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lunes, 28 agosto 2017
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#LosTreinta: El trago y nosotros

Jonathan Reyes

Según cifras del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda), dos de cada cinco chilenos que bebieron en el último mes, tomaron más de cinco tragos en una sola ocasión. O sea, usted que se mandó flor de carrete el fin de semana es bastante probable, según las estadísticas, que se haya tomado generosamente cinco piscolas o si es más chic, cinco copas de espumante. Chile es un país de borrachos. Siempre me ha llamado poderosamente la atención que tomamos hasta caer al suelo o hasta que nuestras emociones más escondidas afloran y nos dejan ver vulnerables ante nuestro entorno, o lo más peligroso a veces, ante nosotros mismos.

 La Lucy vive sola justo arriba del Toro, un bar muy entretenido en Loreto con Bellavista, al frente está el Sarita Colonia. Eso quiere decir que la Lucy, que no cocina, baja una que otra vez a tomar sola al restorán. Yo puedo almorzar solo, ir al cine solo (antes no podía), pero ir a tomar un trago solo es algo que aún no logro hacer. Por eso admiro a la Lucy. Cuando ella se prende, llama a la Rosario y cruzan al “Túnel” –ese club de Bellas Artes donde llegan desde rockeros hasta hipsters– porque según ellas necesitan “energía masculina” (una elegante forma de decir que están calientes).

 Rosario: “Conocí a este mino en el Túnel y nos fuimos a su departamento. No me acuerdo de mucho porque cuando tomo a ese nivel me borro” (me lo confesó mientras se agarraba la cabeza)

 Yo: “Algo muy típico para nuestra edad…”

 Rosario: “El tema es que tenía un departamento soñado en pleno Bellas Artes. No me acuerdo de su nombre pero en la mañana cuando me fui, me percaté que tenía una extraño fetiche por las corbatas… ¡Tenía cientas!”

 La conducta de la Rosario es muy común entre mis amigas. Por alguna extraña razón a veces necesitan beber y beber para poder tener una noche de pasión. Quizás, es porque el trago las desinhibe a tal punto de sentirse tan power para irse a la casa de un desconocido. Lo que claramente no está mal.

Yo no suelo tomar mucho, podríamos decir que soy un bebedor social. Estos días sí he tomado. Tras cada desilusión amorosa me da por llegar a mi departamento después de cada fiesta y escuchar música. El problema es que puedo variar desde Radiohed hasta Isabel Pantoja. El trago saca esa parte de mi bien masoquista. No puede faltar Myriam Hernández ni Zalo Reyes, clásicos de la música popular chilena. Una vez me topé en el pasillo con una vecina que se mudaba. Me dijo que lo único que no iba a echar de menos iba a ser escucharme cantar a la Pantoja borracho a las cuatro de la madrugada. Así fue.

 Otra amiga, la Penélope, toma siempre sola en su casa. Y Bruno…  para él tomar es una excelente forma de festejar ocasiones importantes. Así lo entendió Bruno que hace poco festejó sus treinta. Era una ocasión especial por lo que la fiesta debía ser atómica. Lo fue. Salvo por un pequeño detalle. Como muchos, Bruno tenía una pena de amor. Su ex había vuelto a vivir al norte. Estuvieron unos meses separados hasta que su “innombrable” se apareció en la celebración. Quedamos todos impactados. El ex pidió silencio porque quería hablar. Yo prendí la cámara de mi celular porque sentía que algo potente se venía. ¿Le iba a pedir que firmarán el Acuerdo de Vida en Común?. No, no fue para tanto. Solo le declaró su amor, le dijo que se venía a vivir a Santiago y que quería estar con él. No sé si habrá sido la emoción o qué, pero Bruno fue el primero en irse de su cumpleaños. Al menos, su pareja estaba ahí para sostenerlo mientras él  trataba de caminar debido a la borrachera que se mandó

 ¿Qué está pasando? ¿Tomamos para no sentirnos solos? ¿Es que acaso después de pasarla genial y bailar hasta la madrugada lo que viene después es el presagio que sufriremos de algo más que caña al día siguiente?. Puede ser, pero no nos pongamos tan reflexivos.

 También están los que no toman. Y los que están en proceso de dejarlo. Letizia nunca ha bebido. “Por lo mismo soy la más zorra de las fiestas y la que mejor lo pasa. Porque puedo ver quién se mete con quién o quién parte el escándalo”, me dijo. Santi está soltero hace dos meses, el fin de semana salimos. “Amigo ya no estoy tomando, veo la vida de otra forma. Esta separación ha logrado efectos en mí que nunca pensé que tendría. Desde hoy soy abstemio”.  Veamos cuánto le dura.

 

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