__O” parado. Un Don Juan del mundo gay capitalino. En algún momento de la vida quise ser como Pedro, deseado por muchos, pero poder darme el gusto de elegir. “¿Cómo va tu vida amigo?, tanto rato sin verte. ¿Estás saliendo con alguien?”, le pregunte. “No”. Silencio. “¿Qué pasó, te cansaste de follarte a toda la ciudad?, le dije en broma. “Sí”. Silencio. “Llegó un momento en que me saturé. Después del último trio que hice me sentí pésimo, llegué a vomitar a mi casa. Tuve que desconectar todas las aplicaciones para conocer gente. Tenía sexo solo por tener, se convirtió en algo mecánico”, me aseguró. “Bueno pero esto cíclico. A todos nos ha pasado, me imagino”, agregué con algo de esperanza. “No Jon. Llevo siete meses sin sexo y me siento feliz”. “Por favor huevón dime que al menos te masturbas”. “Tampoco. Mi terapeuta me dijo que esto era normal. Que en algún punto de la vida a ciertas personas se le podía desarrollar algún grado de asexualidad”. Me preocupé. Me preocupé tanto que perdí mi libido por dos días. Estaba sometido a algo de estrés. Estaba colapsando. Llevaba dos días sin ganas de nada. Ahí estaban en el closet los juguetes sexuales y el porno, pero nada. ¿Había perdido también para siempre mi orgasmo?, a estas alturas lo único que tenía. Afortunadamente la sequía duró exactas 48 horas. Quizás los asexuados sí son felices. Quiénes somos nosotros para juzgarlos. “Hacemos todo lo que una pareja menos las relaciones sexuales”, decía un matrimonio de asexuados en el reportaje de la BBC. Y sí, puede que sean felices.

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