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viernes, 8 septiembre 2017
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#LosTreinta: Comer, rezar ... ¿amar?

Por: Jonathan Reyes

Escribo esto mientras estoy en el aeropuerto. Me dispongo a emprender una gran aventura. Mientras veo a familias, grupos de amigos y parejas despedirse en la entrada de Policía Internacional, me pregunto a qué se deberá el motivo de tanto viaje. Los chilenos estamos viajando cada vez más y con el tiempo muchos son los extranjeros que llegan a nuestro país, en busca de mejores horizontes laborales y no deben ser pocos los que también viajan por amor.

Así le pasó a mi amiga Paulette. En su caso, fue ella la que decidió dejar Chile por un tiempo. Como a muchos treintones, a la Paulette le vino toda la mala racha de una. La despidieron de su trabajo y hace poco había terminado una relación de años con el, hasta ahora, amor de su vida. Algo no encajaba; había bajado varios kilos desde su rompimiento (una de las consecuencias favorables para muchas de mis amigas tras una separación), por lo tanto, se sentía más mina que nunca. Su nivel de libido era mayor al normal. Ojo, Paulette es distinta a ustedes, es muy caliente. “En ese sentido soy mucho más parecida a los hombres. Para mí, el ideal es poder tirar al menos dos veces al día… todos los días”. En esa parada estaba cuando decidió meterse a Tinder. Ahí conoció a un francés. Comenzaron a hablar, lo típico… Intercambiaron fotos y se juntaron. “A tirar”, me dijo ella. Pero el destino le tenía preparada una sorpresa. El franchute se la jugó y le dijo algo más que “¿voulez vous coucher avec moi ce soir?” (para los que no conocen la canción, significa “¿quieres acostarte conmigo esta noche?”). Mi amiga se nos enamoró, o al menos eso creía ella. Cuento corto: esta mujer independiente, soltera, guapa, inteligente y cesante decidió seguir al francés que se había vuelto a su país. Allá estuvo unos meses, en los que viajaron por distintos países de Europa, tuvieron románticas cenas a la orilla del Sena, y sexo, mucho sexo. ¿Qué pasó después de eso? Paulette volvió al país cuando él decidió terminar la relación.  Ella se había gastado toda la plata del finiquito y sigue sin trabajo.

Distinto fue el caso de Kika. Intima de Paulette y también amiga mía. A ella le vino la Julia Roberts que muchos llevan adentro. Tenía un buen trabajo, siempre rodeada de amigos y siempre asistiendo a glamorosas fiestas. Igual que Paulette, venía saliendo de una relación. Kika no aguantó más y le vino la “Olguita Marina” versión reloaded. Decidió renunciar a su trabajo, vendió su departamento e inspirada por la película “Comer, rezar, amar” donde la protagonista, cansada de todo y de todos, decide irse a vivir al Sudeste Asiático. “Tenía que encontrarme, de alguna forma tenía que hacerlo”. Mientras veía en Instagram sus fotos rodeada de elefantes, en playas paradisiacas, meditando, muy envuelta en faldas típicas de esos países pensé si yo algún día me animaría a hacer lo mismo. ¿Sería capaz de dejar atrás toda la vida que había armado?. Una vez hice una locura de estas, con un final patético, como la mayoría de los finales de mi vida. No era necesario que fuera hasta Fiji o París. Tras terminar (bueno, me terminaron, pero suena más bonito así) una relación de cinco años, me bajó la locura y conocí a alguien por Facebook. Se llamaba Felipe, tenía 21 años, sí… 21 y estudiaba Ingeniería en la Universidad de Concepción. Tras un romance virtual de algunas semanas, me llamaba la atención que nunca me llamara por teléfono ni hiciéramos alguna videollamada, ni sexo telefónico, ni nada de eso. Animado por esta experiencia, el personaje me invitó a que pasara un fin de semana de amor en su compañía en Concepción. Compré el pasaje. Estaba listo para irme al aeropuerto cuando un amigo muy sabio me frenó y me comentó que era obvio que había caído en un “catfish”. Sí, como ese programa de MTV en que desenmascaran los engaños virtuales de personas que no existen. ¿Vieron? Patético. A los dos días, conocí a una pareja con la que estuve unos meses, eso sí era real. Hay locuras de amor más dignas que otras cuando se trata de viajar. Hay viajes en los que realmente uno se puede llegar a encontrar. Eso le pasó a la Kika y a Paulette. Si hoy les pregunto si están arrepentidas de haber dejado todo por partir en esa aventura, me comentan decididas que fue por lejos la mejor decisión de sus vida. Y ustedes, ¿cuándo toman su próximo vuelo?

[Foto: Tumblr]

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